miércoles, marzo 27, 2013

martes, marzo 26, 2013

Interés del Madrid por Kepa, portero del Bilbao Athletic


El futuro de Kepa Arrizabalaga como jugador del Athletic está en el aire. El internacional juvenil, que cuenta con plaza para el próximo Mundial Sub-20 y ya trabaja a las órdenes de la selección Sub-21, tiene una propuesta para incorporarse al Real Madrid a partir de la próxima temporada. El portero de Ondarroa llegaría para ser titular en el filial al tiempo que se ejercitaría con los guardametas del primer equipo. Kepa, decisivo en el último título europeo de la Sub-19, pasa por ser el guardameta de los clubes de la Liga con más proyección a corto plazo.

Los técnicos de Lezama tienen gran confianza en sus posibilidades, aunque la aparición del Madrid es una amenaza muy seria para descabalgarle del nuevo San Mamés.Arrizabalaga (18 años, 186 centímetros de altura y una extraordinaria potencia de piernas) se entrena asiduamente con el Athletic, pero todavía no ha tenido la oportunidad de jugar ningún partido oficial como rojiblanco. La temporada actual la ha pasado a caballo entre los dos filiales (19 partidos con el Basconia en Tercera División y 5 con el Bilbao Athletic en Segunda B).
Kepa tiene un contrato tipo como jugador de la cantera y una cláusula de rescisión anecdótica que varía por partidos jugados (ahora mismo está alrededor de un millón de euros).
El Athletic ha querido blindarle, pero las conversaciones con Bahía, su agencia de representación, no han dado ningún fruto. El club rojiblanco podría renovarle por tres temporadas si jugara diez partidos en Primera División, opción que no se dará este curso y que por tanto hace viable el fichaje.
Fuente: as.com

PAH


20$


lunes, marzo 25, 2013

Alma, Hija de la Violencia

Terrible documental web del fotógrafo de la agencia VU Miquel Dewever-Plana y de la periodista y escritora Isabelle Fougère.

Desgarrador testimonio de una integrante de las maras guatemaltecas que profundiza en la violencia de uno de los países más duros y violentos del planeta. Los planteamientos vitales de los integrantes de estas “pandillas” son del todo incomprensibles para alguien que vive en “nuestro mundo”; y que después de ver el documental puede continuar siéndolo. Tras años de guerra y genocidio, los territorios mayas siguen sufriendo la violencia provocada por la pobreza, el analfabetismo, el desempleo, el narcotráfico y la discriminación.

Documental este que expone de una forma cruda y sin tapujos una realidad que está ahí y que, de una forma o de otra, se respira en las calles de Guatemala. Si añadimos que, en un mundo que el imaginario siempre ha asociado a lo masculino, quien cuenta su experiencia es una mujer, el testimonio se convierte en algo desgarrador.

 El formato del audiovisual es interactivo: por un lado aparece Alma contando su experiencia en primer plano, y de forma simultánea podemos acceder a las piezas de video, fotografías, ilustraciones y animaciones que ilustran sus palabras. En todo momento podemos elegir entre ver las expresiones de la protagonista mientras cuenta la historia o las imágenes a las que evocan sus palabras.

Son cuarenta minutos de intensidad tal que requieren dedicación exclusiva. El documental es una coproducción de Upian, el canal Arte y la agencia VU; con los textos y entrevista de Isabelle Fougère, las fotografías y videos de Miquel Dewever-Plana y las ilustraciones de Hugues Micol. Miquel Deweve-Plana lleva trabajando más de diez años en las tierras mayas. Fruto de este trabajo ha publicado varios libros: La verdad bajo la tierra: Guatemala, el genocidio silenciado, Mayas, Hach winik y La otra guerra. Este último emparentado directamente con el audiovisual y que aborda esa guerra no declarada que sufre Guatemala de mano de las maras, las pandillas ultraviolentas que atemorizan y extorsionan a la población.

Todo esto teneis aquí:



Fuentes:
google.com
alma.arte.tv
equipomizar.blogspot.com.es
cienojos.org
liberacionahora.wordpress.com
wikipedia.es

Walking paper

Construyendo robots de papel que andan...

 

Bottled History

Construyendo barcos de todos los tamaños...

 
Bottled History from Smith Journal on Vimeo.

Hello


Micro Empire

Fotografiando una gota de agua...

 
Micro Empire from Clemens Wirth on Vimeo.

Hell's Kitchen S06E02 - Chef Ramsay Vs. Joseph (Uncensored)

Sim City - Game of Thrones Season 3 Launch Style

Niesamowity nokaut Karate

Selva Oscura - "Canopy Wake"

French Montana - Freaks (Explicit) ft. Nicki Minaj

domingo, marzo 24, 2013

Domingo de cortos: Croissant de Triomphe



Hete aquí el primero de la veintena de cortos que Disney tiene previsto estrenar a lo largo de este año con todos sus personajes principales al frente, en esta ocasión protagonizado por el amigo Mickey, que de visita por el mundo habrá de resolver algún pequeño marroncillo, como conseguir croissants...

 Animación 2-D recordando a los viejos grandes clásicos dirigida por Paul Rudish.

 

Domingo de cortos: La boda

Mirta es cubana y vive en Madrid. Como muchas inmigrantes trabaja en la limpieza. Hoy a las seis de la tarde se casa su hija. Pero nada sale como ella planea, y llegar a esa boda resulta mas dificil de lo que parece...




Muchos premios y nominaciones para este corto de Marina Seresesky.

Domingo de cortos: Desayuno con diadema

Un desayuno entre dos desconocidos. Un tren que pasa. ¿Se atreverán a cogerlo?

 
Desayuno con diadema. Cortometraje from Nakamura Films on Vimeo.

Rebelión en la granja (Cap.V)

Capítulo I aquí. Capítulo II aquí. Capítulo III aquí. Capítulo IV aquí.


A medida que se acercaba el invierno, Mollie se volvió más y más conflictiva. Llegaba tarde al trabajo por las mañanas con el pretexto de que se había quedado dormida, quejándose de dolencias misteriosas, aun cuando su apetito era excelente. Con cualquier excusa escapaba del trabajo para ir al bebedero, donde se quedaba parada mirando su reflejo en el agua como una boba. Pero también había rumores de algo más serio. Un día que Mollie entraba alegremente en el patio, moviendo su larga cola y mascando un tallo de heno, Clover la llamó a un lado.

—Mollie —le dijo—, tengo algo muy serio que decirte. Esta mañana te vi mirando por encima del seto que separa a «Granja Animal» de Foxwood. Uno de los hombres del señor Pilkington estaba situado al otro lado del seto. Y yo estaba a cierta distancia, pero estoy casi segura de haberte visto: él te estaba hablando y tú le permitías que te acariciara. ¿Qué significa eso, Mollie?
—¡Él no hizo nada! ¡Yo no estaba! ¡No es verdad! —gritó Mollie, haciendo cabriolas y pateando el suelo.
—¡Mollie! Mírame a la cara. ¿Puedes darme tu palabra de honor de que ese hombre no te estaba acariciando el hocico?
—¡No es verdad! —repitió Mollie, pero no podía mirar a la cara a Clover, y al instante se escapó, huyendo al galope hacia el campo.

