miércoles, abril 30, 2014

Comienza el Thinking Football segunda edición


Llega mañana la inauguración de la segunda edición del festival Thinking Football con dos películas. 
A las 19:30 se proyectará First Among Equals, sobre la vida de Laurie Cunnigham y a las 20:30 The Class of 92, documental sobre los llamados Fergie Boys, (Beckham, Giggs, Scholes, los hermanos Neville y David May), con la presencia en la sala de este último, David May, campeón de Europa en 1999.


Todo ello en Sala BBK (Gran vía 19) con entrada libre hasta llenar aforo.

martes, abril 29, 2014

Laporte deja el Athletic y ya es jugador del Barsa por 36 kilos


O eso aseguran diversos medios,(aquí, aquí o en el Twitter de la Liga BBVA) ya que asi lo dijo Txefe Guerrero, el hermano de Julen, anoche en este video de Telebilbao. (min.56):


lunes, abril 28, 2014

La furia del aprendiz y La furia del cursor de Jim Butcher


Me he devorado del tirón, y me he quedado con muchas, pero que muchas, muchas ganas de más, la entrega segunda y tercera de la serie del mundo de Alera de Jim Butcher, de cuyo mas que notable primer libro hablé brevemente hace ya un tiempo aquí.

Que gozada, que buenos que son..!!

Estamos sin duda ante un magnífico divertimento puro sin complejos, en el que vale todo en modo sálvese quien pueda lanzándose al más difícil todavía, si eso hace que la trama avance, (y como avanza...!!), a l avez que el mundo en el que nos movemos cada vez crece más y más, y los personajes se desarrollan imparables, desde nuestro superprota, a todo el resto de multiples secundarios con peso específico en la historia.

Fantasía, épica y acción a raudales, en un primer libro de estos dos con una amenaza principal terrible y todopoderosa en dos frentes, y en un segundo con una guerra brutal a tres o cuatro bandas, mientras tramas y subtramas que nacen en la primera entrega, en la segunda o en la tercera, nos van llevando de intriga en intriga, de alianza en alianza o de traición a traición.

No pretendo decir nada sobre la sipnósis de los libros para que todo aquel que se acerque vaya descubriendo esta desinhibida aventura como la he descubierto yo, tras una lectura sin ningún tipo de información, y espero que muchos los que se acerquen a esta historia y RBA, tras el paso atrás que ha dado con esta línea de fantasia y ciencia ficción, siga con la publicación del resto de la serie, ya que pese a ser novelas con una trama autoconclusiva troncal, quedan infinidad de cosas por contar, y estoy deseando escucharlas...!!!

Puntuación: Sobresaliente.




Ojo, que llega Wolfcop...


domingo, abril 27, 2014

Domingo de cortos: Lobos


El colectivo audiovisual Niños Cabra vuelve a retratar la cruda realidad social en el cortometraje Lobos, dirigido por Daniel Ortiz y Javier Díaz e interpretado por actores malagueños, como Miguel Zurita, Antonio Caparrós, Antonio Martín, Carmen Baquero, Susana Almahano, Mari Carmen Fernández y Mercedes Verdugo, entre otros. 

Lobos está inspirado en hechos reales –documentado con expedientes judiciales y con decenas de testimonios de personas relacionadas con la banca– y pone su punto de mira en las reuniones a puerta cerrada que se realizan a los directivos de sucursales de alguna de las entidades financieras más importantes del país y en los métodos de presión para la venta de productos financieros. Habla también del mobbing, del enchufismo, de cómo algunas inspecciones de trabajo están "apalabradas" con los bancos y de muchas más cosas que apenas son publicadas en los medios de comunicación.



Fuente del texto:
laopiniondemalaga.es

Vaya Semanita - Katxi y la reportera de la BBC

Lo que llevamos del Capi de Remender por estos lares en una frase


Que bueno es leer a Remender, si fué una jartada con Frankencastle, estupendo y con chicha desarrollada con Imposibles X Force que sigue al mismo nivel como Imposibles Vengadores, está siendo más que entretenido con el Capi, (con lo difícil que era cogerlo tras el soberbio etapón de Brubaker), pero Remender es pura imaginación y divertimento,así que se ha soltado aún mas llevandose al personaje a donde le ha dado la gana, primero a la cañera Dimensión Z,  para luego metérnosla con Nuke, mientras pone en escena al Clavo de Hierro chungo ese, y se saca esta viñeta que vale su peso en oro.

Pntuación: Se me saltan las lágrimas.

jueves, abril 24, 2014

Top 10 Plays of the 2013-2014 Season


Kutxabank dará un crédito de entre 500 o 600 mil euros al Bilbao Basket



Tras el nuevo fiasco con los pagarés no cobrados de ayer, parece que ahora habrá algo de tela vía Kutxabank  (por aquello de que alguien cobre algo rapidito...), con el empujón aval de la Diputación y Ayuntamiento de Bilbao...

La noticia en elcorreo.com

La noticia en eldesmaquebizkaia.com

La noticia en elmundo.com

Primer comunicado de la Célula Armada de Putas Histéricas

Primer comunicado de la Célula Armada de Putas Histéricas from CAPH on Vimeo.

Zu Zara Nagusia! #zuzaranagusia

B.S.O. de Juno XXXIV: Ellen Page - Zub Zub

B.S.O. de Juno XXXIII: Yo La Tengo - You Can Have It All

B.S.O. de Juno XXXII: Trío Los Panchos - Bésame Mucho

B.S.O. de Juno XXXI: Mateo Messina - The Lorings


De esto tampoco hay video, lo podéis escuchar en groveshark aquí.

B.S.O. de Juno XXX: Buddy Holly - Learning the game

B.S.O. de Juno XXIX: Kimya Dawson - All I Want Is You

B.S.O. de Juno XXVIII: Astrud Gilberto - Once I Loved

B.S.O. de Juno XXVII: Mateo Messina - Meet the McGuffs

B.S.O. de Juno XXVI: Jr. James & The Late Guitar - I´m into something good


De este tema no hay vídeo disponible en ningun lugar, lo podéis escuchar en grooveshark aquí.

