viernes, octubre 31, 2014

Halloween, el origen, la película de Rob Zombie completa en español


Después de estar recluido durante 17 años en una institución mental y tratado por el Dr. Samuel Loomis (Malcolm McDowell), el perturbado Michael Myers (Tyler Mane), convertido ya en un hombre adulto y muy peligroso, logra escaparse el día de Halloween y decide regresar a la ciudad de Haddonfield. Todo aquel que se cruce en su camino corre un peligro mortal....

Una historia de fantasmas

Alquilé una gran habitación lejos de Broadway, en un edificio grande y viejo cuyos pisos superiores habían estado vacíos por años... hasta que yo llegué. El lugar había sido ganado hacía tiempo por el polvo y las telarañas, por la soledad y el silencio. La primera noche que subí a mis aposentos me pareció estar a tientas entre tumbas e invadiendo la privacidad de los muertos. Por primera vez en mi vida me dio un pavor supersticioso; y como si una invisible tela de araña hubiera rozado mi rostro con su textura, me estremecí como alguien que se encuentra con un fantasma.
Una vez que llegué a mi cuarto me sentí feliz, y expulsé la oscuridad. Un alegre fuego ardía en la chimenea, y me senté frente al mismo con reconfortante sensación de alivio. Estuve así durante dos horas, pensando en los buenos viejos tiempos; recordando escenas e invocando rostros medio olvidados a través de las nieblas del pasado; escuchando, en mi fantasía, voces que tiempo ha fueron silenciadas para siempre, y canciones una vez familiares que hoy en día ya nadie canta. Y cuando mi ensueño se atenuó hasta un mustio patetismo, el alarido del viento fuera se convirtió en un gemido, el furioso latido de la lluvia contra las ventanas se acalló y uno a uno los ruidos en la calle se comenzaron a silenciar, hasta que los apresurados pasos del último paseante rezagado murieron en la distancia y ya ningún sonido se hizo audible. El fuego se estaba extinguiendo. Una sensación de soledad se cebó en mí. Me levanté y me desvestí moviéndome en puntillas por la habitación, haciendo todo a hurtadillas, como si estuviera rodeado por enemigos dormidos cuyos descansos fuera fatal suspender. Me acosté y me tendí a escuchar la lluvia y el viento y los distantes sonidos de las persianas, hasta que me adormecí.

Me dormí profundamente, pero no sé por cuánto tiempo. De repente, me desperté, estremecido. Todo estaba en calma. Todo, a excepción de mi corazón: podía escuchar mi propio latido. En ese momento las frazadas y colchas comenzaron a deslizarse lentamente hacia los pies de la cama, ¡cómo si alguien estuviera halándolas! No podía moverme, no podía hablar. Los cobertores se habían deslizado hasta que mi pecho quedó al descubierto. Entonces, con un gran esfuerzo, los aferré y los subí nuevamente hasta mi cabeza. Esperé, escuché, esperé. Una vez más comenzó el firme halón. Al final arrebaté los cobertores nuevamente a su lugar, y los así con fuerza. Esperé. Luego sentí nuevos tirones, y la cosa renovó sus fuerzas. El tirón se afianzó con firme tensión; a cada momento se hacía más fuerte. Mi fuerza cesó, y por tercera vez las frazadas se alejaron. Gemí. ¡Y un gemido de respuesta vino desde los pies de la cama! Gruesas gotas de sudor comenzaron a poblar mis sienes. Estaba más muerto que vivo. Escuché unos fuertes pasos en el cuarto -como si fuera el paso de un elefante, eso me pareció- y no era nada humano. Pero era como si se alejara de mí. Lo escuché aproximándose a la puerta, traspasándola sin mover cerrojo o cerradura, y deambular por los tétricos pasillos, tensando el piso de madera y haciendo crujir las vigas a su paso. Luego de eso, el silencio reinó una vez más.

Cuando mi excitación se calmó, me dije a mí mismo: "Esto ha sido un sueño, simplemente un horrendo sueño." Y me quedé pensando eso hasta que me convencí que había sido solo una pesadilla, y entonces me relajé lo suficiente como para reír un poco y estuve feliz de nuevo. Me levanté y encendí una luz; y cuando revisé la puerta, vi que la cerradura y el cerrojo estaban como los había dejado. Otra serena sonrisa fluyó desde mi corazón y se ondeó en mis labios. Tomé mi pipa y la encendí, y cuando estaba ya sentado frente al fuego, ¡la pipa se me cayó de entre los dedos, la sangre se fue de mis mejillas, y mi plácida respiración se detuvo y quedé sin aliento! Entre las cenizas del fuego, a un costado de mi propias huellas, había otra, tan vasta en comparación que las mías parecían las de un infante. Entonces, había habido un visitante, y las pisadas del elefante quedaban demostradas.

Apagué la luz y regresé a la cama, paralítico de miedo. Me recosté un largo rato, mirando fijamente en la oscuridad, y escuchando. Percibí un rechinido más arriba, como si alguien estuviera arrastrando un cuerpo pesado por el piso; entonces escuché que lanzaban el cuerpo, y el chasquido de mis ventanas fue la respuesta del golpe. En otras partes del edificio escuché portazos. A intervalos, también oí sigilosos pasos, por aquí y por allá, a través de los corredores, y subiendo y bajando las escaleras. Algunas veces esos ruidos se acercaban a mi puerta, dubitaban y luego retrocedían. Escuché, desde pasillos lejanos, el débil sonido de cadenas, los que se iban acercando paulatinamente a la par que ascendían las escaleras, marcando cada movimiento con un matraqueo metálico. Escuché palabras murmurantes; gritos a medias que parecían ser violentamente sofocados; y el crujido de prendas invisibles. En ese momento fui conciente de que mi habitación estaba siendo invadida, y de que no estaba solo. Escuché suspiros y alientos alrededor de mi cama, y misteriosos murmullos. Tres pequeñas esferas de suave fosforescencia aparecieron en el techo, directamente sobre mi cabeza, brillando durante un instante, para luego dejarse caer... dos de ellas sobre mi cara, y una sobre la almohada. Me salpicaron con algo líquido y cálido. La intuición me dijo que podría ser sangre; no necesitaba luz para darme cuenta de ello. Entonces vi rostros pálidos, levemente luminosos, y manos blancas, flotando en el aire, como sin cuerpos; flotando en un momento, para luego desaparecer. El murmullo cesó, lo mismo que las voces y los sonidos, y una solemne calma siguió. Esperé y escuché. Sentí que tenía que encender una luz o moriría. Estaba debilitado por el temor. Lentamente me alcé hasta sentarme, ¡y mi rostro entró en contacto con una mano viscosa! Todas mis fuerzas me abandonaron de repente, y me caí como si fuera un inválido. Entonces escuché el susurro de una tela; pareció como si hubiera pasado la puerta y salido.

Cuando todo se calmó una vez más, salí de la cama, enfermo y enclenque, y encendí la luz de gas con una mano tan trémula como si fuera de una persona de cien años. La luz le dio algo de alegría a mi espíritu. Me senté y quedé contemplando las grandes huellas en las cenizas. Las miré mientras la llama del gas se ponía mustia. En ese mismo momento volví a escuchar el paso elefantino. Noté su aproximación, cada vez más cerca, por el vestíbulo, mientras la luz se iba extinguiendo poco a poco. Los ruidos llegaron hasta mi puerta e hicieron una pausa; la luz ya había menguado hasta convertirse en una mórbida llama azul, y todas las cosas a mi alrededor tenían un aspecto espectral. La puerta no se abrió; sin embargo, sentí en el rostro una leve bocanada de aire. En ese momento fui conciente que una presencia enorme y gris estaba frente a mí. Miré con ojos fascinados. Había una luminosidad pálida sobre la Cosa; gradualmente sus pliegues oscuros comenzaron a tomar forma; apareció una mano, luego unas piernas, un cuerpo, y al final una gran cara de tristeza surgió del vapor. ¡Limpio de su cobertura, desnudo, muscular y bello, el majestuoso Gigante de Cardiff apareció ante mí!

