sábado, junio 30, 2012

Unos días libres

Bueno, bueno, bueno, tocan días libres, de esos sin wi-fi, y con mucha pelea playera con niños y tal y tal, con lo que no pasaré por acá hasta mediados de mes, allá por el 16 de Julio que regreso a la Red...

Sed malos...!!!!

jueves, junio 28, 2012

Trailer de Un mundo sin fin

Secuela de Los pilares de la Tierra, igualmente miniserie, de 8 capítulos.


World Without End   | Movie Trailer | Review


Poster de The Man with the Iron Fist



Gggggggggaaaaaaaaaannnnnnnnaaaaaaassssssssssssss...............!!!!!!!!!!!!!!!

Genial Forges y Eurovegas...


martes, junio 26, 2012

Plomo en los bolsillos de Ander Izaguirre

Pélissier, ganador del Tour de 1923, protestaba contra la dureza del reglamento: «Pronto nos colocarán plomo en los bolsillos».

El pequeño Robic, ganador del 47, se cargaba de plomo para bajar más rápido.

Para el autor, la magia del ciclismo nace siempre de ese misterio que existe más allá de la frontera del sufrimiento, y el sufrimiento que impone el Tour es de plomo, como lo es el empeño de los ciclistas.

En ese equilibrio se mueven los dieciséis episodios de este libro en el que se descubre la cara B del Tour de Francia, desde las victorias y derrotas más legendarias hasta las malandanzas de los primeros corredores del Tour; historias trágicas como las últimas 40 pedaladas de Tom Simpson antes de morir en el Mont Ventoux o divertidas como la de Vicente Blanco, un cojo bilbaíno que se dopaba con bacalao y que pedaleó hasta París para salir en el Tour.

Anécdotas que destacan la épica y el sufrimiento del ciclismo pero también la generosidad y gentileza que se desprenden de este deporte. Los duelos memorables entre Coppi y Bartali, Anquetil y Poulidor, Kübler y Koblet, Merckx y Ocaña o las hazañas de Induráin, Hinault y Amstrong, pero también el reconocimiento a las figuras menos visibles y reconocidas como Walkowiak, que se arrepintió de ganar el Tour, o el argelino Zaaf que a las puertas de ser el primer africano en ganar una etapa del Tour se emborrachó y cayó mareado.

















Todo esto, que nos dice la contraportada, y mucho más en las páginas mas divertidas que llevo leidas en lo que va de año, logrando una clara reconcilición de la literatura con el deporte, el autor, ex-ciclista, se trabaja con mimo unos textos que le han valido para llevarse algún premio que otro y para llamar la atención del pueblo llano, con un brillante estilo fresco, atinado, sencillo, directo y sobre todo con mucha sana sorna.

Y es que, si hoy en día todos sabemos lo que pasa con los trapicheos del Tour, imaginate tu cuando eran legales...!!! O cuando se corría de noche...!!!

Ideal para todos los que hemos echado grandes siestas de Tour, para los que aún pedalean algo y para cualquier lector con sentido del humor y ganas de escuchar una buena sarta de anecdotas y aventurillas varias con y sin componente deportivo.

Puntuación: Sobresale
Menudos son en el planeta bici...

Total Ripoff (Total Recall Comparison - 1990 vs 2012)

Lo tiene claro

Monkey Island Theme (Arpa)

Blowjob

Trailer de Tetris

De la peli basada en el juego, juego en el que vosotros no lo sabeis, pero servidor, modestia aparte, era muy, pero que muy bueno...
que tiempos....

sábado, junio 23, 2012

Que, echamos una carrerita..??!!??

21 Pictures That Will Restore Your Faith In Humanity

Aqui.

Todas las mentiras que lleva en PP, probadas en un video

La pata de mono

I

La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea.

-Oigan el viento -dijo el señor White; había cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera.

-Lo oigo -dijo éste moviendo implacablemente la reina-. Jaque.

-No creo que venga esta noche -dijo el padre con la mano sobre el tablero.

-Mate -contestó el hijo.

-Esto es lo malo de vivir tan lejos -vociferó el señor White con imprevista y repentina violencia-. De todos los suburbios, este es el peor. El camino es un pantano. No se qué piensa la gente. Como hay sólo dos casas alquiladas, no les importa.

-No te aflijas, querido -dijo suavemente su mujer-, ganarás la próxima vez.

El señor White alzó la vista y sorprendió una mirada de complicidad entre madre e hijo. Las palabras murieron en sus labios y disimuló un gesto de fastidio.

-Ahí viene -dijo Herbert White al oír el golpe del portón y unos pasos que se acercaban. Su padre se levantó con apresurada hospitalidad y abrió la puerta; le oyeron condolerse con el recién venido.

Luego, entraron. El forastero era un hombre fornido, con los ojos salientes y la cara rojiza.

-El sargento mayor Morris -dijo el señor White, presentándolo. El sargento les dio la mano, aceptó la silla que le ofrecieron y observó con satisfacción que el dueño de casa traía whisky y unos vasos y ponía una pequeña pava de cobre sobre el fuego.

Al tercer vaso, le brillaron los ojos y empezó a hablar. La familia miraba con interés a ese forastero que hablaba de guerras, de epidemias y de pueblos extraños.

-Hace veintiún años -dijo el señor White sonriendo a su mujer y a su hijo-. Cuando se fue era apenas un muchacho. Mírenlo ahora.

-No parece haberle sentado tan mal -dijo la señora White amablemente.

-Me gustaría ir a la India -dijo el señor White-. Sólo para dar un vistazo.

-Mejor quedarse aquí -replicó el sargento moviendo la cabeza. Dejó el vaso y, suspirando levemente, volvió a sacudir la cabeza.

-Me gustaría ver los viejos templos y faquires y malabaristas -dijo el señor White-. ¿Qué fue, Morris, lo que usted empezó a contarme los otros días, de una pata de mono o algo por el estilo?

-Nada -contestó el soldado apresuradamente-. Nada que valga la pena oír.

-¿Una pata de mono? -preguntó la señora White.

-Bueno, es lo que se llama magia, tal vez -dijo con desgana el militar.

Sus tres interlocutores lo miraron con avidez. Distraídamente, el forastero llevó la copa vacía a los labios: volvió a dejarla. El dueño de casa la llenó.

-A primera vista, es una patita momificada que no tiene nada de particular -dijo el sargento mostrando algo que sacó del bolsillo.

La señora retrocedió, con una mueca. El hijo tomó la pata de mono y la examinó atentamente.

-¿Y qué tiene de extraordinario? -preguntó el señor White quitándosela a su hijo, para mirarla.

-Un viejo faquir le dio poderes mágicos -dijo el sargento mayor-. Un hombre muy santo... Quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que nadie puede oponérsele impunemente. Le dio este poder: Tres hombres pueden pedirle tres deseos.

Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.

-Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas? -preguntó Herbert White.

El sargento lo miró con tolerancia.

-Las he pedido -dijo, y su rostro curtido palideció.

-¿Realmente se cumplieron los tres deseos? -preguntó la señora White.

-Se cumplieron -dijo el sargento.

-¿Y nadie más pidió? -insistió la señora.

-Sí, un hombre. No sé cuáles fueron las dos primeras cosas que pidió; la tercera fue la muerte. Por eso entré en posesión de la pata de mono.

Habló con tanta gravedad que produjo silencio.

-Morris, si obtuvo sus tres deseos, ya no le sirve el talismán -dijo, finalmente, el señor White-. ¿Para qué lo guarda?

El sargento sacudió la cabeza:

-Probablemente he tenido, alguna vez, la idea de venderlo; pero creo que no lo haré. Ya ha causado bastantes desgracias. Además, la gente no quiere comprarlo. Algunos sospechan que es un cuento de hadas; otros quieren probarlo primero y pagarme después.