Clover se le ocurrió algo. Sin decir nada a nadie, se fue a la cuadra de Mollie y revolvió la paja con su pata. Escondido bajo la paja, había un montoncito de terrones de azúcar y varias tiras de cintas de distintos colores. Tres días después Mollie desapareció. Durante varias semanas no se supo nada respecto a su paradero; luego las palomas informaron que la habían visto al otro lado de Willingdon. Estaba atalajada entre las varas de un coche elegante pintado de rojo y negro, que se encontraba detenido ante una taberna. Un hombre gordo, de cara colorada, con bombachos a cuadros y polainas, que parecía un tabernero, le estaba acariciando el hocico y dándole de comer azúcar. El pelaje de Mollie estaba recién cortado, y llevaba una cinta escarlata en las crines. «Daba la impresión de que estaba a gusto», dijeron las palomas. Ninguno de los animales volvió a mencionar a Mollie. En enero hizo muy mal tiempo. La tierra parecía de hierro y no se podía hacer nada en el campo. Se realizaron muchas reuniones en el granero principal; los cerdos se ocuparon en formular planes para la temporada siguiente. Se llegó a aceptar que los cerdos, que eran manifiestamente más inteligentes que los demás animales, resolverían todas las cuestiones referentes al manejo de la granja, aunque sus decisiones debían ser ratificadas por mayoría de votos. Este arreglo hubiera resultado bastante bien a no ser por las discusiones entre Snowball y Napoleón. Los dos estaban en desacuerdo en todos los puntos donde era posible que hubiera discrepancia. Si uno de ellos sugería sembrar un mayor número de hectáreas con cebada, con toda seguridad que el otro iba a exigir superior número de superficie con avena; y si uno afirmaba que tal o cual terreno estaba en buenas condiciones para el repollo, el otro decía que lo más adecuado era sembrar nabos. Cada cual tenía sus partidarios y por ello en cada Reunión se registraban debates violentos. En muchas ocasiones, Snowball con sus brillantes discursos llegaba a convencer a la mayoría pero Napoleón le ganaba, cuando se trataba de obtener apoyo al margen de las sesiones. Hecho curioso fue el sucedido con las ovejas quienes adquirieron la costumbre de balar «Cuatro patas sí, dos pies no» en cualquier momento, interrumpiendo con ello la Reunión. Y se notó que esto ocurría precisamente en momentos decisivos de los discursos de Snowball. Éste había hecho un estudio profundo de algunos números atrasados de la revista «Granjero y Ganadero» encontrados en la casa y estaba lleno de planes para realizar innovaciones y mejoras. Hablaba como un erudito, de zanjas de desagüe, ensilados y abonos básicos, y había elaborado un complicado sistema para que todos los animales dejaran caer su estiércol directamente sobre los campos, y cada día en un lugar distinto, con objeto de ahorrar el trabajo de transportarlo. Napoleón no presentó ningún plan propio, pero decía tranquilamente que los de Snowball se quedarían en nada y su actitud era la del que parece esperar algo. Pero de todas sus controversias, ninguna fue tan enconada como la que tuvo lugar respecto al molino de viento.
En la larga pradera, cerca de los edificios, había una pequeña loma que era el punto más alto de la granja. Después de estudiar el terreno, Snowball declaró que aquél era el lugar indicado para un molino de viento, con el cual se podía hacer funcionar una dinamo y suministrar electricidad para la granja. Ésta daría luz para las cuadras de los animales y las calentaría en invierno, y también haría funcionar una sierra circular, una desgranadora, una cortadora, una ordeñadora eléctrica, etc. Los animales nunca habían oído hablar de esas cosas (porque la granja era anticuada y contaba con la maquinaria más primitiva), y escuchaban asombrados aSnowball mientras éste les describía cuadros de maquinarias fantásticas que trabajarían por ellos, mientras pastaban tranquilamente en los campos o perfeccionaban sus mentes mediante la lectura y la conversación.
En pocas semanas los planos de Snowball para el molino de viento estaban completados. Los detalles técnicos provenían principalmente de tres libros que habían pertenecido al señor Jones: «Mil cosas útiles que realizar en la casa», «Cada hombre puede ser su albañil» y «Electricidad para principiantes». Como estudio, utilizóSnowball un cobertizo que en un tiempo se había usado para incubadoras y tenía un suelo liso de madera, apropiado para dibujar. Se encerraba en él durante horas enteras. Mantenía sus libros abiertos gracias a una piedra y, empuñando un pedazo de tiza, se movía rápidamente de un lado a otro, dibujando línea tras línea y profiriendo pequeños chillidos de entusiasmo. Gradualmente sus planos se transformaron en una masa complicada de manivelas y engranajes que cubrían más de la mitad del suelo, y que los demás animales encontraron completamente indescifrable, pero muy impresionante. Todos iban a mirar los planos de Snowball por lomenos una vez al día. Hasta las gallinas y los patos lo hicieron y tuvieron sumo cuidado de no pisar los trazos hechos con tiza. Únicamente Napoleón se mantenía a distancia. Él se había declarado en contra del molino de viento desde el principio. Un día, sin embargo, llegó en forma inesperada con el propósito de examinar los planos. Caminó pesadamente por allí, observó con cuidado cada detalle, y hasta olfateó en una o dos oportunidades; después se paró un rato, mientras los contemplaba de reojo; luego, repentinamente, levantó la pata, hizo aguas menores sobre los planos y se alejó sin decir palabra.
Toda la granja estaba muy dividida en el asunto del molino de viento. Snowball no negaba que la construcción significaría un trabajo difícil. Tendrían que extraer piedras de la cantera y con ellas levantar paredes, luego construir las aspas y después de todo eso, necesitarían dinamos y cables (de qué modo se obtendrían esas cosas, Snowball no lo decía). Pero sostenía que todo podría hacerse en un año. Y en adelante, declaró, se ahorraría tanto trabajo, que los animales sólo tendrían tres días laborables por semana. Napoleón, por el contrario, sostenía que la gran necesidad del momento era aumentar la producción de comestibles, y que si perdían el tiempo con el molino de viento, se morirían todos de hambre. Los animales se agruparon en dos facciones bajo los lemas: «Vote por Snowball y la semana de tres días» y «Vote por Napoleón y el pesebre lleno». Benjamín era el único animal que no se alistó en ninguno de los dos bandos. Se negó a creer que habría mas abundancia de comida o que el molino de viento ahorraría trabajo. «Con molino o sin molino —dijo—, la vida seguirá como siempre ha sido, es decir, un desastre.»
Aparte de las discusiones referentes al molino, estaba la cuestión de la defensa de la granja. Se comprendía perfectamente que aunque los seres humanos habían sido derrotados en la «Batalla del Establo de las Vacas», podrían hacer otra tentativa, más resuelta que la anterior, para recuperar la granja y restaurar al señorJones. Tenían aún mayores motivos para hacerlo, pues la noticia de la derrota se difundió por los alrededores y había vuelto a los animales más descontentos que nunca. Como de costumbre, Snowball y Napoleón estaban en desacuerdo. Según Napoleón, lo que debían hacer los animales era procurar la obtención de armas de fuego y adiestrarse en su manejo. Snowball opinaba que debían mandar cada vez más palomas y fomentar la rebelión entre los animales de las otras granjas. Uno argumentaba que si no podían defenderse estaban destinados a ser conquistados; el otro argüía que si había rebeliones en todas partes no tendrían necesidad de defenderse. Los animales escuchaban primeramente a Napoleón, luego a Snowball, y no podían decidir quién tenía razón; a decir verdad, siempre estaban de acuerdo con el que les estaba hablando en aquel momento.

Al fin llegó el día en que Snowball completó sus planos. En la Reunión del domingo siguiente se iba a poner a votación si se comenzaba o no a construir el molino de viento. Cuando los animales estaban reunidos en el granero principal, Snowball se levantó y, aunque de vez en cuando era interrumpido por los balidos de las ovejas, expuso sus razones para defender la construcción del molino. Luego Napoleón se levantó para contestar. Dijo tranquilamente que el molino de viento era una tontería y que él aconsejaba que nadie lo votara. Y se sentó, acto seguido; había hablado apenas treinta segundos, y parecía indiferente en cuanto al efecto que había producido. A continuación, Snowball se puso de pie de un salto, y gritando para poder ser oído a pesar de las ovejas, que nuevamente habían comenzado a balar, se desató en un alegato apasionado a favor del molino de viento. Hasta entonces los animales estaban divididos más o menos por igual en sus simpatías, pero en un instante, la elocuencia de Snowball los había convencido. Con frases ardientes les pintó un cuadro de cómo podría ser «Granja Animal» cuando el vil trabajo fuera aligerado de las espaldas de los animales. Su imaginación había ido mucho más allá de las desgranadoras y las segadoras. «La electricidad —dijo— podría mover las trilladoras, los arados, las rastrilladoras, los rodillos, las segadoras y las atadoras, además de suministrar a cada cuadra su propia luz eléctrica, agua fría y caliente, y un calentador eléctrico.» Cuando dejó de hablar, no quedaba duda alguna sobre el resultado de la votación. Pero inmediatamente se levantó Napoleón y, lanzando una extraña mirada de reojo a Snowball, emitió un chillido agudo y estridente como nunca se le había oído articular.