Todo mi miseria desapareció, ya que de niño sabía que ningún daño podría esperar de tan benigno semblante. Mi alegría regresó una vez más a mi espíritu, y en simpatía con esta, la llama de gas resplandeció nuevamente. Nunca un solitario exiliado fue tan feliz en recibir compañía como yo al saludar al amigable gigante. Dije:

-¿Nada más que tú? ¿Sabes que me he pegado un susto de muerte durante las últimas dos o tres horas? Estoy más que feliz de verte. Desearía tener una silla, aquí, aquí. ¡No trates de sentarte en esa cosa!

Pero ya era tarde. Se había sentado antes que pudiera detenerlo; nunca vi una silla estremecerse así en toda mi vida.

-Detente, detente o arruinarás todo.

De nuevo muy tarde. Hubo otro destrozo, y otra silla fue reducida a sus elementos originales.

-¡Al infierno! ¿Es que no tienes juicio? ¿Deseas arruinar todo el mobiliario de este lugar? Aquí, aquí, tonto petrificado.

Pero fue inútil, antes que pudiera detenerlo, ya se había sentado en la cama, y esta era ya una melancólica ruina.

-¿Qué clase de conducta es esta? Primero vienes pesadamente aquí trayendo una legión de fantasmas vagabundos para intranquilizarme, y luego tengo que pasar por alto tal falta de delicadeza que no sería tolerada por ninguna persona de cultura elevada excepto en un teatro respetable, y no contento con la desnudez de tu sexo, me compensas destrozando todo el mobiliario mientras buscas lugar dónde sentarte. Tú te dañas a ti mismo tanto como a mí. Te has lastimado el final de tu columna vertebral, y has dejado el piso sembrado de astillas de tus destrozos. Deberías estar avergonzado, ya eres bastante grande como para saber las cosas.

-Está bien, no romperé más muebles. Pero ¿qué puedo hacer? No he tenido la oportunidad de sentarme desde hace cien años.

Y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

-Pobre diablo -dije- no debería haber sido tan rudo contigo. Eres un huérfano, sin duda. Pero siéntate en el piso, aquí, ninguna otra cosa aguantará tu peso.

Así que se sentó en el piso y encendí una pipa que me dio, le di una de mis mantas y se la puso sobre los hombros, le puse mi bañera invertida en la cabeza, a modo de casco, y lo puse a sentir confortable. Entonces él cruzó las piernas mientras yo avivé el fuego y acerqué las prodigiosas formas de sus pies al calor.

-¿Qué pasa con las plantas de tus pies y la parte anterior de tus piernas, que parecen cinceladas?

-¡Sabañones infernales! Los agarré estando en la granja Newell. Amo ese lugar como si fuera mi viejo hogar. No hay para mí nada como la tranquilidad que siento cuando estoy ahí.

Hablamos durante media hora, y luego noté que se veía cansado, y se lo dije.

-¿Cansado? -dijo-. Bueno, debería estarlo. Y ahora te diré todo, ya que me has tratado tan bien. Soy el espíritu del Hombre Petrificado que yace sobre la calle que va al museo. Soy el fantasma del Gigante de Cardiff. No puedo tener descanso, no puedo tener paz, hasta que alguien dé a mi pobre cuerpo una sepultura. ¿Qué es lo más natural que puedo hacer para que los hombres satisfagan ese deseo? ¡Aterrorizarlos, encantar el lugar donde descansan! Así que embrujé el museo noche tras noche. Hasta tuve la ayuda de otros espectros. Pero no hice bien, porque nadie se atrevía luego a ir al museo a medianoche. Entonces se me ocurrió acechar un poco este lugar. Sentí que si escuchaba gritos, tendría éxito, así que recluté a las más eficientes almas que la perdición pudiera proveer. Noche tras noche estuvimos estremeciendo estas enmohecidas recámaras, arrastrando cadenas, gruñendo, murmurando, deambulando, subiendo y bajando escaleras, hasta que, para decir la verdad, me cansé de hacerlo. Pero cuando vi una luz en tu cuarto esta noche, recuperé mis energías nuevamente y salí con la frescura original. Pero estoy cansado, enteramente agotado. ¡Dame, te imploro, dame alguna esperanza!

Encendido por un estallido de excitación, exclamé:

-¡Esto sobrepasa todo, todo lo ocurrido! ¿Por qué tú, pobre fósil antiguo, te tomas tantas preocupaciones por nada? ¡Has estado acechando una efigie de yeso de ti mismo, ya que el verdadero Gigante de Cardiff está en Albany! ¡Demonios! ¿No sabes en dónde están tus propios restos?

Nunca vi tan elocuente mirada de vergüenza, de lastimera humillación. El Hombre Petrificado se levantó lentamente y dijo:

-Honestamente, ¿es eso cierto?

-Tan cierto como que estoy aquí sentado.

Sacó la pipa de su boca y la dejó en el mantel, luego se irguió dubitativamente (de manera inconsciente, por algún viejo hábito, llevó sus manos hasta donde los bolsillos de sus pantalones deberían haber estado, y de forma meditativa dejó caer su barbilla en su pecho) y finalmente dijo:

-Bien, nunca antes me sentí tan absurdo. ¡El Hombre Petrificado ha sido vendido a alguien más, y ahora el peor fraude ha terminado vendiendo su propio fantasma! Hijo mío, si alguna caridad queda en tu corazón por un pobre fantasma sin amigos como yo, por favor no dejes que esto se sepa. Piensa cómo te sentirías si te hubieras puesto tú mismo en ridículo también.


Escuché esto, y el bribón se fue retirando lentamente, paso a paso bajó las escaleras y salió a la calle desierta; me sentí triste de que se hubiera ido, pobre tipo, y también porque se llevó mi manta y mi bañera.


Una historia de fantasmas de Mark Twain


jueves, octubre 30, 2014

Fatboy Slim - Weapon Of Choice


Spike Jonze dirigió a el siempre enorme Chistopher Walken (uno de mis actores favoritos de todos los tiempos) en este divertido videoclip de Fat Boy Slim....

 

miércoles, octubre 29, 2014

martes, octubre 28, 2014

Hasta que llegó su hora

Aquí os dejo una de mis películas favoritas de todos los tiempos, Hasta que llegó su hora, (Érase una vez en el Oeste).


Sergio Leone dirige en este peliculón absoluto al magnífico reparto que forman Claudia Cardinale, Charles Bronson, Henry Fonda, Jason Robards, Woody Strode, Jack Elam entre otros, a los que la soberbia fotografía de Tonino Delli Colli y la enorme banda sonora de Ennio Morricone, (una más, ni más ni menos), envuelve en una clásica historia de venganza, desde su inolvidable escena inicial, de lo mejor que he visto en mi vida, hasta su inevitable final....siempre poseídos por el dolor de una armónica....

Un spaghuetti-western que va más allá de este genero, siendo una obra maestra del cine, en el que el propio Sergio Leone escribe el guión, junto a otros dos grandes como son Dario Argento y Bernardo Bertolucci, para contarnos como Brett McBain, un granjero viudo de origen irlandés, que vive con sus hijos en una zona pobre y desértica del Oeste americano, ha preparado una fiesta de bienvenida para Jill, su futura esposa, que viene desde Nueva Orleáns. Pero cuando Jill llega se encuentra con que una banda de pistoleros ha asesinado a McBain y a sus hijos....

Al final, en algún punto de 2046...


lunes, octubre 27, 2014

Cuatro antologías de relatos ciencia ficción actuales de obligatoria lectura, comentadas brevemente

Estas últimas semanas me he empujado como un campeón, alternándolo con otras lecturas, como creo que ha de hacerse con las antologías de relatos, cuatro soberbias muestras de este arte a reivindicar, en este caso fragmentos cortos de variada ciencia ficción, de calidad media notable, con destellos sobresalientes. Un conjunto de historias en cuatro tomos, que hace tiempo tenía comprados y picoteados aunque el golpe de lectura potente ha sido como digo ultimamente,  de los que hablaré un poquillo ahora.


La bomba número seis y otros relatos


Como si de un libro de relatos se tratara, en el que el primero a leer ha de ser bueno si o si, arranco estas reseñas con fuerza, con el conjunto de relatos de Paolo Bacigalupi, autor que ya me gustó con El cementerio de Barcos,(reseña aquí), autor que me maravilló con La chica mecánica,(reseña acá), autor que, como no podía ser menos, me ha fascinado de nuevo con este regreso a lo sombrio de su futuro cercano, muy cercano, muy posible, muy sombrío.

