lunes, mayo 23, 2011

El placer de los incentivos

Hace un año, la compañía de seguros Ergo, una filial de Munich Re, la mayor reaseguradora del mundo, lanzó una campaña publicitaria que cautivó a sus clientes. «Nosotros somos diferentes. Asegurar significa entender», rezaba el eslogan con el que la firma, que da trabajo a 50.000 personas y factura 20.000 millones de euros, pretendía conquistar un mercado potencial de 82 millones de clientes.

Pero la empresa contaba con un arma secreta para premiar a sus agentes más exitosos a la hora de vender pólizas de seguro. Según el periódico ‘Handelsblatt’, una filial de la compañía organizó una fastuosa bacanal en las termas Gallert de Budapest para recompensar a sus cien mejores agentes. La fiesta, que posiblemente no ha sido la única, se celebró en el verano de 2007 y contó con la presencia de un selecto grupo de hermosas prostitutas –veinte, admite la compañía, muchas más según algunos participantes– encargadas de atender a los requerimientos de los ejecutivos premiados.


«La fiesta transformó las termas en un prostíbulo al aire libre», describió el diario al relatar algunos detalles de la bacanal, que recuerda a las fiestas organizadas por el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y que fueron bautizadas por la prensa italiana como ‘Bunga Bunga’. Según el rotativo, que cita sin mencionar sus nombres a varios participantes, las mujeres llevaban collares de distintos colores en función de su papel en la fiesta. El rojo identificaba a las azafatas y el amarillo a las prostitutas dispuestas a satisfacer todos los gustos y extravagancias de los invitados. «También había damas con collares de color blanco, pero éstas estaban reservadas para los altos ejecutivos», se lee en el artículo.
Los organizadores de la orgía incluso ordenaron construir «camas celestiales» al aire libre, a disposición de todos los invitados. Después de cada encuentro, las prostitutas eran marcadas con un sello en el antebrazo que indicaba el número de clientes que habían estado con ella.

Para evitar filtraciones que pudieran dañar la imagen de la empresa, los organizadores de la fiesta ordenaron instalar un rígido control de seguridad, similar a los que existen en los aeropuertos, para garantizar que ningún invitado llevaba cámaras de fotos o vídeo. Un portavoz de Ergo admitió ayer la celebración de la orgía, que calificó como un hecho «vergonzoso y único», pero señaló que los ejecutivos que habían organizado el viaje a Budapest ya no trabajaban en la compañía.
El ‘Handelsblatt’ señala, sin embargo, que ese tipo de fiestas representa una práctica generalizada en las grandes firmas germanas. No hace mucho, Volkswagen se vio involucrado en un escándalo similar al trascender que directivos y representantes del comité de empresa de la multinacional automovilística eran invitados a viajes en los que se hacían acompañar por prostitutas de lujo.

Fuente:
elcorreodigital.com

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