miércoles, mayo 30, 2012

Me too

La foto

Apocalipsis Molón

Flor

Corten

Great emotions

Levitated Interaction Element

Madonna con txalaparta

Dentro de su nuevo trabajo nos canta Aldapeko, acompañada en la txalaparta por el grupo vasco Kalakan, video robado de la reciente actuación en Tel Aviv, a partir del minuto 2:10.

Trailer de Marvel Héroes, el MMO

Trailer de Los miserables

La nueva adaptacion de la obra de Victor Hugo con Hugh Jackman, Russell Crowe, Anne Hathaway, Amanda Seyfried, Eddie Redmayne, Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter, dirigidos por el ganador de un Oscar por El discurso del Rey, Tom Hooper. No pinta nada mal, habrá que.

Bankia y Spiderman



Bankia regala una toalla de Spiderman si se tiene en cuenta 300 euros más que el mes anterior

Cinco armas secretas de la URSS que parecen salidas de la mente de un supervillano



Aqui.

Asi abanicamos los de Bilbao...

martes, mayo 29, 2012

23.500

Locos a la carrera

Este año fueron más tranquilitos estas gentes del culto cristiano católico, con su salto de la reja a la Virgen del Rocio...aún así telita...que imagenes, que gestos, que rostros...jo-do...y el comentario ni te cuento...debo ser de otro planeta que estos no me parecen ni medio normales....!!!


11 caballos muertos llevan a la hora de poner esto, sin más...

And meanwhile in Blackwater...


Bueno, pero que bueno capítulo, se veía venir, como toda la serie sensación de resumen, pero aún asi digno de ver y  no enterarte. Desde luego en televisión, no en películas, no he visto nada igual. Y pese a añadir pequeños retoques fidelidad 100%. Pena que vaya tan rápido todo...los libros molan más.

Cada día falta menos...


Ggggggggggggggggaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnnnnnnnnnnnnaaaaaaaaaaaaaaasssssssssssssssssss................!!!!!1111111

Peticiones de ciudadanos

http://peticionesciudadanos.blogspot.com.es/

No hace falta imagen, el texto es lo importante. Pinchad el link para ver, hacer y difundir si estais de acuerdo.

Y mientras tanto, los arqueros de Poniente...

Set de Playmobil Rescate a Bankia



PVP: 20.000.000.000€

Descubre el único banco del mundo donde el atracador se sienta detrás del mostrador!

Con este nuevo set puedes rescatar la banca española!

Contiene:

• Director de banco con buenos argumentos.

• Cliente a punto de perder su dinero.

• Consejo de dirección corrupto.

Aviso Legal: (Este producto es una parodia y unicamente se ha creado para alegrar el día a la gente, ante una situación económica preocupante. Playmobil no crea productos que pudiesen considerarse difamatorios o de opinión política.)

Fuente:
juanmacias.net

Presentación de Thor sin fronteras en Madrid


Mas info en el sitio de Mikel Bao.

Presentación de Los asombrosos viajes en el tiempo de Señor Barton en Bilbao


Mas info en Joker Cómics

Uno de Nobel

La Sirenaza

Lo que no se vió de Eurovisión...

lunes, mayo 28, 2012

La final de Copa, minuto a minuto



21.30h Se confirman alineaciones. ATHLETIC: Gorka; Aurtenetxe, Amorebieta, Javi M., Iraola; Iturraspe, De Marcos, Ander H., Muniain, Susaeta; Llorente. BARÇA: Pinto; Abelardo, Mascherano, Piqué, Montoya; Busquets, Iniesta, Xavi; Hleb, Messi, Keirrison.

21.35h El Rey llega a lomos de una cría de elefante al palco de honor del Calderón. Lágrimas de emoción en los ojos de Esperanza Aguirre.

21.55h Ambos equipos en el terreno de juego, todo preparado. Tremenda pitada a la suplencia de Gaizka Toquero, el número Dios. De fondo se escucha algo parecido a un himno, nadie se ha enterado de que lo han puesto.

21:59h Mientras se hace el sorteo del campo para cada equipo, Sergio Ramos salta al campo al grito de ‘¿Pero cómo se va a sortear el campo ahora si ya se había decidido que la final se jugaba en el Calderón?’. Seguridad se lo lleva del terreno de juego entre grandes aplausos.

Min. 1 Empieza el partido, pero no desde el centro del campo, sino con un córner a favor del Athletic. ¿Por qué? Porque sí, a callar.

Min. 2 Llantos entre el público, puesto que el minuto 2 les recuerda que el gran Toquero no está en el campo. El mundo del fútbol está triste.

Min. 6 Buen pase de Iniesta a Messi, que recibe la primera ostia de la noche antes de chutar. Sí, ha sido Amorebieta. Mientras le ayuda a levantarse, Amorebieta le susurra ‘Hoy vas a recibir más palos que un indignado en una comisaría’. Messi pide el cambio. Pep lo ignora.

Min. 13 ¡Gol de Julio Salinas! Julito, invadido por la emoción, salta al campo y mete un gol mientras se resbala y pide penalty. El árbitro lo anula ante las insistentes quejas de los jugadores del Athletic y Clemente, que no ven motivo alguno para invalidar el gol. Empieza el Villarato.

Min. 21 Partido soso, Bielsa y Guardiola se ponen a jugar al ajedrez en la banda cogidos de la mano mientras uno piropea al otro.

Min. 26 ¡Gol del Barça! Pase de Piqué a Montoya en su propia área que se envenena y acaba dentro del arco defendido por Gorka. 1 – 0. Que no cunda el pánico.

Min. 36 Gaizka Toquero sale a calentar únicamente vestido con un peto. El estadio se cae. La seguridad del estadio tiene que hacer lo imposible para que centenares de mujeres no salten al campo para abrazar al número Dios.

Min. 40 Falta muy mal tirada por Susaeta, que impacta en la cría de elefante que había llevado al Rey hasta el Palco, matándola en el acto. El campo se ríe mientras canta ‘♬♪Susaeta, Borbón, menudo campeón♬♪’

Min. 44 ¡Penalti a favor del Barça! Javi Martínez confunde la cabeza de Hleb con el balón y el árbitro señala el punto fatídico. Abelardo no perdona. 2 – 0. La cosa se pone jodida.

Media parte Los equipos se van a los vestuarios. Risas de Laporta, pero no de Tito, que ve con miedo como Bielsa no deja de observar su ojo.

22.52h Pánico en el palco de honor, todos los canapés han sido robados. Algunos testimonios aseguran haber visto a Falete en una furgoneta blanca huyendo a toda velocidad del Calderón.

Min. 46 Empieza la segunda parte. Hay cambios. Yeste entra por Susaeta (muy jodido anímicamente por lo del elefante) y… ¡Toquero entra por Aurtenetxe! A lo loco Bielsa, todos pá’rriba con dos cojones. En el Barça siguen los mismos 11. Bueno, los mismos 10 y Hleb.

Min. 48 Primera ‘Toquerinha’ del Dios. Se va con facilidad de Tito Vilanova y Montoya por la banda, centro perfecto que Llorente no logra rematar debido al marcaje al hombre (muy al hombre) de Piqué.

Min. 50 Quíntuple bicicleta de Toquero, que manda el balón a fuera de banda para poner nerviosos a los rivales. Funciona. Pánico en los rostros de los jugadores del Barça.

Min. 55 ¡Gol del Athletic! Balonazo de Amorebieta. Toquero grita ‘¡Invito a tres cubatas a quien meta un puto gol, joder ya!’. Yeste corre como nunca antes se le había visto, seguido de cerca por Guti y Del Horno, que no se sabe de donde coño han aparecido. Yeste le pega como si le fuera la vida en ello y gol. 2 – 1. La cosa mejora.

Min. 67 Bajo rendimiento de De Marcos. En un momento de lucidez, Iturraspe le pisa los huevos y le raja el huevo que tenía sano aún. ‘Así juega mejor’, dice la estrella del rock versión futbolista. Le cuesta la amarilla, pero ha sido un acierto.

Min. 73 Pared entre Iniesta y Xavi, pase a la banda a Keirrison, que se la deja a Messi y… Amorebieta again. La ostia se escucha en Nueva Zelanda. Lo está anulando completamente, eso hay que admitirlo. Pero no me gustaría ser fisioterapeuta del Barça.