Acto seguido se escucharon unos terribles ladridos que llegaban desde fuera y nueve enormes perros que llevaban puestos unos collares tachonados con clavos, irrumpieron en el granero. Y se lanzaron directamente sobre Snowball quien saltó de su sitio con el tiempo justo para esquivar sus feroces colmillos. En un instante estaba al otro lado de la puerta con los perros tras él. Demasiado asombrados y asustados para poder decir nada, todos los animales se agolparon en la puerta para observar la persecución. Snowball huía a todo correr a través de la larga pradera que conducía a la carretera. Corría como sólo puede hacerlo un cerdo, pero los perros iban pisándole los talones. De repente patinó y pareció que iba a ser presa segura de los perros, pero apenas recuperó su equilibrio siguió corriendo más veloz que nunca aunque los sabuesos iban ganándole terreno nuevamente. Uno de ellos estaba a punto de cerrar sus mandíbulas mordiendo la cola de Snowball pero éste pudo hurtarla a tiempo, de la dentellada. Y haciendo un esfuerzo supremo logró escabullirse por un agujero del seto, poniéndose de este modo a salvo.

Silenciosos y aterrados, los animales volvieron sigilosamente al granero. También los perros retornaron dando grandes brincos. Al principio nadie pudo imaginarse de dónde procedían aquellas bestias, pero el problema fue aclarado en seguida; eran los cachorros que Napoleón había quitado a sus madres y criado en secuestro. Aunque aún no estaban completamente desarrollados, eran unos perros inmensos y fieros como lobos. No se alejaban nunca de Napoleón. Y se observó que ante él meneaban la cola como los otros perros acostumbraban hacerlo con el señor Jones.

Napoleón, con los canes tras él, subió a la plataforma que ocupara Mayor cuando pronunció su histórico discurso. Anunció que desde ese momento se habían terminado las reuniones de los domingos por la mañana. Eran innecesarias, dijo, y hacían perder tiempo. En el futuro todas las cuestiones relacionadas con el gobierno de la granja serían resueltas por una comisión especial de cerdos, presidida por él. Éstos se reunirían en consejo y luego comunicarían sus decisiones a los demás. Los animales se reunirían los domingos por la mañana para saludar la bandera, cantar «Bestias de Inglaterra» y recibir sus órdenes para la semana; pero no habría más debates. Si la expulsión de Snowball les produjo una gran impresión, este anuncio consternó a los animales. Algunos de ellos habrían protestado si hubieran dispuesto de los argumentos apropiados. Hasta Boxer estaba un poco aturdido. Apuntó sus orejas hacia atrás, agitó su melena varias veces y trató con esfuerzo de ordenar sus pensamientos; pero al final no se le ocurrió nada que decir. Algunos cerdos, sin embargo, fueron más expresivos. Cuatro jóvenes puercos de la primera fila emitieron agudos gritos de desaprobación, y todos ellos se pusieron en pie bruscamente y comenzaron a hablar al mismo tiempo. Pero, repentinamente, los perros que estaban sentados alrededor de Napoleón dejaron oír unos profundos gruñidos amenazadores y los cerdos se callaron, volviéndose a sentar. Entonces las ovejas irrumpieron con un tremendo balido de «¡ Cuatro patas sí, dos pies no! », que continuó durante casi un cuarto de hora y puso fin a todo intento de discusión.

Luego Squealer fue enviado por toda la granja para explicar las nuevas decisiones a los demás. —Camaradas —dijo—, espero que todos los animales presentes se darán cuenta y apreciarán el sacrificio que ha hecho el camarada Napoleón al cargar con este trabajo adicional. ¡No se crean, camaradas, que ser jefe es un placer! Por el contrario, es una honda y pesada responsabilidad. Nadie cree más firmemente que el camarada Napoleón el principio de que todos los animales son iguales. Estaría muy contento de dejarles tomar sus propias determinaciones. Pero algunas veces podrían ustedes adoptar decisiones equivocadas, camaradas. ¿Y dónde estaríamos entonces nosotros? Supónganse que ustedes se hubieran decidido seguir a Snowball, con sus disparatados molinos; Snowball, que, como sabemos ahora, no era más que un criminal...
—Él peleó valientemente en la «Batalla del Establo de las Vacas» —dijo alguien.
—La valentía no es suficiente —afirmó Squealer—. La lealtad y la obediencia son más importantes. Y en cuanto a la «Batalla del Establo de las Vacas», yo creo que llegará un día en el que demostraremos que el papel desempeñado por Snowball ha sido muy exagerado. ¡Disciplina, camaradas, disciplina férrea! Ésa es la consigna para hoy. Un paso en falso, y nuestros enemigos caerían sobre nosotros. Seguramente, camaradas, que ustedes no desean el retorno de Jones, ¿verdad?
Nuevamente este argumento resultó irrebatible. Claro está que los animales no querían que volviera Jones; si la realización de los debates, los domingos por la mañana, podía implicar su regreso, entonces debían suprimirse los debates. Boxer, que había tenido tiempo de coordinar sus ideas, expresó la opinión general diciendo: «Si el camarada Napoleón lo dice, debe de estar en lo cierto». Y desde ese momento adoptó la consigna: «Napoleón siempre tiene razón», además dé su lema particular: «Trabajaré más fuerte». Para entonces el tiempo había cambiado y comenzó la roturación de primavera. El cobertizo donde Snowball dibujara los planos del molino de viento fue clausurado y se suponía que los planos habían sido borrados del suelo. Todos los domingos, a las diez de la mañana, los animales se reunían en el granero principal a fin de recibir sus órdenes para la semana. El cráneo del Viejo Mayor, ya sin rastros de carne, había sido desenterrado de la huerta y colocado sobre un poste al pie del mástil, junto a la escopeta. Después de izar la bandera, los animales debían desfilar en forma reverente ante el cráneo, antes de entrar en el granero. Ya no se sentaban todos juntos, como solían hacerlo anteriormente. Napoleón, con Squealer y otro cerdo llamado Mínimus, que poseía un don extraordinario para componer canciones y poemas, se sentaban sobre la plataforma, con los nueve perros formando un semicírculo alrededor, y los otros cerdos se situaban tras ellos. Los demás animales se colocaban enfrente, en el cuerpo principal del granero. Napoleón les leía las órdenes para la semana en un áspero estilo militar, y después de cantar una sola vez «Bestias de Inglaterra», todos los animales se dispersaban.

El tercer domingo después de la expulsión de Snowball, los animales se sorprendieron un poco al oír a Napoleón anunciar que, después de todo, el molino de viento sería construido. No dio ninguna explicación por aquel cambio de parecer, pero simplemente advirtió a los animales que esta tarea extraordinaria significaría un trabajo muy duro; tal vez sería necesario reducir sus raciones. Los planos, sin embargo, habían sido preparados hasta el menor detalle. Una comisión especial de cerdos estuvo trabajando sobre los mismos, durante las últimas tres semanas. La construcción del molino, junto con otras mejoras planeadas, precisaría de dos años de trabajo.

Esa misma noche, Squealer les explicó privadamente a los otros animales que en realidad Napoleón nunca había estado en contra del molino. Por el contrario, fue él quien abogó por su construcción y el plano que dibujara Snowball sobre el suelo del cobertizo de las incubadoras en verdad fue robado de los papeles de Napoleón. El molino de viento era realmente una creación del propio Napoleón. «¿Por qué, entonces —preguntó alguien—, se manifestó él tan firmemente contra el molino? » AquíSquealer puso cara astuta. «Eso —dijo— fue sagacidad del camarada Napoleón. » Él había aparentado oponerse al molino, pero simplemente como una maniobra para deshacerse de Snowball, que era un sujeto peligroso y de nociva influencia. Ahora que Snowball había sido eliminado, el plan podía llevarse adelante sin su interferencia. «Esto —dijo Squealer— es lo que se llama táctica. » Repitió varias veces «¡Táctica, camaradas, táctica! », saltando y moviendo la cola con una risita alegre. Los animales no tenían certeza acerca del significado de la palabra, pero Squealer habló tan persuasivamente y tres de los perros que se hallaban con él, gruñeron en forma tan amenazante, que aceptaron su explicación sin hacer más preguntas.


