lunes, diciembre 05, 2022

Escucha, hermosa Márcia

Me ha gustado mucho, mucho, lo nuevo de Quintanilla que edita Astiberri, autor que ya me gustó en el del Talco y sobre todo en Tungsteno, aquellos que le publicó La Cúpula hace unos años.

Brasil, favela cruel de gran ciudad, una mujer currela fuerte e íntegra, su pareja buena gente, y la hija de ella bicho malo y egoísta, ingredientes mezclados con una serie de secundarios del lugar perfilados de maneras conocidas, para traernos un fresco de la actual vida de estos personajes cualquiera en aquel país de contrastes. Simplemente esto es esta soberbia obra.

Me echaba, y me echa, pa'trás la excesiva paleta de colores que derrama en esta ocasión Quintanilla, será que yo no entiendo de ello, pero la verdad es que una vez arrancas con la lectura ni te enteras, al ser un pasapáginas ciertamente interesante en todo momento.

Lejos de otro cómic ambientado en las favelas recientemente publicado por estos lares, como es el estupendo y recomendable Río editado por Norma, más aventurero, estamos ante una obra madura que, sin estridencias ni necesidad de miles de balas en las calles, nos muestra lo terrible que puede ser vivir en aquellas faldas de montañas repletas de casas hechas a mano. El peligro siempre está ahí, en las esquinas, en los interiores, en tu trabajo, en cualquier lugar. 

De igual modo muestra lo terrible que puede ser tener hijos, hija en este caso, y que te salgan torcidos, pese a todos los esfuerzos que puedas hacer para luchar por ellos, su educación y su futuro, como el caso de esta obra con esta madre abnegada y su pareja. La hija es un no, y es un no muy grande. 

Enorme tebeo, enorme novela gráfica, un cómic enorme, que narra simple y llanamente la vida de personas comunes, enfrentadas a situaciones comunes, en lugares comunes. Vidas que son un drama, una tragedia, un día a día duro con pinceladas de alegría, como la vida misma. Vidas de seres humanos que tratan de seguir adelante quedándose con lo bueno que pueda haber. Que lo hay.

Hermosa obra esta de Márcia.

PD: La expresividad que logra dar el autor...esa manera de discutir...se siente, se palpa, duele.

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