lunes, julio 30, 2012

Babeando ando


No puedo ser más claro. Así ando con esto que acaba de llegarme de Yankilandia...fuá.....que trabajos, que edición...

Puntuation: 10 or more...

El 'récord' de Elvira Rodríguez: cinco pisos en Madrid y cobra dietas de alojamiento


¿Es posible ser propietario de cinco pisos en Madrid, vivir en la capital y cobrar dietas de alojamiento por trabajar en la misma ciudad? En el caso de Elvira Rodríguez, ex ministra de Medio Ambiente con José María Aznar y diputada del PP por Jaén, la respuesta es .
 
Rodríguez, actual presidenta de la Comisión de Economía del Congreso -el jueves arbitró la comparecencia de Rodrigo Rato por el caso Bankia-, percibe 1.823,86 euros mensuales de la Cámara Baja en concepto de "indemnización" por los "gastos de alojamiento y manutención en la capital".
 
La que fuera secretaria de Estado de Presupuestos no es la única beneficiaria de esa chirriante anomalía. Otros 63 diputados de fuera de Madrid con casa propia en la capital cobran idénticas dietas de alojamiento. Pero Rodríguez ostenta un récord imbatible: es la diputada que más viviendas posee.
 
Casada en régimen de gananciales y madre de cuatro hijos, Rodríguez tiene dos viviendas unifamiliares en Madrid, una adquirida en 1989 y la otra una década más tarde. Es también propietaria de dos apartamentos y una plaza de garaje, y de un quinto piso recibido en herencia. Todas las casas están libres de cargas hipotecarias.
 
Nacida en Madrid en 1949, la diputada por Jaén -ciudad con la que no tiene ninguna vinculación- cobra un sueldo de 6.069,04 euros mensuales. Esa cantidad incluye los 1.823,86 euros de alojamiento y manutención y otros 1.431,31 euros para gastos de representación como presidenta de la Comisión de Economía.
El pasado 28 de junio, en una entrevista en la cadena Cope, la ex ministra de Medio Ambiente afirmó que "los salarios públicos tendrán que reducirse", y abogó por la "imprescindible reforma" de la Administración. Pero la eliminación de las dietas de alojamiento para los diputados de fuera de Madrid ni siquiera está en la agenda del Congreso.
El presidente del Congreso, Jesús Posada, aseguró ayer que los diputados "están mal pagados en general". En una entrevista en el diario Abc, Posada defendió que los parlamentarios disfruten de un iPad y un iPhone con cargo a los presupuestos de la institución porque son "un instrumento útil de trabajo". El Congreso también cubre sus gastos de transporte, además de 3.000 euros anuales en taxis para los que no tienen vehículo propio.
 
Fuente:
elconfidencial.com

Trailer de Lo Imposible

Lo nuevo de J.A.Bayona con Ewan McGregor, Naomi Watts, Marta Etura, Geraldine Chaplin, Tom Holland y Dominic Power a los que pilla cierto tsunami en Tailandia. Basada en hechos reales. Buena pinta. Ganillas.

Se intensifica el apoyo internacional al grupo punk 'Pussy Riot'

Red Hot Chili Peppers y Sting interceden por las rockeras encarceladas mientras de 'The Guardian' incluía en su edición de ayer el mayor material publicado hasta ahora sobre ellas

33 años después de su debut en las páginas de 'Superlópez' vuelve 'El Supergrupo'

Francisco Pérez Navarro escribe la historia que dibuja Nacho Fernández Entrevistamos al dibujante que no descarta una aparición estelar de SuperLópez Superlópez, de Jan, cumplirá 40 años en 2013

domingo, julio 29, 2012

Void III

Nawja gigantesca.

Void II

Void

Salto al vacio (1994). Najwa Nimri

Najwa - Donde rugen los volcanes

Primer clip extraído de su nuevo album, disponible a partir desde el 8 de mayo. Rodado en Lanzarote, dirigido por Virgili Jubero.

Poster y trailer de Cloud Atlas

Lo nuevo de los Wachowski,Lana y Andy, que junto a Tom Tykwer adaptan la novela de cifi de David Mitchell, con varias historias a lo largo de cientos de años bajo el lema Todo está conectado. Mucho reparto, commo veis en el póster. Buena pinta visual, habrá que decier aquello de gggggggggggggggggggggggggaaaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaassssssssssssssssssssssssss....................... El trailer aqui.

¿Eres lo suficientemente inteligente como para trabajar en Google?

Curioso artículo al respecto en pisitoenmadrid.com

jueves, julio 26, 2012

Donnie Darko - Mad World (subtitulada)

Now is the time

Three space enthusiasts, inspired by the 50-year anniversary of John Glenn's orbit of the earth, launched a weather balloon with a message to the entire world: Now is the time for us to go back into space. Constructed largely of PVC pipe and attached with two GoPro cameras aimed at an iPhone — playing a looping video-collage of quotes and images from man's stunted odyssey to the stars — their DIY message-in-a-bottle-from-space has had at least one receptive audience member: the director's girlfriend. Watch the main video to get inspired by their message, and watch their behind the scenes video to see what may be the first marriage proposal from space.

miércoles, julio 25, 2012

Iwan Rheon (Simon de Misfits) será Ramsay Bolton en Juego de Tronos



Fichajazo, bordando como borda su papel del zumbado Simon, ni te cuento del zumbado hijo de la gran puta de Ramsay Bolton.

Comienza a rodad ya mismito para la terca temporada.

Mas info, con mas actores novedosos, en inglés aquí.

En español acá.

martes, julio 24, 2012

lunes, julio 23, 2012

Agur Batnolan (o no, ojalá..)

Hoy he visto dos pelis de Batman en el cine.

Una la que Nolan hace para sus fans, gentes que gustan de su cine, como servidor, buen cine en general, alejado de muchos clichés hollywoodienses a la vez que perfecto ejemplo de ellos. Cine que perfectamente puede gustar a una amplia mayoria de gente, más allá de que les gusten o no las pelis de este director. A este grupo de cinéfilos les gustará mayormente la peli que cierra la trilogia del Murcielago de Nolan. A muchos les gustará mucho.