Capítulo V de Rebelión en la granja de George Orwell



Capítulo I aquí. Capítulo II aquí. Capítulo III aquí. Capítulo IV aquí.

viernes, marzo 22, 2013

Korrika 18 Abusun

Sobre Falling Skies T2


Me he metido de un tirón media primera temporada (que había abandonado), y la segunda de Falling Skies, oyendo voces que decían que mejoraba, y que quereis que os diga, ha sido verdad...!!! Sigue siendo pelín (bastante) serie familiar y previsible en ocasiones a mas no poder, pero las tramas crecen, mejoran, la acción resulta más creible, y solo por como avanza el asunto hacia una lógica guerra de guerrillas, y hacia la propia autocondena de la raza humana con la eterna lucha de poderes, la verdad es que ha merecido la pena el visionado.



Tengo ganas de que llegue la tercera temporada en Junio, me ha resultado ciertamente entretenida como serie que ver para hacer alguna otra cosa mientras tanto.

Puntuación: Suficiente
Con mas mala leche sería mejor, pero ya no hablaríamos de lo mismo...

Voy a romper una lanza por Mou


Aunque se merece que le den la cera que busca, es el único que lo ha dicho bien alto, Del Bosque, ese noble, no se merece el premio del mejor entrenador, y no lo digo yo, lo dice el día a día de su trabajo y lo confirma la R.A.E.:


- seleccionador, ra.
1. adj. Que selecciona.
2. m. y f. Persona que se encarga de elegir los jugadores o atletas que han de intervenir en un partido o en una competición.
- entrenador, ra.
1. m. y f. Persona que entrena.

Mas allá de que es otro entrenimiento útil para los Mandos, de tal manera que los Mandados miremos hacia otro lado y nos distraigamos de hacia donde tendríamos que estar mirando, ya me jodería que le dieran a un tercero el premio por mi trabajo y el de otros compañeros y colegas...

Pan rallao


Y mientras tanto, en Aalesund....



Completamente construida a mano por mas de 30 voluntarios...

Mas de 40 metros de altura de palets....



La tradición de quema de estructuras en la Isla de Aalesund, Noruega, coincidiendo con nuestra Sanjuanada, usease en el solsticio de verano a.k.a. 24 de Junio, se volvió sinceramente espectacular con esta quema de 2010.



Mas info en las fuentes aqui:
http://www.aftenposten.no/nyheter/iriks/Bygger-tidenes-storste-bal-5331610.html#.UUwSRxye_lM
http://www.dagbladet.no/2010/06/26/nyheter/innenriks/rekord/feiring/12308559/

jueves, marzo 21, 2013

Habemus Papam (la película completa en español)



Tras la muerte de un Papa, obispos, arzobispos y cardenales de todo el mundo se reúnen en Cónclave para elegir a su sucesor. Después de varias votaciones infructuosas, que se anuncian con la salida de una humareda negra, se ve, por fin, la "fumata bianca" que indica que "habemus papam". Los fieles que se han congregado en la Plaza de San Pedro esperan con entusiasmo y fervor que el nuevo pontífice, siguiendo la tradición, se asome a una de las ventanas que dan a la plaza. Sin embargo, esperan en vano. Por alguna razón, el nuevo Papa no parece estar en condiciones de soportar el peso de tal responsabilidad. Mientras la inquietud se apodera del mundo católico, en el Vaticano, se busca desesperadamente una solución para superar la crisis.



 Nani Moretti dirige esta irregular sátira, que en cualquier caso tirando de mala leche es siempre mejor que peor.

Puntuacuión: Buena
Podría ser mejor, lo que no implica que no sea francamente disfrutable

miércoles, marzo 20, 2013

Salvo hostión mayúsculo...

....a la final deberíamos...!!!



Quitando este bicho, con todos mis respetos estos ucranianos por acá son de LEB...

(En Charleroi será diferente, que por el otro lado si que hay dos gallos...)

martes, marzo 19, 2013

Miguelanxo Prado firma mañana miercoles 20 en Joker Cómics



El autor estará firmando a partir de las 19 horas de mañana jueves 22 en la bilbaina Librería Joker de Urkijo,27

Mas info en el blog de la libreria.

Feliz día del Vader


Otro león


LA ÚNICA PROPUESTA OFICIAL HA SIDO LA DEL ATHLETIC

Amorebieta, ni una sola oferta

  • Sus representantes lo han ofrecido a media Europa sin éxito





Fernando Amorebieta no tiene, a día de hoy, ninguna oferta en firme encima de su mesa para jugar a partir de la próxima temporada. Es más, hasta ahora tan sólo ha tenido una oferta firme, oficial y seria para firmar el ventajoso contrato que persigue de cara al futuro. Esa propuesta era la de su club de siempre, el Athletic, que es el único equipo que oficialmente le ha puesto encima de la mesa un suculento contrato al que el futbolista internacional por Venezuela ni tan siquiera contestó, lo que provocó que el club bilbaíno se la retirase considerando que el silencio era una negativa.
No a nueve millones
El Athletic, euro arriba o euro abajo, le ofertó un total de 9 millones de euros netos por las cinco temporadas que hubiera firmado, si hubiese querido, claro, el central aún rojiblanco. La oferta debió ser considerada insuficiente por el jugador y sus consejeros, por lo que el Athletic se la retiró. Tras aquello, ninguna más le ha llegado, de forma oficial y concreta, al futbolista, que sigue esperando con ansiedad una propuesta que colme sus aspiraciones, lo que no parece nada sencillo.
Aquella ruptura de las negociaciones, que llegó por omisión y falta de comunicación, llegó después de zanjar de forma unilateral su relación de asesoramiento y representación con la empresa Sport Gestión, liderada por el vizcaíno Gorka Arrinda, Fernando dejó sus asuntos en manos de su hermano mayor, Kepa, en una situación que hizo recordar la misma que en su día se vivió con el otro Fernando, Llorente, quien también zanjó su relación de representación, de forma abrupta, con la empresa de Jesús Medina, su agente durante muchos años.
Sus entonces agentes habían intentado mover al futbolista por las principales Ligas europeas sin lograr encontrar un mejor pretendiente para Amorebieta, quien consideró que podía obtener un mejor contrato prescindiendo de su hasta entonces agente.
Por el momento, ni su hermano ni los representantes en los que ha delegado para intentar encontrarle acomodo han podido obtener una oferta en firme de ningún club. Cierto es que ha habido devaneos, ofrecimientos varios por parte de distintos agentes y mediadores que han actuado en nombre de Fernando Amorebieta, pero hasta ahora todo ha sido en vano, intentos que no han fructificado.
Dos millones limpios al año
Su intención parece ser la de asegurarse unos ingresos mínimos de 2 millones anuales netos, poco más de lo que rechazó del Athletic, pero es algo complicado encontrar un contrato así en las grandes Ligas. No tanto en Ligas lejanas y emergentes, principalmente Rusia o Ucrania, donde ahora mismo se está manejando más dinero que en otros lados.
Al parecer, Amorebieta desea jugar en la Premier, lo mismo que ocurría con Llorente, pero no es nada sencillo encontrar un club que le pague lo que pide ya que esos emolumentos solo se pagan en los grandes de Inglaterra y ninguno de ellos se ha planteado ficharle. Podría encontrar acomodo en algún club menor de la Premier, pero siempre rebajando sus pretensiones económicas.
Opciones lejanas
Tampoco parece sencillo que algún equipo de las otras Ligas potentes de Europa, Bundesliga, Serie A o Ligue 1 francesa se avengan a contratarle en las cifras que pretende, según han podido comprobar los emisarios que le ofrecen en su nombre.
Cierto es que han salido a la luz un buen número de equipos, todos ellos de escaso pedigrí europeo, pero en ningún caso han sido dichos clubes los que se han dirigido al jugador, sino que han sido los emisarios que hablan en su nombre los que han intentado sondear la posibilidad de que Amorebieta recale en algún club de cierto pedigrí europeo.
Así las cosas, las únicas opciones viables, y por el momento sin una oferta en firme, se encontrarían en Ligas lejanas y escasamente atractivas como Rusia o Turquía, cuyo único señuelo sería el tener un contrato suculento, a priori.
Entretanto, Fernando sigue en Lezama, ahora sin poder entrenar ni jugar por una lesión, cada día un poco más intranquilo viendo que pasa el tiempo y que nada conoce en torno a su futuro.