Salvo un par de excepciones en las que este mundo nuestro por venir no es parte importante de la historia, de nuevo estamos ahí, en ese planeta Tierra de las corporaciones globalizadoras, del cambio climático extremo, de la falta de agua, energía o alimentos, de la escasez de unos y  la riqueza excesiva de otros, un lugar al que tristemente nos estamos acercando poco a poco en nuestra realidad actual, un lugar al que tal vez nunca lleguemos. O tal vez si.

Media de relatos notable, sin estridencias, sin exageraciones o errores graves, siendo alguno sobresaliente. Bacigalupi entró a lo grande por la puerta grande, y se mantiene, siendo hoy por hoy una lectura obligatoria para cualquier persona a la que le guste leer.

El que mas me ha gustado por lo sencillo, triste y polvoriento ha sido El cazador de tamariscos, me ha revuelto el estomago el poderío dramático de La chica aflautada, no me ha gustado El pasho, pese a que su mensaje llega, como ha de llegar, como llegan los mensajes en todos los relatos del volumen.

Puntuación: Sobresale
Sobresale dentro del mundo de los relatos, y de la literatura de ficción actual en general.



Terra Nova Volumen 1. Antologia de ciencia ficción contemporánea


Detrás de una portada digamos que discutible, a mi me parece fea, se esconde una joyita, cuyo éxito hizo que la segunda entrega, que comento más abajo, y una tercera a puntito de llegar a las librerías, que obviamente pienso devorar, pasara del humilde proyecto editorial asturiano Sportula, a ser editada por la poderosa línea Fantascy del mega grupo Penguin Random House Mondadori, lo que sin duda, pese a hacerle perder ese aire de artesanía y buen hacer, ha sido bueno para que llegue a mas público.

Nos presentan en este caso como seleccionadores Mariano Villarreal y Luis Pestarini un lote de buenos relatos variados, en los que en ocasiones lo fantástico es lo menos importante, ya que dentro de un contexto mas próximo a lo real se dan hechos maravillosos.

Digo esta última frase sobre todo pensando en el relato que abre el tomo, El zoo de Papel de Ken Liu, que por si solo hace que merezca la pena la compra del libro. Todos los premios que se ha llevado los merece este historia triste, muy triste a la vez que esperanzadora, que nos habla de las realidades de muchas personas que viven su día a día lejos de sus orígenes, mientras nos hace ver lo complejo de las relaciones familiares. Magnífico.

Dentro de una media buena o notable, salvo alguna excepción como la propuesta de Victor Conde, he disfrutado con estos relatos,y me lo he pasado pipa con Cuerpos de Juanfran Jimenez, que hace que nos sumerjamos en una historia trepidante de cambio de cuerpos y mentes, original y divertidísima, que pide a gritos una adaptación cinematográfica para ya.

Puntuación: Notable 
Tristeza y optimismo van de la mano.



Terra Nova Volumen 2. Antologia de ciencia ficción contemporánea



Mas allá de una portada increíblemente horripilante, lo de increíble dicho tras ver la del primer volumen, ya que algo debería de haberse mejorado, más aún tras la llegada a un gran grupo editorial...mas allá decía, estamos de nuevo ante una buena entrega de relatos de variadas temáticas dentro de la ciencia ficción actual.

Arrancamos, de manera sorpresiva y agradecida por aquello de la añoranza, con un relato que se ubica en el mundo de Akasa-Puspa, aquel del soberbio trabajo de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal en la saga que iniciaba la sobresaliente Mundos en el abismo, novela a reivindicar, que si fuera anglosajona sin duda estaría mucho mas premiada y reconocida por los lectores.

Arrancamos decía, con un relato que, si bien no es de los mejores, es bueno, y se hace querer por lo comentado de su ambientación, ya que La textura de las palabras de Felicidad Martinez nos cuenta los años mozos de Charni, en un relato que por supuesto cualquiera puede leer aunque no haya leido nada previamente de lo anteriormente comentado, siendo un extra para el que si.

Dentro de una media buena o notable me han gustado mucho Juicio Final de Carlos Gardini y Araña, la artista de Nnedi Okorafor, situados en contextos socio-politico-geográficos cercanos, conocidas por otras historias que hemos leído antes, no me han gustado El último Osama de Lavie Tidhar, con quien tras dos aproximaciones directamente no puedo ni por estilo ni por temáticas, ni me gustado ¿Pueden llorar ojos no humanos? de German Amatto, que parece simple y llanamente sin querer herir susceptibilidades una chorrada como la copa de un pino.

Puntuación: Bien
Pese a ser mas variado en cuanto los orígenes de los autores y los temas a tratar, y ser una grata lectura, con respecto al primer volumne pierde calidad y sobre todo frescura. Me quiero leer el tercero ya.



Mañana todavía. Doce distopías para el Siglo XXI



El mas reciente de los volúmenes que nos ocupa me ha dejado un sabor de boca gustoso, de esos que se saborea con solo recordarlo, debido a la calidad conjunta de su contenido, francamente muy buena salvo un par de excepciones.

Tal vez sea esta grata sensación tras su lectura debida a que las distopías, esos What if? Y si?, son más que cercanos, más que próximos, todos ellos practicamente rozan lo actual, siendo sin lugar a dudas todos los casos futuros cercanos que se podrían dar en cualquier momento, siendo esto el principal acierto de la antología, ya que ninguno chirría, ni por irse muy lejos en el tiempo hacia delante, ni por irse muy lejos en cuanto a las posibilidades de lo que nos ha de venir.

Otra cosa ya es lo escrito, o por estilo o por temática, ya que aquí si que veo un par de relatos que me parece que no están al nivel, Al garete de Emilio Bueso, que pese a su impactante buen final, me parece simplón y mal escrito, lo que ya me ha pasado con alguna otra cosa que he leído él. Y por otra parte Instrucciones para cambiar el mundo de Félix J. Palma, que me parece aburrido y el más flojo de todos, porque nos cuenta algo muy visto, de una manera igualmente muy vista. A este autor tampoco le cojo el punto, tras empezarme una novela suya y dejarla a las ciento y pocas páginas, alguna vez la retomaré por aquello de darle una segunda oportunidad al que hoy en día es un escritor de éxito español dentro de estos géneros.

Todos los demás relatos me han gustado mucho, desde el más elaborado en extensión Los centinelas del tiempo de Javier Negrete que cierra brillante el tomo con su certera critica y sus mil homenajes deliciosos, hasta el que lo arranca, ese WeKids de Laura Gallego que se podría dar hoy mismo.

Aunque sin duda para mi el mejor es Limpieza de sangre de Juan Miguel Aguliera, con esa Valencia aislada tras lo que parece haber sido una pandemia, una guerra, un conflicto religioso, o las tres o ninguna. Un relato que dice mucho y siembra mas, dejándonos unos personajes, una temática y un mundo,que por encima de cualquier otro relato de los comentados, salvo los de Bacigalupi del primer tomo que ya la tienen y buena, pide y merece continuidad, bien sea con más relatos, con novelas, o con lo que las pantallas quieran.

Puntuación: Sobresale
Sobresale dentro del mundo de los relatos, y de la literatura de ficción actual en general.

domingo, octubre 26, 2014

【1080P】王蓉Rollin-小雞小雞MV [Official Music Video]官方完整版

Domingo de cortos: Voice Over


Muchos premios para este corto de Martin Rosete, en el que la voz en off de no-te-digo-quien narra tres situaciones límite que en realidad son la misma... Sobrevivirás...??

 

Claqueta


Anne Etchegoyen & Le Choeur Aizkoa - Hegoak (Les ailes)

sábado, octubre 25, 2014

jueves, octubre 23, 2014

Last Man Play-List

Las de Richard Aldana






Las de Marianne Velba







Las de Adrian Velba


lunes, octubre 20, 2014

Arranca ya en Bilbao el Campeonato de Europa Wako Senior 2014 de Kick Boxing (modalidades K1, Low Kick y Full Contact)


Comentaros que he hablado con la organización y me confirman que el horario oficial gratuito para público dará comienzo el martes a las 10 de la mañana arrancando eliminatorias, a las 17 presentación oficial y a continuar con los combates.