Otra la que bebe de un cómic, que nos trae a un hombre llamado Bruce Wayne de día, Batman de noche y cuando hace falta, con todos sus inventos, su dinero y su mitología propia. Es de recibo decir que beber bebe, mucho y bien, del cómic original, siendo esto un acierto y su principal perjuicio a la vez, ambiguo si, como toda la peli, como el propio personaje y alrededores. Esta peli no la verán los miembros del primer grupo, los que desconocen las historias del mejor detective del mundo. Esta peli es la que no me gustó, y la que no va a gustar al fan, como servidor.


En la primera peli tenemos acción a mansalva, sorpresas a tutiplen, fotografia espectacular, una historia sin altibajos, con un ritmo aceptable y unos interpretes de recibo.

En la segunda peli estamos cuando menos siempre viendo algo irregular, que pasa de brillante a ridículo sin pestañear, lo que a veces lastra y a veces es un acierto, lenta, carente de ritmo, con los mismos estupendos interpretes, pero a la que se le ven las costuras, los finos hilos que sustentan la mezcolanza de tramas del Batman comiquero en un flojete guión siempre en equilibrio, previsible en todo momento para cualquier lector medio del cómic madre, y con un epílogo que apunta directamente al corazón del fan, con acierto y molón si, pero que no te engaña con respecto a lo que has visto, el peor de los tres Batmans de Nolan, cumplidor cierre, al que la atronadora música de Zimmer no dota de épica por más que lo intente, siendo todo lo contrario, ya que si te aislas del sonido, si quitas el disfraz, ves lo que hay debajo...

Claro está que cerrar es siempre lo más dificil, mas aún cuando los dos capítulos anteriores han sido magníficos, pero es una pena este regustillo refléxivo final que se me ha quedado, despues de encima sorprenderme gratamente con el Bane que compone el buen Tom Hardy, por el que no daba un duro, y que sin embargo con sus manos en el pecho saca jugo a un personaje que, no nos olvidemos, lleva una mascara, con lo que eso supone para interpretar.

Es una pena que en un conjunto que sin duda, sumando las tres pelis, se puede clasificar de sobresaliente, o cuando menos notable alto, la última sea la de arena.

Puntuación:
Peli para el no-fan: Sobresaliente o Notable mínimo, diversión y espectáculo asegurados.
Peli para el fan: Entre un 4 y un 6/7 siendo bondadosos.

Eso si, que no se confunda nadie, parece que el amigo Nolan abandona aunque como todos sabemos en este mundo nunca digas nunca jamás, a lo que desde aquí digo, si hay que hacer otra en modo cooperativa que me digan donde pongo mis 7 o 10 euros por adelantado, que los pongo ya mismo, incluso si no es Nolan pero mantiene este Batnolanverso, ahorita mismo bajo al cajero, con subida de IVA y todo, ya me quitaré pan, que coño, que este Batman es cojonudo.

domingo, julio 22, 2012

Domingo de cortos: Spider






Jack y Jill están siempre hiriendo los sentimientos del otro. Como decía mama: Todo es diversión y juegos hasta que alguien pierde un ojo....

Dirige Nash Edgerton, partícipe de efectos especiales de Matrix o Star Wars por ejemplo.

Impresionante.



Spider from Nash Edgerton on Vimeo.

sábado, julio 21, 2012

Lo siento, pero yo no quiero ser emperador

Lo siento.

Pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni ayudar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas.

Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.

Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura.

Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.

Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oirme, les digo: no deseperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de homres que temen seguir el camino del progreso humano.

El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá.

Soldados.

No os entreguéis a eso que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir.

Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina.

Vosotros no sois ganado, no sois máquinas, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo lo que no aman odian, los que nos aman y los inhumanos.

Soldados.

No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. El el capítulo 17 de San Lucas se lee: "El Reino de Dios no está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres..." Vosotros los hombres tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre y hermosa y convertirla en una maravilosa aventura.

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.

Luchemos por el mundo de la razón.

Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.

Soldados.

En nombre de la democracia, debemos unirnos todos.


Discurso de Charles Chaplin en El Gran Dictador

jueves, julio 19, 2012

La mejor camara de fotos del mundo mundial...???



Nolan vs Garci

Tras la aparición hace unos días del horripilante trailer, de lo que parece algo mas que infumable peli, que pergreña Jose Luis Garci con una aventura de Sherlock Holmes en Madrid, un fan se ha currado un peaso de trailer a la americana, que es como se venden las cosas, en este caso al estilo Christopher Nolan, utilizando las mismas escenas, remontandolas un poquito, un par de efectos de sonido y unas letras et voilá...!!! Estamos en otra cosa...igual de mala pero mejor presentada....

Trailer original:



Fan-trailer.



Gente con mucho tiempo, gente con mucho talento...