Fuente:
marca.com

Cómo empezar una revolución


Estupendo documental, que en su día vi en siempre recomendable programa Documentos TV, (que es de donde cojo parte de texto y de donde se subió el video a youtube),para traeros una historia sobre el poder de la gente para cambiar el mundo y sobre un hombre que durante más de 50 años ha ayudado a los pueblos a derrocar a sus dictadores. Su nombre es Gene Sharp y aunque él sea un desconocido en muchos lugares del mundo, sus 198 métodos para hacer una revolución han encendido la mecha en varios rincones del planeta.

Desde muy joven, su formación le llevó a querer transformar el mundo en un lugar mejor y a dejarlo en mejores condiciones que cuando lo encontró. Tenía muy claro que la mejor manera de luchar contra los regímenes autoritarios era hacerlo a través de la resistencia no violenta. Su sencillo manual "De la dictadura a la democracia”, traducido a 30 idiomas, ha traspasado fronteras clandestinamente. Las últimas tecnologías lo han extendido como la pólvora y su idea de que existe una poderosa alternativa al conflicto violento ha prendido en revoluciones como la serbia, la ucraniana, la iraní o las más actuales de la “primavera árabe”.
“Como empezar una revolución” ilustra con testimonios y archivo, algunas de las formas de rebelión como el boicot económico, la desobediencia civil o las protestas, aplicadas en diferentes contextos políticos. Los activistas de las revoluciones serbia, ucraniana o la egipcia nos cuentan cómo siguieron los métodos de Gene Sharp y derrocaron a sus tiranos. Combatieron con armas económicas, psicológicas y sociales, la lucha más poderosa contra la opresión, la injusticia y la violencia.
Los actuales líderes de las revoluciones árabes, que en este momento se están llevando a cabo, cuentan cómo las teorías de Sharp calan en el pueblo y provocan, que la gente oprimida pueda alcanzar la libertad de forma autosuficiente.Las teorías de este erudito americano de 83 años continúan transmitiéndose masivamente en la actualidad a través de internet. Desde Birmania a Túnez, los logros han sido incuestionables y gobiernos como el de Venezuela o Irán le han acusado de trabajar para la CIA, en favor de la política expansionista de Estados Unidos.
Sin mas, juzgad vosotros mismo viendo este indispensable documento que os dejo en español aquí abajo:


Sitio oficial aquí.

domingo, marzo 17, 2013

Video de Soldados Españoles golpeando a prisioneros durante la guerra en Irak

Asi se buscan las armas de destrucción masiva....Diez años después del inicio de la guerra de Irak salen a la luz las pruebas del maltrato infligido a dos reclusos locales.


Un general que ocupó durante cuatro años el más alto mando de las Fuerzas Armadas solía presumir, con cierta temeridad, de que ninguno de los miles de militares españoles que en el último cuarto de siglo han desarrollado misiones en el exterior ha hecho nada de lo que haya que avergonzarse. Lo decía después de que se conocieran imágenes de marines estadounidenses orinando sobre cadáveres o soldados alemanes mofándose de calaveras en Afganistán. Hasta ahora, se ha visto a los militares españoles repartiendo comida a los niños o curando a civiles en zonas de conflicto. También, aunque menos, se les ha visto combatir. Todo eso lo han hecho. En cambio, no se les ha visto nunca infligir malos tratos a prisioneros. Y muchos preferirían que nunca se les viera hacerlo. Pero eso no significa que no haya sucedido.

El vídeo que hoy se difunde a través de el diario El Pais muestra a cinco soldados españoles entrando en una celda. En el suelo, sobre una manta, con dos botellas de agua a su lado, hay un hombre. Uno de los soldados le ordena a gritos que se incorpore. El hombre, postrado, no parece entenderle. A su lado hay otro detenido que a mitad de la grabación, que dura 40 segundos, es arrojado sobre el primero. Tres de los soldados la emprenden a patadas con ambos. Otros dos observan desde la puerta de la celda. Un sexto graba la escena. Uno de los militares los patea con especial saña. En dos ocasiones parece a punto de marcharse, pero se vuelve para descargar toda la fuerza de su bota sobre los cuerpos indefensos. De las víctimas solo se escuchan jadeos y gemidos. Un militar, que durante la paliza se ha quedado mirando desde el quicio de la puerta, comenta al final: "¡Jo! A este se lo han cargado ya".
La escena está grabada en Diwaniya, la base principal de las tropas españolas en Irak, en los primeros meses de 2004. La participación en la guerra de Irak, de cuyo inicio se cumple una década el próximo día 20, tiene algo que la hace radicalmente diferente a la de Bosnia o Afganistán: no solo se hizo sin el aval de la ONU y con la abrumadora oposición de la opinión pública española, sino que llevó a los militares españoles a colaborar con las fuerzas estadounidenses de ocupación. Ante el vacío de poder dejado por la disolución del Estado iraquí y del partido Baaz de Sadam Husein, la llamada CPA (Autoridad Provisional de la Coalición), en la que había oficiales y diplomáticos españoles por decisión del entonces presidente José María Aznar, se convirtió en Gobierno ocupante.

"Para hacer cumplir las leyes impuestas por la CPA" y puesto que "las fuerzas de la coalición representan la ley y el orden en Irak", en septiembre de 2003, solo un mes después de que llegase a Irak la Brigada Plus Ultra, con 1.300 españoles, se distribuyó entre sus mandos un documento de la Sección de Inteligencia del Estado Mayor titulado Procedimiento de detención y actuación con el personal detenido. La guía, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, ordenaba que "durante y después de la detención se empleara la violencia mínima imprescindible" y que se mantuviera "en todo momento el respeto a los derechos del detenido". Los motivos para practicar una detención eran muy amplios. "Cualquier persona puede ser detenida si crees que representa una amenaza contra las fuerzas de la coalición" o si "tienes la sospecha razonable de que ha cometido un delito", se instruía a los militares. El manual incluía un catálogo de derechos del detenido y advertía de que "no podrá invocarse circunstancia alguna como justificación de la tortura o de otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes". Tampoco nadie podía ser sometido, "durante su interrogatorio, a violencia, amenanazas o cualquier otro método de interrogación que menoscabe su capacidad de decisión o juicio". Lo que no existía es control judicial alguno, y el propio manual confiaba en "el buen juicio y sentido común" del oficial al mando.

Los detenidos por delitos comunes eran entregados a la policía local iraquí, a través de la policía militar de EE UU; mientras que los detenidos por delitos contra la coalición (es decir, los insurgentes) eran conducidos al Centro de Detención de Brigada de Base España.

Fuente y mas info:
 http://politica.elpais.com/politica/2...

Los Croods en una frase



Divertida peli familiar que nos hemos zampado en sesión matinal, visualmente preciosa en lo colorido e imaginativo, tecnicamente brillante como estamos acostumbrados en la animación de hoy en día, con lo que, aunque la historia sea sencillita, ñoña y típica, los familias que busquen pasar un buen rato se la gozaran con el imparable ritmo frenético que rodea la salida de la cueva de Los Croods.

Domingo de cortos: El viejo Samurai





La vida es un instante, esto lo sabían muy bien los samurais que arriesgaban su vida continuamente y, este corto titulado “The Old Samurai”, lo refleja perfectamente. El corto de 6 minutos, escrita y dirigida por Benjamin Wong, se centra en un guerrero envejecido, perseguido por su pasado al que debe enfrentar a su futuro.
Sin ningún tipo de dialogo, se mezcla la acción y el sentimiento de una  historia que se cuenta únicamente a través de la música y las imágenes.
“Después de una vida de guerra, un viejo samurai tiene el reto de enfrentarse a su pasado joven y ambicioso, su adversario más digno. La batalla es inminente, pero el pasado podría ser la ruina del viejo samurai.”




sábado, marzo 16, 2013

Su Ta Gar - Jo Ta Ke

Tijeritas - Vuela que vuela

Rebelión en la granja (Cap.IV)

Capítulo I aquí. Capítulo II aquí. Capítulo III aquí.


