viernes, junio 24, 2011

Carta al Santander

Copio tal cual tras verlo en Meneame del sitio original.

Aclaración: esto no es un cuento (aunque lo parezca). En realidad se trata de una carta, ya remitida y respondida (a su manera, je) por el Banco Santander, acerca de odio, miseria, impotencia y desesperación. Me he salido de la tónica como excepción ya que, a petición de mi señora, voy a publicarla en una web y he descubierto, reconociendo mi incapacidad para estas cosas, que tiene que estar alojada en algún sitio. Bien, este es mi sitio, y así que ahí va. Para que os hagáis una idea de lo que va, a modo de resumen, resulta que el Santander ya no quiere que sus clientes se beneficien de 0 euros en comisiones de servicio a menos que cumplas ciertos requisitos añadidos. Me han tocado los cojones, y antes de irme, quise dejar al responsable (y firmante de la carta) constancia de mi desengaño. Pronto volveré a los cuentos. ¡Gracias!


Estimado don Javier de Antonio:

He recibido esta mañana una carta suya. Con la alegría habitual que me produce abrir cualquiera de las notificaciones con que su amantísimo banco me regala tan a menudo, he accedido a la información que me ha remitido, y me gustaría saber si puede aclararme alguno de los puntos que a continuación detallo, ya que, como usted incide en su carta, me considero recompensado con su “agradecimiento por la confianza y la vinculación” que tengo con el Santander y siempre me he sentido arropado, ¿qué arropado? ¡amamantado!, por su siempre magnífico trato para conmigo. Antes, por supuesto, le mando un afectuoso saludo, a usted y a la familia de usted.

Me informa, de manera harto grata para mí, de la próxima suspensión de mi ventaja de pertenecer al plan QSTB a menos que cumpla, aparte de mi nómina domiciliada, con otra serie de condiciones que me resultan, por desgracia, imposibles de cumplir (ya me gustaría disponer de un Plan de Pensiones, por ejemplo, o 12000 euros en productos de ahorro, ¡qué bonito sería todo!, iríamos a jugar al golf en mi todoterreno, no en el suyo, don Javier). Y a medida que iba leyendo, con la esperanza de que le bastara a usted con la domiciliación de algunos de mis recibos, mi corazón iba rompiéndose en mil pedazos, pues esa condición, que cumpliría, no estaba en su lista. ¡Ay calamidad!

Todo lo cual me ha hecho sentirme terriblemente mal, puesto que compruebo que los beneficios de su plan van a ir, a partir de ahora, dirigidos a gente con más solvencia que quien, realmente, aprovecharía esa exención de comisiones. Pues, ¿qué es un par de euros para alguien que tiene 1000 acciones de su banco? Pero tampoco voy a ponerme dramático: podría pagárselo, don Javier, y se lo digo a usted en persona puesto que (aparte de las magníficas barbacoas que prepara) es usted el remitente de la carta y, por tanto, supongo que el genio a quien se le ha ocurrido la medida que salvará sus facturas (que no las mías). Podría pagárselo, repito, don Javier, pero ¿sabe? No voy a hacerlo. Sé que perder unos cuantos clientes no tiene para ustedes la más mínima importancia, como no la tuvo para Caja Madrid cuando me perdieron precisamente por no ofrecerme la exención de comisión de transferencia por Internet (que le recuerdo tramito yo solito, con mis claves y mi conexión y mi ordenador portátil). Son las cosas de la vida, ¡amigo, y qué le vamos a hacer! ¿Verdad? Pues le indico: me duele en el alma por el inmenso amor y cariño que siempre me han unido a ustedes, pero cuando vuelva de mis vacaciones, quiero que sepa que voy a coger mis cuentas y mi nómina, voy a meterlas en un hatillo, voy a acudir a CUALQUIERA de los otros bancos que me ofrecen ventajas SÓLO por mi nómina y voy a ingresar allí mis mil euritos mensuales. Eso sí, dejaré abierta la cuenta donde ustedes me pasarán al cobro lo dispuesto con su tarjeta de Crédito Box Gold (que por supuesto no volveré a utilizar, tengo otras y gratuitas también), hasta el momento mismo en que nuestra deuda quede saldada.

Ignoro si su peregrino plan de beneficios hará que la gente se plantee contratar nuevos productos con ustedes y seguir bajo su roja ala protectora, usted sabrá más que yo de esas cosas, pero le deseo que sus jefes dejen de considerar a los mileuristas sólo como la alfombra donde sus zapatos se sacuden la arenilla del camino y comiencen a pensar que, en estos tiempos que corren y con los ánimos como están, quizá de pronto se despierten una mañana y descubran, ¿oh qué es esto?, que su banco se ha quedado sin sus fonditos. ¿Y qué harán entonces? ¿Pedirán perdón y prometerán no volver a hacerlo?

Le voy a dar una oportunidad, don Javier. Haga esto y le aseguro que no me perderá como cliente: copie 50 veces, a mano, y envíemelo a la misma dirección de su anterior carta:

“No volveré a intentar ganar más pasta de la que ya gano a costa de aplastar a los demás; los demás también son humanos como yo”.

También me valdría, por supuesto, que un jefe suyo se llevara las manos a la cabeza y saliera de su despacho gritando: “¡Pero qué ha hecho este hombre! ¡Ya sabía yo que no tenía que haberle dado tanta responsabilidad! ¡La que ha liao! ¡La que ha liao!” En fin, amigo…

Atentamente:

Álvaro.

PD. Cuando me toquen los Euromillones, que pensaba invertir en su banco, los llevaré a otro, hala; ¡eso que se pierden!

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