-Y si a usted le concedieran tres deseos más -dijo el señor White-, ¿los pediría?

-No sé -contestó el otro-. No sé.

Tomó la pata de mono, la agitó entre el pulgar y el índice y la tiró al fuego. White la recogió.

-Mejor que se queme -dijo con solemnidad el sargento.

-Si usted no la quiere, Morris, démela.

-No quiero -respondió terminantemente-. La tiré al fuego; si la guarda, no me eche la culpa de lo que pueda suceder. Sea razonable, tírela.

El otro sacudió la cabeza y examinó su nueva adquisición. Preguntó:

-¿Cómo se hace?

-Hay que tenerla en la mano derecha y pedir los deseos en voz alta. Pero le prevengo que debe temer las consecuencias.

-Parece de Las mil y una noches -dijo la señora White. Se levantó a preparar la mesa-. ¿No le parece que podrían pedir para mí otro par de manos?

El señor White sacó del bolsillo el talismán; los tres se rieron al ver la expresión de alarma del sargento.

-Si está resuelto a pedir algo -dijo agarrando el brazo de White- pida algo razonable.

El señor White guardó en el bolsillo la pata de mono. Invitó a Morris a sentarse a la mesa. Durante la comida el talismán fue, en cierto modo, olvidado. Atraídos, escucharon nuevos relatos de la vida del sargento en la India.

-Si en el cuento de la pata de mono hay tanta verdad como en los otros -dijo Herbert cuando el forastero cerró la puerta y se alejó con prisa, para alcanzar el último tren-, no conseguiremos gran cosa.

-¿Le diste algo? -preguntó la señora mirando atentamente a su marido.

-Una bagatela -contestó el señor White, ruborizándose levemente-. No quería aceptarlo, pero lo obligué. Insistió en que tirara el talismán.

-Sin duda -dijo Herbert, con fingido horror-, seremos felices, ricos y famosos. Para empezar tienes que pedir un imperio, así no estarás dominado por tu mujer.

El señor White sacó del bolsillo el talismán y lo examinó con perplejidad.

-No se me ocurre nada para pedirle -dijo con lentitud-. Me parece que tengo todo lo que deseo.

-Si pagaras la hipoteca de la casa serías feliz, ¿no es cierto? -dijo Herbert poniéndole la mano sobre el hombro-. Bastará con que pidas doscientas libras.

El padre sonrió avergonzado de su propia credulidad y levantó el talismán; Herbert puso una cara solemne, hizo un guiño a su madre y tocó en el piano unos acordes graves.

-Quiero doscientas libras -pronunció el señor White.

Un gran estrépito del piano contestó a sus palabras. El señor White dio un grito. Su mujer y su hijo corrieron hacia él.

-Se movió -dijo, mirando con desagrado el objeto, y lo dejó caer-. Se retorció en mi mano como una víbora.

-Pero yo no veo el dinero -observó el hijo, recogiendo el talismán y poniéndolo sobre la mesa-. Apostaría que nunca lo veré.

-Habrá sido tu imaginación, querido -dijo la mujer, mirándolo ansiosamente.

Sacudió la cabeza.

-No importa. No ha sido nada. Pero me dio un susto.

Se sentaron junto al fuego y los dos hombres acabaron de fumar sus pipas. El viento era más fuerte que nunca. El señor White se sobresaltó cuando golpeó una puerta en los pisos altos. Un silencio inusitado y deprimente los envolvió hasta que se levantaron para ir a acostarse.

-Se me ocurre que encontrarás el dinero en una gran bolsa, en medio de la cama -dijo Herbert al darles las buenas noches-. Una aparición horrible, agazapada encima del ropero, te acechará cuando estés guardando tus bienes ilegítimos.

Ya solo, el señor White se sentó en la oscuridad y miró las brasas, y vio caras en ellas. La última era tan simiesca, tan horrible, que la miró con asombro; se rió, molesto, y buscó en la mesa su vaso de agua para echárselo encima y apagar la brasa; sin querer, tocó la pata de mono; se estremeció, limpió la mano en el abrigo y subió a su cuarto.


II

A la mañana siguiente, mientras tomaba el desayuno en la claridad del sol invernal, se rió de sus temores. En el cuarto había un ambiente de prosaica salud que faltaba la noche anterior; y esa pata de mono; arrugada y sucia, tirada sobre el aparador, no parecía terrible.

-Todos los viejos militares son iguales -dijo la señora White-. ¡Qué idea, la nuestra, escuchar esas tonterías! ¿Cómo puede creerse en talismanes en esta época? Y si consiguieras las doscientas libras, ¿qué mal podrían hacerte?

-Pueden caer de arriba y lastimarte la cabeza -dijo Herbert.

-Según Morris, las cosas ocurrían con tanta naturalidad que parecían coincidencias -dijo el padre.

-Bueno, no vayas a encontrarte con el dinero antes de mi vuelta -dijo Herbert, levantándose de la mesa-. No sea que te conviertas en un avaro y tengamos que repudiarte.

La madre se rió, lo acompañó hasta afuera y lo vio alejarse por el camino; de vuelta a la mesa del comedor, se burló de la credulidad del marido.

Sin embargo, cuando el cartero llamó a la puerta corrió a abrirla, y cuando vio que sólo traía la cuenta del sastre se refirió con cierto malhumor a los militares de costumbres intemperantes.

-Me parece que Herbert tendrá tema para sus bromas -dijo al sentarse.

-Sin duda -dijo el señor White-. Pero, a pesar de todo, la pata se movió en mi mano. Puedo jurarlo.

-Habrá sido en tu imaginación -dijo la señora suavemente.

-Afirmo que se movió. Yo no estaba sugestionado. Era... ¿Qué sucede?

Su mujer no le contestó. Observaba los misteriosos movimientos de un hombre que rondaba la casa y no se decidía a entrar. Notó que el hombre estaba bien vestido y que tenía una galera nueva y reluciente; pensó en las doscientas libras. El hombre se detuvo tres veces en el portón; por fin se decidió a llamar.

Apresuradamente, la señora White se quitó el delantal y lo escondió debajo del almohadón de la silla.

Hizo pasar al desconocido. Éste parecía incómodo. La miraba furtivamente, mientras ella le pedía disculpas por el desorden que había en el cuarto y por el guardapolvo del marido. La señora esperó cortésmente que les dijera el motivo de la visita; el desconocido estuvo un rato en silencio.

-Vengo de parte de Maw & Meggins -dijo por fin.

La señora White tuvo un sobresalto.

-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Le ha sucedido algo a Herbert?

Su marido se interpuso.

-Espera, querida. No te adelantes a los acontecimientos. Supongo que usted no trae malas noticias, señor.

Y lo miró patéticamente.

-Lo siento... -empezó el otro.

-¿Está herido? -preguntó, enloquecida, la madre.

El hombre asintió.

-Mal herido -dijo pausadamente-. Pero no sufre.

-Gracias a Dios -dijo la señora White, juntando las manos-. Gracias a Dios.

Bruscamente comprendió el sentido siniestro que había en la seguridad que le daban y vio la confirmación de sus temores en la cara significativa del hombre. Retuvo la respiración, miró a su marido que parecía tardar en comprender, y le tomó la mano temblorosamente. Hubo un largo silencio.

-Lo agarraron las máquinas -dijo en voz baja el visitante.

-Lo agarraron las máquinas -repitió el señor White, aturdido.

Se sentó, mirando fijamente por la ventana; tomó la mano de su mujer, la apretó en la suya, como en sus tiempos de enamorados.

-Era el único que nos quedaba -le dijo al visitante-. Es duro.

El otro se levantó y se acercó a la ventana.