Min. 81 ¡Gol del Athletic! Increíble. Llorente, intentando recordar si mañana tenía hora para hacerse la manicura recibe un pase de Ander. Totalmente en su mundo, el balón le rebota en la cara, lo que deja solo a De Marcos delante del portero. ‘Medio huevo’ no falla. El estadio es un clamor ‘!Qué huevos tienes, De Marcos qué huevos tienes!’.

Min. 86 La posesión de balón del Barça solo llega al 78%. Crispación en la cara de Guardiola. Bielsa sigue relajado, a lo suyo, aunque se ha quitado la parte de arriba del chándal. Un ojeador de la revista ‘FHM’ toma nota.

Min. 88 Esperanza Aguirre se levanta, nadie entiende por qué…

Min. 90 ¡Lo que falla Messi! Dribla a Gorka, se queda solo ante la portería, chuta… pero Toquero ha sido más rápido, se baja los pantalones y logra desviar con el rabo el balón en el último momento. Entre vitores, Gaizka se sube los pantalones antes de que aparezca Del Nido, por lo que pueda pasar.

Min 92 ¡GOL DEL NÚMERO DIOS! Gorka se la da en corto desde su portería, y empieza el show del número Dios: una ‘Toquerinha’, otra, pared con Muniain con sendos ‘Toquenazos’, no lo ve claro y vuelve atrás, ordena a Amorebieta y a Javi ir delante suyo allanando el camino, el campo parece el desembarco de Normandia, una última ‘Toquerinha’, entra en el área y le pega una ostia el balón que después de entrar, el balón se carga a tres recogepelotas que había detrás de la portería. 2 – 3.

Min. 93 Locura. Para celebrarlo, Toquero coge la pelota y se va al Bernabéu. Allí meto otro gol al grito de ‘!Me la pelan las obras, aquí también meto gol, con dos cojones!’. Bielsa dice ‘¡Athletic, Karajo!’ unas 300 veces seguidas. Desolación entre los culés.

Min. 95 Expulsión de Muniain por robarle el pito al árbitro y decretar el final del partido.

Min. 96 ¡Ahora sí, final del partido! ¡El Athletic campeón de la Copa del Rey! El Rey, muy contento, saca una escopeta y empieza a disparar hacia el cielo para celebrarlo.

23.57h Iraola levanta la Copa. Toquero levanta a Iraola levantando la Copa. Bielsa anuncia que será el segundo de Tito y Guardiola que sustituirá al Loco en el Athletic. Eso da igual, porque la gabarra volverá a salir.

Fuente:
toquerotheboss.wordpress.com

Y mientras tanto en Invernalia....

Rescate

Arguiñano explica España

Y mientras tanto en Slothville...

Beautiful Street

La Peor Carrera de Atletismo de la Historia

El plan

42 frases típicas de R2D2

Very, very, very fast Turbine powered RC Jet

domingo, mayo 27, 2012

Solos de Adam Baker

Brevemente, este es de los buenos.
Un grupo de currelas, últimos en quedar en una enorme plataforma petrolífera en el Ártico, se quedan atrapados en ella cuando un virus o similar, arrasa con el mundo mundial. Personajes de todos los tipos, tamaños, credos y colores, en una situación límite en entorno cerrado, con amenaza exterior, sin información, con pocos recursos y con lo terrible de sobrevivir en este entorno polar, verdadero elemento protagonista del asunto.

Narrado con brio, adictivo, sencillo y con un continuo avance en la trama mediante dinámicos capítulos cortos, olvidate del virus, y de lo que este puede causar, que lo causa y causara, que no te eche pa´trás si no eres fan del tema zombi, porque esto no va de eso, es una amenaza más, simplemente, asi que como los propios protagonistas, centrate en la evolución y/o involución de un grupo de seres humanos que han de hacer todo lo que este en su mano si quieren sobrevivir, aferrandose a la esperanza de poder ir hacia un lugar mejor. Si es que lo hay....


Puntuación: Notable
Frio, frio y mas, pero que mucho mas frio, hambre, sed, desolación y una amenaza tras otra, humana o por descubrir...una verdadera gozada.

Como la vida misma...

Momentazo Lordi

Esto si que fue una actuación....

Domingo de cortos: Salon Shootout

sábado, mayo 26, 2012

War is coming

En el capítulo de mañana llega la madre de todas las batallas, en Blackwater, (la bahía de Desenbarco del Rey), esta vez con pasta y gente implicada de nivel, para que la acción y los efectos especiales se apoderen de todos nosotros....

Stannis llega. ...

La guerra llega.....

Teneis un trailer del capítulo aquí, yo paso de verlo, no quiero destripe, eso si...gggggggggggggggggaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnnnnnnnnnnnnnnnaaaaaaaaaaaaaaaaaassssssssssssssssssssssss.............¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

No te preocupes, todo va a salir bien.

La primera epidemia que vi fue en una remota aldea que oficialmente no tenía nombre. Los residentes la llamaban “Nuevo Dachang,” pero lo hacían más por nostalgia que por cualquier otra razón. Su pueblo natal, el “Viejo Dachang,” había existido desde la era de los Tres Reinos, con granjas, casas, e incluso árboles que tenían cientos de años. Cuando la Represa de las Tres Gargantas fue terminada, antes de que la aguas comenzaran a subir, la mayor parte de Dachang fue desmantelada, ladrillo por ladrillo, y reconstruida en un terreno más alto. Sin embargo aquel Nuevo Dachang ya no era un pueblo, sino un “patrimonio arquitectónico nacional.” Para esos pobres campesinos debió ser una dolorosa ironía ver cómo su pueblo era salvado, para luego tener que ir a visitarlo sólo como turistas. Quizá por eso decidieron llamar a aquel pobre asentamiento “Nuevo Dachang,” para conservar alguna conexión con su tradición, aunque fuese sólo a través del nombre. Yo ni siquiera sabía de la existencia de aquel “otro” Nuevo Dachang, así que podrá imaginarse mi confusión cuando recibí esa llamada.

El hospital estaba en silencio; había sido una noche lenta, a pesar del incremento en los accidentes de tránsito por culpa del alcohol. Las motocicletas se habían vuelto muy populares. Solíamos decir que sus Harley-Davidsons mataban a más jóvenes Chinos que todos los soldados de la guerra de Corea. En realidad me sentí muy agradecido por una noche tranquila. Estaba cansado, me dolían los pies y la espalda. Me disponía a fumarme un cigarrillo y a mirar el amanecer cuando escuché mi nombre en el altavoz de llamadas. La recepcionista era nueva, y no pude entender muy bien lo que decía. Había un accidente, o una enfermedad. Era una emergencia, eso era claro, y necesitaban ayuda de inmediato.

¿Qué podía decir? Los médicos más jóvenes, esos niños que pensaban que la medicina era sólo una manera rápida de llenar la cuenta del banco, no iban a ir a ayudar a unos “nongmin” sólo por buena voluntad. Supongo que en eso todavía soy un revolucionario a la antigua. “Nuestro deber es hacernos responsables por el pueblo.”1 Esas palabras todavía significan algo para mí… y traté de recordármelo mientras mi Deer2 saltaba y rebotaba sobre una carretera destapada que, aunque el gobierno había prometido pavimentar, nunca lo había cumplido.

Pasé unas horas horribles tratando de encontrar el lugar. Oficialmente no existía, y por lo tanto no estaba en ningún mapa. Me perdí en varias ocasiones y tuve que pedirle direcciones a los lugareños, y siempre creían que estaba buscando el pueblo que había sido convertido en museo. Estaba de muy mal humor cuando por fin llegué a una pequeña aglomeración de chozas de techo redondo. Recuero haber pensado, más les vale que esto sea grave. Cuando les vi las caras, lamente haber deseado eso.

Había siete, todos acostados en esterillas y casi inconscientes. Los aldeanos los habían llevado al recién construido salón comunal. Las paredes y el piso eran de cemento, aún sin baldosa ni pintura. El aire era frío y húmedo. Con razón están tan enfermos, pensé. Les pregunté a los aldeanos quién había estado cuidando a esa gente. Dijeron que nadie, que no era “seguro.” Noté que la puerta había sido asegurada desde el exterior. Era obvio que la gente estaba aterrorizada. Hacían muecas de espanto y susurraban entre ellos; algunos mantenían su distancia y rezaban. Su comportamiento me hizo enojar, no por nada personal, si me entiende, no me enojé con ellos como individuos, sino por lo que representaban para nuestro país. Después de siglos de opresión extranjera, de explotación y humillaciones, al fin estábamos logrando reclamar nuestro lugar como la principal potencia de la humanidad. Éramos el superpoder más rico y con la economía más dinámica del mundo, maestros de todo, desde el espacio exterior hasta el ciberespacio. Estábamos al principio de lo que el mundo había comenzado a llamar “El Siglo de la China” y sin embargo parte de nuestra gente seguía viviendo como campesinos ignorantes, tan retrógrados y supersticiosos como las primeras tribus salvajes de Yangshao.

