jueves, marzo 31, 2011

El Barco de los anuncios (Cap.10)

He de reconocer que el guión de El Barco mejora día a día a ojos vista, y a este último capítulo me remito como ejemplo.


Fijate tu que han sido capaces los cabezas pensantes de colarnos en horario de máxima audiencia una oleada publicitaría multiple mientras pensamos que vemos un capítulo de la habitual larga duración, con su carnecita, su romance, sus peleillas de mofa con el maloso, su amenaza de la protopolla que resulve el tonto del pueblo y demás.

Y realmente lo que estamos viendo es uno de los mejores, por extenso e indisimulado, spots publicitarios de la tele actual, en un formato ya usado, pero nunca intercalandolo en el guión como aquí.

Con uno de los mejores anuncios de Coca- Cola que recuerdo a la cabeza del asunto y que fornma parte de la trama misma.O el de los chandals de Ellese para ser una embarazada abrigadita y comoda. O el de los portatiles Samsung para lo que haga falta. O el de la leche de oveja de Gaza para ser saludable en lo alimenticio. O el de las ensaladillas en lata de Isabel, para degustar en cualquier lugar y momento. Omnipresentes productos en las últimas entregas , que parece que El Barco y sus gentes no podrían vivir sin ellos, y que sin embargo se han subido a bordo cuando la cosa ya había zarpado, signo inequívoco de su éxito, por si alguien lo dudaba. (Y no hablo de los anuncios de sus protas antes y despues de la propia serie...)


Asi que vuelvo al inicio y pienso, es una mala serie...???

Y sinceramente,no me queda mas qe decir que es cojonuda.

Y sino vereis en el próximo capítulo que algún anuncio nuevo tendrá.....

PD:El que quiera algo bueno de verdad que pase de la tele.

PD2: Lo de qu elos protas aguanten mas el gas que el resto POR LA PUTA CARA se sale.

PD3: Ese tonto del pueblo ahí, usando el cerebro y las bombonas de oxigeno....

PD4: La escena de la imagen que pongo, con Superulises jugandosela con Gamboa, el asesino condfeso, es demencialmente mala, pero mala, mala, mala. De lo peor con diferencia de una serie mala, pero mala, mala en lo que a la actuación e historia corrsponde. Por favor, por favor....

Mute button

miércoles, marzo 30, 2011

Será niña

Eso dice la eco de las 20 semanas....

De nuevo aitatxu, completando la parejita clásica con una hermanita para Garikoitz.

Ahora a buscarle nombre...¡¡¡¡¡

martes, marzo 29, 2011

lunes, marzo 28, 2011

Sobre Anthony Robles

Anthony Robles es la última sensación del deporte estadounidense, y con razón. Acaba de proclamarse campeón universitario de lucha libre en la categoría de 55 kgs. y lo ha hecho invicto, cerrando su temporada con 36 victorias por ninguna derrota. Algo sobresaliente si tenemos en cuenta que nació sin la pierna derecha y que combate contra oponentes que tienen las cuatro extremidades.


Hace tiempo que Robles está considerado como uno de los mejores luchadores de la NCAA, y su rosario de resultados no hace sino confirmar su excelencia: 5º en el Mundial junior, 4º en el campeonato universitario de hace dos años, 7º la temporada pasada y campeón ésta. Una sorpresa para el gran público, pero no para quienes le conocían con anterioridad. Por algo uno de sus apodos es 'Braveheart'.

Robles, de 22 años, nació incompleto en 1988. Ninguna ecografía había revelado la carencia de su pierna; aún hoy el motivo es un misterio. A los tres años le pusieron una prótesis a la que nunca se adaptó. Cuando cumplió los siete decidió que prefería andar con una sola pierna a hacerlo con una ortopedia con la que no se sentía a gusto.

Muy activo, practicó diversos deportes, entre ellos el fútbol americano, pero fue en la lucha libre, en la que le inició su primo, donde encontró el terreno idóneo para florecer como atleta. Su técnica es muy eficaz: nada más comenzar la pelea, la lleva a su terreno echándose al suelo. Allí las piernas pierden importancia y eso le permite equilibrar fuerzas con sus oponentes. Tiene el torso de un toro y una fuerza descomunal. Y, sobre todo, un espíritu indomable, como ilustra una anédcota en especial. Cuando estaba en la escuela secundaria de Mesa High –permaneció dos años invicto, cerrando un balance de 46 triunfos– el entrenador, descontento con el rendimiento del equipo, les hizo dar vueltas a la pista cargados con un saco de 9 kgs. La orden era general, pero no pensaba en Anthony cuando la pronunció. Para su sorpresa, Robles cargó el saco y comenzó a desplazarse, botando sobre su única pierna. Cayó a los pocos metros, pero volvió a levantarse. Así una y otra vez. Ninguno del resto del equipo fue capaz de protestar ante semejante ejemplo de coraje.


Aunque parezca mentira, su éxito también despierta suspicacias: hay quien argumenta que su superioridad se debe, precisamente, al hecho de que le falta una pierna, porque su categoría de peso real sería superior en caso de tenerla, así que pelea contra chicos que en realidad son más livianos y tienen menos fuerza en el tronco. Ahora que ha terminado su periplo académico en Arizona State asegura que dejará atrás su carrera como luchador y que quiere ayudar con su ejemplo a los más jóvenes ya que espera graduarse en mayo y dedicarse a dar discursos en público.

Fuentes:
mundodeportivo.com huffingtonpost.com
elcorreodigital.com
usatoday.com

Teneis el video íntegro con su victoria en la NCAA Wrestling National Championships Division 1 vs. Matt McDonough aqui.

Se acerca Gutun Zuria II: Una perla de Žižej de regalo


Uno puede poner todos los gays que quiera en el Gobierno, puede permitir todas las películas subversivas y transgresoras; toda esa crítica es bienvenida e integrada. Ahora intente usted mover un sólo ápice del funcionamiento del capitalismo, intente frenar el liberalismo económico desde su Gobierno en beneficio de los derechos de los trabajadores. Ahí es cuando todo el poder capitalista se le echará encima.

Slavoj Žižej, que estará en Gutun Zuria.

Se acerca Gutun Zuria I: Qué y con quién...??


El Festival Gutun Zuria (carta blanca), que tendrá lugar del 7 al 10 de abril en La Alhondiga Bilbao, es una cita con las grandes personalidades del mundo de la literatura y un espacio para el descubrimiento de nuevos autores que quiere convertir Bilbao en un encuentro anual de referencia en el ámbito de la literatura internacional contemporánea. Los escritores Salman Rushdie y Slavoj Zizek inaugurarán la 4ª edición del festival dentro de la sección "Conversaciones con..." y este año, como novedad, se presentamos la nueva sección "Literatura invitada...".