Yugoslavia, de la grada a la trinchera


Yugoslavia. Dentro de un año y un mes estallará la guerra. Tres mil Delije (ultras del Estrella Roja, equipo de fútbol serbio con más aficionados) esperan el tren que les llevará a Zagreb apelotonados en el andén de la Central de Belgrado. Sus voces, graves, rudas, hacen rugir la estación: ‘¡Zagreb es Serbia! ¡Zagreb es Serbia!’. La policía yugoslava, ese día extraordinaria en número, les vigila; los agentes son también, en su mayoría, serbios. Es el 13 de mayo de 1990. Siete días antes han tenido lugar las primeras elecciones regionales de Yugoslavia desde su reunificación bajo el régimen comunista en 1945. En Croacia, todavía república yugoslava y lugar al que se dirigen los ultras, el pueblo no ha titubeado: gana con claridad la Unión Democrática Croata, presidida por el nacionalista Franjo Tudjman. El nacionalismo emancipador se impone al comunismo unificador. ‘¡Mataremos a Tudjman!’’ atruena la estación de Belgrado. El tren parte a primera hora de la mañana y depositará a los tres mil Delije (héroes) en el estadio de Maksimir donde por la tarde se disputa el partido de fútbol de máxima rivalidad Dinamo de Zagreb-Estrella Roja y donde les esperan los Bad Blue Boys, ultras nacionalistas croatas. Atrás queda el andén en silencio, una calma aliviadora tras la tensión, mientras la capital croata aguarda el encontronazo. Ese día tendrá lugar un violento enfrentamiento considerado por muchos el inicio de la guerra de Yugoslavia. El choque que hará desmoronarse un país.
El día del partido la República Federativa Socialista de Yugoslavia es un estado con siete fronteras, seis repúblicas, cinco nacionalidades, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un líder. Así sobrevivió desde 1945, año en el que el Reino de serbios, croatas y eslovenos —los pueblos eslavos del sur— se reunifica bajo la batuta del Mariscal comunista Josip Broz Tito. Yugoslavia pasa a ser una organización socialista amiga de la URSS y no enemiga de EEUU. Una especia de tercera vía en la que la mano dura de Tito mantiene el comunismo como pegamento entre los pueblos y culturas que habitan el país.
La SFR Yugoslavia estaba formada por Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Montenegro, Serbia y dos provincias autónomas dentro de Serbia: Kosovo y Metohija y Vojvodina. La unificación hizo que los habitantes de estas repúblicas se mezclaran, logrando que cada una de ellas tuviera representación de todos los pueblos. Así, se viajara a donde se viajara, uno se encontraba con eslovenos, croatas, serbios, bosnios musulmanes, macedonios y montenegrinos. Esta mezcla era mucho más evidente en Bosnia, único estado sin base étnica (valga el término pese a la inexistencia de las etnias desde un punto de vista antropológico). Bosnia contenía un 44% de musulmanes, un 33% de serbios, un 18% de croatas y el resto, distintas minorías.
El asunto no duró mucho.
La muerte de Tito en 1980 inicia un potencial proceso de desmembramiento que durará toda la década. En realidad, y pese a la duración de su mandato, Tito nunca llegó a resolver cuestiones nacionales básicas. Las identidades de cada uno de los pueblos balcánicos, aunque adormecidas, siempre permanecieron latentes y fue tras la muerte del Mariscal cuando esta hibernación comenzó a desperezar. Varios factores hicieron de despertador, casi todos ellos derivados de una traumática transición al capitalismo. EEUU abrió su mercado a Yugoslavia antes que a ningún otro país del Este liberado de la URSS. Este comercio fomentó el crecimiento de la zona norte (Croacia y Eslovenia) que vieron lastradas sus economías por la improductividad del sur (Montenegro, Macedonia). Debido a esta circunstancia algunos historiadores consideran la maniobra estadounidense una estrategia bautizada como ‘revolución callada’. También las clases altas serbias estaban molestas por el injusto reparto de la riqueza con musulmanes y albaneses (estos últimos habitantes, en su mayoría, de Kosovo), de menor poder adquisitivo. Con el paso de los años la crisis se acentuó y las distintas repúblicas dejaron de cumplir sus compromisos con el Fondo Común de Yugoslavia. Croacia producía el 22% de la Industria del país, por el 6,1% de Macedonia o el 1,8% de Motenegro, mientras que Eslovenia exportaba el 28,8% de la producción yugoslava por el 1,3% de Kosovo o el 1,6% de Montenegro.