Todavía me encontraba inmerso en mi gran crítica cultural cuando me arrodillé para revisar a la primera paciente. Tenía fiebre alta, cuarenta grados centígrados y temblaba violentamente. No podía hablar coherentemente y gemía cada vez que trataba de moverle las extremidades. Tenía una herida en el antebrazo derecho, una mordedura. Cuando la examiné más de cerca, noté que no era de ningún animal. El radio de la mordida y las marcas de los dientes tenían que ser de un niño, o quizá un adolescente. Aunque pensé que esa podía ser la causa de su infección, la herida en sí estaba sorprendentemente limpia. Le pregunté a los aldeanos, de nuevo, quién había estado atendiendo a esas personas. Una vez más, me dijeron que nadie. Sabía que eso no podía ser cierto. La boca humana está repleta de bacterias, peor aún que la del perro más sucio. Si nadie había estado limpiando la herida de aquella mujer, ¿por qué no estaba invadida de pus e infectada?

Examiné a los otros seis pacientes. Todos tenían síntomas similares, todos con heridas parecidas en diversas partes del cuerpo. Le pregunté a un hombre, el más lúcido de todo el grupo, quién o qué les había causado esas heridas. Me dijo que había sucedido cuando habían tratado de “controlarlo.”

“¿A quién?” pregunté.

Encontré a mi “Paciente Cero” tras la puerta con llave de una casa abandonada, al otro lado de la aldea. Tenía doce años. Sus pies y manos estaban atados con correas plásticas para embalaje. Aunque se había arrancado la piel alrededor de las correas, no sangraba. Tampoco había sangre en ninguna de sus otras heridas, ni en las cortadas de sus piernas y brazos, ni en el enorme hoyo en donde alguna vez había estado el dedo gordo de su pié derecho. Se retorcía como un animal, y una mordaza ahogaba sus gemidos.

Al principio los aldeanos trataron de retenerme. Me advirtieron que no lo tocara, porque estaba “maldito.” Me los quité de encima y me puse mi mascarilla y mis guantes. La piel del niño estaba tan fría y gris como el piso de cemento en el que estaba tirado. No pude sentir ni su pulso ni los latidos de su corazón. Sus ojos se veían feroces, abiertos de par en par, pero hundidos en sus cuencas. Permanecían fijos en mí como los de un animal de presa. A lo largo de todo el examen se mostró inexplicablemente hostil, tratando de agarrarme con sus manos atadas, y de morderme a través de su mordaza.

Sus movimientos eran tan violentos que tuve que llamar a los dos aldeanos más grande para que me ayudaran a detenerlo. Al principio no respondieron, y se escondieron tras la puerta como conejos asustados. Les expliqué que no había riesgo de infección si usaban máscaras y guantes como yo. Cuando sacudieron sus cabezas, les grité que era una orden, a pesar de que no tenía la autoridad legal para hacerlo.

Eso fue todo lo que necesité. Aquel par de bueyes se arrodillaron a mi lado. Uno sosteniendo los pies del niño mientras el otro le agarraba las manos. Traté de tomarle una muestra de sangre, pero sólo obtuve un líquido café y viscoso. Mientras sacaba la aguja, el niño comenzó a retorcerse una vez más, ahora con más violencia.

Uno de mis “ayudantes,” el encargado de sostenerle las manos, se dio por vencido al tratar de sostenerlo con sus propias manos, y pensó que quizá sería más seguro apoyarse sobre ellas con las rodillas. El niño se sacudió otra vez y escuché cómo se partía su brazo izquierdo. Los extremos rotos del cúbito y el radio se asomaron a través de su carne grisácea. Aunque el niño no gritó y ni siquiera pareció notarlo, eso fue suficiente para que mis dos asistentes se pararan de un salto y salieran corriendo del salón.

Yo también retrocedí instintivamente algunos pasos. Me sentí un poco avergonzado por eso; he sido médico casi toda mi vida adulta. Fui entrenado y… también podría decirse que fui “criado” por el Ejército de Liberación Popular. He tratado suficientes heridas de guerra, y he visto la muerte de cerca en más de una ocasión, pero estaba asustado, verdaderamente aterrorizado frente a aquel frágil niño.

El niño comenzó a retorcerse y arrastrarse hacia mí con su brazo sacudiéndose en el aire. La piel y el músculo del brazo roto se desgarraron hasta que sólo quedó un muñón. Su brazo derecho, ahora libre, seguía atado al antebrazo amputado, y lo arrastraba lentamente por el piso.

Salí corriendo, cerrando la puerta a mis espaldas. Traté de recobrar la compostura, de controlar mi temor y mi vergüenza. Mi voz seguía temblando cuando le pregunté a los aldeanos cómo se había infectado el niño. Nadie me respondió. Escuché unos golpes contra la puerta cuando el puño del niño comenzó a golpear con fuerza la frágil madera. Hice todo lo que pude para no saltar de la sorpresa ante aquel sonido. Recé para que ellos no notaran el color que había abandonado mi rostro. Les grité, en parte por temor y en parte por la frustración, que tenían que decirme lo que le había pasado a aquel chico.

Una joven se acercó, seguramente era su madre. Podía notarse que había estado llorando por muchos días; sus ojos estaban hinchados y completamente rojos. Admitió que todo había sucedido cuando el niño y su padre habían estado haciendo “pesca lunar,” un término que se usaba para describir la búsqueda de tesoros entre las ruinas hundidas por la Represa de las Tres Gargantas. Con más de once mil aldeas, pueblos, e incluso ciudades enteras abandonadas bajo las aguas, siempre cabía la posibilidad de recuperar algo valioso. Era una práctica muy común en esos días, y también era ilegal. Me explicó que no estaban robando nada, que era su propia aldea, Viejo Dachang, y que sólo estaban rescatando algunas reliquias familiares de las casas que no habían sido trasladadas. Siguió repitiendo lo mismo una y otra vez, y tuve que interrumpirla, prometiéndole que no llamaría a la policía. Por fin me explicó que el niño había salido del agua llorando y con una mordedura en el pié. No fue capaz de decir qué le había pasado, porque el agua estaba oscura y llena de lodo. Al padre nunca más lo volvieron a ver.

Tomé mi celular y marqué el número del Doctor Gu Wen Kuei, un viejo amigo del ejército que trabajaba en el Instituto de Enfermedades Infecciosas de la Universidad Chongqing.3 Intercambiamos algunos saludos y formalidades, discutimos nuestro estado de salud, hablamos de nuestros nietos; era lo normal. Entonces le hablé de la infección y lo escuché hacer una broma sobre los hábitos de higiene de los campesinos. Traté de reírme con él, pero insistí en que el caso podía ser importante. Casi de mala gana me preguntó cuáles eran los síntomas. Le dije todo: las mordidas, la fiebre, el niño, el brazo… su cara se endureció de pronto. Dejó de reír.

Me pidió que le mostrara los infectados. Volví al salón comunal y pasé la cámara del teléfono sobre cada uno de los pacientes. Me pidió que acercara la cámara a algunas de las heridas. Lo hice, y cuando volví a mirar la pantalla, él ya no estaba allí.

“Quédate donde estás,” dijo, con una voz distante y alejada del teléfono. “Anota los nombres de todos los que han tenido contacto con ellos. Inmoviliza a todos los que ya están infectados. Si alguno de ellos entra en coma, evacua el salón y asegura cualquier salida.” Su voz era plana, robótica, como si hubiese ensayado aquel discurso o lo estuviese leyendo de alguna parte. Me preguntó, “¿Estás armado?” “No, ¿por qué habría de estarlo?” respondí. Me dijo que me llamaría de nuevo, otra vez en un tono de sólo negocios. Me dijo que haría algunas llamadas y que llegaría “ayuda” en algunas horas.

