domingo, abril 11, 2010

Sobre la Sabana Santa

En el Ayuntamiento de Turín, donde tuvieron la idea de volver a exponer la Sábana Santa este año, lo dicen sin rodeos. Tras la crisis de la FIAT y el repunte de los Juegos Olímpicos invernales de 2006, a la ciudad le hacía falta algo de tirón turístico. Competir con Roma, Venecia o Florencia es durísimo. La Sábana Santa para esto es perfecta, y más en los alegres tiempos de Dan Brown. Se veía bien ayer ante la prensa internacional que entró en primer lugar a visitarla -más de 600 periodistas acreditados-, con los locutores estadounidenses narrando ante las cámaras misterios medievales. También se nota en la ciudad. Turín se ha volcado con la nueva exposición de la tela, que empezó ayer, durará hasta el 23 de mayo y el día 2 recibe la visita de Benedicto XVI. La célebre imagen está por todas partes, hasta en las cartas de los restaurantes, convertida en logo.

El arzobispado se unió encantado a la idea, pese a que la sábana se expuso por última vez en 2000 y en teoría deben pasar 25 años, pero los tiempos han cambiado. La palabra correcta es 'ostensión', al igual que la tela se llama Síndone, de donde deriva 'sindonología' o los asuntos 'sindónicos'. Fiorenzo Alfieri, asesor municipal de Cultura, espera dos millones de visitantes. «Se obtendrán, como mínimo, diez euros por cada euro invertido. En total, unos 50 millones», resume. La visita, eso sí, es gratuita. Todo esto es verdad, pero es indudable que después se impone el fascinante misterio, de fe y jeroglífico, del propio objeto. El rostro que un fotógrafo de 1898, Secondo Pia, se encontró al revelar las primeras fotos y descubrir que la sábana era un auténtico negativo es impactante. Esta impresión se realza con el último hallazgo de la imagen en tres dimensiones. En un principio los salesianos iban a vender unas gafas 3D para la visita, hasta que la archidiócesis les paró los pies diciendo que la Síndone «no es un espectáculo». Para los propios fieles es arduo distinguir la curiosidad de la devoción.

Está casi todo reservado a través de la web www.sindone.org, entre ellos 9.000 españoles. La Iglesia, además, ha jugado por sorpresa con una de sus indulgencias, muy socorridas desde el Medievo, así que tampoco las cosas han cambiado tanto: las creyentes que hayan abortado, pecado que conlleva la excomunión, podrán ser absueltas si peregrinan a Turín en este mes y medio y se confiesan allí. Según el obispo auxiliar, Guido Fiandino, es porque «reina un particular estado de gracia entre los fieles que llegan, un sentimiento fuerte que empuja a la conversión».
La Iglesia cree que esta tela de lino fue el sudario que envolvió el cuerpo de Cristo, pero su convicción choca con la impepinable prueba del Carbono 14 realizada en 1988: dijo que era una tela medieval de entre 1260 y 1390. En fin, una falsificación de la época en que se mercadeaba con reliquias. Es decir, precisamente de las fechas en que la sábana entra en la historia de forma documentada. De ahí hacia atrás sólo hay indicios y oscuridad. Juan Pablo II definió la Síndone como «una provocación a la inteligencia».


La Iglesia, que cuestiona cómo se hizo la prueba del Carbono 14, presenta una mole de datos a su favor, que estos días inunda la prensa italiana con la previsible ausencia de voces críticas. Los restos de sangre de manos y cabeza son de un hombre vivo; los del pecho, de uno muerto. Su grupo es AB. Hay heridas que corresponden con las espinas, los latigazos y los clavos, pero acordes con lo que se sabe hoy de la época de Cristo, no con lo que se creía en la Edad Media. Ha aparecido polen de Palestina. La última revelación del año pasado es sobre unas palabras invisibles a simple vista en latín, griego y arameo, conocidas desde 1978, que una investigadora vaticana, Barbara Frale, dice haber traducido. Sería una frase de una especie de certificado de muerte pegado sobre el tejido con agua y harina, papel que ha desaparecido. Las letras, no obstante, habrían pasado al lino por el hierro de la tinta y dirían así: 'Jesús Nazareno depuesto a la hora novena. Condenado a muerte en el año 16 de Tiberio'. Correspondería al 30 de nuestra era. Sus detractores dicen, cuando menos, que es una interpretación forzada.