B.S.O. de Juno XXV: The Bristols - Little Baby

B.S.O. de Juno XXIV: Kimya Dawson - Viva La Persistence

B.S.O. de Juno XXIII: Mateo Messina - Go Fly A Kite

B.S.O. de Juno XXII: Belle & Sebastian - My Wandering Days Are Over

B.S.O. de Juno XXI: Barry Louis Polisar - Me and you

B.S.O. de Juno XX: Kimya Dawson - 20th Century Fox Fanfare

B.S.O. de Juno XIX: Michael Cera & Ellen Page - Anyone Else But You

B.S.O. de Juno XVIII: Antsy Pants - Vampire

B.S.O. de Juno XVII: The Moldy Peaches - Anyone Else But You

B.S.O. de Juno XVI: The Velvet Underground - I'm Sticking With You

B.S.O. de Juno XV: Kimya Dawson & Antsy Pants - Tree Hugger

B.S.O. de Juno XIV: Cat Power - Sea of love

B.S.O. de Juno XIII: Kimya Dawson - So nice so smart

B.S.O. de Juno XII: Mott The Hopple - All the young dudes

B.S.O. de Juno XI: Belle & Sebastian - Expectations

B.S.O. de Juno X: Kimya Dawson - Sleep

B.S.O. de Juno IX: Sonic Youth - Superstar

B.S.O. de Juno VIII: Kimya Dawson - Loose Lips

B.S.O. de Juno VII: Belle & Sebastien - Piazza, New York Catcher

B.S.O. de Juno VI: Kimya Dawson - Tire Swing

B.S.O. de Juno V: Mateo Messina - Up The Spout

B.S.O. de Juno IV: Buddy Holly - Dearest

B.S.O. de Juno III: The Kinks - A Well Repected Man

B.S.O. de Juno II: Kimya Dawson - My Rollercoaster [Juno Film Version]

B.S.O de Juno I: Barry Louis Polisar - All I Want Is You

Las aventuras de Flesh Gordon


Simpática parodia erótico festiva de Flash Gordon, en la que el terrorífico Rayo-Sexo que apunta a la tierra causará toda clase de problemas, por lo que un jugador de futbol, Flesh Gordon, ha de viajar al planeta Porno para detener los planes del propietario de dicho rayo, Wang el Pervertido....

 Aquí os la dejo, para vuestro goce y disfrute.

 

martes, abril 22, 2014

Hitler se entera de la Boda Roja

Ya que con los nuevos capítulos de la cuarta temporada de la serie basada en Canción de Hielo y Fuego, Juego de Tronos, vuelve el tema a estar de actualidad, aquí os dejo al inefable Hitler, cuando se entera de lo que acontece en la tercera temporada, en la Boda Roja....juas juas que te juas....

 

miércoles, abril 16, 2014

martes, abril 15, 2014

domingo, abril 13, 2014

Whaligoë


Estamos en el Siglo XIX, donde un escritor medio exitoso pagado de si mismo, en horas bajas o más , y su musa, que ya no le produce la pasión que debiera ni la recibe a su vez, llegan huyendo de Londres de algún tipo de lio de lio de faldas, a una aldea de la Escocia profunda costera, donde por azares del destino resulta que vive huyendo de la fama que aquellos persiguen el escritor mas famoso del momento en la populosa capital británica....

Una vaporosa presencia fantasmagórica femenina recorre por la noches el cementerio de la aldea...

Los gallos pelean y mueren entre apuestas en la arena, mientras los hombre igual de gallardos o más o menos tratan de conquistar a las mujeres de la aldea o de fuera de ella...

Secretos, verdades, rencores y odios salen a la luz con el detonante que supone la llegada de nuestros dos forasteros protagonistas al entorno local,  en una delicia de cómic, con un dibujo que solo puedo catalogar como precioso en su totalidad, expresivo en sus rostros, de narración precisa y fluida, acompañado de un bonito, exquisito color.

Todo ello al servicio de un guión soberbio, un guión, una historia que merece, que pide a gritos ser recitada en las tablas de algún teatro clásico, o adaptado a la gran pantalla por algún director inglés de mano firme y gusto por el buen cine de adaptación decimonónica, abundante de diálogos chispeantes, personajes grises y situaciones dramáticas, como la vida misma.

Puntuación: Sobresale
Una sorpresa no, ya que conocidos por sus buenas maneras en obras anteriores son Yann y Virginie Augustin, una sorpresa no, decía, una delicia, un sorpresón....!!!

PD: Sin haber leído el original francés, un aplauso a la traducción que nos permite disfrutar de una lectura que por momentos nos parece escrita por algún glorioso poeta clásico español, o algún gran autor teatral, y eso, aunque lo hayan escrito otros, hay que traducirlo para que se disfrute después así. Bravo.



Por partidos como este que acabamos de ver....

...es por lo que la Premier es la mejor liga del mundo, al menos para el público. Aquí se juega para ganar.

Go Liverpool...!!


Domingo de cortos: Batman: Strange Days



 Corto animado de genial Bruce Timm para celebrar el cercano 75 Aniversario de Batman (Mayo 2014).

 

Domingo de cortos: El empleo



 Cortometraje animado de Santiago Bou Grasso y Patricio Plaza, que para muchos ya es uno de los mejores cortos de la historia, asunto este que mas de cien premios cosechados parecen dejar bien claro... Un hombre anónimo en su viaje rutinario al trabajo, en su día a día en el que las personas son tratadas como objetos...

 

Domingo de cortos: Cheque polvo



Corto de Paco Caballero para el programa de Alaska y Coronas de RTVE que nos plantea la siguiente situación...¿Dejarías que tu novio/a se acostara con el famoso que más le pone? Es una situación que raras veces ocurre, pero nunca se sabe cuando ella o él se cruzarán con alguien inesperado...

 