Llegaron en menos de una hora, cincuenta hombres en grandes helicópteros Z-8A del ejército; todos llevaban trajes contra contaminación biológica. Dijeron que trabajaban para el Ministerio de Salud. No sé a quién trataban de engañar. Con esa forma de moverse y su arrogancia intimidante, incluso esos campesinos analfabetas podían de reconocer a los hombres del Guoanbu.4

Su primer objetivo fue el salón comunal. Sacaron a los pacientes en camillas, con sus miembros inmovilizados y mordazas en la boca. Luego fueron por el chico. Lo sacaron en una bolsa negra. Su madre no paraba de llorar mientras ella y todo el resto de la aldea eran reunidos para “examinarlos.” Anotaron sus nombres y les tomaron muestras de sangre. Uno por uno, les quitaron la ropa y los fotografiaron. La última fue una pequeña y marchita anciana. Su cuerpo era delgado y retorcido, su cara surcada por miles de delgadas líneas, y sus pies eran tan pequeños que seguramente habían sido amarrados y deformados cuando era una niña. Sacudía su esquelético puño hacia los “doctores” gritando “¡Este es su castigo!” “¡Es su castigo por lo que hicieron con Fengdu!”

Se refería a la Ciudad de los Fantasmas, cuyos templos y altares habían estado dedicados al mundo de los muertos. Al igual que el Viejo Dachang, había sido un desafortunado obstáculo para el siguiente Gran Salto Adelante de China. La habían evacuado, demolido, y luego inundado casi por completo. Nunca he sido una persona supersticiosa y casi nunca me dejo convencer por esas historias que son como opio para el pueblo. Soy un médico, un científico. Creo sólo en lo que puedo ver y tocar. Nunca había creído en Fengdu más que como un engaño para atraer turistas. Por supuesto, las palabras de aquella vieja no tuvieron ningún efecto en mí, pero sí su tono, su furia… ella había visto suficientes calamidades en su paso por la tierra: los terratenientes, los japoneses, la terrible pesadilla de la Revolución Cultural… ella sabía que estaba a punto de ocurrir otra tormenta, aún a pesar de no tener la educación suficiente para entenderlo.

Mi colega, el Dr. Kuei, también lo había comprendido. Arriesgó su propio cuello para advertírmelo y me dio suficiente tiempo para hacer otra llamada más antes de que la gente del “Ministerio de Salud” llegara al lugar. Fue algo que dijo… una frase que no había usado en mucho tiempo, desde las “pequeñas” revueltas fronterizas con la Unión Soviética. Eso había sido en 1969. Estábamos en un búnker subterráneo en nuestro lado del Ussuri, a menos de un kilómetro rió abajo de Chen Bao. Los rusos se disponían a reclamar la isla y su enorme artillería estaba barriendo con nuestras fuerzas.

Gu y yo estábamos tratando de remover unos fragmentos de metralla del vientre de un soldado, que debía ser apenas unos años menor que nosotros. Los intestinos del muchacho se habían roto, y su sangre y excrementos manchaban nuestros uniformes. Cada siete segundos un mortero aterrizaba cerca y teníamos que echarnos sobre su cuerpo para proteger la herida de la tierra que caía, y en cada ocasión quedábamos lo suficientemente cerca de él para escuchar cómo lloraba llamando a su madre. Había otras voces también, saliendo de la oscuridad, cerca de la entrada de nuestro búnker; voces desesperadas y furiosas que se suponía que no deberían haber llegado a nuestro lado del río. Dos soldados estaban vigilando la entrada del refugio, y uno de ellos gritó “¡Spetsnaz!” y comenzó a disparar hacia la oscuridad. Podíamos escuchar muchos otros disparos, si eran nuestros o de ellos, no podíamos saberlo.

Otro mortero estalló y nos inclinamos sobre el chico moribundo. El rostro de Gu estaba a sólo unos pocos centímetros del mío. Gotas de sudor bajaban por su frente. Incluso con la poca luz de una vela de cera, pude ver que estaba pálido y temblaba. Miró al paciente y a la puerta, luego a mí, y de pronto dijo: “No te preocupes, todo va a salir bien.” Ahora bien, aquel era un hombre que nunca había dicho nada positivo en toda su vida. Gu era un paranoico, un neurótico terco como una mula. Si le dolía la cabeza, tenía que ser un tumor; Si parecía que iba a llover, entonces decía que se arruinaría la cosecha. Esa era su manera de controlar cualquier situación, su estrategia de toda la vida había sido prepararse para lo peor. Pero allí, cuando la realidad superó cualquiera de sus predicciones más fatalistas, no tuvo más alternativa que darse la vuelta y tomar la dirección opuesta. “No te preocupes, todo va a salir bien.” Y por primera vez, todo salió tal y como él dijo. Los rusos no llegaron a cruzar el río, e incluso logramos salvar a nuestro paciente.

Durante muchos años después de eso, bromeé con él acerca de lo que había sido necesario para sacarle un poco de optimismo, y él siempre decía que haría falta algo mucho peor para que eso ocurriera de nuevo. Ya éramos un par de ancianos, y algo peor estaba a punto de suceder. Fue justo después de preguntarme si estaba armado. “No,” le respondí, “¿por qué habría de estarlo?” Hubo un corto silencio, y estoy seguro de que alguien más estaba escuchando nuestra conversación. “No te preocupes,” dijo, “todo va a salir bien.” En ese momento me di cuenta que aquella no era una infección aislada. Corté la llamada y marqué rápidamente el número de mi hija en Guangzhou.

Su esposo trabajaba para Telecom de China y pasaba al menos una semana de cada mes en América. Le dije que sería una buena idea acompañarlo la próxima vez que viajara, y que debía llevarse a mi nieta y quedarse tanto tiempo como les fuera posible. No tuve tiempo de explicarle nada más; mi señal fue interferida cuando llegó el primero de los helicópteros. Las últimas palabras que pude decirle fueron: “No te preocupes, todo va a salir bien.”    

Capítulo primero (fragmento casi integro) de Guerra Mundial Z de Max Brooks



miércoles, mayo 23, 2012

Activist prevents Israeli officer from arresting Palestinian child



During Sunday’s Jerusalem Day events, a Palestinian boy, perhaps 10 years old, was chased down an East Jerusalem street by a very angry officer of the Border Police. The boy tripped and fell, then picked himself up just as the Border Police officer reached him and tried to grab him. But a 22 year-old female Israeli activist prevented the boy’s arrest by throwing herself between the two, allowing the Palestinian boy to flee.


Jerusalem Day is meant to be a celebration of the city’s ‘reunification’ following Israel’s victory in the 1967 war. In practice, it is a day for Israeli nationalists, draped in flags, dancing in circles, singing and chanting (including the popular Israeli nationalist chant, ‘death to Arabs’) as they march through the streets of East Jerusalem and the Old City. Many of the Jewish demonstrators are bused in from right-wing yeshivas in Israel and the West Bank This year, an Orthodox Jewish man grabbed the Palestinian flag from the hands of a 10 year-old boy and refused to return it.




















The boy, enraged, tried to prise it out of the Jewish man’s hands. A Border Police officer, seeing the struggle between a 10 year-old Palestinian boy and a fully grown Jewish man, chased the Palestinian boy rather than ordering the Jewish man to return the flag. Someone made a montage of the incident and posted it on Facebook, with commentary. Note the expression of rage in the Border Police officer’s eyes, as seen in the second photo.

In the end the boy got away, due to the intervention of a 22 year-old Israeli activist from Jerusalem named Sahar Vardi, who threw herself in front of the Border Police officer just as he was about to grab the child. Photojournalist Haim Schwarczenberg caught the incident. The incident was also filmed and the clip posted on Youtube.

Este video:



Fuente:
972mag.com

Banic deja el Bilbao Basket

El club hará hoy oficial la marcha del pívot croata, quien finalmente ha decidido rechazar la oferta de renovación

Primera boda homosexual de un superhéroe de cómic Marvel

Northstar dará el "sí quiero" a su novio en una ceremonia que se plasmará en el número de junio de la colección 'Astonishing X-Men'

Posibilidades de ayer y de hoy...

Realidades de ayer y de hoy...