Al escenario económico se unió el político. Croatas y eslovenos entendían la democracia de una forma federalista y consideraban “artificial” la Yugoslavia unida. Por su parte, los serbios tenían una visión mucho más centralista y autoritaria. Entendían que los demás pueblos eslavos del sur están en deuda con ellos y su aspiración, aunque federal, pasaba por que todo gravitase alrededor de Belgrado.
Este paisaje fue provocando un desgaste social que fomentó las expresiones nacionalistas y la propaganda religiosa, étnica y nacional: “Nos obligan a los croatas, católicos y europeos, a vivir bajo la dominación de pueblos ortodoxos y bizantinos”, aseguraban los líderes en Zagreb. A finales de los 80 la fragmentación política de Yugoslavia era un hecho; no en el gabinete de Belgrado, que negaba cualquier conflicto, pero sí en la calle y, también, en los campos de fútbol, un microcosmos donde la guerra llevaba diez años fraguándose con escandalosa evidencia. Sólo al final de la década los políticos comenzaron a quitarse las caretas: Croacia y Eslovenia pusieron sobre la mesa sus reivindicaciones identitarias en 1989, definitivamente impulsadas por la toma del poder yugoslavo de Slobodan Milosevic.
Milosevic, serbio, comenzó a una serie de maniobras que terminaron de dar forma al independentismo de Eslovenia y Croacia. Además de cambiar la letra del himno y de utilizar el alfabeto cirílico para trámites legales (empleado sólo en Serbia), quiso renovar algunos protocolos, como los votos del Consejo (de forma que el voto de Kosovo perteneciese a Serbia) o instaurar la política de una persona un voto, aprovechando la mayoría serbia en toda la república. Enfrente, Croacia y Eslovenia. Ambas abandonaron el Congreso Extraordinario de la Liga de Comunistas de Yugoslavia celebrado en enero de 1990 —un último intento de salvar Yugoslavia— y propusieron crear una federación de seis repúblicas. Milosevic lo rechazó, pero tras semanas de negociaciones se acordó convocar, por primera vez desde la reunificación, elecciones regionales en cada una de las repúblicas. Durante las semanas en las que se llevaron a cabo estas negociaciones políticas, la calle vivía su proceso paralelo. Esos días la prensa yugoslava recogía incidentes entre jóvenes croatas y serbios, cada vez más frecuentes. En marzo, durante una marcha en Split, un joven recluta del Ejército Yugoslavo fue asesinado dentro de su tanque. La HRT, canal croata, también dio cuenta de disparos contra bases del ejército en distintos puntos del país. Con este escenario de tensión creciente llegó el día de las elecciones. Y ocurrió lo previsible: en Serbia y Montenegro ganan los líderes partidarios de la unión yugoslava y en Eslovenia y Croacia vencen los nacionalistas. La situación se hace irrespirable. Tudjman, nuevo líder croata, comienza a planear la independencia. Entre sus medidas hay algunas antiserbias, como la rebaja de categoría ciudadana a la población serbia de Croacia (que era el 12,2%). A la vez, en Belgrado, dos personas son asesinadas en una manifestación contra Milosevic y el Ejército Civil Yugoslavo (de mayoría serbia) decide involucrarse en políticas de Estado. Yugoslavia entra en hemorragia. En ese momento, en este contexto, es cuando llega el tren. El tren cargado con tres mil ultras serbios, que descienden al andén y ponen sus botas en suelo croata.