Mas en la fuente, el sitio oficial de La Alhondiga Bilbao.

Un tebeo europeo bueno y otro mejor

El pasado jueves me empujé seguiditas un par de novedades, de las cada vez mas escasas [me parece (o es el ansia)] que nos llegan de comic europeo a los dependientes de esta droga.

Por un lado Simbad, en una estupenda edición integral que contiene los tres albumes existentes en Gabatxilandia.


Con un ajustado precio a agradecer a Dibukks, que nos trae un entretenido tebeo para todos los públicos dentro de lo que se podría llamar Producto Arleston (Troy y alrededores), usease acción, fantasia, humor, picantito en dosis ligth, aventura por doquier y diversión para todos los públicos, que en este caso crece con el bonito dibujo de Alary y los "cameos" de personajes por todos conocidos como Aladin o Ali Babá.

Por otro lado me zampé uno nuevo de 12bis, el muy buen tebeo que es Horacio de Alba 1: La República del Pundonor.

Autores desconocidos para un servidor nos traen uno de esos tebeos históricos que se agradecen en todo momento.


Bien dibujado, bonito color, magníficamente narrado con todo el arte de la composición de páginas del mejor europeo en todo momento. Profusamente documentado sin caer en el exceso del dato aburrido por abrumador.

Estamos en la Italia de las ciudades estado del siglo XVI donde los duelistas decían con sus victorias el devenir de los acontecimientos, donde soñadores tuvieron la osadía de creer en un nuevo proyecto de vida para todos nosotros....

Tomo primero de serie que va al tiempo en Francia, que deja con ganas de mas. De mucho mas.

Me ha gustado Freak Angels

Me ha gustado este experimento del incansable Warren Ellis para la línea que escribe en Avatar Press.

Miedo tenía de que el prolífico autor inglés nos diese de nuevo una esas obras que escribe mientras se retoca la barba, ya que como todos los fans de este hombre sabemos es capaz de lo mejor y de lo peor al ser capaz de muchísimo al mismo tiempo.

Bebe Ellis clara y libremente, como el mismo dijo en una entrevista, de la novela de John Wyndham Los cuclillos de Midwich, que por acá vimos en cine como El pueblo de los malditos, para llevarsela al género del steam-punk más cercano al punk, y asi llevarnos a nosotros al huerto con una interesante historia en la cual veremos como una especie de niños prodigio gobiernan en un Londres inundado por ellos mismos, tratando de que la paz y la justicia sean el orden establecido, lo cual en un mundo post-apocalíptico como todos sabemos no es cosa fácil de conseguir.


Primer tomo de cinco que van ya publicados al otro lado del charco este que nos trae Glenat, que sirve principalmente de presentación e inicio de desarrollo de personajes y contexto, y que como el resto se ven pelín perjudicados por el dibujo de Paul Duffield, no por malo, sino por que ahora toca recordar que este Freakangels nace originalmente como webcómic que se sigue publicando asi, a dos viñetas por página, a seis páginas por semana, por deseo experimental del propio Ellis, lo que obliga al dibujante a ser en ocasiones apresurado, en ocasiones agarrotado, en ocasiones cumplidor.

El tiempo nos dirá si ha merecido la pena gastarse unos euros en leerse en tomos esta historia, cosa que un servidor agradece, o si hubiese valido con leérsela online, que para eso se hizo de inicio, o si mejor hubiese sido mirar hacia otro lado. Por el momento la verdad es que me ha gustado este nuevo tebeo del incansable Warren Ellis.

domingo, marzo 27, 2011

Domingo de no-cortos : Unicaja Malaga - Real Madrid

Un nuevo video que no es un corto en este apartado de Domingo de cortos.

Y es que lo acontecido el pasado 19-3-2011 en este partido de basket lo merece.

Final absolutamente apoteósico aqui...¡¡¡

Domingo de no-cortos: Two dogs dining


Hoy va a ser un día corto de no-cortos que con este abrimos.

Del que nos sirve de inico poco he de decir que no intuyais en la imagen...eso si, mola mucho. Pero mucho mucho.

Lo teneis aqui.

Quien va a ganar el Mundial Vitaly...??

sábado, marzo 26, 2011

La mujer del profesor de Arthur Schnitzler

Me quedaré aquí mucho tiempo. El opresivo hastío que reina en este pueblo entre el bosque y el mar me hace sentir bien. Todo está quieto y silencioso, sólo las nubes avanzan muy despacio, pero el viento sopla tan por encima de las olas y las copas de los árboles que el mar y el bosque no hacen ruido. Aquí hay una soledad profunda, que se percibe incluso entre la gente, en el hotel o en el paseo. La orquesta del balneario toca casi siempre melancólicas canciones suecas y danesas y hasta las piezas alegres suenan cansadas, sofocadas. Al terminar, los músicos bajan en silencio los escalones del quiosco y desaparecen poco a poco en los paseos, llevando sus instrumentos con tristeza. Escribo esto en una hoja mientras me dejo llevar en un bote de remos a lo largo de la orilla.

La orilla es suave y verde: sencillas casas campesinas con jardines; en los jardines hay bancas junto al agua; tras las casas, un angosto camino blanco; flanqueando el camino, el bosque que se extiende por toda la región, ascendiendo paulatinamente, y ahí donde termina, el sol. El resplandor del crepúsculo cae sobre la delgada isla amarilla que se extiende allá enfrente. El remero dice que podemos alcanzarla en dos horas. Claro que me gustaría ir alguna vez, pero aquí uno se siente extrañamente retenido, siempre estoy en las cercanías más inmediatas del pueblo, de preferencia en la orilla o en mí terraza.

Dejo los libros. La pesada tarde apretuja las ramas, de vez en cuando escucho pasos de gentes que vienen por el camino del bosque, pero que no puedo ver, pues continúo inmóvil y mis ojos se pierden en lo alto. También oigo la risa clara de los niños, pero la profunda quietud a mi alrededor absorbe los sonidos con rapidez, apenas pasa un segundo y parece que la resonancia desapareció hace mucho. Si cierro los ojos y los vuelvo a abrir es como si despertara de una larga noche. Así me evado de mí mismo y me sumerjo como un trozo de naturaleza en la tranquilidad que me rodea.