-La compañía me ha encargado que le exprese sus condolencias por esta gran pérdida -dijo sin darse la vuelta-. Le ruego que comprenda que soy tan sólo un empleado y que obedezco las órdenes que me dieron.

No hubo respuesta. La cara de la señora White estaba lívida.

-Se me ha comisionado para declararles que Maw & Meggins niegan toda responsabilidad en el accidente -prosiguió el otro-. Pero en consideración a los servicios prestados por su hijo, le remiten una suma determinada.

El señor White soltó la mano de su mujer y, levantándose, miró con terror al visitante. Sus labios secos pronunciaron la palabra: ¿cuánto?

-Doscientas libras -fue la respuesta.

Sin oír el grito de su mujer, el señor White sonrió levemente, extendió los brazos, como un ciego, y se desplomó, desmayado.


III

En el cementerio nuevo, a unas dos millas de distancia, marido y mujer dieron sepultura a su muerto y volvieron a la casa transidos de sombra y de silencio.

Todo pasó tan pronto que al principio casi no lo entendieron y quedaron esperando alguna otra cosa que les aliviara el dolor. Pero los días pasaron y la expectativa se transformó en resignación, esa desesperada resignación de los viejos, que algunos llaman apatía. Pocas veces hablaban, porque no tenían nada que decirse; sus días eran interminables hasta el cansancio.

Una semana después, el señor White, despertándose bruscamente en la noche, estiró la mano y se encontró solo.

El cuarto estaba a oscuras; oyó cerca de la ventana, un llanto contenido. Se incorporó en la cama para escuchar.

-Vuelve a acostarte -dijo tiernamente-. Vas a coger frío.

-Mi hijo tiene más frío -dijo la señora White y volvió a llorar.

Los sollozos se desvanecieron en los oídos del señor White. La cama estaba tibia, y sus ojos pesados de sueño. Un despavorido grito de su mujer lo despertó.

-La pata de mono -gritaba desatinadamente-, la pata de mono.

El señor White se incorporó alarmado.

-¿Dónde? ¿Dónde está? ¿Qué sucede?

Ella se acercó:

-La quiero. ¿No la has destruido?

-Está en la sala, sobre la repisa -contestó asombrado-. ¿Por qué la quieres?

Llorando y riendo se inclinó para besarlo, y le dijo histéricamente:

-Sólo ahora he pensado... ¿Por qué no he pensado antes? ¿Por qué tú no pensaste?

-¿Pensaste en qué? -preguntó.

-En los otros dos deseos -respondió en seguida-. Sólo hemos pedido uno.

-¿No fue bastante?

-No -gritó ella triunfalmente-. Le pediremos otro más. Búscala pronto y pide que nuestro hijo vuelva a la vida.

El hombre se sentó en la cama, temblando.

-Dios mío, estás loca.

-Búscala pronto y pide -le balbuceó-; ¡mi hijo, mi hijo!

El hombre encendió la vela.

-Vuelve a acostarte. No sabes lo que estás diciendo.

-Nuestro primer deseo se cumplió. ¿Por qué no hemos de pedir el segundo?

-Fue una coincidencia.

-Búscala y desea -gritó con exaltación la mujer.

El marido se volvió y la miró:

-Hace diez días que está muerto y además, no quiero decirte otra cosa, lo reconocí por el traje. Si ya entonces era demasiado horrible para que lo vieras...

-¡Tráemelo! -gritó la mujer arrastrándolo hacia la puerta-. ¿Crees que temo al niño que he criado?

El señor White bajó en la oscuridad, entró en la sala y se acercó a la repisa.

El talismán estaba en su lugar. Tuvo miedo de que el deseo todavía no formulado trajera a su hijo hecho pedazos, antes de que él pudiera escaparse del cuarto.

Perdió la orientación. No encontraba la puerta. Tanteó alrededor de la mesa y a lo largo de la pared y de pronto se encontró en el zaguán, con el maligno objeto en la mano.

Cuando entró en el dormitorio, hasta la cara de su mujer le pareció cambiada. Estaba ansiosa y blanca y tenía algo sobrenatural. Le tuvo miedo.

-¡Pídelo! -gritó con violencia.

-Es absurdo y perverso -balbuceó.

-Pídelo -repitió la mujer.

El hombre levantó la mano:

-Deseo que mi hijo viva de nuevo.

El talismán cayó al suelo. El señor White siguió mirándolo con terror. Luego, temblando, se dejó caer en una silla mientras la mujer se acercó a la ventana y levantó la cortina. El hombre no se movió de allí, hasta que el frío del alba lo traspasó. A veces miraba a su mujer que estaba en la ventana. La vela se había consumido; hasta casi apagarse. Proyectaba en las paredes y el techo sombras vacilantes.

Con un inexplicable alivio ante el fracaso del talismán, el hombre volvió a la cama; un minuto después, la mujer, apática y silenciosa, se acostó a su lado.

No hablaron; escuchaban el latido del reloj. Crujió un escalón. La oscuridad era opresiva; el señor White juntó coraje, encendió un fósforo y bajó a buscar una vela.

Al pie de la escalera el fósforo se apagó. El señor White se detuvo para encender otro; simultáneamente resonó un golpe furtivo, casi imperceptible, en la puerta de entrada.

Los fósforos cayeron. Permaneció inmóvil, sin respirar, hasta que se repitió el golpe. Huyó a su cuarto y cerró la puerta. Se oyó un tercer golpe.

-¿Qué es eso? -gritó la mujer.

-Un ratón -dijo el hombre-. Un ratón. Se me cruzó en la escalera.

La mujer se incorporó. Un fuerte golpe retumbó en toda la casa.

-¡Es Herbert! ¡Es Herbert! -La señora White corrió hacia la puerta, pero su marido la alcanzó.

-¿Qué vas a hacer? -le dijo ahogadamente.

-¡Es mi hijo; es Herbert! -gritó la mujer, luchando para que la soltara-. Me había olvidado de que el cementerio está a dos millas. Suéltame; tengo que abrir la puerta.

-Por amor de Dios, no lo dejes entrar -dijo el hombre, temblando.

-¿Tienes miedo de tu propio hijo? -gritó-. Suéltame. Ya voy, Herbert; ya voy.

Hubo dos golpes más. La mujer se libró y huyó del cuarto. El hombre la siguió y la llamó, mientras bajaba la escalera. Oyó el ruido de la tranca de abajo; oyó el cerrojo; y luego, la voz de la mujer, anhelante:

-La tranca -dijo-. No puedo alcanzarla.

Pero el marido, arrodillado, tanteaba el piso, en busca de la pata de mono.

-Si pudiera encontrarla antes de que eso entrara...

Los golpes volvieron a resonar en toda la casa. El señor White oyó que su mujer acercaba una silla; oyó el ruido de la tranca al abrirse; en el mismo instante encontró la pata de mono y, frenéticamente, balbuceó el tercer y último deseo.

Los golpes cesaron de pronto; aunque los ecos resonaban aún en la casa. Oyó retirar la silla y abrir la puerta. Un viento helado entró por la escalera, y un largo y desconsolado alarido de su mujer le dio valor para correr hacia ella y luego hasta el portón. El camino estaba desierto y tranquilo.

La pata de mono de W.W.Jacobs

miércoles, junio 20, 2012

El cementerio de barcos de Paolo Bacigalupi



Nailer es un joven pequeño y delgado y esto es lo mejor que tiene en su vida.

Su padre es igual que él, años mayor, algunos kilos y centímetros más, muchas cicatrices, odio y sangre a sus espaldas. Es terrible cuando esta sereno y terrorífico cuando no lo está. Casi siempre  anda puesto de tobogán de cristal bajado con alcohol. Eso no es bueno para Nailer. No es bueno para nadie.