Durante nueve días, del 18 de 26 de octubre Bilbao, más concretamente el pabellón de La Casilla, acogerá los campeonatos de Europa WAKO Senior 2014 en sus modalidades de low-kick, k-1 y high-kick. Una cita deportiva única que arribará por primera vez al Estado y en la que las máximas figuras del kick-boxing provenientes de 42 países harán las delicias de este deporte de contacto que mezcla técnicas de boxeo con algunas artes marciales como el karate y el boxeo tailandés.
El propio Espend Lund, presidente de WAKO World Association of Kick Boxing Organizations visitará hoy mismo 7 de febrero, en compañía del presidente de WAKO Europa, el serbio Borislav Pelevic, y el vicepresidente de la organización, el señor Salim la Villa para comprobar in situ que Bilbao reúne las condiciones para recibir un campeonato de esta magnitud y en la que se espera registrar la participación de cerca de 1.000 atletas.
Por los tres rings de competición –uno por cada disciplina- que se colocarán en el pabellón de La Casilla pasarán los mejores deportistas del panorama internacional. Y entre ellos se encontrarán los representantes vascos que tendrán que ganar el campeonato de Euskadi WAKO y clasificarse para los estatales, y de este modo alcanzar la oportunidad de medirse con los mejores el ámbito internacional y ofrecer a los espectadores reunidos en La Casilla las mejores y más espectaculares exhibiciones del kick boxing.
Fuentes:
bilbaokirolak.com
lariadelocio.es

Sitio oficial:
wakoweb.com


domingo, octubre 19, 2014

Domingo de cortos: 1:58


Aquí tenéis el nuevo trabajo de Rodrigo Cortés, un corto que está obteniendo tantas malas cr´ticas como buenas críticas.

Con Manuela Vellés, Gabino Diego y Julia Otero, una chica conduce de noche por una carretera secundaria, de manera descuidada. La radio de su coche es su única compañía. O no. De repente, un grupo de misteriosos asaltantes le causan serios problemas....

 

sábado, octubre 18, 2014

Panteón: Conciencia descarnada, relato de Carlos Sisí gratis

Recordad que me gustó mucho Panteón la novela,(reseña aquí) de la que es precuela este relato que os dejo para leer o descargar.

90 páginas de disfrute, ambientadas meses antes de los acontecimientos de Panteón, con Ferdinand y Malhereux dándolo todo como protas de nuevo.

Panteón: Conciencia descarnada

viernes, octubre 17, 2014

Bonito cuadro en la Copa para el Athletic.


Presentación comiquera bilbaina en streaming...!!


Toda la info aquí.

El streaming acá.

Recuperando reseña por Premio Planeta: Los corruptores de Jorge Zepeda Patterson

Hace un año publiqué lo que me había parecido la por entonces desconocida novela que esta semana se ha hecho con el potente Premio Planeta, Los corruptores de Jorge Zepeda Patterson. Recupero la entrada por si puede interesar a alguien.

Tenéis la reseña aquí.


jueves, octubre 16, 2014

Y si no, nos enfadamos...


Kid y Ben, amigos pero rivales, participan en una carrera de coches cuyo premio es un estupendo "dune-buggy", un minibólido rojo con capota amarilla. Después de innumerables peripecias, Kid y Ben llegan juntos a la meta, por lo que el minibólido les pertenece a los dos. Kid propone que se lo jueguen a "cervezas y salchichas".

 

lunes, octubre 13, 2014

domingo, octubre 12, 2014

Domingo de cortos: It´s payback time


It´s Payback time es un cortometraje de animación dirigido por Chris Bovill y John Allison para Nexus, y es un anuncio para la campaña Stand Up to Cáncer para captar fondos y ayudar a encontrar una cura para esta enfermedad en Reino Unido.

Este corto nos cuenta como una sociedad de seres oviformes ha sido golpeada por una epidemia de pesadilla que está causando su extinción. Su mundo está en las garras de un brote letal. Una misteriosa sustancia azul está llevando a la destrucción catastrófica a toda la población. Por todos lados cunde el pánico, una vez que los individuos entran en contacto con la sustancia simplemente explotan y se vuelven agentes de contagio. Quién está detrás de todo esto...??

 

Domingo de cortos: Jinxy Jenkins, Lucky Lou


Un joven gafe y una joven afortunada protagonizan este divertido y golosón corto animado de Michelle Kwon y Michael Bidinger.

Domingo de cortos: Osmo


Aaaayyyyyy las adicciones, que no solo de drogas son, porque la droga de cada uno puede ser muy diversa e igual de peligrosa, como nos hace ver Vadim Draempaehl en este corto que dirige.

 

sábado, octubre 11, 2014

La canasta ganadora para el Bilbao Basket, de Hervelle contra Andorra


La jornada de un periodista norteamericano en el 2889

Los hombres de este siglo XXIX viven en medio de un espectáculo de magia continua, sin que parezcan darse cuenta de ello. Hastiados de las maravillas, permanecen indiferentes ante lo que el progreso les aporta cada día. Siendo más justos, apreciarían como se merecen los refinamientos de nuestra civilización. Si la compararan con el pasado, se darían cuenta del camino recorrido. Cuánto más admirables les parecerían las modernas ciudades con calles de cien metros de ancho, con casas de trescientos metros de altura, a una temperatura siempre igual, con el cielo surcado por miles de aerocoches y aeroómnibus. Al lado de estas ciudades, cuya población alcanza a veces los diez millones de habitantes, qué eran aquellos pueblos, aquellas aldeas de hace mil años, esas París, esas Londres, esas Berlín, esas Nueva York, villorrios mal aireados y enlodados, donde circulaban unas cajas traqueteantes, tiradas por caballos. ¡Sí, caballos! ¡Es de no creer! Si recordaran el funcionamiento defectuoso de los paquebotes y de los ferrocarriles, su lentitud y sus frecuentes colisiones, ¿qué precio no pagarían los viajeros por los aerotrenes y sobre todo por los tubos neumáticos, tendidos a través de los océanos y por los cuales se los transporta a una velocidad de 1500 kilómetros por hora? Por último, ¿no se disfrutaría más del teléfono y del telefoto, recordando los antiguos aparatos de Morse y de Hugues, tan ineficientes para la transmisión rápida de despachos?

¡Qué extraño! Estas sorprendentes transformaciones se fundamentan en principios perfectamente conocidos que nuestros antepasados quizás habían descuidado demasiado. En efecto, el calor, el vapor, la electricidad son tan antiguos como el hombre. A fines del siglo XIX, ¿no afirmaban ya los científicos que la única diferencia entre las fuerzas físicas y químicas reside en un modo de vibración, propio de cada una de ellas, de las partículas etéricas?

Puesto que se había dado ese enorme paso de reconocer la similitud de todas estas fuerzas, es realmente inconcebible que se haya necesitado tanto tiempo para llegar a determinar cada uno de los modos de vibración que las diferencian. Es extraordinario, sobre todo, que el método para reproducirlas directamente una de la otra se haya descubierto muy recientemente.

Sin embargo, así sucedieron las cosas y fue solamente en 2790, hace cien años, que el célebre Oswald Nyer lo consiguió.

¡Este gran hombre fue un verdadero benefactor de la humanidad! ¡Su genial invención fue la madre de todas las otras! Así surgió una pléyade de innovadores que condujo a nuestro extraordinario James Jackson. Es a este último a quien debemos los nuevos acumuladores que condensan, unos, la fuerza contenida en los rayos solares, otros, la electricidad almacenada en el seno de nuestro globo, aquellos, por fin, la energía que proviene de una fuente cualquiera: vientos, cascadas, ríos, arroyos, etc. También de él procede el transformador que, extrayendo la energía de los acumuladores bajo la forma de calor, de luz, de electricidad, de potencia mecánica, la devuelve al espacio, después de haber obtenido el trabajo deseado.

¡Sí! Es el día en que estos dos instrumentos fueron ideados cuando verdaderamente se origina el progreso. Sus aplicaciones son incalculables. Al atenuar los rigores del invierno por la restitución del exceso de los calores estivales, han ayudado eficazmente a la agricultura. Al suministrar la fuerza motriz de los aparatos de navegación aérea, han permitido que el comercio se desarrollara magníficamente. A ellos se debe la producción incesante de electricidad sin pilas ni máquinas, de luz sin combustión ni incandescencia y, por último, de una inagotable fuente de trabajo, que ha centuplicado la producción industrial.