Camino de la batalla
“Era un momento muy desaconsejable para celebrar ese partido”, expresaría —meses después en un programa de la televisión croata— Sasha Kos, taxista de Zagreb y que aquel 13 de mayo se encontraba en el estadio. Los tres mil delije fueron conducidos por la policía hasta el estadio de Maksimir. Durante el trayecto hubo golpes, carreras, pedradas… Todo menos control policial sobre los ultras serbios. Los agentes contemplaban cómo ambas hinchadas recogían kilos de piedras para introducirlos en el estadio. Los ultras serbios, además, portaban ácido, que luego utilizarían para quemar las vallas de seguridad. Cuando estaban a pocos metros del estadio la situación se recrudeció. Los Bad Blue Boys, grupo ultra del Dinamo de Zagreb, entraron en escena ataviados con banderas croatas. Quemaron banderas yugoslavas y llenaron los muros de pintadas independentistas. Se produjeron las primeras peleas. Cazadoras vaqueras, cintas en la frente y ‘bombers’ naranjas se enfrentaron ante la puerta del fondo sur del estadio. Finalmente, la policía decidió abandonar los cacheos individuales y meter apresuradamente a los tres mil ultras serbios en la grada de Maksimir. Entraron cantando “¡Zagreb es Serbia!”, arrancaron una valla de publicidad donde se leía la palabra ‘Croatia’ y encendieron bengalas. Enfrente, 15.000 aficionados croatas. En el césped, los jugadores calentaban. No llegarían a disputar un solo minuto del encuentro.
La guerra llevaba años en las gradas
El fútbol yugoslavo fue el laboratorio, el mini-escenario, que recreó todo lo que después iría ocurriendo en el país. Antes que los políticos, los hinchas ya habían enarbolado las banderas del nacionalismo. Antes que los dirigentes, los aficionados ya se habían profesado odio sin tapujos. Antes que los soldados, los ultras ya se habían declarado la guerra; ya habían combatido. El fútbol en Yugoslavia fue por delante, avisó y no se le escuchó. Jonathan Wilson, periodista experto en fútbol europeo, explica que “en Europa el hooliganismo se extiende en los años 70 y 80 como una explosión social ante las desigualdades, pero en Yugoslavia adquiere un cariz político, nacionalista”. Cada estadio, cada jornada de liga, explicaba una realidad social. Cada altercado, representaba un problema político. La Yugoslavia de los 80 se puede entender a través de su fútbol. Los estadios reflejaron en esa década lo que después se trasladó a la dimensión del campo de batalla en la siguiente.
La Prva Liga —primera división yugoslava extinta en 1991— estaba compuesta por 18 equipos. En Bosnia destacaban las dos escuadras de la capital. El FK Sarajevo, campeón en dos ocasiones, es el equipo de los bosnios musulmanes. Sus ultras, los Horde Zla (Hordas del Mal) engrosaron las filas de las milicias bosnias durante la guerra. Son la máxima representación del independentismo bosnio musulmán y así lo demostraron en las gradas durante los 80, enfrentándose a los hinchas cristianos de Serbia y Croacia. El otro equipo de la capital es el FK Željezničar, equipo de la clase trabajadora y de los pocos que nació sin una base étnica, conocido como el equipo de todos. La otra realidad de Bosnia en aquella década estaba contenida en el Zrinjski Mostar, el equipo de los bosniocroatas, y en el Borac Banka Luka, la escuadra de los serbobosnios. Sus enfrentamientos incendiaban estadios y avisaban de la inestabilidad interna del país. Hoy, todos ellos siguen compitiendo en la liga bosnia.
En Croacia dos equipos representaban el ansia independentista de la república: el Hajduk Split y el Dinamo de Zagreb. Los hinchas del primero protagonizaron algunos de los capítulos de violencia más vergonzantes de la historia del fútbol. Sus ultras, la Torcida Split, pasan por ser el grupo organizado de hooligans más antiguo de Europa, fundado en 1950. El lema de sus aficionados es, “si viviera dos veces, las dos te las dedicaría”. Muchos de los miembros de la Torcida se unieron al ejército croata en la guerra de independencia. Hoy, en la entrada de su estadio, hay un mural que recuerda a los hinchas que dieron su vida en la guerra. Grada y trinchera de la mano. El Dinamo, por su parte, es, según Jonathan Wilson, “el núcleo del nacionalismo croata”. Hasta el punto de que el último presidente que tuvieron disputando la liga yugoslava fue el propio Franjo Tudjman, posterior presidente de Croacia y quien llegó a cambiar el nombre del equipo por Croacia Zagreb, enseguida reconvertido en el original Dinamo. Sus aficionados más radicales, los Bad Blue Boys —que ya aguardan en el fondo norte del Maksimir Stadium— fueron la punta de lanza del sentimiento emancipador croata, enfrentándose a los equipos serbios bajo el amparo de las banderas croatas cuando éstas todavía estaban prohibidas en los estadios. De la grada pasaron a la trinchera, y muchos de ellos formaron parte durante la guerra del ejército de su país.
Los equipos y sus seguidores dibujaban a la perfección el paisaje social de Yugoslavia. Pero el gobierno parecía negarse a verlo. Milorad Anjelic, presidente del parlamento de Belgrado, explicaba en 1990, sólo un año antes de la guerra: “Existen conflictos, pero no son serios. No nos cuestionamos la existencia de Yugoslavia. Tenemos cambios políticos y puntos de vista diferentes, pero la gente quiere una Yugoslavia unida”. No lo veía así el diputado croata Mladen Vedris, quien replicaba en una entrevista para la televisión yugoslava: “El fútbol es una forma de expresarse. Durante años hemos estado en condición de inferioridad, ha llegado el momento de la igualdad, sí, pero si no llega, ha llegado el momento de la independencia. Y si no nos la conceden, estamos ante el final de Yugoslavia”. Entre medias, Spiro Vukovic, presidente de la asociación de fútbol de Yugoslavia, trataba de poner cordura: “Confío en que el deporte haga suceder cosas positivas, los estadios no pueden ser fórums políticos, los espectáculos deportivos son para relajarse y divertirse. Esto significa que el fútbol tiene que ser algo secundario en la vida y lo primero tienen que ser la ley y el orden. Ésta es nuestra principal preocupación en los partidos”. Demasiado tarde. Hacía años que la guerra de los Balcanes había estallado en las gradas.
Días antes de la batalla entre los Delije y los Bad Blue Boys en Zagreb, el programa británico Express News Magazine viajaba a Yugoslavia para hacer un reportaje de cómo el fútbol estaba canalizando las tensiones políticas. Entrevistaron a varios hinchas anónimos y sus declaraciones mostraban que todo aquello había dejado de ser (sólo) fútbol. “Soy fan del Estrella Roja, pero también soy serbio, así que lucharé por el Reino de Serbia”, decía un joven, cazadora vaquera y media melena rubia. “Durante años las luchas fueron por el honor del Dinamo. Desde hace tiempo son por Croacia. Lucharemos contra cualquier equipo serbio”, explicaba otro treintañero de Zagreb en el programa. El reportero habla con un miembro de los Bad Blue Boys del Dinamo. “No puedo expresar con palabras lo que me hacen sentir los equipos serbios. En Inglaterra hay equipos que se odian y ultras rivales. Eso nos pasa con Torcida. Pero lo que ocurre con los serbios, eso, no creo que se pueda poner un ejemplo igual”.
Las voces no sólo eran anónimas. El capitán del Dinamo, Zvonimir Boban, también atendía al periodista británico: “El futuro del fútbol parece muy crudo aquí, si las cosas van a peor, habrá una separación, una fractura”. Faltaban sólo unos días para el partido de Maksimir y pocos meses para el inicio de la guerra. El fútbol podía hablar más alto, pero no más claro.