sábado, abril 12, 2014

Por qué el pequeño francés lleva la mano en cabestrillo

Claro que sí! Está en mi tarjeta de visita (y en papel satinado color rosa); cualquiera que desee puede leer en ellas las interesantes palabras: «Sir Patrick O’Grandison, Baronet, 39, Southampton Row, Rusell Square, Parroquia de Bloomsbury». Y si quisiera usted descubrir quién es el rey de la buena educación y el que da el último grito del buen tono en la ciudad de Londres… pues aquí lo tiene. No vaya a asombrarse (y mejor será que deje de pellizcarse la nariz), pues por cada pulgada de las seis vigilias afirmo que soy un caballero, y desde que salí de los pantanos irlandeses para convertirme en baronet, vuestro Patrick ha estado viviendo como un emperador, educándose y refinándose. ¡Caracoles, para sus ojos sería una bendición si se posaran un momento sobre Sir Patrick O’Grandison, Baronet, cuando se viste para ir a la ópera o va a subir a su coche para dar una vuelta por Hyde Park! A causa de mi elegante figura, todas las damas se enamoran de mí. ¿Va a negarme alguien que mido seis pies y tres pulgadas, con los calcetines puestos, y que soy perfectamente bien proporcionado? En cambio, el extranjero, el pequeño francés que vive frente a mi casa, mide apenas tres pies y un poquitín más. ¡Sí, el mismo que se pasa el día comiéndose con los ojos (¡para su mala suerte!) a la preciosa viuda Mistress Tracle, vecina mía (¡Dios la bendiga!) y excelente amiga y conocida! Habrá usted observado que el pequeño gusano anda un tanto alicaído y que lleva la mano izquierda en cabestrillo; bueno, precisamente me disponía a contarle por qué.
La verdad es muy sencilla, sí, señor; el mismísimo día en que llegué a Connaught y salí a ventilar mi apuesta figura a la calle, apenas me vio la viuda, que estaba asomada a la ventana, ¡zas, su corazón quedó instantáneamente prendado! Me di cuenta en seguida, como se imaginará, y juro ante Dios que es la santa verdad. Primero de todo vi que abría la ventana en un santiamén y que sacaba por ella unos ojazos abiertos de par en par, y después asomó un catalejo que la lindísima viuda se aplicó a un ojo, y que el diablo me cocine si ese ojo no habló tan claro como puede hacerlo un ojo de mujer, y me dijo: «¡Buenos días tenga usted, Sir Patrick O’Grandison, Baronet, encanto! ¡Vaya apuesto caballero! Sepa usted que mis garridos cuarenta años están desde ahora a sus órdenes, hermoso mío, siempre que le parezca bien.» Pero no era a mí a quien iban a ganar en gentileza y buenos modales, de manera que le hice una reverencia que le hubiera partido a usted el corazón de contemplarla, me quité el sombrero con un gran saludo y le guiñé dos veces los ojos, como para decirle: «Bien ha dicho usted, hermosa criatura, Mrs. Tracle, encanto mío, y que me ahogue ahora mismo en un pantano si Sir Patrick O’Grandison, Baronet, no descarga una tonelada de amor a los pies de su alteza en menos tiempo del que toma cantar una tonada de Londonderry».
A la mañana siguiente, cuando estaba pensando si no sería de buena educación mandar una cartita amorosa a la viuda, apareció mi criado con una elegante tarjeta y me dijo que el nombre escrito en ella (porque yo nunca he podido leer nada impreso a causa de ser zurdo) era el de un Mosiú, el conde Augusto Luquesi, maître de danse (si es que todo esto quiere decir algo), y que el dueño de esa endiablada jerigonza era el pequeño francés que vive enfrente de casa.
En seguida apareció el pequeño demonio en persona, me hizo un complicado saludo, diciendo que se había tomado la libertad de honrarme con su visita, y siguió charlando y charlando largo rato, y maldito si le comprendía una sola palabra, salvo cuando repetía, y me soltaba una carretada de mentiras, entre las cuales (¡mala suerte para él!) que estaba loco de amor por mi viuda Mrs. Tracle y que mi viuda Mrs. Tracle estaba enamoradísima de él.
Cuando escuché esto, ya puede suponerse usted que me puse más rabioso que un leopardo, pero me acordé que era Sir Patrick O’Grandison, Baronet, y que no estaba bien que la cólera pudiera más que la buena educación, de manera que disimulé la rabia y me conduje con mucha gentileza, y al cabo de un rato, ¿qué piensa usted que el pequeño demonio me propone? Pues me propone visitar juntos a la viuda, agregando que tendría el placer de presentarme.
«¿Conque ésas tenemos?», me dije. «Patrick, hijo mío, eres el hombre más afortunado de la tierra. Muy pronto veremos si Mistress Tracle está enamorada de este Mosiú Metré Dedans o de mi apuesta persona.»
Así fue como llegamos en un santiamén a casa de la viuda, y bien puede creerme si le digo que era una casa muy elegante. Había una alfombra en el piso, y en un rincón un piano y un arpa, y el diablo sabe cuántas cosas más, y en otro rincón había un sofá que era la cosa más bonita de toda la naturaleza, y sentada en el sofá estaba nada menos que ese preciosísimo ángel, Mistress Tracle.
—¡Buenos días tenga usted, Mrs. Tracle! —le dije, a tiempo le hacía una reverencia tan elegante que usted se hubiera quedado con la lengua afuera.
—Woully woo, parley woo —dijo el pequeño forastero francés—. Mrs. Tracle —agregó—, este caballero es su reverencia Sir Patrick O’Grandison, Baronet, el mejor y más íntimo amigo que tengo en el mundo.
Entonces la viuda se levantó del sofá, nos hizo el saludo más bonito que se ha visto nunca y volvió a sentarse. ¿Querrá usted creerlo? En ese mismo momento el condenado Mosiú Metré Dedans se instaló tranquilamente en el sofá, a la derecha de la viuda. ¡Que el diablo se lo lleve! Por un momento creí que los ojos se me iban a salir de la cara, tan furibundo estaba. Pero pensé: «¿Conque ésas tenemos? ¿Conque así nos portamos, Mosiú Metré Dedans?» Y al mismo tiempo me instalé a la izquierda de su alteza, a fin de estar a la par con el miserable. ¡Condenación! Usted se hubiera sentido feliz de presenciar la doble guiñada que le hice a la viuda en plena cara, con un ojo después del otro.
El pequeño francés no sospechaba nada, y con todo atrevimiento se puso a cortejar a su alteza.
—Woully wou —le decía—. Parley wou —agregaba.
«Todo esto no te servirá de nada, Mosiú Rana, bonito mío», pensaba yo, y entonces me puse a hablar en voz muy alta y continuamente, hasta atraer la atención de su alteza gracias a la elegante conversación que mantenía con ella sobre mis queridos pantanos de Connaught. Y una que otra vez me dedicaba su preciosísima sonrisa, abriendo la boca de oreja a oreja, con lo cual yo me sentía más osado que un cerdo, y por fin le atrapé la punta del dedo meñique de la manera más delicada que se pueda imaginar en toda la naturaleza, al mismo tiempo que la miraba con los ojos en blanco.
No tardé en percatarme de lo inteligente que era aquel hermoso ángel, pues apenas observó que quería estrecharle la mano la retiró en un santiamén y se la puso a la espalda, como si me dijera: «Ahí tienes, Sir Patrick O’Grandison, te ofrezco una oportunidad mejor, bonito mío, pues no es muy gentil que me tomes la mano y me la aprietes en presencia de este pequeño forastero francés, Mosiú Metré Dedans».
Entonces le guiñé a fondo el ojo, como para decirle: «No hay como Sir Patrick para esta clase de triquiñuelas», me puse en seguida a la tarea, y usted se hubiera muerto de risa de haber visto la forma tan astuta con que deslicé el brazo derecho entre el respaldo del sofá y la espalda de su alteza, hasta encontrar, como es natural, su preciosa manecita, que parecía esperarme y decirme: «Buenos días tenga usted, Sir Patrick O’Grandison, Baronet». Y yo no hubiera sido quien soy si no le hubiera dado un apretón muy suave, el más gentil del mundo, para no hacer daño a su alteza, ¿verdad? Pero entonces, ¡condenación!, ¿qué diría usted al saber que a cambio de mi apretón recibí otro, el más delicado y gentil de todos los apretones? «Sangre y truenos, Sir Patrick, querido mío —pensé para mis adentros—, ¡cómo se ve que eres el hijo de tu madre, y nadie más que él, y que nunca se vio hombre más elegante y afortunado desde que dejaste los pantanos y saliste de Connaught!»
Y sin perder tiempo apreté con más fuerza la manita, y por mi alma que el apretón que me dio a su vez su alteza era también mucho más fuerte. Pero en ese momento a usted se le hubieran roto una a una las costillas de reírse si hubiese visto cómo se comportaba Mosiú Metré Dedans. Nunca se vio semejante parloteo, sonrisas estúpidas, parley wou y todo lo que dedicaba a su alteza. ¡Nunca se vio algo así en la tierra! Y que el diablo me queme si no lo vi con mis propios ojos cuando el condenado se permitía guiñarle uno de los suyos a mi ángel… ¡Condenación! ¡Si no me puse más furioso que un gato de Kilkenny, quisiera que me lo dijesen!
—Permítame informarle, Mosiú Metré Dedans —le dije con la mayor educación—, que no es nada gentil, aparte de que a usted no le queda nada bien estar mirando a su alteza de manera tan descarada.
Y al mismo tiempo apreté la mano de la viuda como para decirle: «¿No es verdad que Sir Patrick la protegerá a usted ahora, joya mía, encanto?»
Y como respuesta recibí otro buen apretón de ella, con el cual quería decirme muy claramente: «Verdad es, Sir Patrick, encanto mío; es usted el más cumplido de los caballeros de este mundo». Y al mismo tiempo la vi abrir sus preciosísimos ojos de manera tal que creí que se le saldrían instantáneamente y por completo de la cara, mientras miraba furiosa como un gato a Mosiú Rana y después me miraba a mí sonriéndose como un ángel.
—¿Cómo? —dijo entonces el miserable—. ¡Cómo! Woully wou, parley wou.
Y al mismo tiempo se encogió tanto de hombros que pensé que iba a quedarle el faldón de la camisa al aire haciendo simultáneamente una mueca despectiva con su condenada boca. Y ésa fue la única explicación que conseguí de él.
Créame usted, el que se puso furibundo en aquel momento fue Sir Patrick, y mucho más al darme cuenta de que el francés insistía con sus guiñadas a la viuda, mientras la viuda seguía apretándome muy fuerte la mano, como si me dijera: «¡No se deje intimidar, Sir Patrick O’Grandison, bonito mío!». Por lo cual solté un terrible juramento, mientras decía:
—¡Maldita rana insignificante, condenado gusano impertinente!
¿Creerá usted lo que hizo entonces su alteza? Dio un salto en el sofá como si acabaran de morderla y corrió a la puerta, mientras yo la miraba muy asombrado y estupefacto y la seguía en su carrera con mis dos ojos. Se dará usted cuenta de que yo tenía mis razones para saber que mi ángel no podía salir del salón aunque quisiera, puesto que tenía su mano en la mía, y que el diablo me queme si pensaba soltarla. Por eso le dije:
—¿No está usted olvidando un poquitín que le pertenece, su alteza? ¡Vuelva usted, encanto mío, que pueda yo devolverle su manita!
Pero ella salió corriendo escaleras abajo sin escucharme, y entonces miré al pequeño forastero francés. ¡Condenación, que me cuelguen si su maldita mano, pequeña como era, no estaba perfectamente instalada dentro de la mía!
Y que vuelvan a colgarme si en ese momento no estuve a punto de morirme de risa al ver la cara del pobre diablo cuando se dio cuenta de que lo que había tenido todo el tiempo en la mano no era la de la viuda, sino la de Sir Patrick O’Grandison. ¡Ni el mismo demonio contempló nunca una cara tan larga como aquélla! En cuanto a Sir Patrick O’Grandison, Baronet, no es hombre de preocuparse por una equivocación tan insignificante. Baste con decir que antes de soltar la mano del condenado Mosiú (y esto sólo ocurrió después que el lacayo de la viuda nos hubo echado a puntapiés escaleras abajo) le di un apretón tan grande que se la dejé convertida en jalea de frambuesa.
—Woully wou —dijo él—. Parley wou—agregó—. ¡Maldición!

