sábado, enero 15, 2011

Sukkwan Island de David Vann

Anoche me leí este libro. Cojonudo oye. De los de recordar.

No me extraña que tal y como nos dice la contraportada, le haya valido al autor comparaciones con Cormac McCarthy (en especial con La carretera) y que no pare de recibir premios, tanto de parte de la crítica como de los lectores. Y que por ejemplo en Francia lleve más de un año entre los libros más vendidos.


Una isla salvaje en el sur de Alaska, a la que solamente puede accederse en barco o hidroavión, repleta de frondosos bosques húmedos y montañas escarpadas. Este será el inhóspito decorado donde Jim decidirá fortalecer las relaciones con su hijo Roy, a quien apenas conoce.

Doce meses por delante, viviendo en una cabaña apartada de todo y de todos: parece una buena oportunidad para estrechar lazos y recuperar el tiempo perdido.

Pero la situación, poco a poco, deviene clautrofóbica, asfixiante, insostenible. La díficiles condiciones de supervivencia y la olla a presión emocional a la que se ven abocados padre e hijo acaban por conformar una postal de pesadilla.

Y si señor, la contraportada de nuevo tiene razón. De pesadilla...

Y es que lo que ya de entrada, conforme van pasando los primeros días, no parace una buena idea, eso de irse a pasar el invierno a lo último superviviente, porque yo lo valgo, a un lugar en el culo del mundo, muy bonito si, con muchisimos recursos si, controlando incluso un poquillo del tema, como pasa con el viejo, vale, de acuerdo, pero que no, que no es buena idea. Un adolescente urbanita y su viejo, con el que apenas ha tenido relación en años pese a vivir en el mismo techo. Un adolescente, buen chaval, y su viejo, pelin raruno y pasado de vueltas. No se. Que no me parece buena idea. Que las cosas se pueden poner muy malitas en los inviernos de Alaska. Ojo, y de cualquier otro lugar, si vamos con una escopeta y un par de cañas a la aventura.

Y vaya que si se ponen mal.

Tensión que se palpa desde la primera página. La mencionada claustrofobia, y la asfixia y el agobio, la continua sensación de que algo , no es que se este torciendo, sino que ya esta torcido. Ritmo pausado de prosa estupenda, que siempre mira al frente con la cabeza alta. Realmente es bueno este nuevo David Vann.

Por aquello de no desvelar nada me voy a callar ya. Solo decirte que vayas rapidamente a tu libreria o biblioteca y te metas ligerito las 200 paginillas de salmones de Alaska con Roy y su padre Jim, porque te saciaras seguro. Y como muestra un poquillo de salmón ahumado por ellos en casilla, del fresco, del de el inicio...

"Por la noche, tarde, su padre volvió a llorar. Hablaba consigo mismo en pequeños susurros que sonaban como gemidos mientras y Roy no podía entender lo que decía su padre o descifrar cual era el dolor de su padre o de donde provenía. Las cosas que su padre se decía a si mismo solo lo hacían llorar mas, como si se obligara a hacerlo. Se quedaba callado y luego se decía algo mas y volvía a gemir y sollozar. Roy no quería oirlo. Lo asustaba y lo incapacitaba y no tenía forma de reconocerlo, ni ahora ni durante el día.

No pudo pegar ojo hasta que su padre terminó y se quedó dormido. Por la mañana, Roy recordaba el llanto, y le parecía que eso era exactamente lo que no debía hacer. En virtud de un acuerdo del que nunca había sido testigo, se suponía que debía oirlo por la noche y después durante el día no solo olvidarlo sino, de algún modo, hacer como si no hubiera existido. Empezó a tener miedo de las noches, aunque solo habían pasado dos. Por la mañana su padre estaba alegre otra vez y preparó huevos, cebolla, patatas y bacon. Roy fingió que tenía más sueño que él y que le costaba despertarse porque quería pensar y todavía no estaba listo para unirse a la alegría y el olvido"

Puntuación: Sobresaliente.
Lo compré, lo regalaré. lo recomendaré.

Un puñetazo en el estomago de los que doleran durante mucho tiempo.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...