Por favor. Que alguien explique esta fotografía

Explicación aqui

La forma más original de evitar que se orine en la calle

Aqui noticia

Aqui video

martes, mayo 22, 2012

Un aficionado del Athletic quiere llegar a la final de Copa de Madrid corriendo

Un aficionado del Athletic de Bilbao ha partido este martes desde Barakaldo (Vizcaya) con el objetivo de completar corriendo y caminando los 422 kilómetros que le separan de Madrid, donde el viernes se jugará la final de la Copa del Rey entre el club bilbaíno y el FC Barcelona. Alberto Bocos ha salido a las cinco de la mañana desde la citada localidad vizcaína y su objetivo es llegar el jueves a la capital española. Se trata de recorrer los 422 kilómetros "en unas 55 horas", "sin parar", ha relatado Bocos, quien también ha explicado que cuando vea que no puede correr irá caminando. Junto a él viaja Alfonso, quien en una bicicleta lleva el peso de esta aventura, la "bebida y la comida". "Es una ayuda", ha resumido Bocos. "Nadie se lo cree", ha explicado Alfonso, quien, sin embargo, ha asegurado que ve a su amigo "bien" y dispuesto a completar este reto. "Espero que ganemos. ÑAupa Athletic!", han sido las últimas palabras de Bocos antes de la partida, mientras corre en dirección a Madrid con una camiseta de su equipo y un tatuaje con un león, símbolo del club bilbaíno, en la pierna derecha. La noticia la cojo de marca.com Un video del colega corriendo ya en el reto acá.

El 25 de mayo San Mamés estará a 396 Km de Bilbao

Tres aficionados del Athletic se proponen llevar hasta el Vicente Calderón el espíritu y la magia de San Mamés. Para ello, diseñan una peculiar odisea, al más puro estilo bilbaino.Los tres amigos se ponene manos a la obra y llenan un camión cisterna con agua de la Ría de Bilbao para llevarla hasta el Vicente Calderón y regar el campo y así recrear el ambiente de San Mamés... el resultado final... es mejor verlo. Fuente: el facebook de mi hermana, que lo coge de Deia.com

Esperanza Aguirre pide suspender la Final de Copa y celebrarla a puerta cerrada

"Los ultrajes a la bandera o al himno son delito en el Código Penal", ha manifestado la La presidenta de la Comunidad de Madrid.

lunes, mayo 21, 2012

Walt Disney's Taxi Driver

Trailer de Chinese Zodiac

La nueva de Jackie Chan, que dice es la mas importante de su carrera, con la que se han tirado las gentes de su equipo los últimos siete añitos por el mundo mundial. Con esta dice que se retira a sus 58 años del cine de acción, que esta reventaito. Doce cabezas de doce estatuas, de los doce signos del zodiaco chino ha de buscar nuestro prota....Habrá que.

Game Of Thrones Theme on eight floppy drives

Karlos Arguiñano - Canelones de Mierda

Parte tora to Rajoy! (Toma Rajoy)

The Avengers | Jane Wu Animatic Storyboard #2

The Avengers | Jane Wu Animatic Storyboard #1

domingo, mayo 20, 2012

sábado, mayo 19, 2012

Balón de Drogba

De la serie, algo huele a podrido en Dinamarca...

Algún día, cuando haya aprendido a viajar a través del tiempo...

—Contento de verlo —dijo Chalmers.

Estaba sentado cerca de la ventana, con el rostro pálido. Dos grandes cirios se derretían junto a su codo y arrojaban una luz de ámbar sobre su nariz larga y su barba recogida.

En el departamento de Chalmers no había absolutamente nada moderno. Tenia el alma medieval.
Cruzaba yo la habitación hacia el diván que acababa de ordenar para mí, cuando percibí sobre su escritorio la obra de un célebre físico contemporáneo. Esto me extrañó, al igual que las curiosas figuras geométricas que Chalmers había trazado en un delgado papel amarillo.

—Einstein y John Dee son singulares compañeros de alcoba—dije mientras mi mirada se desplazaba de las ecuaciones matemáticas para ir a posarse sobre las decenas de libros raros que componían la pequeña biblioteca de mi amigo. Plotino y Manuel Moscopulos, santo Tomás de Aquino y Freclede Bessy cohabitaban en el mueble de ébano. Los sillones, la mesa, el escritorio, se hallaban cubiertos de opúsculos acerca de los sortilegios medievales y la magia, así como artículos que contenían los temas audaces y vigorosos, impregnados del gran resplandor del pensamiento moderno.

Chalmers sonrió, y ofreciéndome cigarrillos rusos dijo:

—Estamos descubriendo que los antiguos alquimistas y hechiceros tenían un 75 % de razón y que los biólogos y materialistas modernos no la tienen en el 90% de los casos.

A ello respondí con un pequeño movimiento de impaciencia.

—Usted siempre se ha mofado de la ciencia de nuestros días.

Replicó él:

—Sólo me mofo del dogmatismo científico. He sido siempre un rebelde, un campeón de la originalidad y de las causas perdidas. He decidido repudiar también las conclusiones de los biólogos contemporáneos.

—¿Y Einstein? —inquirí.

Murmuró con respeto:

—Un sacerdote de las matemáticas trascendentes. Un místico profundo, un explorador de los grandes reinos cuya existencia sólo se sospecha.

—¿De modo que no desprecia usted enteramente la ciencia?

—Por supuesto que no; pero eso sí, no tengo ninguna confianza en el positivismo de los últimos cincuenta años, en el pensamiento de Haecl, Darwin y Bertrand Russell. Creo que es deplorable el fracaso de la biología, toda vez que ha intentado explicar el origen y el destino del hombre.

—Déles usted tiempo.

Los ojos de Chalmers centellearon:

—Amigo mío; acaba usted de incurrir en un retruécano sublime: déles tiempo... Es lo que quisiera hacer, pero cuando al biólogo moderno se le habla del tiempo, sonríe irónicamente. Tiene la clave y se niega a hacer uso de ella. ¿Qué sabemos nosotros del tiempo? Einstein cree que es relativo, que es posible interpretarlo en función de espacio, de espacio curvo. ¿Mas es preciso detenerse allí? Donde las matemáticas ya no nos soportan, ¿acaso no podemos avanzar por intuición?

—Terreno peligroso. El verdadero investigador evita este género de señuelo. Tal la razón por la cual la ciencia moderna ha avanzado con tanta lentitud. No acepta nada que no pueda demostrar. Pero usted...

—Yo... tomaré achís, opio, todas las drogas. Imitaré a los sabios orientales y podré luego captar quizás...

—¿Qué?

—La cuarta dimensión.

—¡Es imbecilidad teosófica!

—Tal vez, pero creo que las drogas colocan a la conciencia humana en expansión. William James coincidía sobre esto. Y he descubierto una nueva.

—¿Una droga nueva?

—Ha sido, empleada hace ya varios siglos por alquimistas chinos, pero es casi desconocida en Occidente. Sus propiedades ocultas son sorprendentes. Con la ayuda de esta droga y lo que he descubierto en el terreno de las matemáticas pienso poder viajar en el pasado.

—No le comprendo.

—El tiempo sólo es nuestra percepción imperfecta de un nuevo tipo de dimensión espacial. El tiempo y el movimiento son dos ilusiones. Todo lo que ha existido desde el comienzo del mundo existe ahora. Los acontecimientos que se desarrollaron a través de los milenios continúan. Los humanos que conocemos son fracciones infinitamente pequeñas de un todo enorme. Cada uno de nosotros está vinculado a toda la vida que le ha precedido en el planeta. Todos sus antepasados forman parte de él. Sólo el tiempo lo separa de ellos y el tiempo es una ilusión.

Dije, en un susurro:

—Creo que comienzo a comprender.

—Aunque tenga solamente una idea vaga, podrá usted ayudarme. Quiero arrancar de mis ojos el velo de la ilusión y ver el comienzo y el fin.

—¿Y cree que esta nueva droga le ayudará?

Chalmers tomó una cajita cuadrada que se hallaba sobre la chimenea, diciendo:

—Tengo aquí cinco gránulos de la droga Liao, utilizada por el filósofo chino Lao-Tsé, bajo cuya influencia vio a Tao, que es la fuerza más misteriosa del mundo. Contiene el universo visible y todo lo que llamamos realidad. Quien puede percibir el misterio de Tao sabrá todo lo que fue y lo que será.

—¿Quimeras? —insinué.

—Tao se asemeja a un animal grande e inmóvil, que contiene todos los mundos, el pasado, el presente y el futuro. Vemos una parte de este monstruo a través de una fisura que llamamos tiempo. Con la ayuda de esta droga voy a ensanchar la fisura. Veré así el gran rostro de la vida; la bestia agazapada, entera.