Nailer tiene suerte, tiene trabajo, tiene donde dormir, casi todos los días tiene comida y no siempre su padre le pega palizas. Además gracias a ser hijo de quién es hijo, pocos o ninguno se atreverían a meterse con él. Igual su jefe podría dañarle, el señor de los tatuajes que lleva en el rostro, que indican que pertenece a una cuadrilla ligera, aquellos que se meten en el interior de los gigantescos barcos varados en el cementerio de estos que se ha convertido una playa cercana a un lugar antes conocido como Nueva Orleans. Nailer y sus compañeros de cuadrilla tratan de rescatar cobre de los cables, o lo que encuentren de valor en aquellos titanes del mar, llegando más lejos y antes que nadie, para cumplir el cupo un día más, y evitar la pérdida de su trabajo, que les dejaría tirados en la playa, sin oficio, y sin la protección de nadie, donde tal vez pudieran sobrevivir vendiendo los servicios de su cuerpo, o alguna parte del mismo, literalmente.

Ideal para entrar en el mundo Bacigalupi, este autor que ha llegado por lo que parece para quedarse, llamando más fuerte a la puerta desde un principio de lo que nadie había hecho nunca antes en el género de la ciencia ficción, ideal decía, por ser mas accesible desde el inicio que La chica mecánica, la multipremiada primera obra del mencionado autor, este Cementerio de barcos es una de aventuras pura y dura, ambientada en la misma época, en el mismo sombrío futuro cercano en el que un brutal cambio climático, la crecida de los mares y el mal uso de los genes y la mezcla experimental con fines comerciales de ellos por parte del hombre, han cambiado por completo el mundo como lo conocíamos.

En este caso nos alejamos completamente del futuro cercano de Tailandia y alrededores de la Chica Mecánica, para centrarnos en una historia más ligera, universal con su barniz novedoso, un joven con esperanzas, en busca de un Lucky Strike que le saque del pozo, golpe de suerte que le aparecerá a la vuelta de la esquina, pero que por supuesto, y por mor del avance de lo que se nos cuenta, puede ser peor que haberse quedado como estaba.

Una historia de crecimiento, un entretenimiento adictivo de una inequívoca onda juvenil, (ojo, no confundirse, la Chica Mecánica es todo lo contrario a juvenil, como este Cementerio de Barcos en muchas de sus páginas) en la que el autor consigue sin embargo, como por ejemplo recientemente Suzanne Collins o hace más tiempo ya J.K. Rowling, una historia que gusta y gustará a todos los públicos, ya que en ella se habla de cosas importantes, como la familia, como la amistad, como el amor, como el odio, como el sufrimiento, como el honor, como el valor, como la naturaleza, como el ser humano, como los errores y los aciertos, y como muchas otras cosas de las que hablan las obras de Paolo Bacigalupi, sin lugar a dudas un autor a seguir, y a exigir.

Un mundo terrible, un mundo fascinante.

Puntuación: Notable
Soy el primero que sigo mi consejo y tras esta me he metido ya anoche 150 páginas de La chica mecánica, que había dejado en paso en su momento, una vez pasados dos o tres capítulos iniciales durillos, he de decir que no lo puedo soltar. Tal cual. (Aquí me repito, un mundo terrible, un mundo fascinante.)

PD: Me he hecho con una copia de Paisajes del Apocalípsis de la Editorial Valdemar, donde entre otros grandes como George R.R. Martin, Orson Scott Card, Gene Wolfe y un largo etc, a que no sabéis de que joven autor resulta que se incluye un relato...???

Cuidadin Trailer de V/H/S

Pintaza tiene de las de miedito del bueno, tipo tomas robadas y tal y tal. Unos que van robar una cinta de video concreta, y se encuentra con un mogollón que pa´qué....!!!

The Dark Knight Rises - Exclusive Nokia Trailer Debut [HD]

Usease el nuevo trailer de la nueva de Bats...ggggggggggggggggggaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnnnnnnnnnnnaaaaaaaaaaaaaaaaassssssssssssssssss....................¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Anatomía del sufrimiento

lunes, junio 18, 2012

domingo, junio 17, 2012

Un entretenido libro de cifi y varias buenas pelis (dos francesas, una sueca, una noruega y una indonesia) en pocas palabras

Boneshaker de Cherie Priest




















Cumple la autora con su propósito de meternos en el mundo steampunk que se inventa completamente para los hechos que nos narra, en una ciudad de Seattle que nunca existió, amenazada y atenazada por un terrible gas infeccioso durante la Guerra de Secesión. Una madre ha de ir a buscar a su hijo al interior de los muros que encierran a los infectados, y a los pocos locos supervivientes que han decidido seguir peleando por sus vidas pasadas en el interior de este preciso y efectivo infierno tunelado. Divertida a ratos, original mayormente, se lee tan fácil como poquita cosa parece mientras lo haces, acabando sin embargo con una satisfactoria sensación, lo que hace que, oye , cuando salga la siguiente de la serie que lo es, atento habrá que estar.

Puntuación: Bien
Querer será poder.



Crónica de una mentira




















Sola y unicamente por ver como le crece el entuerto a un mentiroso de medio pelo, que se va metiendo cada vez mas , cual funambulista del engaño, en una mentira que ni él ni nadie espera las dimensiones que ha de tomar, solo por eso, merece la pena ver esta pelicula. Si ademas resulta que el prota es François Cluzet, y que esta basada en hechos reales, pues que te voy a contar. Asi va el mundo.

Puntuación: Notable
Una película bien hecha.



No se lo digas a nadie



















François Cluzet protagoniza de nuevo de un entretenido thriller de esos en los que nada es lo que parece, asunto este que a los vecinos francese se les da de cine, valga el simil aprovechado. Una pareja pasandolo bien en el lago, ella desaparece. Años después....hasta ahí puedo leer.

Puntuación: Notable
Satisfactorio descubrimiento tardío.



Dinero fácil



















Buen negro sueco, adaptando la primera novela de la éxitosa Trilogía negra de Estocolomo de Jens Lapidus, que nos lleva al mundo mas allá de la ley de la capital de aquel pais del norte.
Una historia de ambiciones por encima de todo, protagonizada por un joven ajeno a este mundo, que sin embargo podría llegar a ser el peor en el suyo, con lo que su caida a lo oscuro es inevitable.
Bien hecha, bien contada, buenos interpretes para dar al espectador entretenimiento a base de sangre, mentiras y dinero fácil.

Puntuación: Bien o más.
Con un poquillo mas de mala leche hubiese ganado.




Headhunters




















Toca una noruega en este caso, grato descubrimiento, con otra historia de ambiciosos y ambiciones, que en este caso adapta novela del gran Jo Nesbo, en la que un personaje protagonista poderoso, Roger interpretado a la perfección por al para nosostros desconocido Aksel Hennie, hombre de doble vida, ve como ambas se le complican ya que elementos de ellas resultan no ser lo que parecen.  Nikolaj Coster-Waldau, al que vemos bordando su Jaime Lannister de Juego de Tronos, aquí clava su papel de igual manera. Ha nacido para estos personajes, aunque se encasille. Es aparecer en pantalla y ya sabes que nada bueno se trae entre manos. Escrita con aceptables trampas, crece sin parar para darnos goce y disfrute, mientras vemos al bueno de Roger evolucionar mirando siempre a los acontecimientos de frente, salvo cuando le llegan por detrás, o por un lado...y no digo más...descubrela...

Puntuacion: Notable
1´68 metros de buen cine.