Los Tigres de Arkan
En la grada inferior del fondo sur los Delije rugen. El cemento de las gradas parece retumbar. Las explosiones de potentes petardos se suceden. Han venido al completo y ya están donde querían. En la grada superior hay algunos aficionados croatas. Sobre las pistas de atletismo, policías, coches de bomberos y ambulancias, preparadas por si fuera necesario. Luce el sol en Zagreb, a veces oculto por el humo de las bengalas y los botes. Queda casi una hora para el partido.
Los dos principales equipos de Serbia son el FK Partizan y el Estrella Roja, ambos de Belgrado y ambos enemigos futbolísticos irreconciliables. Se odian. Desde 1947 disputan el ‘derbi eterno’, uno de los partidos más ruidosos e intensos de Europa. Los dos equipos dominaron la liga yugoslava hasta su disolución: el Estrella Roja logró 19 campeonatos y el Partizan, once. Estos últimos nacieron como el club del Ministerio del Interior y mientras Yugoslavia se mantuvo unida fue el equipo de Belgrado más ‘yugoslavista’, sin hacer tanto hincapié en el nacionalismo serbio. Sus ultras son los Grobari (enterradores), apodo que les pusieron sus rivales del Estrella, pero que adoptaron de buen grado. Tal es la fiereza de los Grobari que de los 36 partidos que el equipo ha jugado en competiciones europeas, 25 han supuesto sanciones para el club por culpa de la violencia de sus aficionados.
El Estrella Roja, por su parte, considerado el equipo con más seguidores del país, representó siempre el nacionalismo serbio más radical. Nacido del ejército yugoslavo, sus ultras —los Delije, los mismos que llegaron en tren a la estación de Zagreb— terminaron por ser un brazo armado del Estado. A medida que Yugoslavia caminaba hacia su desintegración, Grobari y Delije radicalizaron sus posturas políticas hasta fundirse en una sola ideología: sus gradas contuvieron (y contienen) el nacionalismo serbio radical, escorado hacia la extrema derecha como respuesta al comunismo que les unió a croatas y bosnios bajo una misma bandera. Su idea es clara: Yugoslavia es Serbia, la Gran Serbia, y el resto de pueblos que compongan han de asumir su deuda, su —al fin y al cabo— inferioridad.
Ultras bosnios, croatas y también del Partizan dejaron la grada por la trinchera cuando comenzó la guerra. Mostraron que el fútbol estaba dibujando un campo de batalla que ellos mismos ocuparon cuando eclosionó. Pasaron de la grada a la trinchera con literalidad. El proceso demostró hasta qué punto el balón y el fusil fueron de la mano, hasta qué punto las banderas se descolgaron de las vallas de las curvas y se volvieron a colgar en las alambradas militares. Hasta algunos cánticos pasaron del estadio al frente. Las unidades militares y paramilitares comenzaron a surtirse de jóvenes yugoslavos hijos de la depresión, violentos y fanatizados que pasaron de patrullar las calles y los estadios a hacerlo en el campo de batalla. Invita a reflexionar qué clase de enfrentamientos protagonizaban estos hinchas. Y qué clase de odio se tenían y se tienen. Este proceso, este mimetismo entre fútbol y realidad social, alcanzó su máxima cota, su absoluta fusión, con los Delije. Por historia y tradición ellos albergaron la radicalidad nacionalista más severa, la violencia más extrema contra croatas y bosnios. Su caso es el ejemplo definitivo.
Los Delije fueron, durante los 80, el grupo ultra más numeroso, contundente y temido. Su líder era Zelijko Raznatovic, conocido como Arkan. Arkan organizaba los desplazamientos, coordinaba al grupo y su poder era tal, que llegó a ser contratado por el propio club como coordinador de seguridad. Con este panorama los Delije se hicieron con el control del equipo a finales de la década. Enseguida hasta eso se les quedó pequeño. Ante el funcionamiento cuasi militar del grupo ultra y su proclamada ideología, el presidente yugoslavo Slobodan Milosevic desvió su mirada hacia ellos cuando las tensiones en el país eran ya evidentes. La guerra entre ultras estaba a punto de dar su salto definitivo, de completar su metamorfosis. Milosevic ordenó a Jovica Stanisic, jefe del Servicio de Seguridad Estatal, que hablase con Arkan para que organizase a sus muchachos. Debían reenfocar su violencia y organización. A diferencia de los ultras croatas o del Partizan que se enrolaron voluntariamente en fuerzas militares y hoy estatuas y placas en los estadios tributan su entrega, los Delije alumbraron en su propio seno al grupo paramilitar. No hubo siquiera un paso de un sitio a otro. Hubo una conversión. El 11 de octubre de 1990 veinte ultras del Estrella Roja, comandados por Arkan y respaldados por el gobierno yugoslavo de Belgrado, crearon la Srpska Dobrovoljacka Gard (SDG), Guardia Serbia Voluntaria. Pronto serían muy conocidos, aunque con otro nombre: los Tigres de Arkan.
El ritmo de enrolamiento de Arkan fue monstruoso. En pocos meses, 10.000 simpatizantes de los Delije formaban parte de su guardia paramilitar. Un documental sobre ultras del canal Discovery Channel contiene una entrevista con un miembro de los Delije de aquella época, Petar Ilich: “En los 90 Arkan era nuestro líder, los chicos le adoraban”, explica. “Algunos se ofrecieron a ir a la guerra con él. Ellos pensaban que hacían lo correcto para Serbia. Por eso iban a luchar”.
En 1992 alcanzaron su plenitud y dejaron claro su origen: ese año, en un partido en casa del Estrella Roja, la ruidosa grada cesó repentinamente sus cánticos y en medio del insólito silencio, y ante la atónita mirada del país, una veintena de uniformados mostraron pancartas anticroatas. El fútbol completó su transformación y se convirtió, después de diez años de avisos, en guerra. El proceso se plasmó también en el otro lado: los Tigres, cuando marchaban por el campo de batalla fusil en mano, entonaban el Sbrija do Tokrija, cántico creado por los ultras del equipo tras vencer la copa Intercontinental en Tokio en 1991. La frase de George Orwell, “el fútbol es como la guerra, pero sin disparos” perdió todo su sentido.