Ha terminado la hermosa calma que ya no regresará ni al bote ni a los libros. Todo parece cambiar de golpe. Las melodías de la orquesta suenan alegres y cálidas, las personas con las que uno se topa hablan demasiado, los niños ríen y gritan, incluso mi querido mar, tan silencioso en apariencia, en las noches rompe ruidosamente contra la orilla. La vida ha vuelto a ser sonora para mí. Nunca había dejado mi casa con tal facilidad, sin ningún pendiente; terminé mi doctorado, enterré definitivamente la ilusión artística que me acompañó en la juventud, la señorita Jenny se casó con un relojero, en fin, tuve la suerte de emprender un viaje sin dejar a una amante y sin la tentación de llevarla. Me sentía bien, seguro, sabiendo que concluía una etapa de mi vida. Y ahora todo se ha venido abajo, pues Friederike está aquí.

Coloqué una luz en la mesa de mí terraza. Escribo, ya avanzada la noche. Es el momento de poner todo en claro. Reconstruyo el diálogo, el primero en siete años, el primero desde aquella vez...

Fue en la playa, al mediodía. Yo estaba en una banca, de tanto en tanto la gente pasaba frente a mí. En el puente de desembarco estaba una mujer con un niño pequeño, demasiado lejos para distinguir sus facciones. Aunque en realidad no me llamó la atención, supe que pasó mucho rato ahí antes de que se me acercara. Llevaba al niño de la mano. Entonces vi que era joven y delgada. El rostro me pareció conocido. Estaba a unos diez pasos cuando me levanté y fui hacia ella. Había sonreído. Supe quién era.

-Sí, soy yo -dijo y me tendió la mano.

-La reconocí de inmediato —dije.

-Espero que no le haya sido muy difícil —contestó-, y usted tampoco ha cambiado nada.

-Siete años...

-Siete años.

Callamos. Se veía muy hermosa. Una sonrisa apareció en su rostro, dirigida al niño que seguía sosteniendo de la mano.

-Dale la mano al señor.

El pequeño me la tendió sin verme.

-Es mi hijo.

Era un lindo niño morena, de ojos claros.

-Es hermoso que nos encontremos otra vez en la vida -empezó a decir-, nunca hubiera pensado...

-También es extraño -dije.

-¿Por qué? -preguntó sonriendo y viéndome a los ojos por primera vez—. Es verano... todo mundo viaja, ¿no es cierto?

Yo tenía una pregunta sobre su marido en la punta de la lengua, pero no me atreví a hacerla.

-¿Cuánto tiempo se quedará? -pregunté.

-Catorce días. Después me reuniré con mi marido en Copenhague.

Le dirigí una rápida mirada, la suya me respondió impasible; "¿Te sorprende acaso?".

Me sentí inseguro, casi alterado. De pronto me pareció incomprensible que hubiera olvidado todo. Y ahora me daba cuenta de que pensé en aquel momento de hace siete años tan poco como si jamás hubiera ocurrido.

-Tiene mucho que contarme -continuó-, mucho, muchísimo. Seguramente es doctor desde hace tiempo.

-No tanto, desde hace un mes.

-Pero conserva su rostro adolescente, parece que se pegó el bigote.

La agudísima campanada que llamaba a comer llegó desde el hotel.

-Adiós -dijo ella, como si la hubiera estado esperando.

-¿No podemos ir juntos? -pregunté.

-Como en mi cuarto con el niño, no me gusta el gentío.

-¿Cuando nos volvemos a ver?

Con la vista indicó sonriente el malecón:
-Uno siempre se encuentra por aquí -y como si notara que su respuesta me molestaba, añadió—: sobre todo si uno lo desea. Hasta luego.

Me tendió la mano y se retiró sin volverse. El niño, en cambio, me vio una vez más.
Toda la tarde caminé por el paseo. Ella no apareció. ¿Se ha marchado al fin y al cabo? No debería sorprenderme.

Ha pasado un día sin que la vea. Llovió toda la mañana Y fui el único en salir al malecón. Pasé un par de veces por la casa donde vive, pero no sé cuáles son sus ventanas. En la tarde amainó la lluvia y pude dar un largo paseo por el camino que bordea el mar hasta el siguiente pueblo. Tiempo nublado y fresco.

En el camino no pensé más que en aquella época. Volví a ver todo claramente. La casa acogedora en la que viví y el jardín con sillas y mesas laqueadas de verde, la pequeña ciudad con sus calles tranquilas y blancas, las colinas que desaparecían en la niebla a la distancia, y más arriba un trozo de cielo azul pálido, tan propio del lugar como si no hubiera en el mundo otro tan pálido y tan azul. También volví a ver a la gente, a mis compañeros de escuela, a mis profesores, incluso al marido de Friederike. No lo vi como en aquel momento final, sino con su rostro suave, algo cansado, cuando salía a caminar rumbo a la escuela y nos saludaba afectuosamente, o cuando se sentaba a la mesa en silencio, entre Friederike y yo. Lo recordé como solía verlo desde mi ventana: sentado a la mesa del jardín, corrigiendo nuestros trabajos escolares. Friederike le llevaba café al jardín y se volvía sonriendo a mi ventana, con una mirada que sólo entendería... hasta aquel momento final. Ahora sé que he recordado todo esto frecuentemente, pero no como algo vivo sino como un cuadro que cuelga quieto y pacífico en la pared de la casa.

Hoy estuvimos sentados en la playa, hablando como si no nos conociéramos. El niño jugaba con piedras y arena a nuestros pies. No es que algo pesara sobre nosotros: conversamos del tiempo, de la región, de la gente, también de música y de algunos libros recientes, como personas que no se interesan la una por la otra y que sólo han sido reunidos por azares de la vida en el balneario. No era en modo alguno desagradable estar a su lado, pero cuando se levantó para irse sentí algo insoportable. Hubiera querido decirle: "al menos déjame algo", pero no me habría entendido. Y si lo pienso bien, ¿qué otra cosa podía esperar yo? El hecho de que me haya saludado tan afectuosamente en el primer encuentro se debió por lo visto a la sorpresa y quizá también al gusto de encontrar a un conocido en un sitio extraño. Ahora, en cambio, ya ha tenido tiempo de recordarlo todo igual que yo, aquello que deseó olvidar para siempre ha reaparecido con toda intensidad. No puedo juzgar lo que tuvo que sufrir por mi culpa, y lo que tal vez aún tiene que sufrir. Que se quedó con él se ve a las claras; el niño de cuatro años es una prueba evidente de la reconciliación, aunque uno se puede reconciliar sin perdonar, y se puede perdonar sin olvidar. Debería irme, sería mejor para los dos.