The Raid: Redemption



















Cerramos con una de las mas esperadas pelis del año, la tremenda cinta de acción que es esta que nos llega desde la lejana Indonesia. Allá titulada Serbuan Maut, el director Gareth Evans da en el clavo con un film que ciertamente es todo lo que promete y mas. Un grupo de polis quedan atrapados en un infierno de edificio, donde vive lo peor, de lo peor, de lo peor, de lo peor de Yakarta y alrededores, entraron para tratar de cerrarlo y detener a los lideres que allá campan a sus anchas, otros lo intentaron antes, ninguno salió vivo para contarlo. Sabes los que dicen que todas las pelis de acción pura a partir de ahora se mediaran con esta..?? Pues tienen razón.

Puntuación: Sobresale
Momentazos hay muchos, pero como los dos en los que Mad Dog hace de las suyas ninguno, Que auténtico hijo de sus manos...

Domingo de cortos: La culpa

La mujer de Leo fue asesinada. Desde ese momento, Leo sólo ha podido pensar en la venganza...

Estupendo corto de David Victori para la mañana de hoy.


sábado, junio 16, 2012

Sensaciones...

Spidey es de los nuestros...

Como es de imaginar, los ladrones recibieron su merecido.

Había una vez un señor que se llamaba Alí Babá y que tenía un hermano que se llamaba Kassim. Alí Babá era honesto, trabajador, bueno, leñador y pobre. Kassim era deshonesto, haragán, malo, usurero y rico. Alí Babá tenía una esposa, una hermosa criada que se llamaba Luz de la Noche, varios hijos fuertes y tres mulas. Kassim tenía una esposa y muy mala memoria, pues nunca se acordaba de visitar a sus parientes, ni siquiera para preguntarles si se encontraban bien o si necesitaban algo. En realidad no los visitaba para que no le salieran pidiendo algo.

Un día en que Alí Babá estaba en el bosque cortando leña oyó un ruido que se acercaba y que se parecía al ruido que hacen cuarenta caballos cuando galopan. Se asustó, pero como era curioso trepó a un árbol.

Espiando, vio que eran, efectivamente, cuarenta caballos. Sobre cada caballo venía un ladrón, y cada ladrón tenía una bolsa llena de monedas de oro, vasos de oro, collares de oro y más de mil rubíes, zafiros, ágatas y perlas. Delante de todos iba el jefe de los ladrones.

Los ladrones pasaron debajo de Alí Babá y sofrenaron frente a una gran roca que tenía, más o menos, como una cuadra de alto y que era completamente lisa. Entonces el jefe de los ladrones gritó a la roca: "¡Sésamo: ábrete!". Se oyó un trueno y la roca, como si fuera un sésamo, se abrió por el medio mientras Alí Babá casi se cae del árbol por la emoción. Los ladrones entraron por la abertura de la roca con caballos y todo, y una vez que estuvieron dentro el jefe gritó: "¡Sésamo: ciérrate!". Y la roca se cerró.

"Es indudable -pensó Alí Babá sin bajar del árbol- que esa roca completamente lisa es mágica y que las palabras pronunciadas por el jefe de los ladrones tienen el poder de abrirla. Pero más indudable todavía es que dentro de esa extraña roca tienen esos ladrones su escondite secreto donde guardan todo lo que roban." Y en seguida se oyó otra vez un gran trueno y la roca se abrió. Los ladrones salieron y el jefe gritó: "¡Sésamo: ciérrate!". La roca se cerró y los ladrones se alejaron a todo galope, seguramente para ir a robar en algún lado. Cuando se pedieron de vista, Alí Babá bajó del árbol.

"Yo también entraré en esa roca -pensó-. El asunto será ver si otra persona, pronunciando las palabras mágicas, puede abrirla." Entonces, con todas las fuerzas que tenía, gritó: "¡Sésamo: ábrete!". Y la roca se abrió.

Después de tardar lo que se tarda en parpadear, se lanzó por la puerta mágica y entró. Y una vez dentro se encontró con el tesoro más grande del mundo. "¡Sésamo: ciérrate!", dijo después. La roca se cerró con Alí Babá dentro y él, con toda tranquilidad, se ocupó de meter en una bolsa una buena cantidad de monedas de oro y rubíes. No demasiado: lo suficiente como para asegurarse la comida de un año y tres meses. Después dijo: "¡Sésamo: ábrete!". La roca se abrió y Alí Babá salió con la bolsa al hombro. Dijo: "¡Sésamo: ciérrate!" y la roca se cerró y él volvió a su casa, cantando de alegría. Pero cuando su esposa lo vio entrar con la bolsa se puso a llorar.

-¿A quién le robaste eso? -gimió la mujer.

Y siguió llorando. Pero cuando Alí Babá le contó la verdadera historia, la mujer se puso a bailar con él.

-Nadie debe enterarse que tenemos este tesoro -dijo Alí Babá-, porque si alguien se entera querrá saber de dónde lo sacamos, y si le decimos de dónde lo sacamos querrá ir también él a esa roca mágica, y si va puede ser que los ladrones lo descubran, y si lo descubren terminarán por descubrirnos a nosotros. Y si nos descubren a nosotros nos cortarán la cabeza. Enterremos todo esto.

-Antes contemos cuántas monedas y piedras preciosas hay -dijo la mujer de Alí Babá.

-¿Y terminar dentro de diez años? ¡Nunca! -le contestó Alí Babá.

-Entonces pesaré todo esto. Así sabré, al menos aproximadamente, cuánto tenemos y cuánto podremos gastar -dijo la mujer.

Y agregó:

-Pediré prestada una balanza.

Desgraciadamente, la mujer de Alí Babá tuvo la mala idea de ir a la casa de Kassim y pedir prestada la balanza. Kassim no estaba en ese momento, pero sí su esposa.

-¿Y para qué quieres la balanza? -le preguntó la mujer de Kassim a la mujer de Alí Babá.

-Para pesar unos granos -contestó la mujer de Alí Babá.

"¡Qué raro! -pensó la mujer de Kassim-. Éstos no tienen ni para caerse muertos y ahora quieren una balanza para pesar granos. Eso sólo lo hacen los dueños de los grandes graneros o los ricos comerciantes que venden granos."

-¿Y qué clase de granos vas a pesar? - le preguntó la mujer de Kassim después de pensar lo que pensó.

-Pues granos... -le contestó la mujer de Alí Babá.

-Voy a prestarte la balanza -le dijo la mujer de Kassim.

Pero antes de prestársela, y con todo disimulo, la mujer de Kassim untó con grasa la base de la balanza.

"Algunos granos se pegarán en la grasa, y así descubriré qué estuvieron pesando realmente", pensó la mujer de Kassim.

Alí Babá y su mujer pesaron todas las monedas y las piedras preciosas. Después devolvieron la balanza. Pero un rubí había quedado pegado a la grasa.

-De manera que éstos son los granos que estuvieron pesando -masculló la mujer de Kassim-. Se lo mostraré a mi marido.

Y cuando Kassim vio el rubí, casi se muere del disgusto.

Y él, que nunca se acordaba de visitar a Alí Babá, fue corriendo a buscarlo. Sin saludar a nadie, entró en la casa de su hermano en el mismo momento en que estaban por enterrar el tesoro.

-¡Sinvergüenzas! -gritó-. Ustedes siempre fueron unos pobres gatos. Díganme de dónde sacaron ese maravilloso tesoro si no quieren que los denuncie a la policía.

Y se puso a patalear de rabia. Alí Babá, resignado, comprendió que lo mejor sería contarle la verdad.

-Mañana mismo iré hasta esa roca y me traeré todo a mi casa -dijo Kassim cuando terminaron de explicarle.

A la mañana siguiente, Kassim estaba frente a la roca dispuesto a pronunciar las palabras mágicas.

Había llevado 12 mulas y 24 bolsas; tanto era lo que pensaba sacar.