Y por eso es que ahora anda con la mano izquierda en cabestrillo.

Por qué el pequeño francés lleva la mano en cabestrillo de Edgar Allan Poe


viernes, abril 11, 2014

Domingo de cortos Especial: Yo elijo 100% pública



Corto que nace desde Marea Blanca por aquello de hablar de la situación que viven cada día en la sanidad pública: Los recortes están siendo brutales, lo que lleva a que mientras en varios hospitales públicos hay plantas que permanecen cerradas por falta de personal, los servicios de Urgencias se masifican alojando a pacientes en los pasillos, sin privacidad alguna en una situación de vulnerabilidad e indefensión total.

De igual modo esos recortes están siendo la excusa para privatizar parte de la atención, derivándose a clínicas privadas muchos servicios que antes se daban en centros públicos.

Todo ello ha llevado a esta campaña que la Marea Blanca ha puesto en marcha, titulada "Yo elijo 100% pública" en la que se anima a los ciudadanos, es decir, a nosotros, a que rechacemos las derivaciones y exijamos una atención de calidad y en plazos razonables en el marco de la sanidad pública.

 Aquí podéis ver el corto producido por la Coordinadora de Trabajadores y Trabajadoras del Espectáculo, y dirigido por Julian Nuñez.

 

Tyler Cross y Tierra de Vampiros 1

Dado que han sido recientemente publicados en español, por Dibbuks y Yermo, recupero estas dos reseñas que hice de cuando me leí estos dos buenos o muy buenos tebeos en francés, para quien le pueda interesar.








Rudimental - Waiting All Night feat. Ella Eyre (Official Video)

The official video for 'Waiting All Night' is the inspirational true life-story of San Francisco born BMX champion and actor - Kurt Yaeger, who became an amputee after an accident in 2006. All the characters in the clip are pro bmx'ers and the real friends of Kurt.

 

miércoles, abril 09, 2014

lunes, abril 07, 2014

Capitán Yanki Acto 2


Pués me ha gustado mucho oiga.

Y mira tu que no soy fan yo de este personaje, aunque la verdad sea dicha, a cuenta de los magníficos números que firmó Brubaker con Epting y Lark durante muchos meses, si que hice un huequillo para el hombre este que despertó fuera de su tiempo, y al menos en esta entrega se hizo de izquierdas.

Y mira tu que la primera me pareció inferior al nivel de mediocridad, o directamente de vulgaridad de casi todas, por no decir todas, las pelis de personaje individual que he visto hasta ahora, y que tan exitosamente, al menos en apariencia planificada y en la caja, están vendiéndonos esos soberbios comerciales que son las gentes de Disney, perdón Marvel.