¡Pues bien! Vamos a encontrar al conjunto de estas maravillas en una mansión incomparable, la mansión del Earth Herald, recientemente inaugurada en la avenida 16823 de Centrópolis, la actual capital de los Estados Unidos de las dos Américas.

Si el fundador del New York Herald, Gordon Bennett, volviera a la vida hoy, ¿qué diría al ver este palacio de mármol y oro, que pertenece a su ilustre nieto, Francis Bennett? Veinticinco generaciones se sucedieron y el New York Herald se mantuvo en la distinguida familia de los Bennett. Hace doscientos años, cuando el gobierno de la Unión se trasladó de Washington a Centrópolis, el periódico lo siguió -a menos que el gobierno haya seguido al periódico- y tomó el nombre de Earth Herald.

Que no se piense que haya declinado bajo la administración de Francis Bennett. ¡No! Su nuevo director, por el contrario, iba a infundirle una energía y vitalidad sin paralelos al inaugurar el periodismo telefónico. Conocemos este sistema, llevado a la práctica por la increíble difusión del teléfono. Todas las mañanas, en lugar de ser impreso, como en los tiempos antiguos, el Earth Herald es "hablado": es en una rápida conversación con un reportero, un político o un científico, que los abonados se informan de lo que puede interesarles. En cuanto a los clientes no suscriptos, se sabe que por unos centavos toman conocimiento del ejemplar del día en las innumerables cabinas fonográficas.

Esta innovación de Francis Bennett revitalizó el antiguo periódico. En algunos meses su clientela ascendió a ochenta y cinco millones de abonados y la fortuna del director aumentó gradualmente hasta los treinta mil millones, cifra altamente superada en la actualidad. Gracias a esta fortuna, Francis Bennett ha podido edificar su nueva mansión, colosal construcción de cuatro fachadas, cada una de las cuales mide tres kilómetros, y cuyo techo se ampara bajo el glorioso pabellón de setenta y cinco estrellas de la Confederación.

Francis Bennett, rey de los periodistas, sería hoy el rey de las dos Américas si los americanos pudiesen alguna vez aceptar la figura de un soberano cualquiera. ¿Usted lo duda? Los plenipotenciarios de todas las naciones y nuestros mismos ministros se apretujan en su puerta, mendigando sus consejos, buscando su aprobación, implorando el apoyo de su órgano todopoderoso. Calcúlese la cantidad de sabios que animaba, de artistas que mantenía, de inventores que subvencionaba. Realeza fatigosa la suya; trabajo sin descanso y, ciertamente, un hombre de otro tiempo no hubiera podido resistir tal labor cotidiana. Felizmente, los hombres de hoy son de constitución más robusta, gracias al progreso de la higiene y de la gimnasia, que ha hecho elevar de treinta y siete a cincuenta y ocho años el promedio de la vida humana, gracias también a la presencia de los alimentos científicos, mientras esperamos el futuro descubrimiento del aire nutritivo, que permitirá nutrirse... solo con respirar.

Y ahora, si les interesa conocer todo lo que constituye la jornada de un director del Earth Herald, tómense la molestia de seguirlo en sus múltiples ocupaciones, hoy mismo, este 25 de julio del presente año de 2890.


Francis Bennett se había despertado aquella mañana de muy mal humor. Hacía ocho días que su esposa estaba en Francia. Se encontraba, pues, un poco solo. ¿Es de creer? Estaban casados desde hacía diez años y era la primera vez que la señora Edith Bennett, la profesional Beauty, se ausentaba tanto tiempo. Habitualmente, dos o tres días bastaban en sus frecuentes viajes a Europa, y más particularmente a París, donde iba a comprarse sombreros.

La primera preocupación de Francis Bennett fue, pues, poner en funcionamiento su fonotelefoto, cuyos hilos iban a dar a la mansión que poseía en los Campos Elíseos.

El teléfono complementado por el telefoto, una conquista más de nuestra época. Si desde hace tantos años se transmite la palabra mediante corrientes eléctricas, es de ayer solamente que se puede transmitir también la imagen. Valioso descubrimiento, a cuyo inventor Francis Bennett no fue el último en agradecer aquella mañana, cuando percibió a su mujer, reproducida en un espejo telefótico, a pesar de la enorme distancia que los separaba.

¡Dulce visión! Un poco cansada del baile o del teatro de la víspera, la señora Bennett está aún en cama. Aunque allá sea casi el mediodía, todavía duerme, su cabeza seductora oculta bajo los encajes de la almohada.

Pero de pronto se agita, sus labios tiemblan... ¿Acaso está soñando? ¡Sí, sueña...! Un nombre escapa de su boca: "¡Francis... querido Francis...!"

Su nombre, pronunciado con esa dulce voz, ha dado al humor de Francis Bennett un aspecto más feliz y, no queriendo despertar a la bella durmiente, salta con rapidez de su lecho y penetra en su vestidor mecánico.

Dos minutos después, sin que hubiese recurrido a la ayuda de ningún sirviente, la máquina lo depositaba, lavado, peinado, calzado, vestido y abotonado de arriba abajo, en el umbral de sus oficinas. La ronda cotidiana iba a comenzar. Fue en la sala de folletinistas donde Francis Bennett penetró primero.

Muy vasta, esta sala, coronada por una gran cúpula translúcida. En un rincón, diversos aparatos telefónicos por los cuales los cien literatos del Earth Herald narraban cien capítulos de cien novelas a un público enardecido.

Divisando a uno de los folletinistas que tomaba cinco minutos de descanso, le dijo Francis Bennett:

-Muy bueno, mi querido amigo, muy bueno, su último capítulo. La escena donde la joven campesina aborda con su enamorado unos problemas de filosofía trascendente es producto de una finísima observación. Jamás se han pintado mejor las costumbres campestres. ¡Continúe así, mi querido Archibald! ¡Ánimo! ¡Diez mil nuevos abonados, desde ayer, gracias a usted!

-Señor John Last -prosiguió volviéndose hacia otro de sus colaboradores-, estoy menos satisfecho con usted. ¡Su novela no parece verídica! ¡Corre usted muy rápido hacia la meta! ¡Pero bueno!, ¿y los métodos documentales? ¡Es necesario disecar! No es con una pluma que se escribe en nuestra época, es con un bisturí. Cada acción en la vida real es el resultado de pensamientos fugitivos y sucesivos, que hay que enumerar con esmero para crear un ser vivo. Y qué más fácil que servirse del hipnotismo eléctrico, que desdobla al hombre y libera su personalidad. ¡Observe cómo vive usted, mi querido John Last! Imite a su compañero a quien he felicitado hace un momento. Hágase hipnotizar... ¿Cómo? ¿Usted ya lo hace, me dice...? ¡No lo suficiente, entonces, no lo suficiente!

Habiendo dado esta breve lección, Francis Bennett continúa la inspección y penetra en la sala de reportajes. Sus mil quinientos reporteros, situados entonces ante sendos teléfonos, les comunicaban a los abonados las noticias del mundo entero recibidas durante la noche. La organización de este incomparable servicio se ha descrito a menudo. Además de su teléfono, cada reportero tiene ante sí una serie de conmutadores que permiten establecer la comunicación con tal o cual línea telefótica. Así los abonados no sólo reciben la narración, sino también las imágenes de los acontecimientos, obtenidas mediante la fotografía intensiva.

Francis Bennett interpela a uno de los diez reporteros astronómicos, destinados a este servicio, que aumentará con los nuevos descubrimientos ocurridos en el mundo estelar.

-¿Y bien, Cash, que ha recibido?

-Fototelegramas de Mercurio, de Venus y de Marte, señor.

-¿Es interesante este último?

-¡Sí! Una revolución en el Imperio Central, en provecho de los demócratas liberales contra los republicanos conservadores.

-Como aquí, entonces. ¿Y de Júpiter?

-¡Aún nada! No logramos entender las señales de los jovianos. Quizás...

-¡Esto le concierne a usted y lo hago responsable, señor Cash! -respondió Francis Bennett, que muy disgustado se dirigió a la sala de redacción científica.