Arkan llevaría durante la guerra a sus ultras-soldados a cometer las peores tropelías que recuerda el sangriento conflicto yugoslavo. El jefe de los ultras del Estrella, que también aguarda en el estadio de Maksimir a que comience el partido, acabaría siendo juzgado por crímenes contra la humanidad. Del asiento de la curva al del tribunal, un inaudito salto. Arkan dirigió la masacre de Bijelijna, población bosnia fronteriza con Serbia donde asesinó a un centenar de civiles y expulsó a la población no serbia. También coordinó el ataque de Zvornik, donde la población bosnia musulmana fue masacrada. Arkan fue detenido en 1999 y acusado de crímenes de guerra. El juicio nunca concluyó. El 15 de enero de 2000, en el vestíbulo del Hotel Intercontinental de Belgrado, Dobrosav Gavric, un joven policía serbio corrupto, se acercó a Arkan mientras éste charlaba con unos amigos y le disparó tres balas por la espalda. Aunque llegó vivo al hospital, murió a las pocas horas. Veinte mil personas asistieron a su entierro en Belgrado. La muerte de Arkan no terminó con los Tigres, que volvieron a actuar en Kosovo y formaron un grupo mafioso todavía activo, con presencia en España.
Antes de toda esta increíble evolución, Arkan —todavía únicamente líder ultra— mira de reojo al campo, donde aguarda la policía, y comienza a planear el ataque de sus ultras. La guerra está a punto de estallar en Zagreb, aunque en las televisiones europeas hablarán posteriormente de incidentes en un partido de fútbol.
La patada que destruyó un país
“La pasada noche estuvimos golpeando chicas serbias. Fue un verdadero placer”. Una joven croata —miembro de los Bad Blue Boys del Dinamo de Zagreb— alardea ante un periodista de un programa de la televisión yugoslava. Este reportero entrevistó a miembros de los dos grupos ultras justo antes del encuentro y el resultado es un documento revelador y de enorme valor. Recoge los testimonios de los hinchas que, minutos después, protagonizarán la pelea brutal que tuvo lugar ese día en el Maksimir Stadium de Zagreb. La batalla que, para muchos, desencadenó la guerra de Yugoslavia.
“Odiamos a Tudjman y hemos venido aquí a dejarles claro a los croatas que nunca tendrán un estado propio”, dice un cabecilla de los Delije a pie de campo. Detrás, los 3.000 ultras serbios cantan Od topole, do topole, himno de los Chetniks, una organización guerrillera nacionalista y monárquica serbia del siglo XIX y que se convirtió en el cántico anticroata por excelencia. “¿Es necesario que canten eso?”, pregunta el periodista. “Deben cantar eso”, responde el jefe ultra.
Maniac es el apodo del ultra croata que habla con el reportero. “¿Hay influencias políticas en vuestro grupo?”. “Por supuesto. Muy grandes. Todos hemos votado a la Unión Croata”, dice. Sima, ultra serbio, no se queda atrás en su entrevista: “Estoy aquí para defender el nacionalismo, los Chetniks y a los líderes serbios”. Maniac abre una luz a la esperanza: “Deberíamos luchas juntos contra hoolingans ingleses, pero…”. Los Delije la cierran: “Si vinieran hooligans ingleses lucharíamos contra ellos y contra los croatas. Los croatas deberían apreciar el honor de que les hayamos aceptado en Yugoslavia. Ahora quieren independizarse, no les perdonaremos ni lo olvidaremos nunca”, dice Sima. “¿Cómo crees que será el partido?”, le preguntan. “Sangriento”.
Cuando faltan diez minutos para el pitido inicial, comienza el horror. Algunos ultras serbios acceden a la parte superior de su grada. Enseguida son cientos y cuando los jugadores saltan al campo, en el segundo anillo del fondo sur del Maksimir se representa ya una multitudinaria pelea. Carreras, asientos volando, rezagados que reciben palizas, golpes, patadas… La policía observa desde el campo. Muchos Deije acuchillan a cuanto croata se topan. En el fondo contrario, los Bad Blue Boys estallan en cólera contra la policía, a la que acusan de absoluta pasividad. Los jugadores del Estrella Roja se retiran apresuradamente a los vestuarios pero los del Dinamo de Zagreb se quedan. Y observan la batalla. Uno de ellos es Zvonimir Boban que se acerca al cordón policial y llama la atención de los agentes. Se muestra indignado y le señala la grada, con incredulidad, a uno de los agentes. Un compañero se lo lleva, pero la imagen del jugador, con el balón en la mano observando la estremecedora pelea en la grada, pasará a la historia. No será la única ese día.
El control de la situación se pierde definitivamente cuando los ultras croatas logran saltar al campo. Entonces sí, la policía reacciona y cargan para evitar que lleguen hasta el fondo serbio. Se produce una batalla entre agentes y ultras, mientras los Delije siguen arrasando con todo. Aparecen los gases lacrimógenos y los manguerazos de agua a presión de los bomberos. Los ultras entran en efervescencia, destrozan todo lo que encuentran a su paso. Llueven las piedras. Hay varios focos de fuego. De fondo, como una macabra broma, la megafonía sigue vociferando los anuncios típicos de antes de un partido. El caos es absoluto. Es la guerra entre Croacia y Serbia.
El fotógrafo Toma Mihajlovich estaba allí en ese momento: “Nadie se sorprendió de lo que sucedió, porque esperábamos que pasara en algún momento. Para mí fue un día triste, fue un día horrible. Sentía como si estuviera perdiendo algo, sentía que algo llegaba a su fin”.
La pelea se extiende más allá de la hora. La policía se emplea a fondo para devolver a los ultras a sus gradas. Uno de los agentes persigue a un aficionado croata, que resbala y cae al suelo. En ese momento se abalanza sobre él y le golpea con una porra repetidas veces. Boban lo ve y, en un gesto inédito, arranca hacia el policía. Cuando llega a su altura salta y le pega una patada. El agente apenas reacciona, asombrado, y al instante un grupo de ultras croatas arropan al jugador y se lo llevan. Aquella patada, aquella imagen de un futbolista —diez a la espalda y botas de tacos— golpeando a un policía uniformado, quedó grabada en la memoria de los yugoslavos, fue como la campana de un round de boxeo que dio inicio a la desintegración de un país. La patada de Boban, dicen en Yugoslavia, fue el inicio de la guerra.
A partir de ese momento la policía comienza a recuperar el control. El saldo, tras 70 minutos de batalla, será de cien heridos. “Fue un partido importante en la historia de Yugoslavia. Ese partido avisó a la población, incluso a aquella a la que le daba igual el fútbol, de la guerra que llegaba”, aseguraría después el sociólogo Neven Andjelic.
Boban se convertiría desde ese momento en símbolo vivo del nacionalismo croata. “Ahí estaba yo, una cara pública preparada para arriesgar mi vida, mi carrera, todo lo que la fama puede comprar, todo por un ideal, por una causa: la causa croata“. Su frase, posterior a la agresión, es casi un lema en Zagreb. Años después se descubriría que el policía agredido era musulmán de origen bosnio. Y que perdonaría a Boban.
A los hinchas que comenzaron la guerra”
En la entrada del fondo norte del Maksimir Stadium de Zagreb hay un relieve de bronce en el que se reproduce aquella pelea. Las figuras van metamorfoseando de aficionados a soldados en una metáfora perfecta de lo que aquel incidente representó, de lo que el fútbol llegó a ser en un país. De cómo los estadios fueron frentes de batalla. De cómo las gradas, trincheras. Bajo el mural hay una frase: “Para los seguidores del equipo, que comenzaron la guerra con Serbia en este estadio el 13 de mayo de 1990”.