Y mira tu que sabía poco de lo que me iba a encontrar durante la peli, ya que ni trailer ni sipnosis habia visto o leido antes de sentarme en la butaca del cine, pero lo que si sabía es que iban a ser muchas situaciones y muchos personajes en muchos minutos, que podrían ser pocos para trasladarnos todo lo que se pretendía, sin aburrir ni descolgar al personal, ni dejarse nada en el tintero, pues oye, prueba superada, por mi parte hasta corta se me ha hecho con todas las intrahistorias dentro de la historia y los multiples personajes secundarios con sus minutos de gloria. No se, será que me va la marcha, pero desde luego dentro de que es una historia sencilla de buenos salvan el mundo de los malos, me ha parecido bastante mas currada que muchas otras historias de argumento similar, y si las comparo con las actuales publicaciones de la casa madre o su distinguida competencia ni te cuento...!! Será tan bueno lo de Brubaker que es imposible joderlo...?? Pues si. Corre a preguntar a tu libreria.

Si a esta chicha de guión, le sumas a los habituales actores de este lado del Marvelverso, a los que encabeza el cada vez mejor Chris Evans,(a ver si esta semana reseño Snowpiercer, soberbia)  y sus invitados de esta y otras series de la casa poniendo los rostros que ya conocemos y agradecemos por familiaridas , mas los tres personajes potentes que son el susodicho mala pécora Soldado de Invierno, Frank Grillo como creible jefe de secuaces  y Robert Redford poniendo su carisma y algo más, y el Halcón, y algún otro personaje que me callo, pues oye, solo te hace falta poner toneladas de dólares para que los efectos especiales y la acción fluyan como la seda y, ta chán, dos horas y pico de diversión asegurada, retorno de inversión, y a por la tercera entrega mientras el universo de ficción, cinematográfico en este caso, sigue su imparable expansión. Y que siga.

Puntuación: Notable
Se agradece que hayan sabido mantener esa esencia Brubaker de espionaje y enredo puro,  mas alejado del superhéroe de capa y pijama, mas oscurillo, mas adulto. Ni te cuento si lo hubiesen hecho de dos rombos. Sería otra peli, pero hubiese sido ciertamente interesante. Sin duda. Como esta ha sido divertida, sin duda.

domingo, abril 06, 2014

Domingo de cortos: Gaping Dead



 Un equipo de técnicos en electrónica se dirige a un centro de telecomunicaciones del ejército situado en un paraje aislado de montaña, con el encargo de reparar una extraña avería en las antenas. Cuando llegan al lugar se encuentran con que ha ocurrido algo inesperado. Salir de allí no resultará nada fácil....

 

sábado, abril 05, 2014

La reina se divierte

Con ocasión de la primera Navidad que celebramos en este colegio universitario conté un cuento de fantasmas porque, precisamente la víspera del Banquete de la Casa, había tenido una extraña experiencia y consideré que podía resultarles divertida. La segunda Navidad conté otro únicamente porque había sucedido de verdad y era una nota a pie de página del primero. No tenía la menor intención de que estos relatos fueran a multiplicarse. Nada más lejos de mis deseos que otorgarles aeste colegio universitario de Massey la dudosa fama de estar encantado. No soy aficionado a los fantasmas ni me interesan en particular; jamás los había visto hasta que llegué aquí: a este edificio nuevo, recién estrenado, cuyos ladrillos  había visto colocar uno a uno y cuyo mobiliario conozco desde que llegó de fábrica. Siempre había considerado que los fantasmas eran una superstición. Y ojalá siguiera siendo así.

El domingo hizo una semana que sucedió. Veo que lo han comprendido; es un placer dirigirse a un público verdaderamente perspicaz. Se han dado cuenta inmediatamente de que fue el 5 de diciembre, la víspera de San Nicolás, patrono de los estudiosos y, por tanto, una presencia invisible pero real en esta institución. Era casi medianoche y estaba yo en la cama, leyendo y a punto de caer dormido, cuando empezó a entrarme un desasosiego característico que, desde que estoy en esta institución, he llegado a asociar con una clase determinada de complicaciones. En la vida universitaria, uno aprende enseguida a distinguir varias clases de inquietud. En mi caso, hay una que considero personal, a la que he dado el nombre de “el escalofrío de ultratumba”. Me baja la temperatura de repente, me pongo a jadear, me falla la visión, de manera que parece que los objetos estables se acercan y retroceden ante mí, y experimento una sensación en el cuero cabelludo como si se me pusieran los pelos de punta. Veo que algunos médicos del públicos sonríen burlonamente; creen que se trata de simple miedo. Pero no, no es tan sencillo; no es miedo lo que siento: es un estado de conciencia bastante desagradable. Sé que va a pasarme algo extraordinario, noto la inminencia de una adversidad, de algo ineludible y agotador. Sé que he salido del surco por el que discurre una clase de vida y que voy a estar un tempo atrapado en un reino ajeno.

Otro efecto del escalofrío de ultratumba es que el oído se agudiza y se oyen sonidos que los demás no perciben. Tumbado en la cama, oí gemidos, suspiros y lamentos: como si una gran multitud estuviera penando desesperada y, lo que es peor, esperase que yo hiciera algo.

No sabría decirles cómo lo supe, pero lo comprendí con total claridad. No tenía miedo, pero me asaltaron una inquietud y una tristeza profundas. Sabía que las cosas empeorarían antes de mejorar y que sería imposible evitar que sucediera lo que tenía que suceder. Así pues, enrollé el libro, lo guardé bajo llave en su estuche, me puse el batín y las zapatillas y salí en dirección al lugar de la perturbación.

¿Cómo sabía adónde tenía que ir? Es otra de las características del escalofrío de ultratumba. Se sabe adónde hay que ir. No digo que le guíen a uno los pasos hasta un sitio determinado, sino que, simplemente, se sabe adónde hay que ir. Así que, bajé las escaleras y enfilé el pasillo de la planta baja que lleva a la biblioteca.

Allí las luces están siempre encendidas, pero dan un resplandor frío y desagradable que desanimaría incluso al fantasma más insensible. Enseguida vi que no había nadie en la sala de consulta, pero las voces que me atraían –entiéndase que las oía gracias a la agudeza excepcional de mi sentido del oído- salían a todo volumen de la sala de prensa y depósitos. Al abrir la puerta sentí miedo por primera vez.

¿Cómo se manifiesta el miedo en estas circunstancias? En mi caso, es como si me clavaran sañudamente un cuchillo helado; al principio me paraliza, después me duele y por último me deja estupefacto. ¿Por qué tenía miedo en ese momento? Porque me acordé de una cosa que había en los depósitos.