Para fines de verano, la noticia de lo ocurrido en la «Granja Animal» se había difundido por casi todo el condado. Todos los días, Snowball y Napoleón enviaban bandadas de palomas con instrucciones de mezclarse con los animales de las granjas colindantes, contarles la historia de la Rebelión y enseñarles los compases de «Bestias de Inglaterra».
Durante la mayor parte de ese tiempo, Jones permanecía en la taberna «El León Colorado», en Willingdon, quejándose a todos los que quisieran escucharle, de la monstruosa injusticia que había sufrido al ser arrojado de su propiedad por una banda de animales inútiles. Los otros granjeros se solidarizaron con él, aunque no le dieron demasiada ayuda. En su interior, cada uno pensaba secretamente si no podría en alguna forma transformar la desgracia de Jones en beneficio propio. Era una suerte que los dueños de las dos granjas que lindaban con «Granja Animal» estuvieran siempre enemistados. Una de ellas, que se llamaba Foxwood, era una granja grande, anticuada y descuidada, cubierta de arboleda, con sus campos de pastoreo agotados y los cercados en un estado lamentable. Su propietario, el señor Pilkington, era un agricultor señorial e indolente que pasaba la mayor parte del tiempo pescando o cazando, según la estación. La otra granja, que se llamaba Pinchfield, era más pequeña y estaba mejor cuidada. Su dueño, un tal Frederick, era un hombre duro, astuto, que estaba siempre pleiteando y tenía fama de hábil negociador. Los dos se odiaban tanto que era difícil que se pusieran de acuerdo, ni aun en defensa de sus propios intereses. Ello no obstante, ambos estaban completamente asustados por la rebelión de la «Granja Animal» y muy ansiosos por evitar que sus animales llegaran a saber mucho del acontecimiento. Al principio, aparentaban reírse y desdeñar la idea de unos animales administrando su propia granja. «Todo este asunto se terminará de la noche a la mañana», se decían. Afirmaban que los animales en la «Granja Manor» (insistían en llamarla «Granja Manor» pues no podían tolerar el nombre de «Granja Animal»), se peleaban continuamente entre sí y terminarían muriéndose de hambre. Pasado algún tiempo, y cuando los animales evidentemente no perecían de hambre, Frederick y Pilkington cambiaron de tono y empezaron a hablar de la terrible maldad que florecía en la «Granja Animal». Difundieron el rumor de que los animales practicaban el canibalismo, se torturaban unos a otros con herraduras calentadas al rojo y practicaban el amor libre. «Ése es el resultado de rebelarse contra las leyes de la Naturaleza», sostenían Frederick y Pilkington.
Sin embargo, nunca se dio mucho crédito a estos cuentos. Rumores acerca de una granja maravillosa de la que se había expulsado a los seres humanos y en la que los animales administraban sus propios asuntos, continuaron circulando en forma vaga y falseada, y durante todo ese año se extendió una ola de rebeldía en la comarca. Toros que siempre habían sido dóciles se volvieron repentinamente salvajes; había ovejas que rompían los cercados y devoraban el trébol; vacas que volcaban los baldes cuando las ordeñaban; caballos de caza que se negaban a saltar los setos y que lanzaban a sus jinetes por encima de sus orejas. A pesar de todo, la tonada y hasta la letra de «Bestias de Inglaterra» eran conocidas por doquier. Se habían difundido con una velocidad asombrosa. Los seres humanos no podían detener su furor cuando oían esta canción, aunque aparentaban considerarla sencillamente ridícula. No podían entender, decían, cómo hasta los animales mismos se atrevían a cantar algo tan deleznable. Cualquier animal que era sorprendido cantándola, se le azotaba en el acto. Sin embargo, la canción resultó irreprimible: los mirlos la silbaban en los vallados, las palomas la arrullaban en los álamos y hasta se reconocía en el ruido de las fraguas y en el tañido de las campanas de las iglesias. Y cuando los seres humanos la escuchaban, temblaban secretamente, pues presentían en ella un augurio de su futura perdición.
A principios de octubre, cuando el maíz había sido cortado y entrojado y parte del mismo ya había sido trillado, una bandada de palomas cruzó a toda velocidad y se posó, muy excitada, en el patio de «Granja Animal». Jones y todos sus peones, con media docena más de hombres de Foxwood y Pinchfield, habían atravesado el portón y se aproximaban por el sendero hacia la casa. Todos esgrimían palos, exceptuando a Jones, que marchaba delante con una escopeta en la mano. Evidentemente iban a tratar de reconquistar la granja.
Esta eventualidad, hacía tiempo que estaba prevista y, en consecuencia, se habían adoptado las precauciones necesarias. Snowball, que había estudiado las campañas de Julio César en un viejo libro, hallado en la casa, estaba a cargo de las operaciones defensivas. Dio las órdenes rápidamente y en contados minutos, cada animal ocupaba su puesto de combate.
Cuando los seres humanos se acercaron a los edificios de la granja, Snowball lanzó su primer ataque. Todas las palomas —eran unas treinta y cinco— volaban sobre las cabezas de los hombres y los ensuciaban desde lo alto; y mientras los hombres estaban preocupados eludiendo lo que les caía encima, los gansos, escondidos detrás del seto, los acometieron picoteándoles las pantorrillas furiosamente. Pero aquélla era una simple escaramuza con el propósito de crear un poco de desorden, y los hombres ahuyentaron fácilmente a los gansos con sus palos. Snowball lanzó la segunda línea de ataque: Muriel, Benjamín y todas las ovejas, con Snowball a la cabeza, avanzaron embistiendo y achuchando a los hombres desde todos los lados, mientras Benjamín se volvió y comenzó a repartir coces con sus patas traseras. Pero, de nuevo los hombres, con sus palos y sus botas claveteadas, fueron demasiado fuertes para ellos, y repentinamente, al oírse el chillido de Snowball, que era la señal para retirarse, todos los animales dieron media vuelta y se metieron, por el portón, en el patio.
Los hombres lanzaron un grito de triunfo. Vieron —es lo que imaginaron— a sus enemigos en fuga y corrieron tras ellos en desorden. Eso era precisamente lo queSnowball esperaba. Tan pronto como estuvieron dentro del patio, los tres caballos, las tres vacas y los demás cerdos, que habían estado al acecho en el establo de las vacas, aparecieron repentinamente detrás de ellos, cortándoles la retirada. Snowball dio la señal para la carga. Él mismo acometió a Jones. Éste lo vio venir, apuntó con su escopeta e hizo fuego. Los perdigones dejaron su huella sangrienta en el lomo de Snowball, y una oveja cayó muerta. Sin vacilar un instante, Snowball lanzó sus quince arrobas contra las piernas de Jones, que fue a caer sobre una pila de estiércol mientras la escopeta se le escapó de las manos. Pero el espectáculo más aterrador lo ofrecía Boxer, encabritado sobre sus cuartos traseros y coceando como un semental con sus enormes cascos herrados. Su primer golpe lo recibió en la cabeza un mozo de la caballeriza de Foxwood, quedando tendido exánime en el barro. Al ver este cuadro, varios hombres, dejaron caer sus palos e intentaron escapar. Pero los agarrotó el pánico y, al momento, los animales estaban corriendo tras ellos por todo el patio. Fueron corneados, coceados, mordidos, pisados. No hubo ni un animal en la granja que no se vengara a su manera. Hasta la gata saltó repentinamente desde una azotea sobre la espalda de un vaquero y le clavó sus garras en el cuello, haciéndole gritar horriblemente. En el momento en que la salida estuvo clara, los hombres se alegraron de poder escapar del patio y huir como un rayo hacia el camino principal. Y así, a los cinco minutos de su invasión, se hallaban en vergonzosa retirada por la misma vía de acceso, con una bandada de gansos picoteándoles las pantorrillas a lo largo de todo el camino.
Todos los hombres se habían ido, menos uno. Allá en el patio, Boxer estaba empujando con la pata al mozo de caballeriza que yacía boca abajo en el barro, tratando de darle vuelta. El muchacho no se movía.
—Está muerto —dijo Boxer tristemente—. No tuve intención de hacerlo. Me olvidé de que tenía herraduras. ¿Quién va a creer que no hice esto adrede?
—Nada de sentimentalismo, camarada —gritó Snowball, de cuyas heridas aún manaba sangre—. La guerra es la guerra. El único ser humano bueno es el que ha muerto.
—Yo no deseo quitar una vida, ni siquiera humana —repitió Boxer con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Dónde está Mollie? —inquirió alguien.
En efecto, faltaba Mollie. Por un momento se produjo una gran alarma; se temió que los hombres la hubieran lastimado de alguna forma, o tal vez que se la hubiesen llevado consigo. Al final, la encontraron escondida en su casilla, en el establo, con la cabeza enterrada en el heno del pesebre. Se había escapado tan pronto como sonó el tiro de la escopeta. Y, cuando los otros retornaron de su búsqueda, se encontraron con que el mozo de caballeriza, que en realidad sólo estaba aturdido, se había repuesto y huido. Los animales se congregaron muy exaltados, cada uno contando a voz en grito sus hazañas en la batalla. En seguida se realizó una celebración improvisada de la victoria. Se izó la bandera y se cantó varias veces «Bestias de Inglaterra», y luego se le dio sepultura solemne a la oveja que murió en la acción, plantándose una rama de espino sobre su tumba. En dicho acto Snowball pronunció un discurso, recalcando la necesidad de que todos los animales estuvieran dispuestos a morir por «Granja Animal», si ello fuera necesario.
Los animales decidieron unánimemente crear una condecoración militar: «Héroe Animal, de Primer Grado», que les fue conferida en ese mismo instante a Snowball yBoxer. Consistía en una medalla de bronce (en realidad eran unos adornos de bronce para caballerías encontrados en el guadarnés}, que debía usarse los domingos y días de fiesta. También se creó la de «Héroe Animal, de Segundo Grado», qué le fue otorgada, póstumamente, a la oveja muerta.
Se discutió mucho acerca del nombre que debía dársele a la batalla. Al finarse la llamó la «Batalla del Establo de las Vacas», pues fue allí donde se realizó la emboscada. La escopeta del señor Jones fue hallada en el barro y se sabía que en la casa había proyectiles. Se decidió colocar la escopeta al pie del mástil, como si fuera una pieza de artillería, y dispararla dos veces al año; una vez, el cuatro de octubre, aniversario de la «Batalla del Establo de las Vacas», y la otra, el día de San Juan, aniversario de la Rebelión.


