martes, marzo 02, 2010

La mala vida de Lady Dallas

Adrián saca 10 euros de la billetera y paga. La música retumba ya desde la entrada. El armario empotrado que ejerce de vigilante de seguridad le mira. El administrativo francés de 27 años es un cliente sin tacha posible: sobrio, aseado y guapo. Las puertas se abren para él. Decenas de mujeres le reciben en corrillo. Le dan la bienvenida al Lady Dallas: uno de los macroprostíbulos más grandes de España, en Agullana (Girona), a un paso de Francia. En unos meses Adrián tendrá un nuevo burdel cerca al que ir con otras 100 habitaciones.

Una sentencia del Tribunal Superior de Justicia (TSJC) del 27 de enero obliga al alcalde de La Jonquera, Jordi Cabezas (CiU), a dar los permisos a nuevo macroprostíbulo porque no contraviene ninguna normativa. Desde 2002 están regulados en Cataluña los locales de pública concurrencia donde se ejerce la prostitución. El decreto no establece un máximo de habitaciones. La zona fronteriza de Girona cuenta ya con más de 130 camas en grandes locales, que se suman a los pequeños prostíbulos (más de 40 según datos del Cuerpo Nacional de Policía) y a los pisos particulares. La próxima apertura de otros dos hoteles del sexo en Mataró (Barcelona) azuza la polémica.

Adrián se felicita: cuantos más prostíbulos y más grandes, mejor. Siempre que puede coge el coche y viaja a España para comprar sexo. En Francia no encuentra este tipo de locales. Va y vuelve a Perpiñán, a 50 kilómetros, la misma noche. "Quiero que me hagan cosas sucias. Un tipo de sexo que no me atrevo a pedirle a mi novia", confiesa. Apoyado en la barra, charla con su amigo Marc, de 30 años y con alianza de casado. Trabaja también como administrativo y tiene un hijo pequeño. Cada copa les cuesta 10 euros.

El local tiene todos los ingredientes de una discoteca más: música alta, camareros, alcohol, gente... La diferencia es que las mujeres están en ropa interior y venden su cuerpo. Unos 50 euros por media hora de sexo en una de las 58 habitaciones del lupanar.


La sala de Lady Dallas es un ruedo que puede llegar a reunir a 150 chicas. En la noche de un miércoles cualquiera no hay más de 50. Gabriela, de 24 años, destaca por encima de las demás. Lleva los senos cubiertos con unas flores sintéticas de color verde que se intensifican con la luz de discoteca. Desfila encima de unas plataformas de 20 centímetros, luciendo su melena de color negro, su espalda tatuada con un dragón hasta la cintura y su cuerpo 10. Más de 40 hombres son su público objetivo esa noche. La observan acodados en la barra o desde alguna de las esquinas oscuras de la parte de atrás de la pista. Como Bruno, de 19 años, y miembro de la marina francesa o Franc, pastelero alemán de 44 años afincado en Francia. Cuesta encontrar españoles. Cada jornada es una competición.

Gabriela regresó el sábado 20 de febrero de visitar a su familia en Brasil. Ese día se acostó con cuatro hombres y ganó limpios 80 euros. Antes hacía entre 10 y 12 servicios y sacaba 500 euros. Una habitación, desayuno, comida y cena en Lady Dallas le cuesta ya 80 euros. Podría vivir dentro del burdel y ahorrar más, pero no quiere. Tiene ganas de dejarlo y ser gogó, como su novio. Mientras, ve en Lady Dallas "un sitio seguro". Antes trabajaba en el club Riviera en Castelldefels (Barcelona). A Gabriela le parecía también un buen lugar. No piensa lo mismo la juez que lo clausuró por proxenetismo, inmigración irregular y corrupción policial. Según la fiscalía, los locales suministraban hormonas, vitaminas y medicinas a las mujeres para que rindieran más.

Ignacio (nombre ficticio), el encargado de Lady Dallas pide un arroz hervido para cenar desde una de las mesas de la marisquería, ya que el burdel tiene anexo un restaurante. Las mujeres y muchos clientes llenan la tripa ahí antes de entrar. "Somos un hotel. Las chicas están sanas y son libres", defiende Ignacio. Él antes era payés. Ahora está al mando del hotel del sexo con fama de ser el más grande de Europa. Y el que más paga al erario. Por cada habitación abona 1.008 euros al año al Ayuntamiento de Agullana (812 habitantes).

"¡También nos pagan los jamones de la rifa anual!", alardea un vecino en el café del pueblo. El municipio acoge además El Molí, con una decena habitaciones, y publicidad en el campo de fútbol. Su alcalde y diputado de ERC, Alfons Quera, se niega a hablar del tema. Capmany (593 habitantes) y Siurana (206 habitantes) también se benefician de la tasa por prostíbulo. El primero tiene el Madam?s, con 48 habitaciones y cobra 660 euros por cada una. Su alcalde, Jesús Figa (CiU), admite que le sale más a cuenta un burdel que un hotel. Siurana carga con tres prostíbulos, el más grande de 20 anexos. Al año pagan 300 euros por habitación. Así "aportan dinero al pueblo", según el primer edil, Joan Heras (CiU).

Su suerte es que los negocios sexuales quedan lejos del casco urbano. Agullana está a más de 5 kilómetros de Lady Dallas. De hecho, el prostíbulo pertenece a La Jonquera (3.174 habitantes). "Las chicas hacen vida aquí porque tenemos las peluquerías, la farmacia, las perfumerías", lamenta una vecina. Fuera de los pequeños negocios de la calle principal, en La Jonquera todo es macro: polígonos industriales, supermercados, gasolineras, restaurantes de buffet libre, aparcamientos... Entre julio y septiembre se sumará el burdel de casi 100 habitaciones.

Y Adrián podrá elegir si seguir yendo a Lady Dallas o combinar. A la una de la mañana negocia con una mujer ataviada con lencería de lentejuelas verde. Se van hacia la salida de emergencia. Allí les esperan unas escaleras. Al final, una mami le hará pagar 5 euros por las sábanas de un sólo uso, el condón y el lubricante. Un vigilante le volverá a mirar de arriba abajo. Entrará en una habitación de cama doble con una colcha marrón, un baño y una ducha, que ocupará al menos media hora. Una mujer limpiará el habitáculo con premura y la mami dará paso al siguiente cliente.

Fuente:
elpais.com

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