En algunas ocasiones, nuestra biblioteca ha recibido generosas donaciones de libros. Todavía no estaba abierto el colegio cuando nos llegó una donación de cien volúmenes o más, todos de literatura canadiense menos cinco libros. Como bien saben ustedes, gozamos ya de cierta fama por nuestra colección de literatura canadiense. Sin embargo, el bibliotecario prestó muy poca atención a esos cinco libros porque no encajaban en ninguna de las categorías de nuestra colección. Contenían la obra de un autor que algunos de ustedes conocerán de oídas, un autor cuyo nombre tal vez les arranque una sonrisa. Me refiero a Aleister Crowley; no hace mucho que murió, fue el fin de una dedicada a imponerse al mundo como mago. Muchos se reían de él, pero la suya fue, sin la menos duda, una carrera plagada de sinsabores, y se vio envuelto en escándalos desastrosos que incluso tuvieron consecuencias fatales para personas que habían caído en su ámbito de influencia. Así pues, en la sala de depósitos había cinco libros de Aleister Crowley amontonados en un estante de ejemplares sin clasificar, y, aunque yo había insinuado un par de veces al bibliotecario que sería conveniente deshacernos de ellos o llevarlos a la cripta, después se me olvidó… y a él también. Y de pronto, con la tremenda sensación de miedo que ya he descrito, me acordé de ellos.

A pesar de todo, como he dicho antes, cuando me invade el escalofrío de ultratumba, tengo que hacer lo que sea necesario tanto si tengo miedo como si no. por lo tanto, giré la llave, que estaba puesta en la cerradura, abrí la pesada puerta y entré en la sala.

Lo que vi era tan complicado y caótico que no sé cómo empezar a describirlo. En primer, la luz era extraordinaria; no era el resplandor eléctrico de la sala de consulta, sino una luminosidad azul, como si me hallara en medio de una llama de gas. En la sala de depósitos había otro ser vivo, al que, para mi consternación, reconocí enseguida. No puedo revelar su nombre porque muchos de ustedes la conocen y prefiero no exponerla a chismorreos indecorosos. No obstante, añado que conoce bien nuestra biblioteca, porque ha pasado muchas horas en la sala de depósitos investigando temas de literatura canadiense por cuenta de su marido. Y allí estaba ella, alta, erguida, sin miedo, mirando maravillada alrededor, y, cuando la puerta hizo ruido al cerrarse, se volvió hacia mí.

-Si no quiere que se le compliquen las cosas, más vale que entre en este círculo – dijo, en ese tono tierno, pero firme y agradable, tan característico de quienes han pasado la infancia en la Hébridas. Vi que se encontraba dentro de una circunferencia cuidadosamente trazada con tiza en el suelo y, sin pérdida de tiempo, me situé a su lado. Ella estaba tranquila en medio del inquietante frenesí que nos rodeaba. Supongo que las mujeres de los presidentes siempre saben mantener la calma cuando se encuentran con escenas tumultuosas de desesperación; aprenden ese arte en las recepciones de catedráticos.

-¿Qué hace usted aquí, por Dios? – le pregunté.

-Me temo que he utilizado los libros con ligereza – contestó, y reconocí el que llevaba en la mano: uno de Crowley, abierto por la página de una ilustración que parecía un diagrama matemático -. Solo quería ver si esta fórmula funcionaba tal como afirma el autor, y parece que, en efecto, ha levantado cierto revuelo.

¡Cierto revuelo! No soporto los eufemismos; siempre me parecen una frivolidad peligrosa. ¡Cierto revuelo! Ya se me habían acostumbrado los ojos a la extraña luz y distinguí el tropel de formas insustanciales que pululaban por toda el área de depósitos; se veían con claridad, pero al mismo tiempo eran transparentes. En el suelo no cabía uno más; el que no brincaba, se retorcía o daba empujones y empellones, y todos querían ponerse con las manos en el suelo con desesperación. Unos cuantos bailoteaban sobre las manos riéndose burlonamente de los que no lo conseguían y otros se apiñaban arriba, pegados al techo. Estos eran aún más raros que los derviches del suelo, porque se hacían una bola, con la cabeza escondida en el estómago, las piernas encogidas contra el cuerpo y las manos juntas delante de sí, y flotaban, daban volteretas y giraban lentamente en el aire como globos horrendos. Y lo más extraordinario del caso era que todas esas figuras estaban completamente desnudas.

¿Qué se puede decir en semejante situación? Nada de lo que a uno se le pueda ocurrir estará a la altura de las circunstancias. Y así fue, naturalmente.

-¿Qué ha hecho usted, por todos los santos? – dije.

-Lo cierto es que he tenido que leer muchos de estos libros canadienses para reunir material para la antología de Claude –contestó ella-. Algunos autores me han despertado la curiosidad… me pareció que sería muy divertido hablar con ellos y, bueno… Tonterías, supongo. El caso es que hoy encontré este de un tal Crowley y, según él, convocar a los muertos es fácil, si se hace de una manera adecuada y respetuosa. Hace dos semanas que no paro de pensar en lo mucho que me gustaría hablar un poquito con Sara Jeannette Duncan; hay un fragmento en El imperialista que siempre me ha parecido como si le hubiera cortado algo y no lo hubiera arreglado bien, y pensaba…

-Pensaba llamar a la señorita Duncan y preguntárselo – la interrumpí. La parsimonia con que se explicaba la bella antóloga me sacaba de quicio.

-Lo cierto es que Crowley no parecía darle mucha importancia – dijo ella.

-Creo que, antes de ponerse a hacer tonterías con Crowley, podía haber tenido la delicadeza de hablar conmigo – le dije.

-¡Oh, vamos! ¡No sea tan pretencioso! – dijo ella.

Las mujeres siempre creen que pueden tapar la boca a un hombre con solo decirle que no sea pretencioso, pero soy perro viejo en esas lides. Sé que si un hombre sabe esperar el momento oportuno, este acabará llegando.

-Bien – dije -, si Crowley y usted forman un dúo tan magnífico, ¿por qué no me cuenta lo que ha pasado?

-He ahí la dificultad, precisamente – dijo ella con indecible paciencia escocesa -. No entiendo lo que ha pasado. Hice todo lo que tenía que hacer, pronuncié el nombre de Sara Jeanette Duncan y entonces empezaron a aparecer todas esas cosas. ¡Fíjese en ellas, haga el favor! ¿Había visto algo semejante en su vida? ¿Qué le parece que son?

El momento triunfal había llegado, porque yo sabía lo que eran.

Toda mi vida he tenido la costumbre de dormirme leyendo. A muchos les gusta leer libros ligeros en la cama – misterios y cosas por el estilo-, pero en mi caso, prefiero leer obras de mayor enjundia a la hora de acostarme. Y no las leo solo una vez, por encima, sino que leo y releo unas cuantas obras clásicas selectas, una y otra vez, un año sí y otro también: es la manera de hacerme con ellas, como si fueran parte de mí. Hace muchos años que uno de mis libros de cabecera favoritos es esa obra tan famosa de comentarios sobre el Pentateuco, el Midrash de Rabí Tanhuma bar Abba, el más docto de los místicos y sabios talmúdicos del siglo IV. Mi ejemplar del Midrash es una joyita: un bello manuscrito del siglo X artísticamente iluminado, aunque poco práctico para leer en la cama, porque, como mide más de cuatro metros y se lee de derecha a izquierda, hay que estar enrollándolo y desenrollándolo continuamente. Tiene el borde superior y el inferior revestido de cobre y oro; de vez en cuando me araño las manos con los rubíes del revestimiento, pero no me importa mucho: es el precio por practicar el hebreo para que no se me oxide. Quiso la suerte que, cuando me invadió el escalofrío de ultratumba, estuviera yo leyendo el manuscrito de Rabí Tanhuma.

