viernes, febrero 26, 2021

Amianto



Anoche me devoré esta biografía/autobigrafía/reportaje/ensayo de Albeto Prunetti, sabiendo que me iba a gustar lo que contara de su vida y de la de su padre Renato. No imaginaba que tanto.

Y es que más allá de su innegable interés humano, de su denuncia, y de su buena escritura para ello, recomendable para cualquiera, este libro es un reflejo de nuestras vidas, de las vidas de muchos de mi barrio. Nos pilla cerca esta infancia de hijos de obreros italianos, que bien pudieran ser vizcainos, por situaciones y época, con las penurias o bonanzas, alegrías, golpes y andanzas callejeras. Con el balón de fútbol siempre con nosotros, para dar patadas en cualquier sitio. Y si no, a una lata o a una botella, o a lo que fuera. 

En mi caso, me pilla más cerca aún, al ser mi viejo como el suyo, un afectado por el amianto. Un marinero de tierra como Renato, inscrito en las listas de Osalan y en las asociaciones de afectados, habiendo tragado años y años de este y otros muchos productos y materiales tóxicos. Alojándose a diario este veneno en su cuerpo tras 40 y pico años de trabajo en la misma empresa, por el mundo, largos períodos de tiempo lejos de su casa y los suyos, en una multinacional del montaje y aislamiento. 

El autor, más o menos de mi edad, narra eposodios de su vida que podrían ser míos, nuestros, de los amigos y compañeros de mi aita, y de amigos y compañeros míos, que también han y hemos pasado por ello. Pocos de la quinta de mi viejo han sobrevivido a este mal, muertes aceleradas por la penosidad laboral. Tóxica. Ahora, los que quedan, viven mejor o peor, destrozados por fuera y por dentro, con secuelas contínuas y con una certeza, la amenaza está en tu interior.

De los míos algunos siguen sufriéndolo en sus trabajos, ahora mejor en cuanto a condiciones, otros, tras unos años, nos fuimos a tiempo. Por suerte, porque en todas partes tienes tus temas, pero este ha sido muy malo. 

Amianto es un texto escrito desde el sentimiento, y como tal entra en tu cabeza. Un texto que te hace viajar a tus recuerdos, y que en mi caso, ha sido visceral como la humilde opinión que traslado en estas líneas. Un texto que me acerca a mi aita, a sus ausencias, a su persona, que me hace verlo de otra manera, y querer abrazarle. Un texto agridulce, triste y bonito. Necesario.

Gracias Alberto.

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