viernes, mayo 08, 2009

Cuenta Atras a Copa Final XXXIV : Contra el pelotari de Fuentealbilla

Copio este articulo de canalathletic.com, que epse a no ser de un jugador del Athletic, si que es de uno de nuestros rivales, para mi el mejor, Andres Iniesta....

La pelota vasca gusta en Fuentealbilla, un pueblo manchego de casi 2.000 habitantes situado a tres cuartos de hora de Albacete por carretera. Ni los más viejos del lugar saben a ciencia cierta cómo caló tan lejos del Norte el apego a este deporte, pero está documentado que a principios del siglo XX los vecinos empezaron a practicarlo en las paredes de las iglesias hasta que, en 1930, se levantó un frontón. La afición, consolidada con el paso del tiempo como una tradición cultural inherente al municipio, se transmitió de generación en generación hasta el punto de que pusieron techo a la cancha y todos los agostos, con motivo de la fiesta del Cristo, aterrizan por allí pelotaris profesionales para ofrecer una exhibición. Andrés Iniesta, el paisano más famoso de Fuentealbilla, el nuevo héroe de la afición azulgrana, mamó desde pequeño este ambiente en el seno familiar y desarrolló también el gusto por la pelota mano, a la que jugaba con su padre y sus tíos.

El centrocampista del Barça, que el lunes cumplirá 25 años, tuvo una infancia marcada por el quehacer cotidiano en el mesón de sus abuelos maternos. Andrés Luján fue un maestro en el arte de asar chuletas de cordero. El padre del jugador, José Antonio, echaba una mano en el bar cuando terminaba la faena en su andamio de albañil. Su madre, Mari, y su hermana Maribel, dos años menor que él, ayudaban en el negocio. El futbolista azulgrana solía aparecer por allí a última hora de la mañana, cuando salía del colegio. Cogía un bollo y, casi sin tiempo para comérselo, ya tenía su balón de plástico duro bajo el brazo y corría hacia la cercana pista de fútbol sala. Su padre, quien había hecho sus pinitos en el Denia y a quien se comparaba en la comarca con el rojiblanco Dani por su estilo de juego, le intentaba enseñar todo lo que podía. También los fines de semana, en el frontón, le daba consejos entre tanto y tanto para que explotara sus condiciones.

'Andresito' despuntó desde muy niño. Le gustaba jugar con chavales mayores que él. Como Abelardo Iniesta (a pesar de apellidarse igual es un primo lejano), quien recuerda con una sonrisa «las horas y horas» que pasaban juntos en el campo. «Me venía a buscar a casa con el balón y me decía 'Abelardo, vamos a dar unos toques'». Era tímido, modesto y humilde, tres rasgos que ha mantenido y que le hacen ser admirado incluso por las aficiones rivales. «Es que no ha cambiado nada. Es como fue siempre en el pueblo», asegura Abelardo, quien vuelve a echar la vista atrás para resaltar la superioridad que demostraba el '8' blaugrana sobre el cemento de la pista de fútbol sala a pesar de ser «chiquito y delgado». «A veces se nos iba el día entero jugando al fútbol. No se cansaba nunca. Su ídolo siempre fue Laudrup, pero todavía no tenía un equipo definido. Siempre fue retraído, igual que ahora».

En Fuentealbilla todo está cerca. Casi enfrente del antiguo mesón Luján, hoy reconvertido en un 'museo' de Iniesta, está el frontón que da nombre a la calle. En este rincón se está construyendo su casa -una austera vivienda de ladrillo de dos plantas- el hoy internacional español, que vuelve a su pueblo a descansar o a pasar las fiestas dos o tres veces al año. A unos metros del frontón están las porterías que despertaron la ilusión de Andrés. La infancia en un triángulo reducido de calles que dibujaron su futuro. El pueblo vivió de unas salinas hasta la década de los 90, pero surgieron problemas y hubo que reciclarse. Hoy en día la agricultura es la actividad más importante de la localidad manchega, que integra la bella comarca de la Machuela junto a Casas Ibáñez, Villamalea y Jorquera. En sus campos de viñedos aún resuenan los ecos de los intensos torneos de pelota que disputaban sus habitantes.


De un tiempo a esta parte los niños han sustituido la mano por las raquetas, pero la tradición pelotística perdura y todavía se programan los festivales en verano. El Ayuntamiento ha recopilado fotos antiguas para hacer un 'inventario histórico' del pueblo y las costumbres de sus antepasados. En una instantánea se ve a lo lejos el antiguo frontón descubierto, ya derribado, rodeado por un público animoso que aplaude a los contrincantes. «Aquí se ha jugado a la pelota desde siempre. A veces hasta íbamos al frontón de noche. Yo ya he jugado alguna vez con el padre de Iniesta, y también con sus tíos», apunta Sebastián Jiménez, el conserje de la casa de cultura. Buen conversador, el trabajador municipal cita los nombres de pelotaris de la comarca y desvela que alguno de ellos llegó a competir en segunda categoría.