Inclinados sobre sus calculadoras, treinta sabios se absorbían en ecuaciones de nonagésimo quinto grado. Algunos trabajaban incluso con fórmulas del infinito algebraico y del espacio de veinticuatro dimensiones como un escolar juega con las cuatro reglas de la aritmética.

Francis Bennett cayó entre ellos como una bomba.

-¿Y bien, señores, qué me dicen? ¿Aún ninguna respuesta de Júpiter? ¡Será siempre lo mismo! Veamos, Corley, hace veinte años que usted estudia este planeta, me parece...

-¿Qué quiere usted, señor? -respondió el sabio interpelado-. Nuestra óptica aún deja mucho que desear e incluso con nuestros telescopios de tres kilómetros...

-Ya lo oyó, Peer -interrumpió Francis Bennett, dirigiéndose al colega de Corley-, ¡la óptica deja mucho que desear...! ¡Es su especialidad, mi querido amigo! ¡Ponga más lentes, qué diablos! ¡Ponga más lentes!

Luego regresó con Corley:

-Pero a falta de Júpiter, ¿al menos obtenemos resultados con respecto a la Luna...?

-¡Tampoco, señor Bennett!

-¡Ah! Esta vez no acusará a la óptica. La Luna está seiscientas veces más cerca que Marte, con el cual, no obstante, nuestro servicio de correspondencia está establecido con regularidad. No son los telescopios los que faltan...

-No, los que faltan son los habitantes -respondió Corley con una fina sonrisa de sabio.

-¿Se atreve a afirmar que la Luna está deshabitada?

-Por lo menos, señor Bennett, en la cara que nos muestra. Quién sabe si del otro lado...

-Bueno, Corley, hay un medio muy sencillo para cerciorarse de ello...

-¿Cuál es?

-¡Dar vuelta la Luna!

Y aquel día los sabios de la fábrica Bennett comenzaron a proyectar los medios mecánicos que debían llevar a la rotación de nuestro satélite.

Por lo demás Francis Bennett tenía motivos para estar satisfecho. Uno de los astrónomos del Earth Herald acababa de determinar los elementos del nuevo planeta Gandini. Es a mil seiscientos millones trescientos cuarenta y ocho mil doscientos ochenta y cuatro kilómetros y medio que este planeta describe su órbita alrededor del sol y para realizarla necesita doscientos setenta y dos años, ciento noventa y cuatro días, doce horas, cuarenta y tres minutos, nueve segundos y ocho décimas.

Francis Bennett estaba encantado con esa precisión.

-¡Bien! -exclamó-, apresúrese a informar al servicio de reportajes. Usted sabe con qué pasión sigue el público estas cuestiones astronómicas. Quiero que la noticia aparezca en el número de hoy.

Antes de abandonar la sala de reporteros, Francis Bennett se acercó al grupo especial de entrevistadores y, dirigiéndose al que estaba encargado de los personajes célebres, preguntó:

-¿Ha entrevistado al presidente Wilcox?

-Sí, señor Bennett, y publico en la columna de informaciones que sin duda alguna sufre de una dilatación del estómago y que debe someterse a lavados tubulares de los más concienzudos.

-Perfecto. ¿Y este asunto del asesino Chapmann? ¿Ha entrevistado a los jurados que deben presidir la audiencia?

-Sí, y están todos tan de acuerdo en la culpabilidad que el caso ni siquiera será expuesto ante ellos. El acusado será ejecutado antes de haber sido condenado...

-¿Ejecutado... eléctricamente?

-Eléctricamente, señor Bennett, y sin dolor... se supone, pues aún no se ha dilucidado este detalle.

La sala contigua, vasta galería de medio kilómetro de largo, estaba consagrada a la publicidad y fácilmente se imagina lo que debe ser la publicidad de un periódico como el Earth Herald. Producía un promedio de tres millones de dólares al día. Gracias a un ingenioso sistema, una parte de esta publicidad se difundía en una forma absolutamente novedosa, debida a una patente comprada al precio de tres dólares a un pobre diablo que está muerto de hambre. Consiste en inmensos carteles, que reflejan las nubes, y cuya dimensión es tal que se los puede percibir desde toda una comarca.

En esa galería, mil proyectores se ocupaban sin cesar de enviar esos anuncios desmesurados a las nubes, que los reproducían en colores.

Pero, aquel día, cuando Francis Bennett entró en la sala de publicidad, vio que los mecánicos estaban de brazos cruzados cerca de los proyectores inactivos. Se informa... Por toda respuesta, le muestran el cielo de un azul puro.

-¡Sí! ¡Buen tiempo -murmura- y la publicidad aérea no es posible! ¿Qué hacer? ¡Si no se tratase más que de lluvia, podríamos producirla! ¡Pero no es lluvia, sino nubes lo que necesitamos!

-Sí... hermosas nubes muy blancas -respondió el mecánico jefe.

-Bueno, señor Samuel Mark, se dirigirá usted a la redacción científica, servicio meteorológico. Les dirá de mi parte que se pongan a trabajar en el asunto de las nubes artificiales. Verdaderamente no podemos quedarnos así, a merced del buen tiempo.

Tras haber acabado la inspección de las diversas divisiones del periódico, Francis Bennett pasó al salón de recepción donde lo esperaban los embajadores y ministros plenipotenciarios, acreditados ante el gobierno americano. Estos caballeros venían a buscar los consejos del todopoderoso director. En el momento en que Francis Bennett entraba en el salón, estaban discutiendo con cierta animación.

-Que su Excelencia me perdone -decía el embajador de Francia al embajador de Rusia-, pero para mí no hay nada que cambiar en el mapa de Europa. El Norte para los eslavos, ¡sea! ¡Pero el Sur para los latinos! Nuestra frontera común del Rin me parece excelente. Por otra parte, sépalo bien, mi gobierno resistirá cualquier maniobra que se haga contra nuestras prefecturas de Roma, Madrid y Viena.

-¡Bien dicho! -dijo Francis Bennett, interviniendo en el debate-. ¿Acaso, señor embajador de Rusia, no está satisfecho con su vasto imperio, que desde las orillas del Rin se extiende hasta las fronteras de China, un imperio cuyo inmenso litoral bañan el océano Glacial, el Atlántico, el mar Negro, el Bósforo y el océano Índico? Además, ¿para qué las amenazas? ¿Es posible la guerra con las invenciones modernas, esos obuses asfixiantes que se envían a cientos de kilómetros, esas centellas eléctricas, de veinte leguas de largo, que pueden aniquilar de un solo golpe un ejército entero, esos proyectiles que se cargan con microbios de la peste, del cólera, de la fiebre amarilla y que destruirían toda una nación en algunas horas?

-Ya lo sabemos, señor Bennett -respondió el embajador de Rusia-. Pero ¿podemos hacer lo que queremos? Empujados nosotros mismos por los chinos en nuestra frontera oriental, debemos intentar, cueste lo que costare, alguna acción hacia el Oeste...

-No es lo correcto, señor -replicó Francis Bennett con un tono protector-. ¡Bueno, como la proliferación china es un peligro para el mundo, presionaremos sobre los Hijos del Cielo. Tendrá que imponerles a sus súbditos un máximo de natalidad que no podrán superar bajo pena de muerte. Esto compensará las cosas.

-Señor cónsul-dijo el director del Earth Herald, dirigiéndose al representante de Inglaterra-, ¿qué puedo hacer por usted?

-Mucho, señor Bennett -respondió este personaje inclinándose con humildad-. Basta que su periódico consienta iniciar una campaña en nuestro favor...

-¿Y con qué propósito?

-Simplemente para protestar contra la anexión de Gran Bretaña por los Estados Unidos.

-¡Simplemente! -exclamó Francis Bennett encogiéndose de hombros-. ¡Una anexión de ciento cincuenta años de antigüedad! ¿Pero los señores ingleses no se resignarán jamás a que, por un justo vuelco del destino, su país se haya convertido en colonia americana? Es pura locura. Cómo es posible que su gobierno haya creído que yo iniciaría esta campaña antipatriótica...

-Señor Bennett, la doctrina de Munro es toda América para los americanos, usted lo sabe, nada más que América, y no...