Aquel año se alza frente a mí con una extraña y dolorosa belleza y lo vivo de nueva cuenta. Los detalles vuelven a mí. Recuerdo la mañana de otoño en que llegué acompañado de mi padre a la pequeña ciudad donde debía estudiar el último año de bachillerato; vuelvo a ver nítidamente el edificio de la escuela en medio de un parque de árboles inmensos; recuerdo mi trabajo tranquilo en el cuarto agradable y espacioso, los paseos por la carretera con los compañeros, hasta llegar al siguiente pueblo, y estas pequeñeces me afectan tan profundamente como si encerraran el significado de mi juventud. Es probable que todos esos días hubieran quedado en las profundas sombras del olvido de no ser por el misterioso resplandor de aquel momento final. Y lo más curioso es que desde que Friederike está cerca de mí aquellos días parecen más cercanos que los de mayo pasado, cuando amé a la señorita que se casó en junio con el relojero.

Al asomarme a la ventana hoy temprano vi a Friederike en la terraza de allá abajo, sentada a la mesa con el niño. Eran los primeros huéspedes en desayunar. Su mesa quedaba justo bajo mi ventana. Le grité los buenos días. Ella alzó la mirada.

-¿Despierto tan temprano? -dijo-. ¿No se nos une?

Al minuto siguiente estaba sentado a la mesa. Era una mañana admirable, fresca y asoleada. Hablamos de cosas tan intrascendentes como durante la vez pasada y sin embargo todo fue distinto. Detrás de nuestras palabras relumbraba el recuerdo. Fuimos al bosque. Entonces empezó a hablar de sí misma y de su casa. -Todo sigue igual en casa -dijo-. El jardín está más hermoso. Desde que tenernos al niño mi marido se ocupa del jardín con mucha dedicación, el año entrante incluso pondremos un invernadero.

Siguió hablando:

-Desde hace años tenemos teatro, se actúa todo el invierno hasta el domingo de ramos. Voy dos, tres veces por semana, casi siempre con mi madre que es muy aficionada.

-¡ Yo también teatro! -gritó el pequeño, a quien Friederike llevaba de la mano.

-Claro que sí. Los domingos en la tarde -y se volvió hacia mí, explicativa-: a veces interpretan piezas infantiles y voy con el niño; eso también me gusta mucho.

Tuve que contarle algo de mí. Preguntó por mi profesión y demás asuntos serios, pero más bien le interesaba saber en qué ocupaba mi tiempo libre y le dio gusto enterarse de las diversiones de la gran ciudad.

La conversación se fue animando. No hubo una sola mención a aquel recuerdo común, que seguramente estaba tan presente para ella como para mí. Paseamos durante horas y casi me sentí feliz. A veces el pequeño caminaba entre nosotros y entonces nuestras manos se encontraban en sus hueles, pero fingíamos no darnos cuenta y seguíamos hablando como si nada.

Cuando estuve solo otra vez el buen humor se fue de repente. De nuevo sentí que no sabía nada de Friederike. Era increíble que esta incenidumbre no me hubiera molestado durante nuestro diálogo. Era extraño que, Friederike no sintiera necesidad de hablar al respecto, pues aun aceptando que entre ella y su marido no se pensara más en el asunto, era imposible que ella lo hubiera olvidado. Algo decisivo debía haber sucedido después de mi despedida. ¿Cómo no había hablado de ello? ¿Esperaba tal vez que yo empezara? ¿Qué me impidió hacerlo? ¿La misma reserva que acalló sus preguntas? ¿Nos da miedo tocar el tema? Es muy posible. Sin embargo, tendrá que ocurrir, pues hasta entonces habrá un obstáculo entre nosotros, y nada me duele tanto como saber que algo nos separa.

En la tarde vagué por los caminos del bosque que recorrí con ella. Anhelaba algo que en realidad nunca había dejado de querer. Después de buscarla infructuosamente en todas partes, pasé por su casa. Estaba en la ventana. Le grité como ella lo hizo hoy en la mañana:

-¿No viene usted?

-Estoy cansada. Buenas noches -dijo con frialdad, según me pareció, y cerró la ventana.

Friederike se me presenta en el recuerdo en dos formas distintas. Casi siempre veo a una mujer pálida y dulce en un blanco vestido de mañana, sentada en el Jardín, y que para mí es como una madre que me acaricia las mejillas. De haberla vuelto a encontrar así, con toda seguridad continuaría pasando las tardes en calma, tendido bajo las frondosas hayas como en los primeros días de mi estancia. Pero también se me presenta totalmente distinta, como sólo la vi en una ocasión, en la última hora que pasé en la pequeña ciudad.

Fue el día en que recibí mi certificado de bachillerato. Comí al mediodía con el profesor y su mujer, igual que siempre, y como no deseaba ir acompañado a la estación nos despedimos al levantarnos de la mesa. No sentí emoción alguna; sólo al sentarme en la cama en mi cuarto desnudo, el equipaje a mis pies y la ventana muy abierta sobre el suave follaje del jardín, hacía las nubes blancas que reposaban en las colinas, el dolor de la despedida se apoderó de mí con facilidad, casi agradablemente. De pronto se abrió la puerta. Friederike entró. Me levanté de prisa. Se acercó, se recargó en la mesa y me vio con seriedad. Dijo muy quedo:

-¿Así es que te vas hoy?

Asentí y por primera vez supe lo triste que era tener que partir. Me miró un rato, en silencio. Después alzó la cabeza y se acercó más a mí. Tocó mi pelo con suavidad, como ya lo había hecho muchas veces, pero en ese momento supe que se trataba de algo distinto. Luego sus manos se deslizaron lentamente por mis mejillas y su mirada me recorrió con una ternura infinita. Agitó la cabeza, atormentada, como si no entendiera algo.

-¿Te tienes que ir hoy? -preguntó muy quedo.

-Sí.

-¿Para siempre?

-No.