—¿Y yo, qué tendré que hacer?

—Escuchar, amigo mío. Escuchar y tomar nota. Si me interno demasiado lejos en el pasado habrá que recordármelo, sacudiéndome violentamente. Si doy a entender que sufro demasiado físicamente, recuérdeme en seguida.

—No apruebo esta experiencia, Chalmers, no creo en la cuarta dimensión y menos aun en Tao. No apruebo las drogas desconocidas.

—Conozco las propiedades de esta droga, sus efectos sobre el ser humano y sus peligros. No presenta riesgos pero temo perderme en el abismo del tiempo, pues ayudaré a esta droga.

Antes de ingerir la píldora, confío en concentrar mi atención sobre el símbolo de geometría algebraica que he trazado en este papel.

Mi espíritu habrá estado preparado. Antes de penetrar en el mundo del sueño de la mística oriental habré adquirido toda la ayuda matemática que la ciencia puede ofrecerme. La droga habrá abierto las puertas de la percepción y las matemáticas me permitirán comprender.

En mis sueños ya llegué a captar 1a cuarta dimensión por emoción y por intuición, pero nunca he sido capaz, en mi vida despierta, de captar los ocultos esplendores que me habían sido momentáneamente revelados. Con la ayuda que usted me dispensará pienso volver a alcanzarlos. Observe todo cuanto yo diga, aun cuando le parezca extraño o incoherente. Una vez despierto, creo que podré suministrar la clave. No estoy seguro de tener éxito, pero de ser así —sus ojos se tornaron singularmente luminosos—, ¡el tiempo no existirá para mí!

Se sentó bruscamente.

—Haré la experiencia inmediatamente. Tenga la bondad de colocarse cerca de la ventana y vigilarme. ¿Tiene con qué escribir?

Saqué una estilográfica con tinta verde pálido y un anotador. Con profunda atención Chalmers miró los diagramas geométricos. Yo escuchaba el tic-tac del reloj sobre la chimenea, marcando los segundos. Un vago temor me oprimía la garganta. De súbito, el reloj se detuvo. En ese preciso momento Chalmers ingirió la droga. Me acerqué a él y me imploró con los ojos, murmurando:

—El reloj está parado. Las fuerzas que lo controlan aprueban mi experiencia. ¡Dios mió, haz que no me extravíe en el camino!

Bajó los párpados y se estiró sobre el sofá. Su rostro estaba exangüe y respiraba con dificultad. Luego dijo:

—Las tinieblas comienzan. Tome nota de esto: los objetos familiares del cuarto que veo con vaguedad a través de mis párpados se esfuman muy rápido.

Agité la estilográfica para corregir el fluido de la tinta, que salía mal, y continué anotando.

—Me voy de la habitación. Las paredes desaparecen. El rostro suyo es siempre visible. Espero que esté escribiendo. Creo que voy a saltar a través del espacio o tal vez a través del tiempo.

De repente se inmovilizó y sus ojos se abrieron.

—Veo —dijo.

Miraba la pared que estaba frente a él, pero yo sabía que estaba viendo más allá de este obstáculo.

—; Chalmers! i Chalmers! —exclamé—. ¿Debo despertarlo?

—No lo haga —gruñó—. ¡Lo veo todo! Los miles de millones de vidas que me han precedido en este planeta se encuentran delante de mí. Veo hombres de todas las edades, de todas las razas, de todos los colores. Se pelean, se matan, construyen, bailan, cantan. Están sentados alrededor de fuegos rudimentarios, en desiertos grises y tratan de elevarse en los aires, con monoplanos. Viajan por los mares en navíos hechos con cortezas y en enormes vapores. Pintan figuras de bisontes y mamutes sobre las paredes de mustias cavernas y recubren grandes lienzos con los diseños extraños del futurismo. Veo la emigración llegada de la Atlántida. Veo la emigración llegada de Lemuria. Veo las razas de la antigüedad: los enanos negros que invaden el Asia, y los hombres de Neanderthal, con sus cabezas gachas y sus rodillas genuflexas que pululan en Europa. Veo los burdos comienzos de la cultura helénica. Estoy en Atenas y Pericles es joven. Estoy sobre el suelo de Italia. Participo en el rapto de las Sabinas. Marcho con las legiones imperiales. Tiemblo de respeto y de terror cuando flotan los estandartes gigantescos y cuando el suelo se estremece bajo los pasos de Hastati victorioso. Al pasar en una litera de oro y marfil conducida por los negros toros de Tebas, mil esclavos desnudos caen arrodillados delante de mí y las doncellas cubiertas de flores gritan: "¡Ave César!" Soy esclavo en una galera romana. Veo una gran catedral que ha sido construida piedra sobre piedra.
Estoy crucificado con la cabeza hacia abajo en los jardines de Nerón y contemplo las cámaras de tortura de la Inquisición. Entro en los templos de Venus y me inclino, sumido en profunda adoración, delante de la Magna Mater y arrojo monedas sobre las rodillas de las cortesanas sagradas, en los jardines de Babilonia. Penetro en un teatro isabelino, y en medio de la multitud hedionda aplaudo El Mercader de Venecia. Camino con Dante por las estrechas calles dé Florencia, y el manto de Beatriz, guarnecido de flecos, pasa rozando mis sandalias. Soy un sacerdote de Isis y mi magia asombra a las naciones. Simón Magnus se arrodilla en mi presencia, implorando mi ayuda, y el faraón tiembla cuando me aproximo. En las Indias, hablo con los Maestros y huyo trémulo y aterrado, pues sus revelaciones son como la sal sobre la llaga sangrienta. Todo lo percibo simultáneamente. Mediante un simple esfuerzo puedo ver cada vez más lejano el pasado. Regreso ahora hacia el origen, a través de curvas y ángulos extraños. Existe un tiempo curvo y un tiempo angular.
Los seres que viven en el tiempo curvo no pueden penetrar en el tiempo angular, lo cual es muy extraño. Sigo retrocediendo; el hombre ha desaparecido. Reinan los reptiles. Los reptiles han desaparecido. Los únicos seres vivos son simples células. A mi alrededor hay ángulos, ángulos que no tienen ninguna relación con los que conocemos. Tengo miedo, desesperadamente. Existen en la creación abismos en los cuales el hombre jamás ha penetrado.

Siempre bajo el acecho de mi mirada, Chalmers se puso de pie y, gesticulando, musitó:

—Atravieso ángulos no terrestres. Me acerco a un terror ardiente.

—Chalmers —le dije—, ¿quiere usted que intervenga?

—Todavía no —exclamó—, quiero ver lo que hay más allá.

Un sudor frío corría por su frente. Su rostro, desfigurado por el espanto, era de color ceniza.

—Más allá de la vida existen cosas que no puedo distinguir. Se mueven lentamente a través de ángulos. No tienen cuerpo y se mueven con lentitud a través de ángulos aterradores. En ese preciso instante percibí un olor en la habitación. Un olor penetrante, imposible de describir.

Cuando hube vuelto junto a Chalmers, éste gritaba desaforadamente:

—¡Me han oído! ¡Vienen hacia mí!

Lo sacudí con energía, diciéndole:

—¡Deténgase! ¡Deténgase! Nadie puede hacerle daño en esta habitación.

A fuerza de sacudirlo, la locura desapareció de su rostro.

—Esta droga —dije—, es el mismo demonio.

—No es la droga —respondió—. Lo que ocurre es que me han escuchado a través del tiempo.

—¿A qué se parecían? —pregunté para sosegarlo.

—No existen las palabras. Están simbolizadas vagamente en el mito de la Caída y en una forma obscena que suele hallarse de vez en cuando en las tabletas grabadas. Los griegos tenían para ellos un nombre que ocultaba su horror esencial. La manzana, el árbol y la serpiente son los símbolos del más terrible misterio.

Volvió a prorrumpir en gritos desaforados:

—¡Frank! ¡Frank! Un acto terrible e incalificable tuvo lugar al principio. Antes del tiempo, el acto, y después del acto...

Caminaba histéricamente por el cuarto.

—Las consecuencias del acto se mueven a través de ángulos en los oscuros y recónditos recovecos del tiempo ¡Tienen hambre y sed!

—¡Chalmers! —le supliqué—. ¡Vivimos en la tercera década del siglo xx!

—¡Tienen hambre y sed! ¡Los perros de Tin-dalos! —vociferó.

