sábado, diciembre 10, 2011

Leyendo al gran Zamiatin

(...)La Tabla de las Leyes: desde la pared de mi cuarto sus letras de púrpura sobre fondo de oro me contemplan con ojos benignamente severos. Involuntariamente se me ocurre pensar en lo que los antiguos llamaron el icono y quisiera escribir versos o rezar (lo que al fin de cuentas es lo mismo). ¡Oh!, ¿por qué no seré poeta, para ensalzarte dignamente, oh Tabla de las Leyes, tú, que eres el corazón y el pulso del Estado único?

Todos nosotros (quizá también ustedes) hemos leído ya en la edad escolar el más voluminoso de todos los monumentos conservados de la antigua literatura: La guía de los ferrocarriles. Compárenla por un instante con la Tabla de las Leyes, y observarán que aquélla es como el grafito y ésta es como el diamante (¡hay que ver cómo luce el diamante!), y, sin embargo, ambos, el diamante y el grafito, proceden del mismo elemento C: el carbono; sin embargo, qué transparente y claro es el diamante y cómo brilla.

Seguramente ustedes se quedarán exhaustos al recorrer las páginas de la guía-itinerario. La Tabla de las Leyes de horas, sin embargo, convierte a cada uno de nosotros en el héroe de acero de seis ruedas, en el héroe del gran Poema. Cada mañana, nosotros, una legión de millones, nos levantamos como un solo hombre, todos a una misma hora, a un mismo minuto. Y a un mismo tiempo, todos, como un ejército de millones, comenzamos nuestro trabajo y al mismo instante lo acabamos.

Y así, fusionados, en un solo cuerpo de millones de manos, llevamos todos al unísono, en un segundo determinado por la Tabla de las Leyes, la cuchara a los labios, y al mismo segundo paseamos, nos reunimos en torno a los ejercicios de Taylor en los auditorios y nos acostamos...(...)


(...)Dentro de ciento veinte días quedará totalmente terminado nuestro primer avión-cohete Integral. Pronto llegará la magna hora histórica en que el Integral se remontará al espacio sideral.

Un milenio atrás, vuestros heroicos antepasados supieron conquistar este planeta para someterlo al dominio del Estado único. Vuestro Integral, vítreo, eléctrico y vomitador de fuego, integrará la infinita ecuación del Universo. Y vuestra misión es la de someter al bendito yugo de la razón todos aquellos seres desconocidos que pueblen los demás planetas y que tal vez se encuentren en el incivil estado de la libertad.

Y si estos seres no comprendieran por las buenas que les aportamos una dicha matemáticamente perfecta, deberemos y debemos obligarles a esta vida feliz. Pero antes de empuñar las armas, intentaremos lograrlo con el verbo.

En nombre del Bienhechor, se pone en conocimiento de todos los números del Estado único: Que todo aquel que se sienta capacitado para ello, viene obligado a redactar tratados, poemas, manifiestos y otros escritos que reflejen la hermosura y la magnificencia del Estado único. Estas obras serán las primeras misivas que llevará el Integral al Universo.

¡Estado único, salve! ¡Salve, Bienhechor!... ¡Salve, números!

Con las mejillas encendidas escribo estas palabras. Sí, integraremos esta igualdad, esta ecuación magnífica, que abarca todo el cosmos. Enderezaremos esta línea torcida, bárbara, convirtiéndola en tangente, en asíntota. Pues la línea del Estado único es la recta. La recta magnífica, sublime, sabia, la más sabia de todas las líneas. (...)


(...) El día en que se dirija por vez primera hacia las alturas, nosotros estaremos a bordo. Pues el constructor del Integral es uno de los nuestros. Ha dado la espalda a los muros y ha venido conmigo para quedarse entre nosotros. ¡Viva el constructor del Integral!. (...)


(...)Escribo y llevo todo esto al papel, sólo para demostrar por qué caminos tan erróneos y extraños puede ir el ser humano, y por dónde puede perderse y extraviarse la razón pura y exacta de la inteligencia. La misma inteligencia que fue capaz de hacer comprender a nuestros antepasados aquel Infinito tan terrible. ¿Es que existen realmente todas estas sandeces del amor y de los celos en forma tan realista como la de los libros de nuestros antepasados? ¿Y esto ha de sucederme a mí precisamente? ¿Precisamente a mí? Pero si sólo estoy constituido por igualdades, ecuaciones, fórmulas y cifras... Y ahora, de repente, me ocurre esto.

No, no iré mañana ni tampoco pasado mañana, no volveré a verla nunca más. No puedo, no quiero volver a verla. Nuestro triángulo ha quedado destruido.

Estoy solo. Es de noche. Reina una ligera niebla. El cielo aparece cubierto por unos velos dorado lechosos. Ojalá supiese lo que se oculta detrás de él. ¡Ojalá yo mismo supiese quién soy!(...)


(...) Cada número tiene derecho a un número cualquiera como pareja sexual. Todo lo restante ya sólo era cuestión de tecnicismo. De modo que ya no existe ninguna base para la envidia, pues el denominador de la fracción de la felicidad está reducido a cero, mientras la fracción se torna en infinita. (...)


(...) Frente al Estado único tengo el derecho de someterme al castigo, y este derecho no me lo dejaré arrebatar… Reconozco que esta especie de rebeldía sólo se reduce a una de las reminiscencias de los prejuicios ridículos de nuestros antepasados, que eran víctimas de lo que solían llamarse ideas «legales». (...)

“La filosofía de las grúas, de las prendas y de las bombas está cerrada y es clara como el círculo y su circunferencia. ¿Acaso vuestra filosofía no se mueve también en círculos?. La hermosura del mecanismo reside en su ritmo inalterable, concreto y exacto, idéntico al de un péndulo.¿Acaso vosotros, que desde la primera infancia fuisteis educados según el sistema Taylor, no sois también tan exactos como un péndulo?… Pero si todo esto es decisivo más decisivo todavía es lo siguiente: Los mecanismos no poseen fantasía. (...)


Fragmentos de Nosotros de Yevgeni Ivánovich Zamiatin

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