-Claro que sí -se mordió los labios-, para siempre. Aunque nos visites... dentro de dos o tres años, hoy te vas para siempre -dijo esto con un cariño que ya no tenía nada de maternal. De pronto me besó. En un principio sólo pensé "esto no lo ha hecho nunca", pero sus labios no tenían intención de separarse de los míos y entendí lo que ese beso significaba. Estaba en una confusión feliz; hubiera podido llorar; ella tenía los brazos alrededor de mi cuello; me hundí como empujado en un rincón del diván, Friederike se arrodilló a mis pies y atrajo mi boca hacia la suya, luego tomó mis manos y con ellas acarició su rostro, murmuré su nombre, sorprendido de lo hermoso que era. El aroma de sus cabellos llegaba hasta mí y lo respiré con arrebato... En ese momento se abre la puerta que sólo está entrecerrada (creí paralizarme por el miedo) y aparece el marido de Friederike. Quiero gritar pero soy incapaz de articular sonido alguno. Lo veo a la cara y no noto si sus facciones se alteran, pues desaparece al instante, cerrando la puerta. Deseo levantarme, liberar mis manos que continúan acariciando el rostro de Friederike, deseo hablar pero su nombre se interpone. De repente es ella quien se levanta, con palidez mortuoria, y susurra casi suplicante:

-Calla -se queda inmóvil un segundo, el rostro hacia la puerta, como si quisiera escuchar. Luego abre apenas y mira por la rendija. Estoy sin aliento. Por fin abre bien la puerta, toma mis manos y susurra:

-Vete, rápido.

Me empuja hacia afuera, avanzo con lentitud por el pasillo hasta la escalera, luego me vuelvo una vez más y la veo junto a la puerta, un miedo indecible en sus facciones y un ademán vehemente que significa: ¡ fuera!, ¡ fuera! Salgo precipitadamente.

Lo que sucedió después me vuelve a la mente como un sueño demencial. Corrí a la estación, torturado por un terror mortal. Viajé toda la noche, insomne, volteándome de un lado a otro en el compartimiento. Llegué a casa, esperando encontrar a mis padres enterados de todo y casi me sorprendió que me recibieran afectuosamente. Pasé varios días de suma inquietud, resignado a algo espantoso, temblando cada vez que tocaban a la puerta, cada vez que llegaba una carta. Finalmente llegó la noticia que metranquilizó: una postal de un compañero de clase que vivía en la pequeña ciudad y que me ponía al tanto de inofensivas novedades y me mandaba alegres saludos. Así es que no había pasado nada temible, al menos no se trataba de un escándalo público; podía suponer que todo se arregló entre marido y mujer; él la perdonó, ella se arrepintió.

A pesar de todo, en un principio este recuerdo vivió en mi memoria como algo triste, casi tétrico, y pensaba en mí mismo como en el involuntario destructor de la paz de un hogar. Esta sensación desapareció gradualmente, pues nuevas experiencias me permitieron valorar aquel momento mejor y más profundamente. Empecé a extrañar a Friederike de un modo curioso, semejante al dolor que surge de una maravillosa promesa incumplida. Pero también este anhelo acabó desapareciendo, y así sucedió que casi olvidara a la joven mujer. Ahora ha resurgido de golpe todo lo que convirtió ese suceso en una vivencia, y con mayor intensidad que entonces, pues amo a Friederike.

Hoy me parece claro todo lo que fue misterioso en los últimos días. Estuvimos sentados en la playa, solos, el niño ya estaba en la cama. Le había pedido en la mañana que viniera. Mencioné inofensivamente la belleza nocturna del mar y lo hermoso que sería estar en la orilla, rodeados de un silencio absoluto, viendo la inmensa oscuridad. No dijo nada, pero supe que vendría. Estuvimos en la playa, casi en silencio, las manos entrelazadas, y sentí que Friederike me pertenecería cuando yo quisiera. Para qué hablar del pasado, pensé y supe que ella pensaba lo mismo desde nuestro primer reencuentro. ¿Somos los mismos que éramos entonces? Nada nos sujeta, somos tan libres, los recuerdos revolotean sobre nosotros como aves de verano. Quizá ya ha vivido otras experiencias, igual que yo en estos siete años, pero ¿qué importa? Pertenecemos al presente y nos deseamos. Tal vez ayer era desdichada y superficial, hoy está a mi lado, frente al mar, sostiene mi mano y desea estar en mis brazos. Caminé con ella lentamente los pocos pasos que nos separaban de su casa. Los árboles arrojaban sombras negras a lo largo del camino.

-Mañana temprano debemos dar un paseo en velero -dije.

-Sí -contestó.

-La esperaré en el puente, a las siete.

-¿Adonde iremos?

-A la isla de enfrente... donde está el faro, ¿lo ve?

-Ah, sí, la luz roja, ¿está lejos?

-Una hora, podemos regresar pronto.

-Buenas noches -dijo y entró al vestíbulo de la casa.

Me alejé. Tal vez me olvidarás en unos días, pensé, pero mañana será un día hermoso.

Llegué al puente antes que ella. El pequeño bote esperaba, el viejo Jansen había izado la vela y fumaba su pipa, sentado al timón. Salté junto a él y me dejé mecer por las olas. Sorbí los momentos de espera como una bebida matinal. La calle hacia la que dirigía la vista continuaba totalmente desierta. Después de un cuarto de hora apareció Friederíke. La vi desde muy lejos, parecía caminar más rápido que de costumbre. Cuando llegó al puente me levanté, entonces me pudo ver y me saludó con una sonrisa. Por fin llegó al extremo del puente, le tendí la mano y la ayudé a subir al bote. Jansen soltó la cuerda y nuestro barco se empezó a deslizar. Nos sentamos muy juntos, ella estrechada contra mi brazo. Estaba vestida completamente de blanco y se veía como una muchacha de dieciocho años.

-¿Qué hay que ver en la isla? -preguntó. No pude evitar sonreírme.

-¿Al menos el faro? -dijo ella, ruborizada.

-Tal vez también la iglesia -añadí.

-Pregúntale al hombre... -y señaló a Jansen.

-¿Qué tan antigua es la iglesia de la isla? -le pregunté, pero no entendía una palabra de alemán. Después de esta tentativa pudimos sentirnos aún más solos.

-¿Hay otra isla allá enfrente? -dijo ella, indicando con la mirada.

-No, eso es Suecia, tierra firme.

-Eso sería aún más hermoso.

-Sí, pero deberíamos podernos quedar ahí... mucho...para siempre.

Si me hubiera dicho en ese momento "ven, vamos a otro país, no regresaremos nunca", la habría seguido en el acto. Mientras nos deslizábamos en el bote, mecidos por un aire puro, el cielo claro sobre nosotros y el agua resplandeciente alrededor, me pareció que estábamos en un paseo señorial: éramos una pareja real, las ataduras de nuestra existencia anterior quedaban canceladas.

Pronto pudimos distinguir casitas en la isla y, con mayor nitidez, los contornos de la iglesia blanca en la colina que se alzaba ligeramente sobre la isla. Nuestro bote se apresuró hacia la orilla. Esquifes de pescadores aparecieron cerca de nosotros, algunos no tenían remos y dejaban que el agua los llevara morosamente. Friederike tenía la mirada fija en la isla, pero no veía nada. En menos de una hora llegamos al puerto cercado por un muelle de madera, de modo que se podía confundir con un estanque.

