miércoles, junio 03, 2009

El sueño de Chillida se hará realidad

Un buen día, Eduardo Chillida se imaginó una gran escultura dentro de una montaña. Quería abrir un orificio para que entrara la luz y el aire en el futuro símbolo «de la solidaridad». Durante un tiempo pensó que la idea era irrealizable, hasta que en 1996 se enamoró en Fuerteventura de la cumbre desértica de Tindaya. «¡Aquella utopía podía hacerse realidad!», pensó de inmediato. Un cúmulo de desatinos administrativos y los inesperados procesos judiciales todavía vigentes -promovidos por ecologistas y dos constructoras que adquirieron en su día los derechos sobre la previsible obra- mantienen en el aire 15 años después la majestuosa iniciativa, si bien el Gobierno canario no ceja en su empeño de sacarla adelante.

El último paso llegó el pasado viernes con la aprobación de la Declaración de Impacto Ambiental del proyecto, donde se fijan las bases para hacer cohabitar la obra cumbre del artista con las taras de un espacio protegido. Ahora sólo queda que se adjudiquen los trabajos por un importe que rondará los 74 millones de euros. Empieza la cuenta atrás para que un espacio cúbico de 50 metros de lado crezca al fin en el seno de un deslumbrante macizo de piedra volcánica.


El monumento natural de Tindaya ocupa una superficie de 186 hectáreas en el término municipal de La Oliva. No destaca únicamente por ser un lugar mágico donde abundan la fauna y flora en peligro de extinción. Alberga también yacimientos de relevancia patrimonial -con unos 300 grabados realizados hace diez siglos- y constituye un refugio de creencias aborígenes. Es por ello que entre los usos prohibidos en las normas de conservación figuran las extracciones mineras que carezcan de un estudio geotécnico viable. El Ejecutivo insular tiene cinco años para trenzar un plan con esa restricción. No parece una tarea sencilla.

Cuevas, abrigos... En el corazón de la legendaria y solitaria cumbre conviven frágiles elementos que hacen que la operación sea sumamente compleja desde el punto de vista técnico. El ingeniero Lorenzo Fernández-Ordóñez creyó dar en su momento con la fórmula para no dañar la naturaleza, que fue avalada más tarde por otros especialistas, pero en Ben Magec-Ecologistas en Acción temen que Tindaya se venga finalmente abajo. Ben Magec-Ecologistas en Acción ha pedido incluso la retirada definitiva del proyecto ante «el escándalo de especulación, corrupción y desfalco económico» que aseguran haberse cometido. Los activistas denuncian unas pérdidas multimillonarias -nada menos que 900 millones de euros- en el intento del consejero de Medio Ambiente, Domingo Berriel, por continuar «a toda costa» con el complejo monumental.

Todo era radicalmente distinto en 1995. Cuando el fallecido arquitecto José Miguel Fernández Aceytuno le hizo llegar a Chillida la noticia de la existencia de Tindaya, la mítica montaña corría un serio peligro de desaparición. Había concesiones mineras para extraer traquita, una piedra especial, y el arte del genio guipuzcoano fue la vía que hallaron dos expertos locales para su salvación. Bastaba con que la extracción de una mínima parte de piedra financiara la indemnización a las empresas que querían explotar la mina. A Chillida le entusiasmó la idea. Luego llegó la inesperada polémica, que le hizo abandonar la esperanza de ver cumplida la última ilusión de su vida. Hace dos años, la historia dio un giro al demostrar los estudios geológicos que el proyecto era viable. Y ahora sólo los tribunales pueden echarlo abajo.

Fuente:
elcorreodigital.com

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