-¿Qué era lo que tenía que decir? -se preguntó Kassim-. Ah, sí, ahora recuerdo... Y muy emocionado exclamó: "¡Sésamo: ábrete!".

La roca se abrió y Kassim entró. Después dijo "Sésamo: ciérrate", y la roca se cerró con él dentro.

Una hora estuvo Kassim parado frente a las montañas de moneda de oro y de piedras preciosas.

"Aunque tenga que venir todos los días -pensó-, no dejaré la más mínima cosa de valor que haya aquí. Me lo voy a llevar todo a mi casa." Y se puso a morder las monedas para ver si eran falsas. Después empezó a elegir entre las piedras preciosas. "Aunque me las llevaré todas, es mejor que empiece por las más grandes, no vaya a ser que por h o por b mañana no pueda venir y me quede sin las mejores." La elección le llevó unas cinco horas. Pero en ningún momento se sintió cansado. "Es el trabajo más hermoso que hice en mi vida. Gracias al tonto de mi hermano, me he convertido en el hombre más rico del mundo." Y cuando cargó las 24 bolsas se dispuso a partir.

-¿Qué era lo que tenía que decir? -se preguntó-. Ah, sí, ahora recuerdo... Y muy emocionado dijo: "Alpiste: ábrete".

Pero la roca ni se movió.

-¡Alpiste: ábrete! -repitió Kassim.

Pero la roca no obedeció.

-Por Dios -dijo Kassim-, olvidé el nombre de la semilla. ¿Por qué no lo habré anotado en un papelito?

Y, desesperado, empezó a pronunciar el nombre de todas las semillas que recordaba: "Cebada: ábrete"; "Maíz: ábrete"; "Garbanzo: ábrete".

Al final, totalmente asustado, ya no sabía qué decir: "Zanahoria: ábrete"; "Coliflor: ábrete"; "Calabaza: ábrete".

Hasta que la roca se abrió. Pero no por Kassim sino por los cuarenta ladrones que regresaban. Y cuando vieron a Kassim, le cortaron la cabeza.

-¿Cómo habrá entrado aquí? -preguntó uno de los ladrones.

-Ya lo averiguaremos -dijo el jefe-. Ahora salgamos a robar otra vez.

Y se fueron a robar, después de dejar bien cerrada la roca.

Pero Alí Babá estaba preocupado porque Kassim no regresaba. Entonces fue a buscarlo a la roca.

Dijo "Sésamo: ábrete", y cuando entró vio a Kassim muerto. Llorando, se lo llevó a su casa para darle sepultura. Pero había un problema: ¿qué diría a los vecinos? Si contaba que Kassim había sido muerto por los ladrones se descubriría el secreto, y eso, ya lo sabemos, no convenía.

-Digamos que murió de muerte natural -dijo Luz de la Noche.

-¿Cómo vamos a decir eso? Nadie se muere sin cabeza -dijo Alí Babá.

-Yo lo resolveré -dijo Luz de la Noche, y fue a buscar a un zapatero.

Camina que camina, llegó a la casa del zapatero.

-Zapatero -le dijo-, voy a vendarte los ojos y te llevaré a mi casa.

Eso nunca -le contestó el zapatero-. Si voy, iré con los ojos bien libres.

No -repuso Luz de la Noche. Y le dio una moneda de oro.

-¿Y para qué quieres vendarme los ojos? -preguntó el zapatero.

-Para que no veas adónde te llevo y no puedas decir a nadie dónde queda mi casa -dijo Luz de la Noche, y le dio otra moneda de oro.

-¿Y qué tengo que hacer en tu casa? -preguntó el zapatero.

-Coser a un muerto -le explicó Luz de la Noche.

-Ah, no -dijo el zapatero-, eso sí que no -y tendió la mano para que Luz de la Noche le diera otra moneda.

-Está bien -dijo el zapatero después de recibir la moneda-, vamos a tu casa.

Y fueron. El zapatero cosió la cabeza del muerto, uniéndola. Y todo lo hizo con los ojos vendados. Finalmente volvió a su casa acompañado por Luz de la Noche y allí se quitó la venda.

-No cuentes a nadie lo que hiciste -le advirtió Luz de la Noche.

Y se fue contenta, porque con su plan ya estaba todo resuelto. De manera que cuando los vecinos fueron informados que Kassim había muerto, nadie sospechó nada.

Y eso fue lo que pasó con Kassim, el malo, el haragán, el de mala memoria. Pero resulta que los ladrones volvieron a la roca y vieron que Kassim no estaba. Ninguno de los ladrones era muy inteligente que digamos, pero el jefe dijo:

-Si el muerto no está, quiere decir que alguien se lo llevó.

-Y si alguien se lo llevó, quiere decir que alguien salió de aquí llevándoselo -dijo otro ladrón.

-Pero si alguien salió de aquí llevándoselo, quiere decir que primero entró alguien que después se lo llevó -dijo el jefe de los ladrones.

-¿Pero cómo va a entrar alguien si para entrar tiene que pronunciar las palabras mágicas secretas, que por ser secretas nadie conoce? -dijo otro ladrón.

Después de cavilar hasta el anochecer, el jefe dijo:

-Quiere decir que si alguien salió llevándose a ese muerto, quiere decir que antes de salir entró, porque nadie puede salir de ningún lado si antes no entra. Quiere decir que el que entró pronunció las palabras secretas.

-¿Y eso qué quiere decir? -preguntaron los otros 39 ladrones.

-¡Quiere decir que alguien descubrió el secreto! -contestó el jefe.

-¿Y eso qué quiere decir? -preguntaron los 39.

-¡Que hay que cortarle la cabeza!

-¡Muy bien! ¡Cortémosela ahora mismo!

Y ya salían a cortarle la cabeza cuando el jefe dijo:

-Primero tenemos que saber quién es el que descubrió nuestro secreto. Uno de ustedes debe ir al pueblo y averiguarlo.

-Yo iré -dijo el ladrón número 39. (El número 40 era el jefe).

Cuando el ladrón número 39 llegó al pueblo, pasó frente al taller de un zapatero y entró. Dio la casualidad de que era el zapatero que ya sabemos.

-Zapatero -dijo el ladrón número 39-, estoy buscando a un muerto que se murió hace poco. ¿No lo viste?

-¿Uno sin cabeza? -preguntó el zapatero.

-El mismo -dijo el ladrón número 39.

-No, no lo vi -dijo el zapatero.

-De mí no se ríe ningún zapatero -dijo el ladrón-. Bien sabes de quién hablo.

-Sí que sé, pero juro que no lo vi.

Y el zapatero le contó todo.

-Qué lástima -se lamentó el 39-, yo quería recompensarte con esta linda bolsita. Y le mostró una bolsita llena de moneditas de oro.

-Un momento -dijo el zapatero-, yo no vi nada, pero debes saber que los ciegos tienen muy desarrollados sus otros sentidos. Cuando me vendaron los ojos, súbitamente se me desarrolló el sentido del olfato. Creo que por el olor podría reconocer la casa a la que me llevaron.

Y agregó:

-Véndame los ojos y sígueme. Me guiaré por mi nariz.

Así se hizo. Con su nariz al frente fue el zapatero oliendo todo. Detrás de él iba el ladrón número 39. Hasta que se pararon frente a una casa.

-Es ésta -dijo el zapatero-. La reconozco por el olor de la leña que sale de ella.

-Muy bien -respondió el ladrón número 39-. Haré una marca en la puerta para que pueda guiar a mis compañeros hasta aquí y cumplir nuestra venganza amparados por la oscuridad de la noche.

Y el ladrón hizo una cruz en la puerta. Después ladrón y zapatero se fueron, cada cual por su camino. Pero Luz de la Noche había visto todo. Entonces salió a la calle y marcó la puerta de todas las casas con una cruz igual a la que había hecho el ladrón. Después se fue a dormir muy tranquila.

