martes, junio 23, 2009

Cuentos salpicados de pintura

Risas, dolor, reflexiones y aprendizaje. Todas esas sensaciones las condensa el escritor Javier Sáez de Ibarra (Vitoria, 1961) en su libro de relatos 'Mirar al agua. Cuentos plásticos' (editorial Páginas de Espuma). Un trabajo, en el que la literatura dialoga con el arte y que le valió el I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, premiado con 50.000 euros. «Fue una gran sorpresa y espero que me suponga atraer a nuevos lectores, así como reivindicar el cuento como un género profundo y comprometido», esgrimió ayer durante la presentación en Bilbao. De 514 obras presentadas, la de este profesor de instituto cautivó al jurado por «emplear un tema poco usual y por la riqueza de registros».


La voluntad de este autor alavés es «sorprender» con cada uno de los dieciséis relatos breves que componen 'Mirar al agua'. El primero arranca con un personaje que desprecia, e incluso se burla, del arte contemporáneo. Pero una chica por la que siente atraído le va guiando para ayudarle a entender el valor que encierra cada obra. «Viene a decir que con una mirada atenta se descubren cosas que de otra manera pasarían desapercibidas. Invita a leer el libro en esa clave: No es sólo lo que cuenta la historia, sino también cómo se cuenta».

Con esta llave de entrada, Sáez de Ibarra desgrana en cada cuento un tema artístico con una narrativa original. «La inspiración para escribir este libro me nació de mi afición a la pintura. Después de leer críticas, reseñas y reflexiones de artistas pensé que podía emplear las técnicas pictóricas para escribir», explicó con entusiasmo.

Algunos de los textos son versiones de cuadros clásicos, como el titulado 'Las Meninas', en el que un grupo de personas adopta relaciones similares a las de los personajes de la obra de Velázquez. Otro se basa en los 'Caprichos' de Goya para relatar a través de breves fragmentos varias injusticias sociales. Y en 'Un hombre pone un cuadro', se fija en la pintura 'por capas' del artista irlandés Sean Scully para narrar cómo un padre recuerda la muerte de su hijo al colgar su fotografía. Un gesto simple y narrado de forma meticulosa.

«La innovación formal no es gratuita, sino siempre al servicio de la historia que se quiera contar y para que sea más eficaz». El modo tradicional de presentación, nudo y desenlace se sustituye por otros estilos más novedosos en el trabajo del autor vitoriano. De la misma manera, la lectura del libro deja un poso para meditar sobre actitudes de la vida.

Unos mensajes intensos que emite a través del cuento, un género olvidado muchas veces a partir de la infancia. «Hay gente formada que aún te pregunta si son relatos para niños. Pero el cuento, en su pequeña medida, puede transmitir las mismas o más emociones que una novela. Es muy potente y además puede tener dimensiones muy profundas, igual que la poesía. Es lo que he pretendido en el libro: dialogar con el arte, la filosofía, la política, la existencia humana. Alos escépticos les diría que se cuenta la foto de la vida de un personaje».

Fuente:
elcorreodigital.com

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...