Había un par de niños en el muelle. Bajamos y caminamos lentamente por la orilla; los niños iban detrás de nosotros, pero pronto desaparecieron. Todo el pueblo estaba ahí enfrente, no más de veinte casas desperdigadas en derredor. Casi nos hundimos en la arena fina y oscura mojada por el agua. En una plaza asoleada que llegaba hasta el mar, las redes colgaban para secarse. Cien pasos y estuvimos completamente solos. Habíamos llegado a un pequeño camino que llevaba del caserío al extremo de la isla, donde estaba el faro.

Teníamos el mar a la izquierda, separado de nosotros por agrestes tierras de labranza que se hacían más y más angostas. A la derecha crecía la colina, un camino llevaba por las faldas a la iglesia que habíamos dejado atrás. El silencio y el sol dominaban todo. Friederike y yo no habíamos hablado en el trayecto. No tenía deseos de hacerlo, me sentía increíblemente bien paseando con ella en total silencio.
Pero ella empezó a hablar:

-Hoy hace ocho días...

-¿De qué?

-No sabía... no tenía la menor idea de adonde viajaría. No respondí.

-Ah, es tan hermoso -exclamó ella y estrechó mi mano.

Me sentí atraído hacia ella, hubiera querido abrazarla, besarla en los ojos.

-¿Sí? -pregunté en cambio, muy quedo.

Guardó silencio, bastante seria.

Habíamos llegado a la casita construida junto al faro, ahí terminaba el camino, debíamos regresar. Un camino estrecho ascendía por la colina. Dudé.

-Venga -dije.

Nos aproximábamos a la iglesia que ahora teníamos a la vista. Hacía mucho calor. Pasé el brazo por el cuello de Friederike, tenía que estar muy cerca de mí para no resbalar. Acaricié sus tibias mejillas.

-¿Por qué no supimos nada de usted en todo este tiempo? —preguntó de repente-, yo al menos -añadió, volviéndose hacia mí.

-¿Por qué? -repetí extrañado.

- ¡ Pues sí!

-¿Pero cómo hubiera podido?

-Ah, por eso -dijo-, ¿Se sintió ofendido?

Estaba demasiado sorprendido para contestar algo.

-Bueno, ¿qué fue lo que pensó?

-Lo que...

-Sí... o qué, ¿ya no se acuerda?

-Claro, me acuerdo, ¿por qué habla ahora de eso?

-Quería preguntarle desde hace mucho.

-Bueno, pues hable -contesté muy alterado.

-Lo tomó por un capricho... ¡ seguro que sí! –añadió acaloradamente, como si notara que yo iba a responder algo-, pero le aseguro que no fue así. En ese año sufrí más de lo que un hombre puede imaginar.

-¿En cuál?

-Pues... cuando estuvo con nosotros... ¿por qué pregunta eso?... pero ¿por qué le cuento todo esto? La sujeté del brazo.

-Cuente... se lo pido... la quiero.

-Yo también te quiero -gritó de pronto, tomó mis manos y las besó-, siempre, siempre.

-Sigue contando, por favor, todo, todo... Habló mientras caminábamos contra el sol:

-Al principio me dije "es un niño, lo quiero como una madre", pero mientras más se acercaba el momento de tu partida... -se interrumpió un instante, luego continuó-: y finalmente llegó el momento. No quería ir a tu cuarto, no sé qué me impulsó a hacerlo. Y al estar contigo quise besarte, pero...

-Sigue, sigue.

-Y de pronto te dije que debías irte, lloraste, todo fue una comedia, ¿no es así?

-No te entiendo.

-Eso he pensado todo el tiempo. Quise escribirte, pero, ¿para qué?... es decir... te corrí porque... de pronto tuve miedo.

-Eso lo sé.

-Si lo sabías, ¿por qué nunca volví a saber de ti? –gritó exaltada.

-¿De qué tuviste miedo?

-Creí que alguien se acercaba.

-¿Creíste eso?, ¿por qué?

-Me pareció escuchar pasos en el pasillo. Eso fue. ¡ Pasos!, pensé que sería él... entonces el pánico se apoderó de mí, hubiera sido horrible que él, no, no, no quiero ni pensarlo. Pero no había nadie. Nadie. Él no regresó hasta la noche, mucho, mucho tiempo después de que te fueras.

Mientras contaba esto sentí que algo despeñaba en mi interior. Cuando terminó, la vi como si le preguntara "¿quién eres?". Me volví hacia el puerto, involuntariamente, y vi brillar la vela de nuestro bote. ¿Cuánto tiempo ha pasado?, pensé. Llegué con una mujer a la que amaba y ahora veo a una extraña a mi lado. También me era imposible decir palabra. Ella apenas se daba cuenta, estrechaba mi brazo, creyendo que se trataba de un silencio afectuoso. Yo pensaba en él. ¡ Así es que nunca le dijo! Ella no lo sabe, nunca supo que él la vio tendida a mis pies.

Se alejó de la puerta y regresó muy tarde... muchas horas después ¡ y no le dijo nada! Siguió viviendo a su lado todos estos años, sin delatarse en una palabra. ¡ La perdonó, y ella nunca lo supo!

Estábamos cerca de la iglesia, a unos diez pasos. Ahí se bifurcaba un camino que debía llevar al pueblo. Lo propuse. Ella me siguió.

-Dame la mano -me dijo. Se la di sin verla.

-¿Qué tienes?

No podía contestar y me limité a apretar su mano con fuerza. Esto pareció tranquilizarla.

-Es una lástima que no hayamos visitado la iglesia -dije después sólo por tener algo de qué hablar.

-¡ Pasamos sin verla! —ella se rió.

-¿Desea regresar? -le pregunté.

-No, me alegro de volver pronto al barco. Deberíamos hacer una excursión en velero, sin ese hombre.

-No sé velear.

-Ah -dijo y guardó silencio, como sí recordara algo que no quería decir. No le pregunté. Llegamos pronto al puente de desembarco. El bote estaba listo. Los niños que nos saludaron al llegar volvieron a aparecer. Nos vieron con grandes ojos azules. Partimos. El mar estaba más calmado, al cerrar los ojos apenas se sentía el desplazamiento.

-Acuéstese a lo largo -dijo Friederike y me tendí en el fondo del bote, apoyando mi cabeza en su regazo.