-Jefe -dijo el ladrón número 39 cuando volvió a la guarida secreta-, con ayuda de un zapatero descubrí la casa del que sabe nuestro secreto y ahora puedo conducirlos hasta ese lugar.

-¿Aun en la oscuridad de la noche? ¿No te equivocarás de casa? -preguntó el jefe.

-No. Porque marqué la puerta con una cruz.

-Vamos -dijeron todos.

Y blandiendo sus alfanjes se lanzaron a todo galope.

-Ésta es la casa -dijo el ladrón número 39 cuando llegaron a la primera puerta del pueblo.

-¿Cuál? -preguntó el jefe.

-La que tiene la cruz en la puerta.

-¡Todas tienen una cruz! ¿Cuántas puertas marcaste?

El ladrón número 39 casi se desmaya. Pero no tuvo tiempo porque el jefe, enfurecido, le cortó la cabeza. Y, sin pérdida de tiempo, ordenó el regreso. No querían levantar sospechas.

-Alguien tiene que volver al pueblo, hablar con ese zapatero y tratar de dar con la casa.

-Iré yo -dijo el ladrón número 38.

Y fue.

Y encontró la casa del zapatero. Y el zapatero se hizo vendar los ojos. Y le señaló la casa. Y el ladrón número 38 hizo una cruz en la puerta. Pero de color rojo y tan chiquita que apenas se veía. Después zapatero y ladrón se fueron, cada cual por su camino.

Pero Luz de la Noche vio todo y repitió la estratagema anterior: en todas las puertas de la vecindad marcó una cruz roja, igual a la que había hecho el bandido.

-Jefe, ya encontré la casa y puedo guiarlos ahora mismo -dijo el ladrón número 38 cuando volvió a la roca mágica.

-¿No te confundirás? -dijo el jefe.

-No, porque hice una cruz muy pequeña, que solo yo sé cuál es.

Y los treinta y nueve ladrones salieron a todo galope.

-Esta es la casa -dijo el ladrón número 38 cuando llegaron a la primera puerta del pueblo.

-¿Cuál? -preguntó el jefe.

-La que tiene esa pequeña cruz colorada en la puerta.

-Todas tienen una pequeña cruz colorada en la puerta -dijo el jefe de los bandidos. Y le cortó la cabeza.

Después el jefe dijo:

-Mañana hablaré yo con ese zapatero.

Y ordenó el regreso. Al día siguiente el jefe de los ladrones buscó al zapatero. Y lo encontró. Y el zapatero se hizo vendar los ojos. Y lo guió. Y le mostró la casa. Pero el jefe no hizo ninguna cruz en la puerta ni otra señal. Lo que hizo fue quedarse durante diez minutos mirando bien la casa.

-Ahora soy capaz de reconocerla entre diez mil casas parecidas.

Y fue en busca de sus muchachos.

-Ladrones -les dijo-, para entrar en la casa del que descubrió nuestro secreto y cortarle la cabeza sin ningún problema, me disfrazaré de vendedor de aceite. En cada caballo cargaré dos tinas de aceite sin aceite. Cada uno de ustedes se esconderá en una tina y cuando yo dé la orden ustedes saldrán de la tina y mataremos al que descubrió nuestro secreto y a todos los que salgan a defenderlo.

-Muy bien -dijeron los ladrones.

Los caballos fueron cargados con las tinas y cada ladrón se metió en una de ellas. El jefe se disfrazó de vendedor de aceite y después tapó las tinas.

Esa tarde los 38 ladrones entraron en el pueblo. Todos los que los vieron entrar pensaban que se trataba de un vendedor que traía 37 tinas de aceite.

Llegaron a la casa de Alí Babá y el jefe de los ladrones pidió permiso para pasar.

-¿Quién eres? -preguntó Alí Babá.

-Un pacífico vendedor de aceite -dijo el jefe de los bandidos-. Lo único que te pido es albergue, para mí y para mis caballos.

-Adelante, pacífico vendedor -dijo Alí Babá.

Y les dio albergue. Y también comida, y dulces y licores. Pero el jefe de los ladrones lo único que quería era que llegara la noche para matar a Alí Babá y a toda su familia.

Y la noche llegó.

Pero resulta que hubo que encender las lámparas.

-Nos hemos quedado sin una gota de aceite -dijo Luz de la Noche-, y no puedo encender las lámparas. Por suerte hay en casa un vendedor de aceites; sacaré un poco de esas grandes tinas que él tiene.

Luz de la Noche tomó un pesado cucharón de cobre y fue hasta la primera tina y levantó la tapa. El ladrón que estaba adentro creyó que era su jefe que venía a buscarlo para lanzarse al ataque, y asomó la cabeza.

-¡Qué aceite más raro! -exclamó Luz de la Noche, y le dio con el cucharón en la cabeza.

El ladrón no se levantó más.

Luz de la Noche fue hasta la segunda tina y levantó la tapa, y otro ladrón asomó la cabeza, creyendo que era su jefe.

-Un aceite con turbantes -dijo Luz de la Noche.

Y le dio con el cucharón. El ladrón no se levantó más. Tina por tina recorrió Luz de la Noche, y en todas le pasó lo mismo. A ella y al que estaba adentro. Enojadísima, fue a buscar al vendedor de aceite, y blandiendo el cucharón le dijo:

-Es una vergüenza. No encontré ni una miserable gota de aceite en ninguna de sus tinas. ¿Con qué enciendo ahora mis lámparas?

Y le dio con el cucharón en la cabeza.

El jefe de los ladrones cayó redondo.

-¿Por qué tratas así a mis huéspedes? -preguntó Ali Babá.

Entonces Luz de la Noche quitó el disfraz al jefe de la banda y todo quedó aclarado. Como es de imaginar, los ladrones recibieron su merecido.

Y eso fue lo que pasó con ellos.

En cuanto a Alí Babá, dicen que al día siguiente fue a buscar algunas monedas de oro a la roca, y que cuando llegó no encontró nada: la roca había desaparecido, con tesoro y todo.

Pero ésta es una versión que ha comenzado a circular en estos días, y no se ha podido demostrar.

Alí Babá y los 40 Ladrones. (Anónimo)

martes, junio 12, 2012

Diablos de polvo

Un servidor se ha empujado de dos sentadas el segundo título de la nueva línea de las gentes de Es Pop, Pulpo Negro, Diablos de polvo de Roger Smith. Con esa información dirás, pués oye, no te hago ni puto caso, ya que normalmente me fallas, o, pués oye, por algo será....por algo es damas y caballeros que puedan leer esto, porque es cojonudo...!!!




Sudafrica en la actualidad, un lugar donde la distancia entre sus distintos habitantes no se mide en kilómetros, sino en siglos. Esta esplendida frase no es mía, es de contraportada, pero es que me viene que ni pintada para introduciros en unos breves comentarios respecto al título, ya que aquí vais a poder estar con una joven con un iPod, que acude a la prueba de la virginidad para ser vendida a un cacique local, o podreis ver a un joven con Sida repartiendo folletos para concienciar a los zulús, para ayudarles a evitar el contagio, folletos en inglés claro, en una zona de Sudáfrica, Zululandia, donde este idioma no lo habla nadie mas que este voluntario...

Estas y otras incongruencias sociales, a cada cual mas terrible vistas desde nuestra lejanía, salpican y hacer crecer un libro, cuya trama principal arranca con un terrible suceso, que ha de llevar a varias personas a un inevitable destino común que ser seguiro de todo menos bueno, como malo ha de ser el camino a recorrer.