Antes de entrar al Duomo se proyecta una breve película que explica todos estos detalles para comprender el intrigante mapa de la Síndone. Se expone por primera vez tras la restauración de 2002, que retiró los 22 parches cosidos por monjas clarisas tras el incendio de 1532 y que decidió empezar a conservarla extendida, y no enrollada. Ante la visión de la tela, colocada en vertical a dos metros de altura en el ábside, sorprende lo tenue que es la sombra misteriosa, como si se estuviera borrando. La muchedumbre no deja mucho silencio ni espacio para el recogimiento. Cada visitante tendrá entre 3,5 y 5 minutos para detenerse. Pero luego están las emociones de cada cual, que son muy libres y también difíciles de deslindar de la sugestión. Como las de los primeros visitantes italianos que se colaron entre los periodistas. Describían una intensa conmoción y la certeza de que ésa es la sábana donde se grabó con fulgor sobrenatural la resurrección de Cristo. Les da igual el debate científico. El folleto que se entrega en la puerta contiene una oración que también da por hecha la autenticidad de la tela: «...Mi corazón se llena de conmoción porque veo en ese misterioso sagrado lino todas las señales del atroz sufrimiento vivido por Ti...».

El Vaticano se ha movido siempre con ambigüedad y cautela con la Síndone, manejando el concepto de icono, pero no se ha amedrentado ante la evidencia del Carbono 14, presentada por tres laboratorios distintos. Pone en duda el método empleado y señala las características excepcionales de la tela. No se trata de un objeto enterrado, sino que ha estado en contacto con el aire durante siglos por media Europa, ha sufrido dos incendios -el de 1532 y otro en 1997- y ha sido remendado. Hay una potencial contaminación biológica, alegan los sindónologos. Además se hizo la prueba en un solo trozo, un fragmento de tres centímetros por uno, y tenían que haberla hecho en más pedazos, apuntan, pues la tela no es homogénea.

Otro argumento de los defensores de la sábana también es muy bueno: no se ha podido explicar todavía cómo se formó la imagen y, por tanto, tampoco está demostrado que sea un camelo medieval. La sombra que representa un cuerpo es fruto de una oxidación y una deshidratación sobre el lino, pero es un proceso incomprensible. Abordado ayer en la puerta del Duomo, el director del Museo de la Sábana Santa, Gian Maria Zaccone, curtido en la defensa de la famosa tela, respondía a El CORREO sobre las diatribas. Por ejemplo, por qué no hacen de una vez una o varias pruebas más del Carbono 14, bien hechas, y se terminó la discusión:

- A la Iglesia no le interesa el aspecto científico, sino que la Síndone representa el cuerpo de Cristo y la Pasión.

- Hombre, pero eso no lo pueden saber sin la ciencia.

- No, eso no es cierto, el concilio de Nicea, asumido por Trento, por el Vaticano II y por el catecismo, dice que la veneración de las reliquias no es hacia el objeto, sino a lo que representan.

De todos modos, Zaccone adelanta que tras la ostensión es «probable» que se abra una nueva fase de recogida de datos que desemboque en una segunda prueba del Carbono 14. El debate continúa.

Al dejar el Duomo y perderse en los elegantes pórticos de la ciudad se percibe que la Síndone es un elemento extraño pero armónico en Turín, hermosa, desconocida y rodeada de una aureola trascendente. Turín es famosa en el mundillo esotérico, está llena de símbolos masónicos y mágicos, y abunda de sectas satánicas, pero también de santos. La Sábana Santa se inserta en la ciudad en el siglo XVI gracias a los Saboya, que la compraron cuando eran duques y aspiraban a hacer carrera, pero no se libra del aparente y proverbial desapego de los turineses. Turín ha hospedado siempre la tela con cierto anonimato y desde luego no es el circo de Lourdes. Apenas hay imanes de nevera en los quioscos y sí muchos libros divulgativos. Se respira un aire señorial, pero del pasado. Bastaba ver ayer en la tele al último príncipe de Saboya, Emanuele Filiberto, haciendo el indio en un concurso de la tele.

Fuente:
elcorreodigital.com

La imagen es de Google.

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