-Pero Inglaterra es solo una de nuestras colonias, señor, una de las mejores, convengo en eso, y no cuente con que consintamos en devolverla.

-¿Se rehúsa usted?

-¡Me rehúso, y si insiste, provocaremos un casus belli nada más que con la entrevista de uno de nuestros reporteros!

-¡Entonces es el fin! -murmuró abatido el cónsul-. ¡El Reino Unido, Canadá y Nueva Bretaña son de los americanos, las Indias de los rusos, Australia y Nueva Zelanda son de ellas mismas! De todo lo que una vez fue Inglaterra, ¿qué nos queda? ¡Nada!

-¡Nada no, señor! -respondió Francis Bennett-. ¡Les queda Gibraltar!

Dieron las doce en ese momento. El director del Earth Herald terminó la audiencia con un ademán, abandonó el salón, se sentó en un sillón de ruedas y llegó en pocos minutos a su comedor, situado a un kilómetro de allí, en el extremo de su mansión.

La mesa está servida. Francis Bennett ocupa su lugar. Al alcance de su mano está dispuesta una serie de grifos y, ante él, se redondea el cristal de un fonotelefoto, sobre el cual aparece el comedor de su mansión de París. A pesar de la diferencia horaria, el señor y la señora Bennett convienen en tener sus comidas al mismo tiempo. Nada más encantador que almorzar así, frente a frente, a mil leguas de distancia, viéndose y hablándose por medio de aparatos fonotelefóticos.

Pero en este momento la sala en París está vacía.

-Edith estará retrasada -se dice Francis Bennett-. ¡Oh, la puntualidad de las mujeres! Progresa todo, menos eso...

Y haciéndose esta muy justa reflexión, abre uno de los grifos.

Como todas las personas acomodadas de nuestra época, Francis Bennett, renunciando a la cocina doméstica, es uno de los abonados a la Gran Sociedad de Alimentación a Domicilio. Esta sociedad distribuye mediante una red de tubos neumáticos manjares de toda clase. Este sistema es costoso, sin duda, pero la cocina es mejor y tiene la ventaja de suprimir la exasperante raza de los cocineros de ambos sexos.

Así que Francis Bennett almuerza solo, no sin pesar, y estaba terminando su café cuando la señora Bennett, que volvía a su residencia, apareció en el cristal del telefoto.

-¿Y de dónde vienes, mi querida Edith? -preguntó Francis Bennett.

-¡Vaya! -respondió la señora Bennett-. ¿Ya has terminado? ¿He llegado tarde...? ¿Que de dónde vengo...? ¡De mi sombrerero...! ¡Este año hay unos sombreros fascinantes! ¡Es más, ya no son sombreros siquiera... son domos, son cúpulas! Estaré un poco olvidadiza...

-Un poco, querida, puedes ver que ya he terminado mi almuerzo...

-Bueno, ve, querido mío, ve a tus ocupaciones -respondió la señora Bennett-. Aún tengo que hacerle una visita a mi modista-modelador.

Este modista era nada menos que el célebre Wormspire, aquel que tan acertadamente proclamó el principio: "La mujer no es más que una cuestión de formas".

Francis Bennett besó la mejilla de la señora Bennett sobre el cristal del telefoto y se dirigió a la ventana, donde esperaba su aerocoche.

-¿Adónde va, señor? -preguntó el aerocochero.

-Veamos; tengo tiempo -respondió Francis Bennett-. Condúzcame a mis fábricas de acumuladores del Niágara.

El aerocoche, admirable máquina, basada en el principio de lo más pesado que el aire, se lanzó a través del espacio con una velocidad de seiscientos kilómetros por hora. Bajo sus pies desfilaban las ciudades y sus aceras móviles que transportaban a los peatones a lo largo de las calles, los campos recubiertos de una inmensa telaraña, la red de hilos eléctricos.

En media hora Francis Bennett había llegado a su fábrica del Niágara, en la cual, después de haber utilizado la fuerza de las cataratas para producir energía, la vende o la alquila a los consumidores. Luego de finalizar su visita, volvió por Filadelfia, Boston y Nueva York a Centrópolis, donde su aerocoche lo dejó a las cinco de la tarde.

Había una muchedumbre en la sala de espera del Earth Herald. Acechaban el regreso de Francis Bennett para la audiencia diaria que concedía a los solicitantes. Eran inventores que mendigaban fondos, empresarios que proponían negocios, todos dignos de ser atendidos. Tras escuchar las diferentes propuestas, había que elegir, rechazar las malas, examinar las dudosas, aceptar las buenas.

Francis Bennett despachó rápidamente a los que no aportaban más que ideas inútiles o impracticables. ¿No pretendía uno de ellos hacer revivir la pintura, un arte tan pasado de moda que el Ángelus de Millet se acababa de vender en quince francos, y esto gracias al progreso de la fotografía en color, inventada a fines del siglo XIX por el japonés Aruziswa-Riochi-Nichrome-Sanjukamboz-Kio-Baski-Kû, nombre que se ha vuelto popular con tanta facilidad? ¿No había encontrado otro el bacilo primigenio, que debía hacer al hombre inmortal tras ser introducido en el organismo humano bajo la forma de un caldo bacteriano? ¿No acababa de descubrir este, un químico práctico, un nuevo cuerpo simple, el nihilio, cuyo kilogramo costaba tres millones de dólares? ¿No afirmaba aquel, un osado médico, que si la gente moría aún, al menos moría curada? ¿Y este otro, aun más audaz, no pretendía poseer un remedio específico contra el catarro...?

Todos estos soñadores fueron despedidos prontamente.

Algunos otros recibieron mejor acogida y primeramente un joven, cuya amplia frente anunciaba una profunda inteligencia.

-Señor -dijo-, si antiguamente se calculaban en setenta y cinco los cuerpos simples, este número se ha reducido actualmente a tres, ¿sabe usted?

-Perfectamente -respondió Francis Bennett.

-Bien, señor, estoy a punto de reducir estos tres a uno solo. Si no me falta el dinero, en algunas semanas lo habré logrado.

-¿Y entonces?

-Entonces, señor, lisa y llanamente habré determinado lo absoluto.

-¿Y la consecuencia de este descubrimiento?

-Será la creación sencilla de cualquier materia, piedra, madera, metal, fibrina...

-¿Entonces pretendería usted llegar a fabricar una criatura humana...?

-Absolutamente... Solo le faltará el alma...

-¡Cómo no! -respondió irónicamente Francis Bennett, que, sin embargo, incorporó al joven químico a la redacción científica del periódico...

Un segundo inventor, basándose en viejas experiencias que databan del siglo XIX y desde entonces repetidas muchas veces, tenía la idea de desplazar toda una ciudad en un solo bloque. Se trataba concretamente de la ciudad de Staaf, situada a unas quince millas del mar, la cual se transformaría en estación balnearia, tras haber sido llevada sobre rieles hasta el litoral. De donde resultaría un enorme beneficio para los terrenos edificados y por edificar.

Francis Bennett, seducido por este proyecto, consintió en ir a medias en el negocio.

-Sabe, señor -le dijo un tercer postulante-, que, gracias a nuestros acumuladores y transformadores solares y terrestres, hemos logrado uniformar las estaciones. Transformamos en calor una parte de la energía de que disponemos y enviamos este calor a las regiones polares, donde fundirá los hielos...

-Déjeme sus planos -respondió Francis Bennett- y vuelva en una semana.

Por fin, un cuarto sabio llevaba la noticia de que una de las cuestiones que apasionaban al mundo entero iba ser resuelta esa misma noche.

Se sabe que un siglo atrás una temeraria experiencia había atraído la atención pública sobre el doctor Nathaniel Faithburn. Partidario convencido de la hibernación humana, es decir, de la posibilidad de suspender las funciones vitales y posteriormente hacerlas renacer luego de cierto tiempo, se había decidido a experimentar sobre sí mismo la excelencia del método. Después de haber indicado mediante testamento ológrafo las maniobras adecuadas para volverlo paulatinamente a la vida dentro de cien años, fue sometido a un frío de 172 grados; reducido entonces al estado de momia, el doctor Faithburn fue encerrado en una cripta por el periodo convenido.