La prosa inmisericorde, que también nos dicen en contraportada, de Roger Smith, es una delicia en su hiperrealista maldad, que nos hace visitar una Sudáfrica post-apartheid que nada tiene que ver con lso que nos enseñan los programas como Españoles Con Pasta Por El Mundo o Callejeros Buscawaltraperos, aunque este segundo bucee en algunos agujeros comunes.

La prosa directa, contundente de Roger Smith, nos lleva de una urbe de las más importantes del mundo, de uno de sus más poderosos habitantes, a la feliz miseria del día a día de un hombre en su cabaña de adobe, que vive mientras puede de sus dos cabras, todo ello mientras seguimos los acontecimientos posteriores a un crimen, que nos van mostrando cual cebolla las capas de una sociedad de primer mundo, unas más podridas que otras como en cualquier lugar, pero siendo esto África amigo, ahí es nada, menudo circo...!!!

Puntuación: Sobresale
Eh, y si no te fias de mi, mira en la red otros que lo han leido, unanimidad.

O Fortuna Misheard Lyrics (Animated)

domingo, junio 10, 2012

Domingo de cortos: Love Wars



De lo mejor que he puesto este año.

En nuestra actualidad social y económica, en el interior de la Estrella de la Muerte dos soldados libran su propia batalla...

sábado, junio 09, 2012

Y esta madrugada, a las 03:00 hora española...

A mas de uno dejaba yo que rescataran estos...

Habemus rescate



Ya es oficial damas y caballeros, podeis verlo en cualquier periódico de la red, (yo lo he visto en El Pais y El Correo), España tendrá su rescate...vaya panda de ladrones e inutiles que gobiernan y gobernaran de Pancorbo pa´bajo....

Eso si, mañana que gane la Roja...

La aflicción de un viejo presidiario

Es una historia muy breve que Yves me contó una noche tras haber ido a la rada a conducir con su lancha cañonera un cargamento de condenados hasta el buque que salía hacia Nueva Caledonia.

Entre ellos se encontraba un presidiario muy viejo (setenta años por lo menos) que llevaba consigo, con toda ternura, un pobre gorrión en una jaula pequeña. Para matar el tiempo, Yves había entablado conversación con aquel viejo que, al parecer, no tenía mal aspecto y que estaba unido por una cadena a un joven grosero, burlón, que llevaba gafas de miope sobre una fina nariz descolorida.

El viejo trotamundos, detenido por quinta o sexta vez por vagabundeo y robo, decía:

-¿Cómo arreglárselas para no robar una vez que se ha comenzado; cuando no se tiene un oficio; cuando la gente no te quiere en ningún sitio? Hay que comer ¿no? Mi última condena fue por un saco de patatas que había cogido en un campo, con un látigo de carretero y una calabaza. Y yo me pregunto: ¿no podrían haberme dejado morir en Francia, en lugar de enviarme allá tan lejos, tan viejo como soy?

Y feliz al ver que alguien aceptaba escucharlo con compasión, a continuación le había mostrado a Yves lo más precioso que tenía en este mundo: una jaulita y un gorrión. Un gorrión domesticado, que conocía su voz y que durante cerca de un año, en la cárcel, había vivido subido a su hombro. ¡Ah! ¡No había sido sin esfuerzo como había conseguido el permiso para llevárselo consigo a Nueva Caledonia! Y luego, hubo que hacerle una jaula adecuada para el viaje; conseguir madera, un poco de alambre viejo y un poco de pintura verde para pintarlo todo y que estuviera bonito.

Aquí, recuerdo textualmente las palabras de Yves:

-¡Pobre gorrión! Como comida tenía en su jaula un trocito de ese pan gris que se da en las cárceles. Pero parecía encontrarse contento pese a todo; daba saltitos como cualquier otro pájaro.

Unas horas después, cuando se abordaba el buque y los presidiarios iban a embarcar en éste para el largo viaje, Yves, que se había olvidado del viejo, pasó por casualidad cerca de él.

-Tenga, cójala usted -le dijo con una voz cambiada, tendiéndole la jaula- tal vez pueda servirle para algo, o le guste…

-¡No, por supuesto! -le agradeció Yves-. Tiene que llevársela, ya sabe. Él será su pequeño compañero allá…

-¡Oh! -exclamó el viejo- él ya no está dentro… ¿No lo sabía? Él ya no está…- Y dos lágrimas de indecible aflicción le corrían por las mejillas.

Durante un vapuleo de la travesía, la puerta se había abierto, el gorrión se había asustado, se había escapado e inmediatamente después había caído al mar porque tenía un ala cortada. ¡Oh! ¡qué momento de horrible dolor! ¡Verlo forcejear y morir, arrastrado por la rápida estela del barco, y no poder hacer nada por él! En un primer momento y en un impulso muy natural, había querido gritar, pedir socorro, dirigirse incluso al mismo Yves, suplicarle… Impulso que detuvo de inmediato la reflexión, la consciencia inmediata de su degradación personal: un viejo miserable como él, ¿quién se habría apiadado de su gorrión? ¿quién habría escuchado siquiera su ruego? ¿Cómo se le podía ocurrir que detendrían el barco para repescar un gorrión que se estaba ahogando, un pobre gorrión de un presidiario? ¡Qué sueño tan absurdo!... Entonces había permanecido en silencio en su sitio, mirando cómo se alejaba sobre la espuma del mar el cuerpecillo gris que seguía bregando; se había sentido horriblemente solo, para siempre, y gruesas lágrimas, lágrimas de desesperanza solitaria y suprema le nublaban la vista, mientras que el joven de las gafas, su compañero de cadena, reía de ver a un viejo llorar.

Ahora que el pájaro ya no estaba allí, no quería conservar aquella jaula, construida con tanta solicitud para el pequeño gorrión muerto; seguía ofreciéndosela a aquel buen marino que había aceptado escuchar su historia, deseando dejarle aquel legado antes de partir para su largo y último viaje. Yves, tristemente, había aceptado el regalo, la casita vacía, para no apenar más a aquel viejo abandonado aparentando despreciar aquello que tanto trabajo le había costado.

Creo que no he sabido transmitir todo cuanto había de doloroso en este relato tal y como se me hizo.

Era por la noche, muy tarde, y estaba a punto de irme a dormir. Yo que, sin conmoverme demasiado, he contemplado en la vida no pocos dolores de gran estruendo, dramas, matanzas, me percaté con sorpresa de que aquella triste historia senil me partía el alma y terminaría incluso por perturbar mi sueño.

-Si hubiera alguna forma de enviarle otro…

-Sí -respondía Yves- yo también he pensado en eso. Comprarle un pájaro bonito en una pajarería y llevárselo mañana en la pobre jaula, si había tiempo antes de la salida. Un poco difícil. Además sólo usted podría obtener permiso para ir a la rada mañana por la mañana y subir a bordo del buque para buscar a aquel viejo del que ni siquiera conozco el nombre… Solo que.. lo encontrarían todo demasiado cómico.

-¡Oh, sí, en efecto! De que lo van a encontrar cómico, no me cabe la menor duda…

Y, por un instante, en el fondo de mí mismo yo también me reí por esta idea, risa interior que apenas se muestra. Sin embargo, no puse en práctica el proyecto: cuando me desperté a la mañana siguiente, y una vez que se esfumó la primera impresión, la cosa me pareció infantil y ridícula. Con todo, aquella aflicción no era de las que se pueden consolar con un simple juguete. Para aquel pobre y viejo presidiario, solo en el mundo, ni el más bello ave del paraíso habría podido reemplazar al humilde gorrión grisáceo, con un ala cortada, criado con pan de la cárcel, que había sabido despertar las ternuras infinitamente suaves y las lágrimas, en el fondo de un corazón endurecido, casi muerto…

La aflicción de un viejo presidiario de Pierre Loti

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...