Capítulo IV de Rebelión en la granja de George Orwell



Capítulo I aquí. Capítulo II aquí. Capítulo III aquí.

Petición para que el departamento de Cultura del Gobierno Vasco no elimine el Bono Cultura

Porque la producción artística y cultural se encuentra muy debilitada y no podemos permitir que las campañas que funcionan  y que estimulan la cultura desaparezcan..

Firmas aquí.

Comparte...!!!


jueves, marzo 14, 2013

Le clip vidéo et la chanson de la Korrika 2013





Xabi Solano et le groupe Esne Beltza ont fait la chanson et le clip vidéo de la prochaine Korrika, la course relais en faveur de la langue basque.

miércoles, marzo 13, 2013

No toi


Falto unos días, volveré.

martes, marzo 12, 2013

Ahora a por la final



Jaia hemos tenido en la cancha, de 20 dije y ha sido de más, ahora a por la final, que las semis son del mismo pelo..!!!

lunes, marzo 11, 2013

Presunto culpable (y de propina El tunel)



Presunto culpable es un documental que mediante el caso de Jose Antonio Zuñiga y su lucha contra el sistema penal y judicial de Mexico, desde la Carcel de Oriente de Ciudad de Mexico y los Tribunales de Justicia de la misma ciudad, nos permite ver lo alucinante de los entresijos de aquel pais.

Y es que el amigo es acusado de homicidio, pero es inocente, lo cual en Mexico no basta para ser libre...

Censurado, prohibido, ambiguo, oscuro, popular, un documento para no perderse.

Os lo dejo íntegro, con subtitulos ingleses, aquí:


Puntuación: Sobresale

Mas info en la Wikipedia aqui.

El otro documental, El tunel, del mismo equipo también merece la pena.

Diferencias en el sistema judicial mexicano...

Helo aquí:

sábado, marzo 09, 2013

Rebelión en la granja (Cap.3)

Capítulo I aquí.  Capítulo II aquí.


