jueves, abril 15, 2010

Vagabundeando

La libre adaptación al cómic por parte de Takehiko Inoue de las novelas de Musashi Miyamoto escritas por Eiji Yoshikawa poco a poco va acercandose a su fin.

Va caminando despacio por su siempre querido bosque y su siempre necesitada montaña nuestro vagabundo, en esta trigésimo segunda entrega, en la que un herido Musashi, tras elegir dejar a sus amigos porque presiente que aún no ha llegado a su meta, se dirige a Yagyu en busca de la cura para sus demonios internos, mas sabio, mas viejo y mas cansado que la anterior vez que estuvo, y por supuesto que cuando empezó este largo viaje, como se puede ver a la perfección merced al virtuosismo del autor, un verdadero prodigio, capaz de registros tan diferentes como el humorístico deportivo de Slam Dunk, el serio y crudo Real, o este histórico Vagabond que nos ocupa, y que es un maestro a la hora de dibujar los rostros, y sino fijaros en la portada de este número y en la del primero de la colección, donde vemos a un joven agresivo y ambicioso, cuya cara y la expresión de esta nada tiene que ver con la que luce en la portada de este tomo que nos ocupa.


Conocedor ahora del espejismo que siempre ha perseguido, mas grande y fuerte a la vez que dubitativo como siempre que acaba de terminar una pelea, siendo la última probablemente la mayor en la que ha participado y seguro la que mas marcada ha quedado en su mente, tras pasar por el filo de su katana a 70 hombres en ella, nuestro protagonista, pese a querer paz y sentir que la retirada le llama, ve como su fama se cruza en su camino, y que lo que esta popularidad le trae no es nada bueno, ya que ahora son otros los que se quieren medir a él, otros son los que siguen el camino de la espada, otros son los que al ganar al legendario Musashi Miyamoto quieren ser los más fuertes.

Y así, en el circulo vicioso en el que se ha convertido su errar se encuentra por casualidad con una de las pocas personas a las que ha admirado en su vida, el legendario espadachín Ittosai, al que creía muerto tras conocerle en los comienzos de sus vagabundeos años ha, y que como él vive el camino de la espada, por lo que ambos hombres están condenados a determinar quien de los dos es mejor, aunque dejen la vida en el empeño.


Dos o tres tomos nos faltan, según palabras dichas por el propio autor recientemente en Japón, para acabar esta magnífica adaptación, aunque tras haber leído las novelas en las que se basa, que recientemente ha publicado Quaterni por estos lares, se me antojan pocos , y por numero dejan claro que acabaran en cierto mítico duelo visto el ritmo al que avanza la trama con el excelente dibujo de Innoue. Sean los que sean habrá que degustarlos ya que será una pena dejar de leer esta extraña mixtura de espadazos y poesía, este caminar por la escuela de la vida en aquella época y en aquel lugar en el que un hombre se media por su valor, por su nobleza o por la fuerza de su espada, esta historia inmortal que nunca debería dejarse de escuchar, en la que el destino de Musashi, su amigo, su rival, Kojiro Sasaki, espera en su isla en el horizonte.

Puntuación:9/10

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