Naturalmente, habrán adivinado el motivo. Aunque no todos ustedes hayan leído el gran Midrash, seguro que conocen la compilación de leyendas judías en siete volúmenes de Louis Ginzberg y que habrán sacado sus propias conclusiones. Sin embargo, en las Hébridas, no se presta atención a los estudios hebreos y, por tanto, por no dejar cabos sueltos, tengo que seguir contándoles el caso exactamente como si estuvieran ustedes tan a oscuras como mi compañera.

Ella me había preguntado qué me parecía que eran esas apariciones.

-¡Qué pregunta! – dije yo -. Esto es el Infierno y esos son los espíritus de los muertos.

-¡No sea tonto! – replicó ella -. Esto no se parece en nada al Infierno, salvo por el ruido, tal vez.

-¿Qué cree usted que es el Infierno? – le dije -. Esa palabra solo define un lugar oscuro y cerrado, habitado por espíritus, descripción que se ajusta perfectamente a esta sala, la de depósitos de la Biblioteca del colegio universitario de Massey. Según Rabí Tanhuma, el Infierno no se diferencia del Paraíso; tanto los que se condenan como los que se salvan pasan milenios allí. Supongo que usted llamaría a un solo espíritu, pero le han hecho un envío al por mayor; las instrucciones de Crowley no son de fiar.
-Pero ¿quiénes son? – dijo ella.

-Está más claro que el agua. Son los espíritus de los autores canadienses cuyos libros se encuentran aquí – dije.

-Pero ¿por qué armar tanto barullo? – me preguntó.

Cada vez que lo pienso, me doy cuenta del caudal de sentimiento nacional que encerraba esa sola pregunta.

-Claman por volver a nacer – le dije, por fin encontraba aplicación práctica a los muchos años que había dedicado a familiarizarme con Rabí Tanhuma -. Fíjese, por ejemplo, en los que flotan en esa posición tan rara, hechos una bola; han adoptado la postura fetal para poder tomar posesión de cualquier nuevo ser inmediatamente, desde el momento en que sea concebido en el útero, y volver así a la Tierra.

-¿Con qué objeto, por dios santo? – dijo ella.

-Tal vez con la esperanza de renacer en forma de escritor estadounidense – le dije.

Los espíritus, que estaban atentos a la conversación, iban acercándose a nosotros cada vez más. A pesar de la postura fetal, reconocí con total certidumbre a Ernest Thompson Seton, por su aspecto escandalosamente asilvestrado; un espíritu, desnudo como los demás, iba andando sobre las manos, pero con solo ver la dignidad invencible de su persona, por delante y por detrás, reconocí a la señora Susanna Moodie. Robert Barr presumía más que un gallo y yo sabía el motivo: un becario de investigación de nuestra facultad estaba haciendo un estudio extenso sobre él y eso lo halagaba. Uno de los fetos flotantes chocó contra mí – aunque espectralmente – y me volví justo a tiempo para ver que se trataba de Nellie McClung, que estaba ansiosa por renacer. Fue una sensación espeluznante, se lo aseguro. Solo me dio tiempo a pensar que, en general, parecía que los escritores canadienses habían descuidado mucho su físico.

-¿Le parece que quieren hacernos algo? ¿No, verdad? – dijo mi compañera, dando las primeras muestras apreciables de nerviosismo.

No me considero cruel, aunque reconozco cierta falta de indulgencia en mi carácter, que salió a relucir en ese momento.

-A mí, al menos, no, se lo aseguro – contesté -; no he sido yo quien ha perturbado su descanso eterno; no los he sacado yo frívolamente del Paraíso. En cuanto a las intenciones que puedan tener respecto a usted, no hay forma de saberlo.

-¿Qué piensa hacer para solventar esta situación? – me preguntó, como si yo no hubiera dicho nada. Es la forma que tiene las mujeres de gobernar el mundo.

-Existe una dificultad de orden práctica – dije -. Solo un mandato real puede devolver a estosfantasmas a su lugar de reposo… de un rey hebreo, en concreto. En la actualidad no abundan, ni siquiera aquí, en Massey. Tenemos uno o dos personajes de origen aristocrático, pero desafortunadamente son arios. Y sospecho que también hay entre nosotros un hombre que, en su tierra, solo puede ser jefe de tribu, pero un jefe africano no nos sirve en este caso. Lo que podría servirnos sería un espíritu de la realeza, aunque ya conoce usted la literatura canadiense… sería inútil buscar ahí.

-No estoy yo tan segura – dijo ella. Por el tono triunfal de su voz supe que tenía una idea. Los estantes de lo que el bibliotecario llama la Colección Matthews no estaban lejos del círculo en el que nos encontrábamos, le quedaban incluso al alcance de la mano, y eso fue lo que hizo: pasarme un par de gruesos volúmenes encuadernados en media piel. Miré el título. Era hojas del diario de nuestra vida en las Tierras Altas; la fecha: 1868.

-Pero esto lo escribió la reina Victoria – dije.

Por supuesto – dijo ella -; una reina que vale por una docena de reyes al uso, y sé con certeza que incluso entra en la categoría de monarca hebrea. Disraeli siempre le decía que era descendiente del rey David, y dudo que una multitud de fantasmas canadienses de clase media pueda negarlo. Y lo que es más, también cuenta como escritora canadiense, porque ¿acaso no era la reina del Canadá?

Las mujeres son unos seres verdaderamente sorprendentes.

-Vamos – dijo -, póngase en acción. A ver lo que es capaz de hacer.

Me alegré de estar tan bien familiarizado con la obra del gran Rabí Tanhuma, porque me había enseñado a convocar a un espíritu sin necesidad de recurrir a los chapuceros conjuros de Aleister Crowley. Creo que se puede decir que hice lo necesario con bastante soltura, y poco a poco, suavemente, apareció entre la bella antóloga y yo esa figura menuda e inmensamente majestuosa que conocemos de sobra gracias a un centenar de retratos y estatuas. Llevaba la famosa coronita, dela que pendía un velo precioso; una cinta de un azul espléndido le cruzaba el pecho y el distintivo de la Orden de la Jarretera le adornaba el hombro izquierdo.