—¡Chalmers! ¿Hay que llamar a un médico?

—Ningún médico puede ayudarme. Son horrores del alma, y sin embargo son reales. Durante un instante me encontré del otro lado. Me hallaba sobre las pálidas riberas, más allá del tiempo y del espacio. En una luminosidad espantosa que no era luz, en el silencio ululante, los he visto. Todo el mal del universo estaba concentrado en su cuerpo. Pero, ¿acaso tenían cuerpo? No estoy seguro. Los he oído respirar. Sentí su aliento sobre mi rostro. He huido a través de miles de millones de años.
Pero me han oído. Los hombres despiertan en sí mismos apetitos cósmicos. Tienen sed de lo que es propio en nosotros, de lo que emergió del acto sin mácula. Hay una parte de nosotros que no participa del acto, y es lo que aborrecen. En el dominio en que se encuentran no hay bien o mal ajustados a nuestra escala. Hay lo puro y lo impuro, lo impuro que se expresa a través de ángulos y lo puro a través de curvas. No se ría usted.

Me levanté para irme y le dije al salir:

—Tengo mucha pena por usted, Chalmers, pero todo esto no es más que delirio. Le enviaré a mi médico.

Resumen de dos artículos aparecidos en la "Partridgville Gazette" del 3 de julio de 1928:

Un temblor de tierra sacude al barrio financiero.
Un violento temblor de tierra conmovió el centro de la ciudad, a las dos de la madrugada. Los bomberos están tratando de extinguir el incendio que estalló en una fábrica de cola.

Escritor ocultista asesinado.
Acaba de ser descubierto el cadáver de Halpin Chalmers, escritor ocultista. El cuerpo, hallado en su habitación, estaba desnudo y recubierto por una extraña gelatina azul. Se encontraron varias hojas de papel amarillo, medio calcinadas. Las frases que contienen sólo dan pocos indicios: "Espero, miro la pared y el techo. No creo que puedan llegar hasta mi, pero recelo de los Doëls, pues pueden venir en ayuda de los perros de Tindalos. Los sátiros también los ayudarán y pueden avanzar a través de los círculos purpúreos. Los griegos disponían de un medio para impedirlo. Lástima que hayamos olvidado tanto..."

Informe de James Marión, químico especializado en bacteriología:
"Señor Juez de Instrucción:
El fluido que me ha remitido para someterlo a análisis es el más extraño que jamás haya tenido que examinar. Se asemeja al protoplasma, pero carece de enzimas, que son los elementos catalizadores de la vida, y los biólogos creen que ninguna sustancia viva puede existir sin aquéllas. No obstante, están ausentes en la gelatina viva que usted me ha dado para estudiar."

Extracto de un manuscrito titulado "Los que velan en silencio", por el malogrado Halpin Chalmers:
"¿Y si, paralelamente a la vida que conocemos, hubiera otra? ¿Y si pudiera llegar de dimensiones desconocidas algo semejante a la energía y crear una forma nueva de vida celular en nuestro espacio-tiempo? Nadie puede probar que una nueva vida como esa existe en nuestro universo, pero he visto sus manifestaciones. En mi habitación, durante la noche, he hablado con los Doels. Y en mis sueños he visto a su Maestro. De pie, sobre una ribera lejana, más allá del tiempo y de la materia, lo he visto. Se mueve a través de curvas extrañas y ángulos aterradores. Algún día, cuando haya aprendido a viajar a través del tiempo, lo reconoceré cara a cara."

Los perros de Tindalos de Frank Belknap Long

jueves, mayo 17, 2012

Trailer de Bait 3-D

Unos currelas de un super se quedan atrapados en este tras un tsunami, lo que no saben es que n grupo de tiburones tigre se han quedado atrapados también....tengo que decir lo de ganas...????

miércoles, mayo 16, 2012

Trailer de Revolution

Lo nuevo de J.J. Abrams, en este caso una serie de tv en la que estamos 15 años después de un apagón tecnológico absoluto. Apocalipsis y demás, con guerras y guerrillas y los humanos tratando de mirar pa´lante.

Tiene francamente buena pinta, habrá que.

Gggggggggggaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnnnnnnnnnnnnnaaaaaaaaaaaaaaaasssssssssssssssssss...............¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

martes, mayo 15, 2012

Portada de hoy de El Periodico de Cataluña...

Solo el acero

¿Qué es de los héroes cuando las guerras terminan?

Para Ringil Ojos de Ángel, la posguerra han sido largos años exiliado, ganándose el pan con el relato de sus hazañas mientras su espada, la legendaria Críacuervos, cuelga olvidada sobre la chimenea.

Para Egar el Matadragones, el triunfal retorno a las estepas como señor de su clan nómada está marcado por la nostalgia que siente por los tiempos felices pasados como mercenario en el civilizado Imperio.

Y en ese mismo Imperio, la mestiza Archeth, dejada atrás por su raza desaparecida, sirve al emperador e intenta en vano mantener en funcionamiento la tecnología abandonada.

Algo empieza a moverse, sin embargo, en su mundo rodeado por un anillo. Ringil es reclamado por su noble familia, que lo había repudiado, para que rescate a una pariente de los traficantes de esclavos. Egar es objeto de conspiraciones, inspiradas por los dioses, para apartarle de la jefatura de su clan. Y Archeth debe investigar el ataque a una guarnición costera del Imperio, realizado con armas que en teoría no deberían existir.

Los caminos de los tres viejos camaradas de guerra volverán a cruzarse, y entonces sabrán por fin si su tierra puede ser realmente apta para los héroes.


Bueno chavales, esto que habeis leido es lo que nos dice la sipnosis de este nuevo libro de las gentes de Alamut, que sin lugar a dudas he de recomendar.

El hasta ahora buen autor de ciencia ficción Richard Morgan (por estos lares hemos visto Carbono alterado y Leyes de mercado), se estrena en un nuevo género como los buenos y nos da una estupenda historia de fantasia adulta, fantasia oscura, desarrollada en un mundo en plena reconstrucción tras una terrible guerra contra un enemigo común, en el que parece ser que una nueva amenaza peor que la anterior se presenta en el horizonte.

Tres personajes principales, tres tramas destinadas a encontrarse, historias del pasado, historias del presente, la vida es dura por estos lugares y nuestros protagonistas habrás de lidiar con ella.

No les regala nada el autor, que especialmente con uno de ellos compone un personaje destinado a ser inolvidable por sus gustos opuestos a lo habitual en este y otros géneros mayoritarios, aunque a mas de un lector, habitual o no de fantasia, el estomago se le va a revolver como pocas veces, y no precisamente por la sangre....

Pero bueno, eso descubrirlo vosotros en este primer libro de tres previstos, (el segundo en inglés ya está publicado The Cold Commands), que esperemos tenga fortuna en ventas para asi poder continuar con esta buena historia.

Puntuación: 8/10
Bien lo dice el magnífico escritor de fantasia que es Joe Abercrombie (siempre recomendable) en la portada: "Descarada, brutal y sin reparos, no es que Morgan retuerza los clichés de la fantasia, es que los parte a hachazos. Y luego les prende fuego."

PD: Desde cierto capítulo en casa de un mercader de esclavos en adelante es un soberbio no parar, que ganas tengo de seguir con el segundo....!!!!

Ventana sobre el miedo

El hambre desayuna miedo.

El miedo al silencio aturde las calles.

El miedo amenaza:

Si usted ama, tendrá sida.

Si fuma, tendrá cáncer.

Si respira, tendrá contaminación.

Si bebe, tendrá accidentes.

Si come, tendrá colesterol.

Si habla, tendrá desempleo.

Si camina, tendrá violencia.

Si piensa, tendrá angustia.

Si duda, tendrá locura.

Si siente, tendrá soledad.

Eduardo Galeano

lunes, mayo 14, 2012

De la serie, verdades como puños...

Pagan a un agricultor 328 euros por 38.000 kilos de naranja

Un citricultor de Alzira recibe poco menos de un céntimo por cada kilogramo de clemenules, un 1 % de lo que cobró hace siete años

El desalojo de Sol y la mayor humillación de mi vida

Ayer caminé hacia la Puerta del Sol lleno de ilusión. Era mi primer 15M y, además, mi buen amigo Alberto Senante me había propuesto que le echase una mano con su retransmisión de las concentraciones para Periodismo Humano. Después de una tarde muy hermosa, acabé humillado por un inspector jefe del cuerpo de antidisturbios.

