martes, agosto 18, 2020

El último barco

 

Esta semana pasada estuve 700 placenteras páginas en la Ría de Vigo, con un policial sencillo, dónde lo importante son las personas y, no ya su día a día, sino su minuto a minuto.

Como el propio inspector Caldas, y como en anteriores entregas, una novela pausada, reflexiva, en la que seguimos una investigación, como si nosotros fuésemos los protagonistas, mientras se nos ponen los dientes largos con el buen beber y mejor comer del elenco.

Un viaje vestidos con las vidas de estos gallegos o sus acompañantes foráneos, dónde Villar demuestra lo excepcional dialogista que es, ya que la practica totalidad de la novela se mueve entre conversaciones. Dan pié estas a que vayamos sacando nuestras propias conclusiones mediante las respuestas que nos proporcionan las pesquisas, al igual que dan pié a que brille el conocimiento de clima, fauna, lugares y gentes, que se despliegan brillantes reflejados en el agua del mar que baña estas costas.

El mejor de la serie hasta ahora, el más ambicioso, el más completo, si bien puede resultar para algunos lectores pelín lento o repetitivo en algunos pasajes, no deja de ser esto parte de la realidad del día a día de los personajes, lejos del policía de acción.

Narrativa moderna costumbrista de alto nivel, con la trufa del crimen, larga va a ser la espera para volver al Eligio, esperando que este no haya sido el último barco. 

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