Fuente:
jotdown.es

miércoles, julio 18, 2012

La chica mecánica de Paolo Bacigalupi

La chica mecánica es un libro dificil.

Ojo, no me malinterpretéis, es un libro enorme, tremendo, por lo que nos cuenta, por cómo nos lo cuenta, y sobre todo porque con la suma de estas dos acciones nos lleva a un futuro, no muy lejano, ciertamente tan sombrío y desesperanzador, como certero en lo factible de su proximidad.

Y es que lo que espera al humano medio de Paolo Bacigalupi es cuando menos sobrevivir, al día sino al momento.

Ya dije en su dia, tras la lectura de El cementerio de Barcos del mismo autor, que en sus páginas se habla de cosas importantes como la familia, la amistad, el amor, el odio, el sufrimiento, el honor, el valor, la naturaleza, el ser humano en toda su decadencia y/o esplendor, con sus errores y sus aciertos, barnizados para aligerar y engañar nuestra demanda de disfrute con una buena capa de la más pura aventura, lo que a mi modo de ver convertía aquel título en un vehículo ideal para adentrarse en este personal universo, lo cual no ha de impedir que todo aquel que quiera pueda entrar por esta puerta grande.



















En esta novela que nos ocupa, La chica mecánica, inequívoca hermana mayor y pilar en torno al que ha de girar la obra futura de este premiado autor (con esta chica hizo historia y se llevó de una tacada el Hugo, Nébula y John W. Campbell Memorial a la mejor novela de ciencia ficción así como el Locus a la primera novela de ciencia ficción), esta novela que nos ocupa decía, nos lleva al mismo Siglo XXII que la otra y, tras un arranque de tres o cuatro capítulos durillos que tumbaran para su desgracia a mas de uno, presentarnos a Anderson Lake, uno de los pocos occidentales que ha obtenido permiso de trabajo y residencia en Tailandia, en su capital. Capital de un reino que se ha mantenido cerrado al extranjero, al menos a groso modo, mientras es gobernado con mano férrea por los mandamases de diferentes ministerios, enfrentados en una cada día menos oculta lucha de poder, con una Reina Niña que poco o nada pinta en el tablero, y con el odio hacia el extranjero y lo que representa enquistado en unos, mientras que otros sueñan con los beneficios de todo tipo que podría traer la entrada sin límites de un mercado exterior.

Estamos en una ciudad hostil, en un mundo más hostil donde el cambio climático ya se produjo, casi se han agotado el petróleo, el gas y el carbón, la tracción animal ha reemplazado los motores de combustión, la ingeniería genética se aplica en cultivos, animales e incluso humanos, y las multinacionales biotecnológicas controlan la principal fuente de alimentos: las semillas transgénicas.

Y hete aquí que nuestro prota no es lo que parece, ya que la fábrica que dirige es una tapadera: su misión es descubrir la reserva de semillas no modificadas de plantas desaparecidas hace muchos años en el resto del planeta, que misteriosamente se han conservado en el aislado reino asiático, y entregarla a la multinacional biotecnológica para la cual realmente trabaja....

Reparto coral, con el mencionado Anderson, con Jaidee y Kanya, empleados del Ministerio del Medio Ambiente en continua cruzada contra el exterior, Hock Seng, el superviviente nato, anciano chino que ya se librara de una masacre, y que hará lo que haga falta para seguir salvando el pescuezo, y así, entre otros, por supuesto llegamos a Emiko, La chica mecánica, el último eslabón de la ingeniería genética. Como los demás neoseres a cuya raza pertenece, fue diseñada para servir. Acusados por unos de carecer de alma, por otros de ser demonios encarnados, los neoseres son esclavos, soldados o, en el caso de Emiko, juguetes sexuales para satisfacer a los ricos.

La chica mecánica es un libro difícil, ya que disfrazado de pseudo-tecnothiller de ciencia ficción, accesible a todo tipo de lector, porque estamos aquí al ladito mismo, en el pueblo-espacio-tiempo entre Blade Runner y Mad Max, con un enredo, que produce un lio, que lleva a un follón que nos da páginas de nuevo que nos hablan de cosas importantes, las ya comentadas en el anterior acercamiento a este mundo de Bacigalupi, y además crítica social, económica y ecológica, fundamentalismo religioso, xenofobia y corrupción, ahí es nada.

La chica mecánica es un libro difícil si, difícil de encontrar. Oye, quién sabe, igual dentro de unos cuantos, no muchos años, nuestros descendientes hablen de este texto como nosotros hemos hablado de otras grandes novelas distópicas, así a bote pronto y por similitudes, Blade Runner de Dick, Hijos del los hombres de P.D.James, El rebaño ciego de John Brunner, Leyes de mercado de Richard Morgan, o una de mis lecturas favoritas de todos los tiempos, Las torres del olvido de George Turner.

Puntuación: Sobresaliente
Un mundo terrible, un mundo fascinante.

PD1: Quiero más.

PD2: Las ediciones de bolsillo que algunas editoriales están poniendo en el mercado son cada día mejores, en este caso que nos ocupa tenemos un magnífico ejemplo, ya que tras una preciosa edición de tapa dura llega una soberbia en bolsillo, 540 páginas que ni ocupan ni pesan, perfectamente maquetadas y respetando la bonita portada de la primera edición. Bien.

martes, julio 17, 2012

Campamentos infantiles... Corea del Sur



Papá ¿donde vamos de vacaciones este verano?

Ainss (suspiro), que tiempos aquellos de mis campamentos de verano. Juegos, diversión, risas y aquellos primeros pellizcos a los culos de las chicas. Yo, que siempre he sido un poco vago, lo que más odiaba de los campamentos eran las actividades deportivas. Lo de tener que correr mientras se podía estar tumbado siempre ha sido algo incomprensible para mí, y ahora, viendo como se las gastan en los campamentos de Corea del Sur, lo único que puedo agradecer es que el azar me haya situado en otro lugar.
Y es que por aquellos lares no se van con chiquitas. Cuando llega el verano, ni boys scoutts ni leches, allí lo que se lleva son los campamentos de los marines. Disciplina, rigor y ejercicio físico son el lema de estos campamentos en los que los militares les ponen las pilas a los jóvenes que han sacado malas notas, y posiblemente a los que las han sacado buenas también.








Y cuando llega el invierno, tampoco se salvan los chavales. El típico “Papá, quiero ir a la nieve”, en este país adquiere un nuevo significado. ¿Quieres nieve hijo?… Pues conozco un lugar que te va a encantar… ¡Toma nieve!






Y a todo esto, ni imaginar quiero como serán los campamentos de Corea del Norte, que siempre han pensado que sus vecinos de abajo son unos flojos.

Fuente:
taringa.net

lunes, julio 16, 2012

"Janis, the way she was" subtitulado en español completo

Que mejor para regresar a las redes tras unos días sin ir a currar que este documental, película biográfica sobre Janis Joplin, desde sus orígenes en Texas hasta Woodstock y el mega estrellato.

Muestra presentaciones de Big Brother y The Holding Company. La voz más desgarradora del rock en un documental tan conmovedor como imprescindible, con mucho material en vivo con sus distintas bandas.

Con todos ustedes:

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