lunes, octubre 26, 2009

Pocoyó, un icono global

Trascendental noticia para los amantes de los ranking: Alonso Quijano ha dejado de ser el personaje español de ficción más conocido del planeta. Lo ha desbancado de ese trono un muñecote de mirada sonriente y pose naíf que ahora mismo está entreteniendo el almuerzo de miles de niños y bebés de Australia, Japón, Alemania, Estados Unidos, México... Y así hasta completar la lista de 100 países que han comprado la serie de dibujos animados Pocoyó, sin contar las 110 millones de veces que sus episodios han sido descargados en internet. Hablamos de una audiencia potencial de 3.500 millones espectadores; más de media humanidad. Ni en el mayor de sus delirios, el Quijote hubiera soñado jamás una legión de seguidores similar. Ha sido incluso el primer dibujo animado que ha aparecido en la portada del exigente Wall Street Journal.

A la puerta del edificio decimonónico donde se aloja Zinkia –la productora madre del dibujo y titular de sus derechos comerciales–, pocas señales anuncian que estamos ante la fábrica que da a luz una de las marcas made in Spain más universales de la historia. De hecho, ni siquiera los vecinos del barrio de Chueca de Madrid, donde se ubica la finca, están al tanto de esta realidad. "La gente ve los ordenadores a través de las cristaleras y nos pregunta si somos un cibercafé", cuenta medio en broma José María Castillejo, presidente de la compañía.

Tampoco los millones de fans que tiene el dibujo en los cinco continentes saben que sus trazos fueron concebidos y animados en un edificio rodeado de bares de tapas, detalle que no hay que considerar un despiste de los responsables de márketing de la compañía, sino parte de una estrategia comercial. "No nos interesa poner acento en el factor nacional. Pocoyó es un ciudadano del mundo. Él solo se identifica con los niños, vivan estos en Taiwán, Arabia o Canadá", explica Castillejo.

La estrategia les ha dado resultado. A los pocos meses de su estreno mundial en el canal británico CITV, en septiembre del 2005, la serie se convertía en uno de los programas infantiles más vistos de Reino Unido. La aceptación alcanzaba cotas similares en el resto de países donde Pato, Loula, Pajaroto, Elly y demás figuras del planeta Pocoyó asomaban en el televisor. En España, sus apariciones en La 2 suelen doblar la audiencia media de la cadena.


¿Qué tiene el inocente muñecote que enamora allá donde aparece? "Es la primera vez que un dibujo animado le habla de tú a tú al niño. Pocoyó se pone a su nivel y logra que se identifique con él tanto el niño tímido como el comunicativo, lo mismo el tranquilo que el inquieto", razona Castillejo, quien tiene en su propia casa el mejor laboratorio de pruebas para confirmar lo que dice: es padre de seis hijos, el mayor de ellos de 7 años (incluidas unas trillizas).

El presidente de Zinkia reconoce que buena parte de ese acierto hay que anotarlo en el haber del grupo de psicólogos y pedagogos británicos que ha supervisado los 104 capítulos, de 7 minutos cada uno, que componen las dos temporadas producidas hasta hoy. Estamos ante una maquinaria muy bien engrasada: las tramas las escribe en Nueva York un equipo de guionistas de dilatada experiencia en contenidos infantiles y posteriormente se someten al juicio de padres y educadores en Inglaterra, pero la conversión del espíritu Pocoyó en dibujos en movimiento se lleva a cabo sobre estas pantallas de ordenador, donde cada mañana se sientan unos 70 manitas de la animación digital en 3D. Abunda el perfil treintañero, más masculino que femenino. "No es casual que tengamos la sede en el centro de Madrid. Aquí el talento lo pone gente joven que adora ir en bicicleta o en metro al trabajo, y ese capital hay que cuidarlo", ilustra el presidente de la compañía.

Donde pone talento, léase la constelación de detalles que han hecho de esta serie un acontecimiento rabiosamente innovador. Son los condimentos de su receta secreta: el fondo blanco –que surgió como una solución de urgencia para abaratar la producción–resultó ser un recurso inmejorable para concentrar la atención del niño en los personajes; las escenas no tienen profundidad porque los menores de 4 años no distinguen bien lo cercano y lo lejano; las tramas son lineales y sin flashback, porque eso escaparía a la mente de un bebé; la voz del narrador no pretende ser la de un tutor, sino la de un hermano mayor, que incluso comete sus mismos errores de pronunciación.

"Se trata de ponerte en el lugar de un niño y ofrecerle lo que a él le gustaría. Lo infantil no tiene por qué ser ñoño. Pocoyó tiene un punto gamberro, y eso es parte de su encanto", cuenta Daniel Heredero, responsable de la música que suena en la serie. La describe así: "Nada de campanitas ni melodías mermelada. Los niños tienen la mente mucho más abierta. Mi hijo de 6 años es fan de Pocoyó y adora Metallica", ilustra el músico, que se ha atrevido a colar ritmos house y guiños ochenteros en el menú sonoro de la tira. "Por eso Pocoyó también gusta tanto a los padres", entiende Heredero.

El planteamiento rima bien con la declaración de principios que se hicieron Castillejo, David Cantolla y Colmán López, los tres fundadores de Zinkia, el día de 2001 que se reunieron para poner en marcha un sueño: "Queríamos crear algo que formara parte de los recuerdos de nuestros hijos y les incentivara el aprendizaje mediante la risa", recuerda Castillejo, en ausencia de Cantolla y López, que ya no están en la compañía.

Ponerle nombre a aquel deseo resultó más fácil que venderlo. Fue Vega, la hija de Cantolla, la que dejó caer el famoso palabro una noche mientras rezaba. "Jesusito de mi vida, eres niño pocoyó", dijo confundida con la fonética. Diseñado y bautizado el muñeco, los padres de la criatura sudaron sangre para lograr que alguien lo adoptara: ninguna tele española se animaba a sufragar los 7 millones de euros que costaba poner en pie la serie. Obligado a convertirse en hijo pródigo, fue gracias al acuerdo que sus progenitores firmaron con la cadena británica CITV como Pocoyó logró salir de la incubadora y echó a andar. El resto es historia.

Hoy Pocoyó es un principito Midas que convierte en oro todo lo que toca: peluches, libretas, toallas, bicicletas... Medio millar de utensilios cuentan con su sello y generan unos derechos que son la gasolina que da de comer a la compañía. En Zinkia, donde no se definen como una productora audiovisual, sino como una "creadora de marcas", trabajan ya en nuevas series de animación y en innovadoras vueltas de tuerca a su creación más ilustre. Calculan que en el 2012 se estrenará en los cines el primer largometraje de Pocoyó. De momento, lo más real es virtual: la comunidad on-line Mundo Pocoyó, una suerte de second life para peques que ha saltado a internet esta semana. Atentos: Pocoyó sigue innovando.

Fuente:
elperiodico.com

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