Hace poco más de quince años, José Antonio se dio cuenta de que su hijo tenía un don especial con el balón y decidió presentarle a las pruebas para entrar en las categorías inferiores del Albacete. Andrés las superó y su infancia se convirtió desde entonces en un peregrinar constante desde Fuentealbilla a la ciudad, y regreso. Cien kilómetros diarios para hacer realidad su sueño. «Hacía un esfuerzo tremendo para poder ir a los entrenamientos», rememora su abuelo Andrés, sin duda uno de sus mejores fans. Él mismo le preparaba un bocadillo para que comiera en el coche en el viaje de vuelta. Su nieto salía un poco antes del colegio, iba a Albacete, se ejercitaba con el equipo y volvía a la escuela por la tarde. Si no tenía tiempo para almorzar en el vehículo, su abuela le pasaba un bocado a través de las verjas del patio.

Pero lo que realmente cambió la vida de Andrés Iniesta y su familia fue el torneo alevín de Brunete. Técnicos y ojeadores se dieron codazos cuando admiraron las diabluras de ese niño introvertido cuya timidez desaparecía en cuanto saltaba al campo. «Que no hable mucho no significa que no se dé perfecta cuenta de lo que ocurre y que no sepa tomar decisiones», señala su abuelo con esa sabiduría práctica propia de los entornos rurales. El futbolista tenía 12 años y la maquinaria del Barcelona comenzó a funcionar a pleno rendimiento para convencer a sus padres de que su futuro estaba en La Masía, a medio millar de kilómetros de su casa. Fue en este caso su madre la que hizo de tripas corazón y entendió desde el principio que el porvenir de su hijo podía estar en la Ciudad Condal. Y allá se fue el pequeño pelotari de Fuentealbilla con dos sensaciones encontradas: el anhelo por triunfar en el fútbol y el miedo atroz a un mundo desconocido.

«Me costó mucho adaptarme a la nueva situación y recuerdo que las llamadas a mis padres eran constantes, necesitaba verlos, estar con ellos, escucharlos... Los primeros meses fueron un infierno», ha declarado Iniesta. Puyol, Gabri, Jofre, Valdés y Jorge Troiteiro, entre otros, le ayudaron a integrarse en el clan culé, que le recibió con los brazos abiertos. Ganó algo de peso, trabajó la musculación y se convirtió en un jugador fundamental en los distintos equipos de las categorías inferiores. Cuando cumplió la mayoría de edad, sus padres y su hermana dejaron el pueblo y se fueron a vivir a Cataluña. La familia Iniesta fijó su residencia en Sant Feliu de Llobregat. Era cuestión de tiempo que el centrocampista diera el salto a la primera plantilla. Lo hizo de la mano de Louis Van Gaal y durante dos temporadas simultaneó sus apariciones en el Barça y en el filial hasta su consolidación definitiva, en la temporada 2004-2005.

Mientras Andrés nieto triunfaba en el club azulgrana, Andrés abuelo se jubiló y aprovechó su tiempo libre para convertir el antiguo mesón en un templo dedicado a su nieto. Pobladas de páginas de periódicos y fotografías antiguas y actuales, las paredes y la barra del antiguo restaurante resumen la biografía de un jugador valorado ya a nivel mundial y codiciado por todos los grandes de Europa. Visitamos el altar al futbolista blaugrana con el mejor guía posible. A sus 76 años, el abuelo conserva una memoria prodigiosa y es capaz de poner fecha a todas las imágenes. «Le echo mucho de menos», admite orgulloso mientras muestra un tablón adornado con numerosas fotos del Andrés niño, adolescente, joven y maduro. La que más le gusta le retrata delante de un imponente central medio metro más alto que él al que supera con un sombrero magistral para buscar la portería.

El local representa un 'miniEstado' culé en una localidad en la que los seguidores del Real Madrid son amplia mayoría. Entre los más veteranos también hay aficionados del Athletic, enamorados en su día del juego desplegado por el fabuloso rey de Copas. Abelardo Iniesta siempre ha tenido el corazón azulgrana, y admite que los seguidores del Barça han sido y son minoría en Fuentealbilla. «Pero desde que Andrés ha triunfado ya hay poco a poco más niños que se han hecho del Barcelona».

El paisaje es curioso porque el rostro del futbolista está omnipresente en casi todos los rincones de un pueblo con marcado sabor 'merengue'. Iniesta, sin embargo, representa la antítesis del jugador de élite mediático más conocido por su vida social que por su talento en el campo. Él prefiere hablar con el balón. Lo ha hecho desde que era niño y se escapaba a la cancha de fútbol sala. Y lo sigue haciendo. Que se lo pregunten al Chelsea.

En la imagen el abuelo de Andrés Iniesta muestra orgulloso su fotografía favorita en uno de los tablones que pueblan el antiguo mesón que regentaba en Fuentealbilla.

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