Antes de relataros mi experiencia, permitidme compartir dos reflexiones personales:

1) Creo que la policía es necesaria. Ojalá viviésemos en un mundo sin violencia. Pero, por ejemplo, cada año en nuestro país cientos de mujeres mueren asesinadas por sus maridos. Viajando por algunos países de África y Ámerica Latina comprendí lo terrible que es vivir en lugares donde no puedes salir a la calle tras la puesta de sol. Peor aún: allá donde las fuerzas de seguridad públicas no cumplen su función, las personas adineradas pagan su seguridad privada, mientras el resto de ciudadanos quedan indefensos ante la violencia.

2) En mi opinión, el gobierno debería sentirse muy satisfecho de que la desesperación generada por la crisis se canalice en un movimiento como el 15M, mayoritariamente pacífico. Basta recordar episodios pasados de sufrimiento social (cierre de astilleros en Galicia o de explotaciones mineras en Asturias) para comprender que cuando manda la desesperanza, la violencia estalla. En el pasado, los ingredientes habituales de una protesta eran las barricadas de neumáticos ardiendo y los cócteles molotov. El símbolo 15M son las tiendas de campaña.

Hacia las 4:50 de la mañana, mi amigo Senante y yo estábamos despidiéndonos. Todo en la plaza parecía tranquilo y habíamos decidido regresar a casa. Nos felicitamos por el trabajo hecho y por la suerte de haber conocido a Javier Bauluz, el premio Pulitzer de fotografía.

En apenas unos segundos, todo cambió. Unas 30 furgonetas de antidisturbios entraron en la plaza y comenzaron a desalojarla. La delegación de gobierno había anunciado que la concentración sólo estaba autorizada hasta las 22h.

Yo no comprendo demasiado esa decisión: ¿acaso no se permiten concentraciones nocturnas durante la Semana Santa o para celebrar títulos deportivos? Además, en la plaza no había ningún problema: la mayoría de los presentes estaban reunidos en asamblea, mientras otros recogían las basuras. El tráfico de autobuses y taxis circulaba con normalidad.

Pero, en cualquier caso, la decisión policial de intervenir estaba dentro de lo establecido por la ley. En cuestión de minutos, yo me encontré en la calle Carretas, donde había sido empujado junto a otras 50 personas. Los antidisturbios nos cerraban el retorno a la plaza y nos ordenaron seguir subiendo Carretas. No ocurrió ningún incidente violento -al menos que yo presenciase-.

Cuando alcanzamos la mitad de la calle, comenzamos a preguntarnos: ¿pero hasta dónde nos van a llevar? Estábamos ya a más de 100 metros de la plaza, pero los antidisturbios que nos seguían gritaron que había que continuar caminando.

La calle Carretas desemboca en la plaza Jacinto Benavente. Llegados a ese punto, estábamos convencidos de que los antidisturbios pararían. Pero, para nuestra sorpresa, otras dos calles (Bolsa y Cruz) ya estaban bloqueadas por coches patrulla. Acabamos arrinconados en una acera de apenas metro y medio de anchura.

La fotografía al comienzo de esta entrada retrata ese momento. Quien quisiese irse, era invitado a salir por la calle Atocha o bajar hacia Tirso de Molina. Me acerqué al inspector jefe que comandaba el grupo y le expliqué que yo no pensaba moverme, y que iba tomar fotos para el reportaje de Senante. Acataría sus órdenes, pero no retrocedería un metro más alla de lo establecido. Tampoco entré en ninguna discusión con los polícias, pues comprendo que para ellos no debe ser nada agradable hacer su trabajo entre insultos y desprecios. Al fin y al cabo, cumplen órdenes del político de turno.

Mientras tomaba la tercera o cuarta foto, uno de los antidisturbios se aproximó a mí: “a ver tú, el calladito listillo, enseñame tu documentación”. Le dí mi pasaporte y mientras él lo revisaba, otro de los policías sacó una libreta y empezó a interrogarme. Constesté a sus preguntas y, al terminar, le pedí que me facilitase su número de identificación policial. Los polícias llevaban el número en el uniforme, pero sin gafas, yo no alcanzaba a leerlo.

Entonces, el inspector jefe se acercó y dijo que ninguno de sus hombres me iba a facilitar su identificación. Le respondí que estaban obligados por ley.

El inspector jefe replicó: “yo te doy el mío, pero ordeno a todos mis hombres que no lo hagan”. En efecto, los demás se negaron argumentando que obedecían órdenes directas.

Y, a partir de ese momento, comenzó la humillación. El inspector jefe sacó todo su repertorio: “¿tú eres mileurista o estás en paro? Pues prepara 2000 euros que te voy a meter un buen puro ¡Jajajaja!”. “¿Has venido con los perroflautas por el rollo ese de la solidaridad, ¿a que sí?”, “se te ve en la cara que no tienes ni puta idea de nada”, “¿prefieres que hablemos de fútbol?”, “mira que tú calladito ya parecías tonto, pero has abierto la boca y resulta que eres retrasado mental”. Me mantuve en silencio, tratando de grabar en mi memoria cada uno de sus piropos.

Después de trabajar 7 años como investigador fuera de España, regresé porque quería aportar mi granito de arena en construir una sociedad mejor. Sabía que no volvía al País de las Maravillas, pero creí que había cosas que ya no sucedían.

Mirando el asunto desde otra perspectiva, supongo que puedo considerarme afortunado: si hubiese nacido en Siria o en la España de hace 40 años, en vez de insultos, ese polícia me habría molido a palos. Durante los cuarenta minutos que permanecí frente a la línea de antidisturbios, me sentí bastante calmado y no me resultó dificil guardar la compostura.

Pero cuando llegué a casa y me tumbé en la cama, rompí a llorar. Hay palos que hieren la carne. Otros, lastiman el alma.

Fuente.

Juego de Tronos - BSO Violin Jason Yang

Dissasembled

Spiderman, los X-Men, Los Vengadores, Los 4 Fantásticos y más superhéroes marvelitas, todos pueden tener un mal día....

Tapete

domingo, mayo 13, 2012

Le Mer

Llevo ni se los días queriendo hablar de ese Peliculón Con Mayúsculas que es El Topo (Tinker Tailor Soldier Spy), pero o por unas cosas o por otras se van quedando en el tintero mis reflexiones al respecto, así pues, para que no quede en paso vamos a hablar de su final.

Si, no voy a hablar ni de su elegante, pausado, milimétrico, minimalista en grado sumo ritmo, o de su soberbia puesta en escena, o de sus brillantes interpretaciones, todas, o de su endiabladamente oportuna banda sonora, no, no. Ni de su estupenda historia, (una vez más, si, una vez más John Le Carré) y la forma de contarnosla, de ir dejando caer pequeñas porciones de un gozoso banquete para nuestro ojos, no, no voy a hablar de eso, voy a hablar de su final. Una escena que nace en donde nace la película, en un personaje solitario, en el mismo personaje solitario, y que solo y unicamente con una sorprendente versión de Julio Iglesias del clásico francés Le Mer de Charles Trenet, nos lleva a la nostalgia, a la tristeza, a la nobleza, a la amistad, al amor, aL codigo de honor, a la crudeza, a la soledad de los espias, nunca reconocidos como merecen, como merecieron, como ha de reconocerse una película soberbia, El Topo.


Y así terminamos su visionado, con esta maravillosa canción que os decía, que nos habla del mar, si, pero como el buen cine, los buenos escritores, los buenos poetas, más nos hablan de la vida...

La mer,
convoi danseur,
le long des golfes claires,
a des reflets d'argent.

La mer,
des reflets changeants sous la pluie.

La mer, oh, ciel au fond,
ses blancs moutons avec les anges sous Pierre.

La mer,
vergeure d'assises unfin. oh, oui, ?eh!
Voyait prúrdes ses grands roseaux mouillø
Voyait ses oiseaux blancs et ses maisons rouill

La mer, lise, averse,
le long des golfes claires et d'une chanson d'amour.

La mer,
oh, a versð”en mon coeur
pour la vie... La vie!

El video con solo la canción  versión interpretada por Julio Iglesias, por si no habeis visto la peli esta aqui.

El video con la escena completa del final del final de la película, para que los que ya la hayais visto esta acá.

La canción original de Charles Trenet la teneis aqui.

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