Soy demócrata. Toda mi familia han sido personas de origen campesino que, con el trabajo de sus manos, han arrancado su magro sustento de una tierra dura. No creo en la superioridad de nadie solo porque le haya correspondido un destino más afortunado, una cuna privilegiada. Hice lo que haría cualquiera en mi lugar ante la reina Victoria: arrodillarme inmediatamente.

-Levántate ahora mismo – dijo, articulando con la claridad de una actriz, con esa voz argentina tan hermosa cuya descripción se ha repetido tantas veces que casi me resultaba familiar -. Tenemos trabajo que no puede esperar. Suponemos que deseas dar descanso a esta tumultuosa concurrencia de colonos, vasallos nuestros.

-Si su majestad lo tuviera a bien – dije -. Son escritores canadienses, y parece ser que los estantes de la biblioteca de nuestro colegio universitario son el Paraíso en el que reposan todos los aquí representados. Los que han ganado el Paraíso siempre se aparecen a los mortales andando sobre las manos o en una posición propia para nacer…

-Maestro – dijo la reina Victoria – no pretendas dar sopas con honda a la tatarabuela de tu soberana, ni mucho menos enseñarle a despachar fantasmas. Vamos a poner e estos espíritus de pie y a salvo en menos que se exprime un limón… por decirlo como solía nuestro leal criado John Brown. Pero mira lo que ha pasado. Requerimos una explicación.

Había estado tan pendiente de la reina Victoria (quien, a pesar de ser transparente, era la persona más importante y abrumadora que había visto en todo este mundo y en cualquier otro, se lo aseguro) que no me había percatado de lo que hacían los fantasmas. La situación había cambiado radicalmente; los que antes andaban sobre las manos se habían puesto de pie; los que estaban en posición fetal se habían colocado en una postura postnatal normal; sin embargo, los otros, los que antes intentaban andar sobre las manos sin conseguirlo, estaban ahora de cabeza y lloraban amargamente.

-¿Quiénes serán? – murmuré para mí.

-Esos, maestro – dijo la reina Victoria -, son los impostores del Paraíso. Son personas que tienen una relación lejana con la literatura y que, sin ser escritores, se ceban con ellos. ¿Qué pintan en el Paraíso? Los habrás reconocido, sin duda. Esos, en vida, ¡eran críticos literarios!

Me fijé en ellos y, en efecto así era. Vi a… no tiene importancia, y estaba con… cuanto menos se diga, mejor. Sí, ciertamente eran críticos.

-¡Qué se los lleven! – ordenó la reina, y sus palabras produjeron un efecto espantoso.

Se oyó un fragor como de un viento tremendo y estalló un tumulto en la sala. Caí al suelo, pero en el momento en que caía vi una silueta negra y brillante que parecía un hombre desnudo, un hombre de belleza extraordinaria pero aterradora, que llevaba un látigo cruel con el que fustigaba a los desdichados críticos. Me pareció que la reina Victoria decía: “Buenas noches, Radamantis”, en un tono cordial y cortés, como el que emplean los monarcas entre sí.

-¡No! – gritaban los críticos -. ¡No es justo! En realidad éramos escritores. ¡Nosotros también creábamos! ¡Es lo que dicen los críticos vivos!

Todo fue inútil. Los críticos desaparecieron en un instante y la sala quedó en calma, pero, en los estantes que hasta entonces ocupaban sus obras, ahora solo había humo y huecos ennegrecidos.

La gran reina hizo un espléndido gesto de despedida y todos los escritores canadienses empezaron a decir adiós. El proceso fue largo, porque se despidieron de uno en uno, deleitándose en la real presencia. Las señoras hacían una reverencia: algunas, como Sarah Jeanette Duncan y Frances Brooke, con bastante acierto, y otras, como si improvisaran. La desnudez no disculpa la torpeza de una reverencia. Los hombres hacían una inclinación de cabeza: se vieron inclinaciones de todas clases, desde la espléndida postura de Kerby, con la mano en el corazón y el pie derecho adelantado, hasta la extraña genuflexión de Ralph Connor. Pero por fin regresaron todos a sus estantes y allí nos quedamos la reina Victoria, la bella antóloga y un servidor, en medio de una sala limpia y en calma.

-Podéis retiraros de nuestra presencia – dijo la reina. Hice una inclinación de cabeza.

-No podría expresarle toda la inmensa gratitud que… - empecé a decir, pero, mientras lo decía, una sonrisa extraordinariamente tierna apareció en el real rostro, que ya había empezado a difuminarse, y, antes de que se desvaneciera por completo, llegaron a mis oídos con toda claridad las siguientes palabras:

-La reina se ha divertido mucho.

La reina se divierte de Robertson Davies


viernes, abril 04, 2014

jueves, abril 03, 2014

miércoles, abril 02, 2014

Laporte, elegido mejor central joven del planeta


El eco internacional de Aymeric Laporte es ya indiscutible. El central rojiblanco ha sido incluído en el once inicial joven más talentoso del planeta fútbol, confeccionado por La Gazzeta dello Sport, convirtiéndose en el mejor central, junto al brasileño Marquinhos, del PSG, descabalgando incluso a su compañero de selección Varane
En junio de 2013, Marcos Aoás Correa, Marquinhos firmó un contrato por el PSG, procedente de la Roma, por cinco años, por un montante cercano a los 35 millones de euros, curiosamente uno de los clubs interesados por el zaguero delAthleticEste curso, ya internacional absoluto con Brasil, suma 4 goles en 26 partidos. 
Un once selectivo formado por el rotativo italiano, que incluye a Scuffet(Udinese), como portero, el lateral derecho Zouma (St Etienne) e izquierdo,Shaw (Southampton), con los dos mencionados centrales, en la medular, Raboit(PSG), Goretzka (Sachalke) y el extremo del Barça cedido en el Everton,Deulofeu, y arriba, Piazon (Vitesse), Januzaj (Manchester United) y Mitrovic(Anderlecht). Todos ellos llamados a comandar el balompié mundial en los próximos años.
Laporte, que tiene una cláusula de 36 millones, y está además en la órbita de Barça, Manchester o Arsenal, no será de la partida este lunes ante el Levantede Caparrós por sanción. El internacional Sub-21 galo, pese a su juventud, es un baluarte de la zaga de Valverde. La prensa italiana así lo entiende.
Fuente:
eldesmarquebizkaia.com que lo coge de La Gazzeta dello Sport

La FIFA castiga al Barça un año sin fichar por traspasos ilegales


La Comisión Disciplinaria de la FIFA ha sancionado a la RFEF y al Barça por infracciones en la transferencia internacional y la inscripción de menores de 18 años. El club no podrá incorporar jugadores -sí vender futbolistas y fichar técnico- en los dos próximos periodos de fichajes (junio y diciembre de 2014) y deberá pagar una multa de 370.000 euros.

Mas en la fuente, marca.com

Blondie - Heart Of Glass

martes, abril 01, 2014

Scorpions - Wind Of Change

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