Ahora bien, era precisamente ese día, 25 de julio de 2890, cuando el plazo expiraba. Vinieron a proponerle a Francis Bennett que la resurrección esperada con tanta impaciencia se celebrase en una de las salas del Earth Herald. De este modo el público podría estar al tanto de la situación segundo a segundo.

La propuesta fue aceptada y como la operación no debía realizarse hasta las nueve de la noche, Francis Bennett se tendió en una reposera en la sala de audición. Luego, girando una perilla, se puso en comunicación con el Central Concert.

¡Después de una jornada tan ocupada, qué delicia encontró en las obras de los mejores músicos de la época, basadas en una sucesión de sabias fórmulas armónico-algébricas!

La oscuridad envolvía la sala y Francis Bennett, entregado a un sueño semiextático, ni siquiera se daba cuenta. Pero de pronto se abrió una puerta.

-¿Quién es? -dijo, girando un conmutador colocado bajo su mano.

Inmediatamente, por una sacudida eléctrica producida en el éter, el aire se volvió luminoso.

-¡Ah! ¿Es usted, doctor? -dijo Francis Bennett.

-Soy yo -respondió el doctor Sam, quien venía a hacer su visita diaria... del abono anual-. ¿Cómo se encuentra?

-Bien.

-Tanto mejor... Veamos su lengua.

Y la observó bajo el microscopio.

-Bien... ¿Y su pulso?

Lo tomó con un sismógrafo, muy parecido a los que registran las vibraciones del suelo.

-¡Excelente! ¿Y el apetito?

-¡Este...!

-¡Sí, el estómago! ¡No anda muy bien! ¡El estómago ha envejecido! ¡Pero la cirugía ha progresado mucho! ¡Será necesario hacerle colocar uno nuevo! Usted sabe, tenemos estómagos de repuesto, con garantía de dos años...

-Ya veremos -respondió Francis Bennett-. Mientras esperamos, doctor, acompáñeme a cenar.

Durante la comida, la comunicación fonotelefótica fue establecida con París. Esta vez, Edith Bennett estaba sentada a la mesa y la cena, entremezclada con los chistes del doctor Sam, fue fascinante. Luego, apenas terminaron:

-¿Cuándo calculas regresar a Centrópolis, mi querida Edith? -preguntó Francis Bennett.

-Voy a partir al instante.

-¿Por el tubo o el aerotren?

-Por el tubo.

-¿Entonces estarás aquí...?

-A las once y cincuenta y nueve de la noche.

-¿Hora de París?

-¡No, no! Hora de Centrópolis.

-Hasta pronto, entonces, y, sobre todo, no pierdas el tubo.

Estos tubos submarinos, por los cuales se venía de Europa en 295 minutos, eran preferibles a los aerotrenes, que solo iban a 1.000 kilómetros por hora.

El doctor se retiró, después de haber prometido regresar para asistir a la resurrección de su colega Nathaniel Faithburn, y Francis Bennett, queriendo determinar las cuentas del día, entró a su despacho. Enorme operación, cuando se trata de una empresa cuyos gastos diarios alcanzan los 1500 dólares. Afortunadamente, el progreso de la mecánica moderna facilita notablemente este tipo de trabajo. Con ayuda del piano-calculador eléctrico, Francis Bennett acabó su tarea en veinticinco minutos.

Ya era hora. Apenas hubo golpeado la última tecla en el aparato totalizador, su presencia fue reclamada en la sala de experimentación. De inmediato se dirigió a ella y fue recibido por un numeroso cortejo de sabios, quienes se hallaban junto al doctor Sam.

Allí está el cuerpo de Nathaniel Faithburn, en su ataúd, que se halla colocado sobre caballetes en medio de la sala.

Se activa el telefoto y el mundo entero va a poder seguir las diversas fases de la operación.

Se abre el féretro... Se saca a Nathaniel Faithburn... Todavía parece una momia, amarillo, duro, seco. Suena como la madera... Se le somete al calor... a la electricidad... Ningún resultado... Lo hipnotizan... Lo sugestionan... Nada puede vencer este estado ultracataléptico...

-¿Y bien, doctor Sam? -pregunta Francis Bennett.

El doctor Sam se inclina sobre el cuerpo, lo examina con la mayor atención... Le introduce por medio de una inyección hipodérmica algunas gotas del famoso elixir Brown-Séquard, que aún está de moda... La momia está más momificada que nunca.

-Bien -responde el doctor Sam-, creo que la hibernación se ha prolongado en demasía...

-¿Y entonces?

-Entonces, Nathaniel Faithburn está muerto.

-¿Muerto?

-¡Tan muerto como se puede estar!

-¿Puede decir desde cuándo?

-¿Desde cuándo? -respondió el doctor Sam-. Desde el momento en que ha tenido la nefasta idea de hacerse congelar por amor a la ciencia...

-¡Vamos -dijo Francis Bennett-, he aquí un método que necesita ser perfeccionado!

-Perfeccionado es la palabra -respondió el doctor Sam, mientras la comisión científica de hibernación se llevaba su fúnebre paquete.

Francis Bennett, seguido por el doctor Sam, volvió a su habitación y, como parecía muy fatigado después de una jornada tan atareada, el médico le aconsejó tomar un baño antes de acostarse.

-Tiene razón, doctor... Así me repondré...

-Completamente, señor Bennett, y si lo desea, voy a ordenar al salir...

-No es necesario, doctor. Hay siempre un baño preparado en la mansión y ni siquiera tengo que molestarme en ir a tomarlo fuera de mi habitación. Mire, con solo tocar este botón, la bañera va a ponerse en movimiento y la verá presentarse ella sola con el agua a la temperatura de treinta y siete grados.

Francis Bennett acababa de presionar el botón. Un ruido sordo brotaba, crecía, se intensificaba... Luego, se abrió una de las puertas y apareció la bañera, deslizándose eléctricamente sobre sus rieles.

¡Cielos! Mientras el doctor Sam se cubre la cara, unos grititos de pudor y espanto se escapan de la bañera...

Habiendo llegado hacía media hora a la mansión por el tubo transoceánico, la señora Bennett estaba dentro...

El día siguiente, 26 de julio de 2890, el director del Earth Herald volvía a comenzar su ronda de veinte kilómetros a través de sus oficinas y a la noche, cuando operó su totalizador, estimó los beneficios de aquella jornada en doscientos cincuenta mil dólares: cincuenta mil más que la víspera.

¡Qué buena ocupación, la de periodista a fines del siglo veintinueve!

FIN


"Au XXIXe siècle: La journée d'un journaliste américain en 2889" , cuento publicado en 1889, escrito por Julio Verne.




viernes, octubre 10, 2014

Una valenciana se queda embarazada de un 'Enano Boy' en su despedida de soltera


Ocurrió en Valencia, donde una mujer tuvo sexo con un enano stripper en su despedida de soltera y ahora espera un hijo del bailarín.
La cosa se las trae, y es que el matrimonio, que contrajo nupcias a principios de año, está a punto de acabar como el rosario de la aurora. Y todo por un 'desliz' que tuvo la novia en su noche de despedida de soltera contratando a un 'boy' de la citada ciudad.
Al parecer la mujer le acaba de confesar ahora a su desconcertado marido que durante esa velada 'se le fue la olla', y acabó teniendo sexo con un stripper enano.
De no ser por el diagnóstico medico del bebé que ahora acaba de dar a luz, el caso quizás hubiese quedado en el cajón de los secretos inconfesables, aunque todo se ha ido al traste al poco de haber tenido la mujer a su primer hijo, ya que los médicos han diagnosticado al recién nacido con enanismo.
Así, a la madre no le ha quedado más remedio que contarle lo sucedido al esposo, aunque le ha costado lo suyo.
El marido tenía la mosca tras la oreja tras comunicarle el médico lo comentado, aunque la mujer juraba y perjuraba que no entendía nada. Al final, no osbtante, acabó derrumbándose y le contó lo sucedido.
Al parecer ni sus amigas más íntimas, las mismas de esa noche 'loca', sabían nada...
Del enano en cuestión no se sabe ni su paradero.


El enanismo puede tener múltiples causas como las alteraciones genéticas, carencias nutricionales, los trastornos endocrinos y ortopédicos. En la mayoría de los casos la acondroplastia no es hereditaria.

Fuentes:
elcorreodigital.com
periodistadigital.com

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