¡Cuánto trabajaron y sudaron para entrar el heno! Pero sus esfuerzos fueron recompensados, pues la cosecha resultó incluso mejor de lo que esperaban.
A veces el trabajo era duro; los aperos habían sido diseñados para seres humanos y no para animales, y representaba una gran desventaja el hecho de que ningún animal pudiera usar las herramientas que obligaban a empinarse sobre sus patas traseras. Pero los cerdos eran tan listos que encontraban solución a cada problema. En cuanto a los caballos, conocían cada palmo del terreno y, en realidad, entendían el trabajo de segar y rastrillar mejor que Jones y sus hombres. Los cerdos en verdad no trabajaban, pero dirigían y supervisaban a los demás. A causa de sus conocimientos superiores, era natural que ellos asumieran el mando. Boxer Cloverenganchaban los atalajes a la segadora o a la rastrilladora (en aquellos días, naturalmente, no hacían falta frenos o riendas) y marchaban resueltamente por el campo con un cerdo caminando detrás y diciéndoles: «Arre, camarada» o «Atrás, camarada», según el caso. Y todos los animales, incluso los más humildes, laboraron para aventar el heno y amontonarlo. Hasta los patos y las gallinas trabajaban yendo de un lado para el otro, todo el día a pleno sol, transportando manojitos de heno en sus picos. Al final terminaron la cosecha invirtiendo dos días menos de lo que generalmente tardaban Jones y sus peones. Además, era la cosecha más grande que se había visto en la granja. No hubo desperdicio alguno; las gallinas y los patos con su vista penetrante habían levantado hasta el último brote. Y ningún animal de la estancia había robado ni tan siquiera un bocado.
Durante todo el verano, el trabajo en la granja anduvo como sobre ruedas. Los animales eran felices como jamás habían imaginado que podrían serlo. Cada bocado de comida resultaba un exquisito manjar, ya que era realmente su propia comida, producida por ellos y para ellos y no repartida en pequeñas porciones y de mala gana por un amo gruñón. Como ya no estaban los inútiles y parasitarios seres humanos, había más comida para todos. Se tenían más horas libres también, a pesar de la inexperiencia de los animales. Claro está que se encontraron con muchas dificultades, por ejemplo: cuando cosecharon el maíz, tuvieron que pisarlo al estilo antiguo y eliminar los desperdicios soplando, pues la granja no tenía desgranadora, pero los cerdos con su inteligencia y Boxer con sus poderosos músculos los sacaban siempre de apuros. Todos admiraban a Boxer. Había sido un gran trabajador aun en el tiempo de Jones, pero ahora más bien semejaba tres caballos que uno; en determinados días parecía que todo el trabajo descansaba sobre sus forzudos hombros. Tiraba y arrastraba de la mañana a la noche y siempre donde el trabajo era más duro. Había acordado con un gallo que, éste, lo despertara media hora antes que a los demás, y efectuaba algún trabajo voluntario donde hacía más falta, antes de empezar la tarea normal de todos los días. Su respuesta para cada problema, para cada contratiempo, era: « ¡Trabajaré más fuerte! »; era como un estribillo personal.
Pero cada uno actuaba conforme a su capacidad. Las gallinas y los patos, por ejemplo, recuperaron cinco fanegas de maíz durante la cosecha, recogiendo los granos perdidos. Nadie robó, nadie se quejó de su ración; las discusiones, peleas y envidias que eran componente natural de la vida cotidiana en los días de antaño, habían desaparecido casi por completo. Nadie eludía el trabajo, o casi nadie. Mollie, en verdad, no era muy diligente para levantarse por la mañana, y tenía la costumbre de dejar el trabajo temprano, alegando que se le había introducido una piedra en el casco. Y el comportamiento de la gata era algo raro. Pronto se notó que cuando había trabajo, no se la encontraba. Desaparecía durante horas enteras, y luego se presentaba a la hora de la comida o al anochecer, cuando cesaba el trabajo, como si nada hubiera ocurrido. Pero siempre presentaba tan excelentes excusas y ronroneaba tan afablemente, que era imposible dudar de sus buenas intenciones. El viejo Benjamín, el burro, parecía no haber cambiado desde la rebelión. Hacía su trabajo con la misma obstinación y lentitud que antes, nunca eludiéndolo y nunca ofreciéndose tampoco para cualquier tarea extra. No daba su opinión sobre la rebelión o sus resultados. Cuando se le preguntaba si no era más feliz, ahora que ya no estaba Jones, se limitaba a contestar: «Los burros viven mucho tiempo. Ninguno de ustedes ha visto un burro muerto». Y los demás debían conformarse con tan misteriosa respuesta.
Los domingos no se trabajaba. El desayuno se tomaba una hora más tarde que de costumbre, y después tenía lugar una ceremonia que se cumplía todas las semanas sin excepción. Primero se izaba la bandera. Snowball había encontrado en el guadarnés un viejo mantel verde de la señora Jones y había pintado en blanco sobre su superficie un asta y una pezuña. Y esta enseña era izada en el mástil del jardín, todos los domingos por la mañana. La bandera era verde, explicó Snowball, para representar los campos verdes de Inglaterra, mientras que el asta y la pezuña significaban la futura República de los Animales, que surgiría cuando finalmente lograran derrocar a la raza humana. Después de izar la bandera, todos los animales se dirigían en tropel al granero principal donde tenía lugar una asamblea general, a la que se conocía por la Reunión. Allí se planeaba el trabajo de la semana siguiente y se suscitaban y debatían las decisiones a adoptar. Los cerdos eran los que siempre proponían las resoluciones. Los otros animales entendían cómo debían votar, pero nunca se les ocurrían ideas propias. Snowball y Napoleón eran, sin duda, los más activos en los debates. Pero se notó que ellos dos nunca estaban de acuerdo; ante cualquier sugerencia que hacía el uno, podía descontarse que el otro estaría en contra. Hasta cuando se decidió reservar el pequeño campo de detrás de la huerta como hogar de descanso para los animales que ya no estaban en condiciones de trabajar, hubo un tormentoso debate con referencia a la edad de retiro correspondiente a cada clase de animal. La Reunión siempre terminaba con la canción «Bestias de Inglaterra», y la tarde la dedicaban al ocio.
Los cerdos hicieron del guadarnés su cuartel general. Todas las noches, estudiaban herrería, carpintería y otros oficios necesarios, en los libros que habían traído de la casa. Snowball también se ocupó en organizar a los otros, en lo que denominaba Comités de Animales. Para esto, era incansable. Formó el Comité de producción de huevos para las gallinas, la Liga de las colas limpias para las vacas, el Comité para reeducación de los camaradas salvajes (cuyo objeto era domesticar las ratas y los conejos), el Movimiento pro-lana más blanca para las ovejas, y otros muchos, además de organizar clases de lectura y escritura. En general, estos proyectos resultaron un fracaso. El ensayo de domesticar a los animales salvajes, por ejemplo, falló casi de raíz. Siguieron portándose prácticamente igual que antes, y cuando eran tratados con generosidad se aprovechaban de ello. La gata se incorporó al Comité para la reeducación y actuó mucho en él durante algunos días. Cierta vez la vieron sentada en la azotea charlando con algunos gorriones que estaban fuera de su alcance. Les estaba diciendo que todos los animales eran ya camaradas y que cualquier gorrión que quisiera podía posarse sobre su garra; pero los gorriones prefirieron abstenerse.
Las clases de lectura y escritura, por el contrario, tuvieron gran éxito. Para otoño casi todos los animales, en mayor o menor grado, tenían alguna instrucción. Los cerdos ya sabían leer y escribir perfectamente. Los perros aprendieron la lectura bastante bien, pero no les interesaba leer otra cosa que los siete mandamientos.Muriel, la cabra, leía un poco mejor que los perros, y a veces, por la noche, acostumbraba a hacer lecturas para los demás, de los recortes de periódicos que encontraba en la basura. Benjamín leía tan bien como cualquiera de los cerdos, pero nunca ejercitaba sus capacidades. Por lo que él sabía, dijo, no había nada que valiera la pena de ser leído. Clover aprendió el abecedario completo, pero no podía unir las palabras. Boxer no pudo pasar de la letra D. Podía trazar en la tierra A, B, C, D, con su enorme casco, y luego se quedaba parado mirando absorto las letras con las orejas hacia atrás, moviendo a veces la melena, tratando de recordar lo que seguía, sin lograrlo jamás. En varias ocasiones, es cierto, logró aprender E, F, G, H, pero cuando lo consiguió, fue para descubrir que había olvidado A, B, C y D. Finalmente decidió conformarse con estas cuatro letras, y solía escribirlas una o dos veces al día para refrescar la memoria. Mollie se negó a aprender más de las seis letras que componían su nombre. Las formaba con mucha pulcritud con pedazos de ramas, y luego las adornaba con una flor o dos y caminaba a su alrededor admirándolas.
Ningún otro animal de la granja pudo pasar de la letra A. También se descubrió que los más estúpidos como las ovejas, las gallinas y los patos eran incapaces de aprender de memoria los siete mandamientos. Después de mucho meditar, Snowball declaró que los siete mandamientos podían reducirse a una sola máxima expresada así: «¡Cuatro patas sí, dos pies no!». Esto, dijo, contenía el principio esencial del Animalismo. Quien lo hubiera entendido a fondo estaría asegurado contra las influencias humanas. Al principio, las aves hicieron ciertas objeciones pues les pareció que también ellas tenían solamente dos patas; pero Snowball les demostró que no era así.
—Las alas de un pájaro —explicó— son órganos de propulsión y no de manipulación. Por lo tanto deben considerarse como patas. La característica que distingue al hombre es la «mano», útil con el cual comete todos sus desafueros.
Las aves no acabaron de entender la extensa perorata de Snowball pero aceptaron sus explicaciones y hasta los animales más insignificantes se pusieron a aprender la nueva máxima de memoria. «¡Cuatro patas sí, dos pies no! » fue inscrita en la pared del fondo del granero, encima de los siete mandamientos y con letras más grandes. A las ovejas les encantó y cuando se la aprendieron de memoria la balaban una y otra vez, hasta cuando descansaban tendidas sobre el campo y su «¡Cuatro patas sí, dos pies no!», se oía por horas enteras, repetido incansablemente.
Napoleón no se interesó por los comités creados por Snowball. Dijo que la educación de los jóvenes era más importante que cualquier cosa que pudiera hacerse por los adultos. Entretanto sucedió que Jessie Bluebell habían parido poco después de cosechado el heno. Entre ambas, habían dado a la Granja nueve cachorros robustos. Tan pronto como fueron destetados, Napoleón los separó de sus madres, diciendo que él se haría cargo de su educación. Se los llevó a un desván, al que sólo se podía llegar por una escalera desde el guadarnés, y allí los mantuvo en tal grado de reclusión, que el resto de la granja pronto se olvidó de su existencia.
El misterio del destino de la leche se aclaró pronto: se mezclaba todos los días en la comida de los cerdos. Las primeras manzanas ya estaban madurando, y el césped de la huerta estaba cubierto de fruta caída de los árboles. Los animales creyeron, como cosa natural, que aquella fruta sería repartida equitativamente; un día, sin embargo, se dio la orden de que todas las manzanas caídas de los árboles debían ser recolectadas y llevadas al guadarnés para consumo de los cerdos. A poco de ocurrir esto, algunos animales comenzaron a murmurar, pero en vano. Todos los cerdos estaban de acuerdo en este punto, hasta Snowball y Napoleón. Squealer fue enviado para dar las explicaciones necesarias.
—Camaradas —gritó—, imagino que no supondréis que nosotros los cerdos estamos haciendo esto con un espíritu de egoísmo y de privilegio. Muchos de nosotros, en realidad, tenemos aversión a la leche y a las manzanas. A mí personalmente no me agradan. Nuestro único objeto al comer estos alimentos es preservar nuestra salud. La leche y las manzanas (esto ha sido demostrado por la Ciencia, camaradas) contienen substancias absolutamente necesarias para la salud del cerdo. Nosotros, los cerdos, trabajamos con el cerebro. Toda la administración y organización de esta granja depende de nosotros. Día y noche estamos velando por vuestra felicidad. Por vuestro bien tomamos esa leche y comemos esas manzanas. ¿Sabéis lo que ocurriría si los cerdos fracasáramos en nuestro cometido? ¡Jonesvolvería! Sí, ¡Jones volvería! Seguramente, camaradas —exclamó Squealer casi suplicante, danzando de un lado a otro y moviendo la cola—, seguramente no hay nadie entre vosotros que desee la vuelta de Jones.
Ciertamente, si había algo de lo que estaban completamente seguros los animales, era de no querer la vuelta de Jones. Cuando se les presentaba de esta forma, no sabían qué decir. La importancia de conservar la salud de los cerdos, era demasiado evidente. De manera que se decidió sin discusión alguna, que la leche y las manzanas caídas de los árboles (y también la cosecha principal de manzanas cuando éstas maduraran) debían reservarse para los cerdos en exclusiva.

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