Me gustó no tener que verla a la cara. Ella habló y fue como si su voz resonara muy lejos. Entendí todo y sin embargo pude continuar pensando.

Ella me produjo escalofríos.

-¿Vamos al mar hoy en la noche? -preguntó.

Era como si algo fantasmal se desprendiera de ella.

-Vamos al mar hoy en la noche -repitió despacio-, en un bote de remos. Remar sí sabes.

-Sí -dije, estremecido ante el profundo perdón que la rodeaba silenciosamente, sin que ella lo supiera.

-Nos dejaremos mecer por el mar y estaremos solos, ¿por qué no hablas?

-Soy feliz -dije.

Me pareció escalofriante el mudo destino que ella vivía desde hacía tantos años, sin siquiera suponerlo. Nos deslizábamos. Por un segundo pasó por mi mente la idea de decírselo. Deshazte de esta maldición, díselo y volverá a ser para ti una mujer como las otras. Pero no debía. Seguimos navegando. Salté del bote y la ayudé a subir;

-El niño ya debe extrañarme. Debo apresurarme. Ahora déjame sola.

La playa estaba animada. Noté que algunas personas nos observaban.

-A las nueve, hoy en la noche -dijo-, pero ¿qué te pasa?

-Soy muy feliz.

-Hoy en la noche, a las nueve estaré contigo aquí en la playa. ¡ Hasta luego! -y se fue de prisa.

-¡ Hasta luego! -dije y me quedé inmóvil. No la volveré a ver.

Mientras escribo estas líneas ya estoy lejos, más lejos a cada segundo. Escribo en el compartimiento del tren que me aleja segundo tras segundo de Copenhague. Ahora son precisamente las nueve. Ella está en la playa y me espera. Al cerrar los ojos puedo ver su figura pasar frente a mí. Pero no es una mujer quien camina por la orilla en penumbra: es una sombra.

La Mujer Del Profesor de Arthur Schnitzler

viernes, marzo 25, 2011

Animación gráfica de los terremotos de Japón

Gracias a los datos del Departamento de Estudios Geológicos de los Estados Unidos (USGS ) se ha podido realizar este impresionante vídeo que muestra los terremotos y replicas que han sucedido en Japón desde el pasado 9 de marzo hasta el día 14.


Cada segundo representa aproximadamente una hora y cada punto rojo un temblor con el número en la escala Richter. En las primeras horas, parece que no sucede nada (o más bien, hay terremotos en otras partes del mundo), pero es el 9 de marzo cuando comienza "el baile". Y tras una aparente calma llega el "Big one"... el gran desastre (minuto 1:17). Una "calma chicha antesala de la gran tormenta". (Aquí puedes descargar el archivo kml para ver en GoogleEarth).

Fuente:
europapress.es
youtube.com
google.com
elzo-meridianos.blogspot.com
Departamento de Estudios Geológicos de los Estados Unidos

San Viernes

Cameo de Mario en El Padrino

Graffitti

Simplemente

Na na na na na na na na na....

jueves, marzo 24, 2011

Salvados: Descubriendo a los Phelps


"Gracias por el 11 de septiembre", "Dios odia a España", "Dios odia a los maricas", "Dios odia a los soldados". Con este tipo de proclamas y diatribas se presentaron los Phelps, una familia de fanáticos religiosos de Kansas en el programa 'Salvados' de la Sexta.

Jordi Évole presentó al abuelito Phelps, pastor de su particular iglesia, su hija, Shirley, su convertido yerno y sus 11 nietos, todos ellos devotos de una iglesia que se fundamenta, ante todo, en el odio al diferente.


Mas info aqui.

Los videos sin desperdicio en el sitio de Salvados aqui.

Durmiendo en El Barco (Cap.9) y no te pierdas Downton Abbey

Brevemente, me quedé sobao.....

Dicho queda. Dice todo.


PD: Eso si, me dió tiempo a ver:

- Carne por que SI

- Pelea entre hombres sin sangre ni dolor. No me vale la sangre que se cura sola a los 30 segundos , ni os gestos del dolor penosos del peor actor de la tele actual.

- Duchas...¡¡¡¡ (ya me entendeis no...???)

- Terrible amenaza que me paso por el forro de los cojones al acabar el capítulo.

- El tonto/listo evolucionando e involucionando a lo Perdidos.

- Los anuncios de la chica sudamericana, que actuar no actua, pero tres anuncios que tiene la nena....

- Y mas allá del momento de comer la lata de Isabel con la terrible amenaza sobre nuestras cabezas, se ha de destacar el peaso anuncio de Coca - Cola, con la que puede ser la última botella. Se salen estos de la Coca, en serio. Máxima audiencia y anuncio con guión y todo. Pagando la serie supongo...

Y me sobé.....

Eso si, haciendo justicia hay que decir que en la misma casa, A3, los martes llevan dos tandas de dos capítulos de una serie excelente, Downton Abbey. Elegante, seria, muy bien escrita, muy bien vestida, muy bien puesta en escena y muy bien interpretada. Vidas cruzadas en todos los estratos de la sociedad inglesa clásica de los ricos herederos y las gentes a su servicio. Imprescindible.


No se porque los patrios no miran a otro lado. O porque no dejan de mirar....

Recuerden niños

Consigue una cita: Garantizado

McGyver

Las superheroínas de ayer y de hoy


Te has imaginado alguna vez a Beyoncé con el estilismo de Wonder Woman...????

Subasta de originales por Japón


Pesco en entrecomics esta noticia que nos dice que Autores españoles subastan originales en beneficio de la organización Save the Children Japón.

Mas aqui.

El trailer de la peli del Capi


Aqui.

miércoles, marzo 23, 2011

Y mientras tanto Shade...


Starman esta de puta madre


Fijate tu que iba con mas miedo que a un "nublao" por haber sido tan cacareada esta serie en los previos foreros y demás, y ya sabes tu lo que pasa con las decepciones tras altas expectativas.

(Miedito como el que me da Planeta con aquello de dejarnos tirados....fé habrá que.)

Fijate tu que encima el papel es casi el doble de grueso que el mismo volumen yanki, con lo que eso dificulta su lectura y posterior almacenamiento de este, por otra parte estupendo tomote de nada desdeñables 38 pavos.

Pero fijate tu que me lo he pasado como un enano empujandome en mas o menos dos viajes este estupendo tebeo de (no-si-no se si-esta claro que si-) superheroes (si te parece cojonudo el Hulk rojo este no es pa´tí.) y alrededores.

