sábado, marzo 17, 2012

Con Nicholai Hel

Nicholai regresaba a casa bajo la lluvia, algo confuso por el saki después de haber participado en el festival, cuando se encontró con Mr. Wanatabe, un impresor retirado que vendía fósforos en la calle porque su orgullo no le permitía mendigar, aunque tenía setenta y dos años y toda su familia había desaparecido. Nicholai se declaró en desesperada necesidad de fósforos y se ofreció para comprarle toda la mercancía. Mr. Wanatabe se sintió muy complacido en poder serle útil, pues la venta alejaría otro día al hambre. Pero cuando descubrió que la lluvia había estropeado los fósforos, su sentido del honor no le permitió venderlos, a pesar del hecho de que Nicholai declaró que estaba especialmente interesado en fósforos empapados para un experimento que tenía en proyecto.

A la mañana siguiente, Nicholai se despertó con un dolor de cabeza, a causa de la resaca del saki,y con un recuerdo muy confuso de su conversación con Mr. Wanatabe mientras cenaban soba de pie junto a un quiosco de comidas, e inclinados hacia delante para que la lluvia no cayera en la sopa de pasta; pero muy pronto descubrió que tenía un invitado permanente en la casa. Al cabo de una semana, Mr.Wanatabe presintió que era esencial para Nicholai y la rutina diaria de la casa de Asakusa, y que sería una descortesía por su parte el abandonar a aquel joven sin amigos.Un mes después, las hermanas Tanaka formaban parte de la casa. Nicholai estaba dando una vuelta por el parque Hibiya durante su tiempo para desayunar, cuando se encontró con las hermanas,muchachas robustas del campo, de dieciocho y veintiún años, que habían escapado al hambre consecuencia de las inundaciones en el Norte, y que quedaron sin más recurso que ofrecerse ellas mismas a los paseantes. Nicholai fue su primer cliente potencial y se acercaron a él tan torpe y tímidamente que la compasión de Nicholai se mezcló con la risa, pues busconas más experimentadas las habían instruido con un limitado vocabulario inglés que consistía únicamente de los nombres más gráficos y vulgares de las partes anatómicas y las variantes sexuales. Una vez instaladas en la casa de Asakusa,volvieron a ser las campesinas afanosas, alegres y risueñas,constituyendo la constante preocupación, y el objeto de un afecto acosador, por parte de Mr. Wanatabe, que tenía unos rígidos puntos de vista sobre la conducta adecuada de las jovencitas. En el curso natural de los hechos, las hermanas Tanaka compartieron el lecho de Nicholai, en donde su natural vigor se manifestaba en juguetonas exploraciones de complicadas combinaciones muchas veces balísticamente improbables. Ellas satisficieron las necesidades sexuales del joven, sin imponerle la carga de una complicación emocional más allá del afecto y la gentileza.Nicholai nunca descubrió claramente cómo fue que Mrs. Shimura,la última adición a la casa, logró incorporarse a la familia. Sencillamente, cuando él regresó una noche, estaba allí, y allí se quedó. Mrs.Shimura tendría sesenta y tantos años, y era áspera y malhumorada en su trato, gruñendo sin cesar, pero infinitamente bondadosa y una excelente cocinera. Entre Mr. Wanatabe y Mrs. Shimura se entabló una breve lucha por el dominio territorial, que se entabló en el campo de la compra diaria, pues, aunque Mr. Wanatabe estaba encargadode los fondos de la casa, Mrs. Shimura era responsable de las comidas diarias. Finalmente, acordaron realizar juntos la compra de la comida, encargándose ella de la calidad y él, del precio; ¡y pobre del vendedor que quedaba atrapado en la línea de fuego de sus ataques¡

Nicholai nunca pensó que aquellos invitados fuesen su servidumbre personal,porque ellos mismos jamás se consideraron servidores de Nicholai. Realmente, era Nicholai el que parecía falto de un papel concreto con derechos concomitantes, excepto que él proporcionaba el dinero con el que todos ellos vivían.Durante estos meses de libertad y nueva experiencia, la mente y las sensaciones de Nicholai se ejercitaron en muchas direcciones.Mantuvo su tono corporal con el estudio y la práctica de una rama oculta de las artes marciales que acentuaba el uso de los artículos comunes en una casa como armas letales. Le atraía la claridad matemática y la precisión calculada de este singular sistema de combate, cuyo nombre, por tradición, nunca se pronunciaba en voz alta, y que estaba compuesto por una superimposición de los símbolos hoda (desnudo) y korosu(malar). En toda su vida futura,aunque raras veces iba armado, jamás estaba sin armas; pues un peine, una caja de cerillas, una revista enrollada, una moneda, e incluso un pedazo de papel de escribir doblado, podían ser en sus manos un arma mortal.

Para su mente, disponía de la fascinación y el cojín intelectual del Gõ. Ya no jugaba, pues para él el juego estaba íntimamente ligado a su vida con Otake-san, a las cosas ricas y gentiles que habían desaparecido; y era más seguro cerrar las puertas de la lamentación.Pero leía todavía los comentarios sobre partidas y resolvía problemas en el tablero para su propio beneficio.

Fragmento de Shubumi de Trevanian

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