La cosa es que, fijate tu, quería hacer llegar las virtudes que tiene el cómic que nos ocupa, a quien pase por este blog por aquello de leer lo que en el se diga de tebeos, y mira, no se me ocurre nada mejor que decir que lo dicho en el título del post, este Starman esta de puta madre. Descripcion fiel al caso, sin tecnicismos, sin alardes, sin imagenes para pasar a la historia y vanagloriarse de ellas. Descripción como el propio comic.

Puntuación: Alguien sabe cuanto me queda de espera para la segunda entrega...???
Simple y puro noveno arte del (muy)bueno, eta kitto..¡¡¡

Soy frikisexual


Cojonudo monólogo de Andrés Blip Palomino que teneis aqui.

La "celebrity" Paris Hilton llega a Bilbao para la inaguración de Sweet Pacha


La polémica famosa estará presente en la fiesta de inauguración de Pacha el próximo 6 de abril.

Junto a la ballena

Imagen de Scarlett Johansson desnuda


Hace apenas una semana Vanessa Hudgens acudía al FBI a prestar declaración al ver cómo aparecían en diversos medios varias fotos suyas. La actriz alegó que se trataba de fotos muy explícitas que alguien las había extraído de su teléfono móvil. El FBI maneja una lista de 50 nombres de actrices y cantantes cuyos móviles podrían haber sido pirateados. La lista incluye los nombres de Miley Cyrus, Ali Larter, Busy Philipps o Renne Olstead y Scarlett Johansson, de la que se ha filtrado esta imagen que pesco de orgasmatrix.com

Reacción

video

Problème...??

martes, marzo 22, 2011

En Saber y Ganar

Sobre Mark Hawthorne, el filósofo del odio

Hate Man es un filósofo, profeta del odio y el rencor a todo el mundo. Un vagabundo que duerme en las calles de Berkeley viste con ropa de mujer, come de la basura pero que anteriormente trabajó durante 9 años en The New York Times.


A pesar de su nombre y apariencia, "Hate" es amable, reflexivo y educado. No le gusta recibir donativos de nadie, no bebe y ya no toma drogas. Su único vicio parecen ser los cigarrillos. (Foto Rinthe).

Antes de ser conocido como Hate Man (Hombre Odio) Mark Hawthorne fue oficial de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y uno de los primeros voluntarios del Cuerpo de Paz, agencia federal independiente que promovió el presidente John F. Kennedy.

Hijo de un periodista de Associated Press y de una maestra de escuela, Hawthorne tras graduarse consiguió ser reportero en The New York Times, parecía así cumplir con su gran sueño. Empezó de "copy boy" y estuvo como columnista en la sección Metro durante casi una década. Pero tras su divorcio todo se vino abajo.


En la imagen Hawthorne en la época que trabaja de periodista. Ver los artículos que escribió entre los años 1969 a 1971.

En 1969 abandonó el trabajo, a su esposa e hijo y dejó de hablar durante unos meses. En su silencio solo se comunicaba mediante notas. Poco después comenzó a hablar de nuevo y se traslado a California. Allí este odiador creó su filosofía llamada "oppositionality" una nueva forma de odio, que trata de ser directo con los demás.


En la actualidad a sus 75 años y en contra del buen rollo y de lo políticamente correcto pide a las personas con las que habla que le digan 'te odio' antes de iniciar una conversación. Promulga que todos tenemos sentimientos negativos de los que tenemos que ser conscientes para poder borrarlos y, de esa forma, tener una conversación real con el otro.


"Hate man" o simplemente Hate como le llaman sus seguidores "oppies" ha redefinido el termino odio. En su vocabulario esta palabra solo significa "sentimientos negativos". Cuando "Hate" dice a alguien, "te odio," él no expresa ninguna hostilidad hacia esa persona, simplemente admite que tiene sensaciones negativas que emanan de manera natural. El gran filósofo Jiddu Krishnamurti lo llamaba "miedo a lo desconocido".

Fuentes:
elzo-meridianos.blogspot.com
The New York Times: About Men; Notes From Underground
East Bay Express: Hate Man
San Francisco Chronicle: Homeless ex-reporter opted for Berkeley streets
The Daily Californian: 'Let's Push for It'

Galletas de la muerte


Aqui.

Tebeos 4 Japan


Iniciativa sin ánimo de lucro que busca recopilar y subastar dibujos originales de autores de Comic e Ilustradores para recaudar fondos que se enviarán a la Cruz Roja de Japón.

Nuestra “web” con los originales: http://tbo4japan.tumblr.com/

Petición de Ayuda de la Editorial AJEC

Debido a malas noticias económicas recibidas en las últimas 48 horas, y tras mucho trabajar para intentar solventar los problemas que amenazan, por desgracia, la continuidad de Ajec como editorial, me he veo obligado a pediros directamente ayuda para seguir adelante.

Esta ayuda pasa por conseguir –para salir de este bache- al menos 50 nuevos suscriptores para Ajec; si lo logramos, con esta pequeña inyección económica, habremos salvado un escollo importante, al que los últimos cambios que estamos afrontando nos ha llevado.

Esta suscripción será libre, aunque preferiblemente por un mínimo de 50 euros, y podrá aplicarse tanto a los nuevos títulos que están por aparecer, como incluir títulos ya editados. Se podrá elegir también suscribirse solamente a una colección, o bien a títulos sueltos.

Los suscriptores tendréis un descuento del 20% del pvp sobre los libros, además de un libro de regalo; y recibirán sus libros antes que en las librerías.

Os podéis suscribir mediante un ingreso (libre, pero preferiblemente mínimo de 50 euros), en el número de cuenta: 3058 0181 08 2810009790, con confirmación del mismo en el correo grupo_ajec@msn.com, o bien editor@grupoajec.es con vuestros datos y direcciones para los envíos.

Para cualquier consulta podéis escribir a grupo_ajec@msn.com y estaré encantado de resolver vuestras preguntas.

Espero que entre todos podamos ayudar para salir adelante. Muchas gracias por vuestro apoyo por anticipado.

Raúl Gonzálvez.

Sobre Stephen King como guionista de la serie de TV de Walking Dead


Parece ser que el rumor que coloca al Maestro en ese puesto para uno, o tal vez mas episodios es cierto.

Mas info aqui.

Trailer de The Bang Bang Club


Steven Silver dirige a Ryan Phillippe, Malin Akerman y Taylor Kitsch en esta interesante peli que nos trae la historia real de unos fotográfos que se juntaron en los 90 en Sudafrica para retratar como iba la cosa con el nuevo gobierno y tal y tal.

La veré.

Trailer aquí.

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